MOTÍN DE ARANJUEZ, marzo 1808.

 

Del 17 al 21 de marzo de 1808 tuvo lugar el Motín de Aranjuez, en el que Fernando VII derrocaba a su padre y acababa con la “dictadura” o valimiento de Godoy.

Los objetivos del golpe eran varios: el inmediato, derribar a Godoy; el que estaba en la mente de los amotinados, reivindicar a Fernando, el príncipe injustamente humillado, y en realidad inocente y puro; el de fondo, propio del partido nobiliario, acabar con el despotismo que permitía aberraciones como las del favorito Godoy, e implantar sistemas de Gobierno moderados por la élite nobiliaria, respetando la autoridad absoluta del monarca. El no querer ver la realidad de la invasión francesa, cuando tenían 60.000 soldados franceses delante, más en número que los soldados españoles con que podían contar ellos, es una cuestión que los historiadores españoles se debían preguntar más veces, pues lo que queda claro es que no eran francófilos.

Godoy era odiado por los artesanos por reducir los privilegios gremiales y por liberalizar los precios de las manufacturas, por los nobles por apoyar la ley agraria, y por los clérigos ser librepensador, aunque siguiera siendo católico.

A primeros de marzo, ni el Consejo de Castilla ni los altos jefes militares obedecían ya a Godoy. Era preciso situar tropas en el camino a Andalucía, y la orden no era acatada. El cortejo del rey se detuvo en Aranjuez.

En 17 de marzo de 1808, Montijo[1] ordenó el comienzo del motín, en principio contra Godoy, y para deponer a Carlos IV y coronar a Fernando VII. El motín empezó al anochecer, cuando los húsares (hombres de Godoy) de escolta de una dama se enfrentaron a una patrulla de Guardias de Corps (hombres del partido nobiliario) que les pedía su identificación. Hubo tiros, y salió la gente a la calle. La gente fue dirigida hacia la casa de Godoy, donde encontraron a su mujer y su hija, pero no a él. Llevaron a las mujeres a Palacio Real de Aranjuez entre aplausos, saquearon la casa y la quemaron. Gritaban ¡Viva el Rey! ¡Muera Godoy!. Lideraba el asalto el hasta entonces conde de Teba y recientemente conde de Montijo con el pseudónimo de “Tío Pedro”. La nobleza y el pueblo español asaltaban el palacio de Godoy en Aranjuez y exigían su destitución. Montijo envió avisos a los pueblos de alrededor, Ocaña, Madridejos y Écija, para que no dejaran escapar a Godoy.

Los protagonistas de Aranjuez, el llamado “pueblo”, no fueron los vecinos de Aranjuez, que eran pocos, o si estuvieron, no fueron mayoría ni decisivos. Las llamadas “masas populares” eran servidores y criados del Príncipe Fernando y de los Infantes, los funcionarios de las Secretarías de Despacho quizás descontentos con tener que marcharse de Madrid, los cortesanos de compañía de los reyes y todos sus criados, los guardias y soldados, los servicios de toda clase que acompañaban los desplazamientos del rey, y sobre todo, las personas que expresamente habían llevado los nobles del partido fernandino. Algunos testigos ajenos al motín dijeron que habían visto “gente forastera de mal aire en su figura y peores modales” que circulaban en patrullas bastante organizadas hacia sitios precisos. El núcleo de los golpistas eran los Guardias de Corps, que en todo momento dirigieron el motín. La nobleza era pues el gran protagonista exigiendo la destitución de Godoy. La sublevación o motín estaba pagada y preparada, forzada por unos pocos nobles.

 

También se supo posteriormente que la señal del comienzo del motín había quedado en darla el Príncipe Fernando, encendiendo y apagando la luz de su cuarto en Palacio. Y que estaba previsto que no se debía dejar llegar tropas desde Madrid, pues llegarían húsares de Godoy. También sabemos que llegaron algunos soldados desde Madrid, pero para sumarse al golpe.

También había húsares en Aranjuez, pues Godoy los llevaba consigo. Estaban comandados por Diego Godoy, hermano del valido. Los movimientos de las llamadas “turbas o masas populares” estuvieron dirigidos a rodear a estas tropas, no dejándoles más opción que entrar a saco entre las masas, o permanecer inactivos, y nadie se atrevió a dar la orden de ataque a las masas.

María Luisa contó sobre Aranjuez, que en todo momento, Fernando había actuado como “si fuera rey” y que incluso, en una conversación con Godoy, había manifestado que pronto lo sería.

El 18 de marzo era viernes, y no había noticias de Godoy. El Príncipe Fernando apareció en el balcón de Palacio y dijo que el rey cumpliría los deseos del pueblo. El tumulto popular se calmó. Eran las 7 horas y amanecía, cuando se dio un decreto exonerando a Godoy del mando supremo del ejército y la Marina (generalísimo y almirante), asumiendo esos cargos el rey Carlos IV. El proyecto de viaje a Sevilla quedaba cancelado.

Es de extrañar que Carlos IV no defendiera a su ministro Godoy en un momento tan decisivo para la Corona.

El 18 por la tarde, se supo en Madrid de los acontecimientos de Aranjuez.

El sábado 19 de marzo, Godoy salió de su escondite, en su casa, la que había sido destruida e incendiada. Tenía hambre y sed, pues llevaba 36 horas soportando demasiado calor. Fue apresado inmediatamente y llevado a Palacio. Godoy permanecía en el ático del Palacio de Aranjuez, y ello aterrorizó a Carlos IV que se veía víctima de los ataques populares contra el favorito.

Y la gente volvió a la calle. Corrió la voz de que el rey quería dejar a Godoy marcharse a Granada. Las turbas se lanzaron sobre el coche de Godoy, vacío, y lo destrozaron. Cuando llegó la chusma frente a palacio, Carlos IV aceptó la entrega de Godoy a las masas para salvar su pellejo. Es de extrañar que Carlos IV no defendiera a su ministro, Godoy, en un momento tan decisivo para la corona: Godoy, en este momento quería llevarse al rey a Sevilla para hurtárselo a los franceses que se acercaban a Madrid, lo cual era una medida prudente. Godoy estaba tratando de salvar la Corona de Carlos IV.

Carlos IV y María Luisa temieron por la vida de Godoy y convocaron a los Secretarios de Despacho en su Gabinete para las 19 horas. Se empezó a gritar por la abdicación de Carlos IV. Y el rey abdicó en la tarde del 19 de marzo. El motín cesó. Carlos IV había abdicado inesperadamente, sin avisar a su mujer, que se encolerizó y se dirigió a la reunión de Secretarios, pero ya no pudo hacer nada.

Una vez proclamado Fernando VII como rey, recibió el acatamiento de su padre, que le besó la mano, pasando el resto de los cortesanos por el besamanos. La proclamación de Fernando VII era todavía ilegal, pues las Cortes no habían intervenido, solo era rey por aclamación popular. El 19 de marzo, Fernando declaró amigas a las tropas francesas presentes en España. Fernando había decidido aceptar apoyo francés para evitar que el rey se les marchase y había preparado la conspiración contra Godoy.

El golpe, tenía poca altura moral y educacional: Godoy, por su origen extremeño, era llamado por entonces “el choricero” y ese lenguaje hacía alusión despectiva a una pretendida corrupción (el mismo significado que tiene doscientos años después). El rey era acusado de borracho. La reina de puta. Así se soliviantó al pueblo contra la realeza y se hizo algo insólito, hacer abdicar a un rey absoluto.

 

En el transcurso del 17 al 19 de marzo, no había habido muertos en Aranjuez.

El 19 de marzo, el Consejo de Castilla, debido a su consabida tardanza, resolvió la petición de Godoy de 15 de marzo, cuando ya no era precisa: adoptó la decisión de no enviar tropas a Aranjuez sin consultar primero al rey. Así se lo comunicó a los generales del Estado Mayor del Generalísimo Antonio Samper y José Navarro. El Consejo no veía la necesidad de levantar tropa para proteger un viaje del rey. Y, en cuanto al peligro francés, no se consideraba grave ni urgente, pues los franceses no habían dado, hasta el momento, motivos de queja, pues se habían comportado correctamente en las ciudades a las que habían llegado y no habían provocado desórdenes ni atacado a la población. Hay que decir, en descarga de los consejeros del Consejo de Castilla, que ellos no tenían la información de la que disponía Godoy a través de sus espías y confidentes. Pero es evidente que la decisión llegaba demasiado tarde, intentaba dar solución a un problema de cinco días antes, que ya no tenía sentido y era además corta de vista, pues no veía la ocupación de España por los franceses.

El 19 de marzo hubo algunas alteraciones del orden en Madrid y la gente asaltó las casas de los partidarios de Godoy, pero no las de Godoy, las cuales ya habían sido embargadas por la Corona. Todavía no sabían de la abdicación de Carlos IV. La planificación y perfecta dirección de los motines era obvia. Los asaltos en Madrid duraron hasta el 21, lunes. Se asaltaron las casas de Diego Godoy, de Manuel Sixto de Espinosa (director de la Caja y Junta de Amortización de Vales Reales), del marqués de Branciforte (Cuñado de Godoy), de Cayetano Soler (Secretario de Despacho de Hacienda), de José Marquina Galindo (consejero real), del conde de Fuenteblanca (Gobernador del Consejo de Hacienda), de Nicolás Moreno (colector de vacantes y expolios), de Juan Diego de Prado, de la marquesa de Mejorada, y el Hospicio de Mujeres de la Galera. Muchos asaltos estaban dirigidos contra funcionarios de Hacienda. No se sabe quiénes dirigían los disturbios de Madrid, y aunque algunos señalaron al marqués de Caballero, no es coherente. Lo seguro y objetivo es que las tropas de Madrid dejaron hacer impunemente hasta la tarde del día 20, cuando ya sabían de la destitución de Carlos IV, y a partir de entonces cortaron los disturbios. También es cierto que la huida de los reyes convenía a Napoleón, pues dejaba libre el camino al trono. Y a su vez, hay que tener en cuenta que muchos nobles eran militares con mando en el ejército, y en este caso, los del partido fernandino podían estar utilizando al ejército.

El motín estaba preparado con más amplitud. Muchas ciudades estaban complicadas en él: Las ciudades de Toledo, Sanlúcar y Zaragoza se sublevaron y salieron a la calle en los primeros días de abril, porque no les había llegado la contraorden para cortar el levantamiento “popular”. Otras recibieron la contraorden. El 4 de abril, José Palafox y Melci, en Zaragoza, inició el levantamiento de la ciudad contra los impuestos del Intendente Garciny, que huyó. La orden provenía también del conde de Montijo, el instigador de Aranjuez. Y sabemos que había más ciudades preparadas para nuevas algaradas, pero los levantamientos fueron suspendidos por otra orden de Montijo, considerando que el golpe ya había triunfado con la abdicación de Carlos IV y destitución de Godoy. Las de Zaragoza, Toledo y Sanlúcar, no llegaron a tiempo y hubo algarada popular.

 

Fernando VII entró en Madrid, ya ocupado por Murat, el 23 de marzo e inició la represión sistemática de los godoístas, como Manuel Sixto Espinosa[2], José Eustaquio Moreno, y José Navarro Vidal. Por el contrario, se rehabilitó a los postergados por Godoy, como Colón de Larreategui y el conde del Pinar, que más tarde serán absolutistas en tiempos de la revolución, Lardizábal, Meléndez Valdés, y Bernardo Iriarte, que serán afrancesados, así como a Benito Ramón de Hermida que será liberal, y Domingo Codina Alaval cuya reacción posterior desconozco. Murat se negó a acatar a Fernando VII como rey hasta recibir las instrucciones oportunas de Napoleón. Fernando había subido al trono por aclamación popular y no por acuerdo de las Cortes y, en puridad, no era legal su acceso al trono.

Carlos IV y María Luisa escribieron a Murat pidiendo su protección, para ellos y para Godoy, y declarando que la abdicación se había hecho de forma forzada, y por tanto carecía de valor.

El 3 de abril se dio la orden de procesar a Godoy, Cayetano Soler, José Marquina Galindo, Simón Viegas, Pedro Mariano Estala Ribera[3], Manuel Sixto de Espinosa, Luis Viguri y Diego Godoy, muchos de ellos coincidentes con las casas asaltadas el 19 de marzo.

Godoy será encerrado en el castillo de Villaviciosa de Odón (Madrid) y entregado después a Murat, que se lo llevó a Francia el 2 de mayo junto a Carlos IV y María Luisa, y junto a Pepita Tudó y sus hijos Manuel y Luis, yendo a vivir todos primero a Compiegne y después a Roma. Su esposa, la condesa de Chinchón, y su hija Carlota, se fueron a vivir a Toledo con su hermano el arzobispo. Los reyes murieron en 1819. Muerto Carlos IV, Godoy siguió viviendo en Roma. En 1829 recibió la grata noticia de la muerte de su esposa, la condesa de Chinchón (de la que tenía una hija, duquesa de Sueca), lo cual le permitió casarse con su pareja de siempre, Pepita Tudó. En 1832 se trasladaron ambos a París, en donde Pepita se aburría y le abandonó para regresar a España. Luis Felipe de Orleans le asignó una pensión y ello le permitió vivir escribiendo sus memorias en cuatro volúmenes. En 1844, Isabel II ordenó restituirle sus bienes, pero el asunto fue apelado ante la justicia y no llegaron a entregárselos nunca. En 1847 se le devuelven sus títulos, excepto el de Príncipe de la Paz, generalísimo y Gran Almirante. Murió el 4 de octubre de 1851 en París

 

En realidad el motín de Aranjuez se puede considerar un fracaso, aunque los protagonistas se las arreglaron para que apareciera como una acción masiva y multitudinaria, que parecía un éxito: Los nobles no habían conseguido instalar su sistema de Gobierno nobiliario. No podían conseguirlo, porque el problema de España era otro, era si podía subsistir el viejo modelo político, o se daba por fracasado y se entregaba el gobierno a Napoleón. Hay que tener en cuenta el sinsentido de que el “pueblo” y la nobleza se sublevaran contra Godoy y no contra los franceses que habían invadido España.

En términos generales, visto desde hoy, la Corte española, el Consejo de Castilla, y Fernando VII, habían hecho el ridículo al no darse cuenta de que estaban cayendo en manos de Napoleón. Éste, ante los hechos de Aranjuez, creía tener a España en sus manos, y de hecho así lo comunicaba a sus hombres cercanos, pues creía que en pocos días dominaría España. En eso se equivocó.

 

 

 

[1] Eugenio Eulalio de Palafox Portocarrero, 1773-1834, VII conde de Montijo, 1808-1834, y de Teba, antes de 1808, era del partido aristocrático nobiliario, y en 1794 quiso leer un discurso contra el absolutismo borbónico, que fue prohibido, y él desterrado a Ávila por Godoy. En 1805, fue desterrada también su madre, la condesa de Montijo, y se hizo enemigo cerrado de Godoy. Es recordado por organizar el Motín de Aranjuez como “tío Pedro”. Era hijo del teniente general Felipe Antonio de Palafox y Croy Centurión y Havre (hermano de Antonio de Palafoz y Croy, obispo de Cuenca), y de María Francisca de Sales Portocarrero y López Zúñiga, 1754-abril de 1808, condesa de Montijo. En la Historia General viene citado como Eugenio Eulalio Portocarrero y Palafox, conde de Teba y de Montijo. El conde de Aranda era pariente de los Montijo, y estos habían estado en el “partido” de Aranda. Heredó el título de conde de Montijo en abril de 1808, al morir su madre, y entonces cedió el título de conde de Teba a su hermano Cipriano. Cipriano heredaría el título de Montijo en 1834 a la muerte de su hermano Eugenio. En Cádiz, Eugenio Eulalio conspiró contra la Junta Central, pues los aristócratas querían una Regencia aristocrática y estuvo en contra de la labor de las Cortes. Fue arrestado en 1809, pero liberado en enero de 1810. Consiguió que hubiera Regencia. En 1814, denunció a los que habían destacado como liberales en las Cortes de Cádiz.

Más conocido, quizás, fue su hermano Cipriano Palafox Portocarrero, 1784-1839, hermano menor de Eugenio, conde de Teba 1808-1839, y VIII conde de Montijo, 1834-1839, y duque de Peñaranda. Fue más conocido por ser líder de la masonería, por acudir a Valençay en noviembre de 1813, ponerse al servicio de José I y de Fernando VII, y por los matrimonios de sus hijas: María Francisca Palafox Portocarrero Kirkpatrick que se casó con Jacobo Luis Fitz-James Stuart Ventimiglia Álvarez de Toledo Beaumont y Navarra, duque de Alba de Tormes, y Eugenia Palafox Portocarrero Kirkpatrick que se casó con Napoléon III.

[2] Manuel Sixto Espinosa había sido un hombre fundamental en la dirección económica de España pues en 1796 fue Director del Banco de San Carlos, luego fue Contador de la Junta de Amortización, Contador de la Junta de Consolidación, Consejero de Hacienda, y en 1808 Contador General de Millones. Fue afrancesado y se exilió con José I.

[3] Pedro Mariano Estala Ribera, 1757-1815, era escolapio desde 1774, con ideas un tanto avanzadas, profesor en Avapiés (Madrid) y en el seminario diocesano de Salamanca. Trató de hacer progresar España desde el servicio a Godoy primero, y desde el de José I más tarde.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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