VIRREYES DE RÍO DE LA PLATA EN EL XVIII-XIX.

 

 

 

EL VIRREINATO DE RÍO DE LA PLATA.

 

Fue creado en 1776 y comprendía los territorios actuales de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia, pero Chile fue pronto segregado, en 1778, creándose una Capitanía General para Chile.

En 1783 se creó la Real Audiencia de Buenos Aires.

En la Pampa se criaba ganado. Tenían mucho éxito las mulas. Se recogían recuas de 600 ó 700 y se llevaban a Córdoba a invernar, reuniéndose cada año unas decenas de miles. Desde Córdoba se llevaban al mercado de Salta en donde solían comprarlas los mineros del Perú.

Carlos III mandó investigar la manera de enviar carne a España. Se pensó en la carne salada, pero tenía la dificultad que se perdía mucho sabor y se secaba demasiado en el almacenamiento y travesía marítima.

En los territorios de Río de la Palta en general se fabricaban muchas carretas.

 

Tenía dos universidades, una conservadora en Córdoba y una modernista y regalista en Chuquisaca (Chuquisaca, Charcas, La Plata y Sucre son nombres diferentes que fueron usados por la misma universidad, hoy al sur de Bolivia). La Universidad de Córdoba fue una de las grandes de América, con la de Méjico y Lima. La Universidad de Charcas es la que daba títulos en derecho, pues Córdoba no tenía esos estudios.

El mayor problema que había en la zona era la colonia de Sacramento, un establecimiento portugués en el fondo del estuario, justo enfrente de Buenos Aires. Los portugueses se habían instalado allí en 1701 con motivo de la Guerra de Sucesión española, pero los portugueses fueron enemigos de España en esa guerra y el Gobernador de Buenos Aires decidió atacar la colonia hasta que los portugueses la evacuaron en 1705. Pero Portugal la reivindicó en Utrecht y le fue concedida, por lo que se le devolvió en 1715 siendo gobernador de Buenos Aires Baltasar García Ros.

Bruno Mauncio Zabala, Gobernador en 1717-1734 mantuvo el statu quo.

En 1735 se retomó el problema en conversaciones con Portugal, pero no dieron fruto y los portugueses siguieron en la colonia. Y así estaban las cosas cuando el gobernador Cevallos recibió la orden de tomar Sacramento. La toma de la plaza significaba hacer frente a la flota inglesa, que se presentó a continuación y fue rechazada. Pero la colonia fue de nuevo cedida en el Tratado de París de 1763 y los portugueses se hicieron fuertes en la zona.

Las fronteras de Luján, Salta y Magdalena, de El Plata, estaban guardadas por un cuerpo de caballería ligera de 8 compañías de cien hombres cada una. Esta fuerza armada perseguía el bandolerismo y el contrabando y se asentaba en el campo. Con motivo de la guerra, fueron llamados a integrarse en el ejército y se sometieron mal a la disciplina militar, pues preferían su autoorganización rural. Los militares les denominaron “los blandengues”.

Cevallos atacó Sacramento en 1777 y la demolió por completo, obras militares y civiles. Pero estaba en la demolición cuando España firmó el Tratado de San Ildefonso de 1777 y Cevallos recibió la orden de suspender hostilidades.

En 1778 se fijaron los límites de las posesiones españolas y portuguesas: Sacramento y toda la margen norte del Plata serían españolas, facilitando así la navegación de los barcos españoles, y Portugal se quedaría con Santa Catalina y Río Grande (porción de Brasil al este de Argentina y norte de Uruguay). A cambio de estas tierras, Portugal cedía a España Fernando Poo y Annobón en el Golfo de Guinea.

 

Otro punto importante, además de Sacramento, eran las misiones del Paraguay. Estas misiones tenían su origen en la llegada de los jesuitas al Brasil en 1546, concretamente del padre Anchieta. En 1574, los jesuitas recibieron un privilegio de Sebastián de Portugal para crear “reducciones” de indios, o poblados dirigidos por los jesuitas. Desde Brasil, los jesuitas bajaron al Plata en 1586 y se establecieron en el Alto Paraná, Alto Paraguay, Alto Uruguay. Controlaban así a unos 150.000 habitantes.

Las reducciones de los jesuitas fueron protegidas por Felipe III declarando que nadie podía someter territorios ni indios a encomiendas.

El sistema de gobierno era similar al quechua, un comunismo primitivo. Los jesuitas construyeron una plaza rectangular poblada de árboles que contenía en sus lados la iglesia, el cementerio y la casa de los frailes. De la plaza salían calles en damero, rectas y anchas. Las casas eran rectangulares, de siete varas de lado y podían hacerse en piedra o en barro. La ciudad contaba con una “casa de recogidas” para atender viudas, casadas cuyo marido estuviera ausente y mujeres que pidieran amparo. También había almacenes para recoger víveres.

La capital de estas misiones era Candelaria, donde vivía el Provincial de los jesuitas. En cada misión vivían un cura y un sotacura. El cura era el gobernador de la misión y organizaba el concejo compuesto por un corregidor, un teniente, dos alcaldes, un alférez real, un alguacil mayor, un alcalde de la Hermandad, un procurador y un secretario, todos ellos indios. No se permitía vivir en estas misiones a blancos, ni a mestizos, y los viajeros debían abandonar la zona en tres días.

Los campos estaban divididos en lotes. El “lote de Dios” era trabajado por todos en común y cada familia tenía una chacra particular. Se trabajaban 6 horas diarias y se iba al trabajo en procesión llevando en andas una imagen de San Isidro Labrador. Seis meses al año se dedicaban a la agricultura y seis meses a trabajos de la artesanía, edificaciones, caminos, puentes, preparado del azúcar y tabaco. Se cultivaba maíz, algodón, legumbres y mate, y también tabaco y caña, y se tenían vacas y ovejas. Del lote de dios se sacaban recursos para padres, recogidas, presos y ancianos. Las mujeres hilaban algodón y lana. Los hombres tejían, y ejercían diversos oficios como plateros, doradores, herreros, pintores,… Cada cual se hacía su ropa, un poncho y unas sandalias. Los productos se enviaban a Santa Fe (desembocadura del Paraná) y eran vendidos por los jesuitas y comprado por los bonaerenses, que se acostumbraron a beber mate.

Se comía pan de maíz y de mandioca, carne y legumbres.

Los niños tenían escuela, que sólo era obligatoria para hijos de familias importantes. La asignatura que más tiempo les ocupaba era la música.

En 1768 los jesuitas fueron expulsados y sustituidos por franciscanos.

 

 

 

 

VIRREYES DE RÍO DE LA PLATA.

 

1776-1778, Pedro Antonio de Cevallos Cortés y Calderón, 1715-1778, fue el primer Virrey de Río de la Plata. Era un militar andaluz que había estudiado en el Seminario de Nobles antes de ingresar en el ejército. En 1755 fue designado Gobernador de Buenos Aires para hacerse cargo de la Colonia de Sacramento cedida por Portugal a cambio de la Isla de Santa Catalina y tierras en Río Grande del Sur, en las que iban incluidas algunas reducciones guaraníes. En 1756 se incorporó a su destino y observó que los guaraníes, y los jesuitas que les dirigían, se habían sublevado y que Sacramento no había sido entregado por Portugal. Consideró que la entrega de las reducciones a Portugal era irracional y recomendó a Carlos III no cederlas. En 1762 atacó la Colonia de Sacramento e invadió Río Grande, pero en 1763 recibió orden de retirarse porque España había firmado la Paz de París cediendo Sacramento y Río Grande a Portugal. Cevallos volvió a España y fue reemplazado en el Gobierno de Buenos Aires por Francisco Bucareli. En 1772, Cevallos fue Gobernador de Extremadura. En 1776 se decidió en España crear el Virreinato de Río de la Plata y pareció que Cevallos era la persona indicada para prepararlo, así que se le nombró Virrey y se le concedió una flota de 99 buques y 9.000 hombres para hacer frente a los problemas de la zona. Cevallos tomó de nuevo Santa Catalina y Colonia de Sacramento, y de nuevo se le ordenó desde España abandonarlos en virtud del Tratado de San Ildefonso de 1777, en el que Sacramento quedaba en manos de España, pero Santa Catalina y Río Grande en manos de Portugal. El Virrey Cevallos fomentó el cultivo de cáñamo y lino, estableció la Audiencia en Buenos Aires, abrió el Tribunal de Cuentas, reglamentó el comercio con España que fue libre desde 1778, liberalizó el comercio de Buenos Aires con Chile y Perú, y dio un reglamento de jornadas de trabajo y salarios. No pudo poner en funcionamiento la mina de plata de Potosí, en territorio de Buenos Aires, porque la mina de mercurio de Huancavelica había quedado en tierras de Perú. En 1778 se sintió enfermo y regresó a España, y en el camino a Madrid, al llegar a Córdoba (España), murió.

 

1778-1784, Juan José Vértiz y Salcedo, 1778-1784. Vértiz era hijo de un militar español con destino en Mérida (Yucatán), y por ello nació en Nueva España. En 1782 se abrió la Audiencia de Buenos Aires. Vértiz creó poblados en la Patagonia para instalar inmigrantes que dominasen a los indios, creó orfanatos, un hospital de infecciosos, el Real Colegio de San Carlos, un Tribunal del Consulado, la división del territorio en ocho intendencias.

 

1784-1789, Nicolás Felipe Cristóbal del Campo y Rodríguez de Salamanca, 1725-1803, II marqués de Loreto, fue un militar andaluz que comandó Milicias Provinciales en Sevilla y fue oficial de los Reales Ejércitos. En 1783 fue designado Virrey del Río de la Plata sin haber tenido experiencia ninguna en América. Hizo un gobierno típico ilustrado.

 

1789-1795, Nicolás Antonio de Arredondo, 1726-1802, militar cántabro que en 1780 luchó en Florida contra los ingleses, en 1785 fue gobernador de Santiago de Cuba y fue suspendido por corrupción, y en 1786 fue nombrado Presidente de la Audiencia de Charcas y Virrey de Río de la Plata, puesto al que se incorporó en 1789. Buenos Aires era una ciudad próspera con 60.000 habitantes, y él la organizó para reprimir la delincuencia con alcaldes de barrio. Pavimentó las calles y empedró la Plaza Mayor. Trabajó en fijar los límites de su Virreinato con los portugueses, y fortificó Montevideo, Maldonado y Rocha en la Banda Oriental para estar preparado ante posibles ataques. Uno de los asuntos más complejos era el comercio de esclavos, asunto en que decidió que los esclavos importados, de Brasil o de África, debían pasar cuarentena en Barrancas, antes de ser vendidos en la zona o trasladados a Mendoza para su distribución comercial por Sudamérica, que era uno de los negocios más rentables de Buenos Aires. En 1793, cuando se declaró la Guerra de la convención entre Francia y España, prohibió las publicaciones francesas y mandó vigilar a los originarios de Francia.

 

1795-1797, Pedro de Melo de Portugal y Vilhena, 1733-1797, III marqués de Vellisca, fue un noble portugués que sirvió en el ejército de España y en 1795 fue Gobernador de Paraguay. Como Virrey de Río de la Plata, continuó la labor de Arredondo de pavimentar las calles y fortificar Montevideo. Mandó explorar la costa de Patagonia a Félix de Asara.

 

1797-1799, Antonio Olaguer Feliú, 1740-1807, militar español que en 1763 había servido en Cuba, en 1765 en Puerto Rico, en 1776 en la conquista de Santa Catalina, en 1777 en la toma de la Colonia de Sacramento, y en 1783 fue inspector militar a las órdenes del Virrey Juan José Vértiz. En 1790-1797 fue Gobernador de Montevideo, donde organizó el Cuerpo de Blandengues de Montevideo, una fuerza militar formada con civiles. En 1797, al morir el Virrey Pedro de Melo, asumió interinamente las funciones de Virrey y en ese puesto continuó la política de sus predecesores: defenderse de los ataques ingleses por mar, con base en Río de Janeiro, de los ataques portugueses-brasileños por tierra y de colonizar la Patagonia con los inmigrantes llegados de Europa. En Buenos Aires, creó el Protomedicato para vigilar la profesión médica. De regreso a España, en 1807 fue Secretario de Despacho de Guerra y vivió los sucesos de las rebeliones de El Escorial y de Aranjuez, y la invasión francesa de 1807 sobre territorio español.

 

1799-1801, Gabriel de Avilés Iturbide y del Fierro, 1735-1810, III ó IV marqués de Avilés (el primero fue su padre, el segundo su hermano José), fue un militar español, hijo de militar, que en 1768 combatió a los indios araucanos en Chile, en 1780 combatió a Tupac Amaru II en Cuzco, llegando a comandar las tropas españolas en 1782, en 1796-1799 fue Gobernador de Chile

En 1799-1801 Virrey de Río de la Plata, donde siguió repoblando la Patagonia, suprimió las encomiendas de indios guaraníes y les hizo libres y propietarios de sus tierras, creó la Escuela de Náutica, y protegió periódicos como Telégrafo Mercantil y Diario de Buenos Aires.

En 1801-1806 Virrey del Perú. En 1810 salió de regreso para España, y murió en Valparaíso durante ese viaje.

 

1801-1804, Joaquín del Pino de Rozas y Negrete, 1729-1804, fue un militar andaluz criado en el presidio de Orán, donde se hizo militar e hizo estudios de matemáticas. En 1771 fue destinado a Río de la Plata como ingeniero para fortificaciones. En 1773 fue Gobernador de Montevideo. En 1789 fue Gobernador de Charcas. En 1797 fue Gobernador de Chile. En 1801 fue Virrey de Río de la Plata y se mostró pacifista: Los portugueses pasaron los límites de sus colonias y entraron desde Río Grande a Misiones (al oeste del alto Uruguay) y Joaquín del Pino no reaccionó, provocando protestas de la Audiencia de Buenos Aires. Joaquín del Pino creó cátedras de medicina y anatomía en el Protomedicato, abrió una Escuela de Pintura, una escuela de francés. Murió en el ejercicio del cargo de virrey.

 

1804-1807, Rafael de Sobremonte y Núñez del Castillo, 1745-1827, III marqués de Sobremonte, era de familia de militares, miembro de las Reales Guardias Españolas, con destinos en Cartagena de Indias, Ceuta, Puerto Rico, y en 1779 Secretario del Virrey de Río de la Plata Juan José Vértiz. En 1783 Gobernador de Córdoba de Tucumán, en donde urbanizó las calles con pavimento y alumbrado, llevó agua corriente a las calles, dividió la ciudad en barrios, fundó un hospital de mujeres, y creó fortines para defenderse de los indios malones. En 1797 fue subinspector militar, fortificó Montevideo, Colonia de Sacramento, e hizo un reglamento militar. En 1804 Presidente de la Real Audiencia de Buenos Aires, y en ese mismo año fue nombrado Virrey de Río de la Plata.

Tras la derrota de Trafalgar en 1805, las cosas se pusieron mal para defender las costas americanas frente a la escuadra inglesa: la colonia holandesa de El Cabo, en África, se entregó a los ingleses en 1806, y entonces la flota inglesa se dirigió a Buenos Aires y desembarcaron en Quilmes, al sur de la ciudad y se apoderaron de Buenos Aires el 27 de junio de 1806.

Ante la invasión inglesa, el virrey Sobremonte cumplió el protocolo militar establecido y huyó a Córdoba (700 kilómetros al interior) y preparó desde allí el ataque a los invasores. Reunió unos 3.000 hombres y se dispuso a rechazar a los ingleses. Mientras estaba de camino, los ingleses fueron derrotados.

El Cabildo de Montevideo declaró que Sobremonte había huido y había cometido traición, y que los bonaerenses se habían sometido a los ingleses dejando a Montevideo libre de obediencia a Buenos Aires, de modo que sólo se sometían al rey de España.

Los bonaerenses, el gobernador de Montevideo y el marino español de origen francés Santiago Liniers con el barco “El Tigre” atacaron a los ingleses, mataron un centenar y apresaron a la mayoría de los 1.600 atacantes el 12 de agosto de 1806.

Sobremonte no había tenido tiempo de regresar de Córdoba, o sus subordinados se habían adelantado a las órdenes militares. Cuando llegó a Buenos Aires, los bonaerenses habían convocado Cabildo Abierto y habían nombrado a Liniers Gobernador Militar de Buenos Aires, excediéndose claramente en sus atribuciones. La ciudad de Buenos Aires estaba haciendo uso de su soberanía en un país como España que era absolutista. Sobremonte fue a Montevideo, y tampoco fue obedecido, y en el momento en que los ingleses atacaron sus soldados desertaron y su subordinado Pascual Ruiz Huidobro reclamó el mando de la ciudad. Sobremonte abandonó Montevideo, y la ciudad cayó en manos de los ingleses.

Viendo sin apoyo al Virrey, Álzaga le depuso en Cabildo Abierto y Liniers fue proclamado Virrey. El hecho de la insubordinación de Liniers al tomar el cargo de Virrey, fue justificado por la victoria frente a los ingleses. Sobremonte regresó a España y sufrió Consejo de Guerra, en el que el testimonio enviado por Liniers decía que Sobremonte había actuado correctamente en todo momento cumpliendo los protocolos militares de que el Virrey huyera en caso de asalto extranjero a la ciudad de Buenos Aires. El juicio se interrumpió por motivos de la guerra, y Liniers fue fusilado en 1810 por los rebeldes bonaerenses. En 1813 se reanudó el Consejo de Guerra y Sobremonte fue encontrado inocente de todos los cargos.

 

1807-1809, Jacques Antoine Marie de Liniers y Bremond, (españolizado como Santiago Liniers), 1753-1810, fue un militar francés que se pasó a la Armada española en 1775, y en 1776 estuvo en la campaña de Santa Catalina, y en 1777 en la de Colonia de Sacramento, y regresó a España. En 1788 fue de nuevo destinado a Río de la Palta con la misión de mandar un barco que defendiese la costa. En 1802 fue nombrado Gobernador de las Misiones Guaraníes. En 1804 se le hizo jefe de las operaciones navales de Río de la Plata y se le dio como base la Bahía de Barragán. En 1806 tuvieron lugar los sucesos de la invasión inglesa que hemos referido en el párrafo anterior, y Liniers quiso actuar como intermediario sin conseguirlo, y más tarde se retiró a Montevideo a por armas y soldados.

Los ingleses pidieron refuerzos, reunieron una fuerza muy importante y tomaron Montevideo en febrero de 1807, en un segundo intento de adueñarse del territorio. Desde allí atacaron Buenos Aires, pero fueron rechazados y tuvieron que evacuar también Montevideo.

En 1808, Liniers fue nombrado, oficialmente y desde España, Virrey como muestra de agradecimiento a sus servicios. Empezó una guerra entre el Virrey Liniers de Buenos Aires y el Gobernador Francisco Javier de Elío de Montevideo. Liniers había cometido un error grave, aliándose a los independentistas, y éstos le reclamaron el poder desde el mando de las tropas de milicias ciudadanas formadas en la defensa frente a los ingleses. Liniers era un monigote en manos de los jefes militares bonaerenses.

En 1809, llegó desde España un nuevo Virrey.

Liniers intentó regresar a España en 1810, cuando estallaron nuevas revueltas independentistas, pero sus soldados desertaron ante la llegada de los independentistas, y éstos le apresaron y fusilaron

 

1809-1810, Baltasar Hidalgo de Cisneros y de la Torre, 1755-1829, fue un marino murciano hijo de militar de caballería, que estaba en Cartagena (España) cuando tuvo lugar la invasión francesa y estuvo en la Junta de Cartagena levantada contra Napoleón en 1808. En 1809, la Junta Suprema de España e Indias, nombre oficial de la Junta de Sevilla, le nombró Virrey de Río de la Plata. Llegó a Montevideo en julio de 1809 y fue aceptado por Elío en Montevideo. Encontró el caos en Buenos Aires y pergeñó la estratagema de indultar a Martín de Álzaga para tener una fuerza política de su lado. Pero no supo gobernar Buenos Aires, y se contradijo varias veces en dar libertad de comercio y quitarla, enemistándose con todos. El 25 de mayo de 1810 tuvo lugar la sublevación definitiva de los independentistas bonaerenses. Hidalgo de Cisneros fue embarcado con rumbo a Canarias. En 1813 fue Gobernador de Cádiz. En 1818 fue Secretario de Despacho de Marina y se le encargó un ejército para reconquistar América. En 1820, los liberales le privaron de todos sus cargos, pero en 1823, al fracasar los liberales, fue nombrado Gobernador de Cartagena, su pueblo natal.

 

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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