VIRREYES DE NUEVA GRANADA EN EL XVIII-XIX.

 

 

VIRREINATO DE NUEVA GRANADA.

 

El virreinato de Nueva Granada, creado definitivamente en 1739, comprendía los territorios de Costa Rica, Panamá, Venezuela y Colombia.

En 1742, Venezuela pasó a depender de la Audiencia de Santo Domingo, y del Virreinato de Nueva España. En 1777 se creó la Capitanía General de Venezuela.

En 1786 se creó la Real Audiencia de Caracas.

Nueva Granada producía oro por valor de 2,5 millones de pesos en 1801 en las zonas de San Jerónimo y Cartagena. También producía perlas y esmeraldas en Venezuela.

En Panamá se sacaba madera explotándose el cedro, roble y caoba.

También en Nueva Granada había fábrica de pólvora y manufactura de tabaco.

Este virreinato fue creado por primera vez en 1717 y fue enviado como primer virrey Jorge Villalonga estableciendo la capital en Bogotá. En 1723 fue suprimido temporalmente el virreinato. Era Virrey del Perú Nicolás Caracciolo, príncipe de Santo Buono, 1716-1720. Se le adjudicaban las tierras de Quito, Santa Fe de Bogotá, Cartagena, Santa Marta, Panamá, Antioquia, Maracaibo, Caracas, Guayana y Popayán.

El principal problema de estos tiempos y del resto del siglo, fue el contrabando, debido a las restricciones comerciales que sufrían por parte de España, siendo más rentable a los exportadores llevar sus productos a Estados Unidos, Inglaterra o Francia. También la importación era muy fácil a través de navío de permiso conseguido por Inglaterra en 1713, y a las incursiones francesas y holandesas, protegidas por los comerciantes de la zona. Las flotas españolas que llegaban con productos “españoles” (muchos tampoco lo eran ya en origen) apenas podían dar salida a sus productos, debido a que las tierras estaban ya abastecidas cuando ellos llegaban.

 

 

         CAPITANÍA GENERAL DE VENEZUELA.

 

El territorio de Venezuela fue entregado en 1527 a los Welser de Augsburgo, que gobernaron la “provincia de Coro” hasta 1556. Después pasó a depender de la Audiencia de Santo Domingo.

En 1578, la capital de la zona dejó de ser Coro y pasó a Caracas.

En 1717, al crearse el Virreinato del Nuevo Reino de Granada pasó a depender de Santa Fe, pero el virreinato se suprimió en 1723. En 1726 volvió a depender de Santo Domingo. En 1739 se volvió a crear el Virreinato de Nueva Granada.

En 1742 Venezuela dependió de la Real Audiencia de Santo Domingo y del Virreinato de Nueva España, hasta su independencia.

En 1777 se integraron los territorios de Cumaná, Maracaibo, Guayana, Trinidad y Margarita en la Capitanía General de Venezuela.

La Real Audiencia y Cancillería de Caracas fue creada en 1786, dejando de ser una Gobernación dependiente de Nueva Granada, y de pertenecer a la Audiencia de Santo Domingo.

La jurisdicción de Caracas era muy complicada: Los territorios de Cumaná (Nueva Andalucía), y Barcelona eran independientes de Caracas y autónomos en cuanto a gobierno, pero judicialmente dependían de la Audiencia de Santo Domingo. El territorio de Guayana era autónomo en cuanto a gobierno, pero dependía judicialmente de la Audiencia de Santa Fe, pero en 1777 pasó a depender de la Audiencia de Santo Domingo.

 

Capítulo aparte merecen las misiones de la Guayana. Estas misiones las iniciaron los franciscanos en la segunda mitad del XVI y principios del XVII. Luego llegaron los jesuitas a mediados del XVII con el padre Mesland, el padre Monteverde y el padre Rivero.

Las misiones comprendían las tierras del Orinoco (sur de la actual Venezuela), del Meta y del Casanare (noreste de la actual Colombia), zonas conocidas como Los Llanos, y producían algodón, materia prima muy codiciada por los comerciantes particulares. También eran asaltados periódicamente por indios caribes procedentes de la costa, que buscaban comida fácil, dada la no belicosidad de estos indios, aunque la zona era muy pobre.

Cuando fueron expulsados los jesuitas, se hicieron cargo de esas misiones los capuchinos y en el siglo XVIII decidieron introducir agricultura variada y ganadería y se convirtieron en zonas de cierta prosperidad llegando a tener 24.000 habitantes en 1816. Algunos pobladores bajaron el Orinoco y se establecieron cerca del delta fundando la ciudad de Santo Tomé de Guayana, conocida popularmente como Angostura. Esta ciudad declaró libre el comercio y ello activó la navegación por el Orinoco.

Caracas gozaba de Universidad desde 1721.

 

 

 

 

VIRREYES DE NUEVA GRANADA.

 

1718-1719, se hizo cargo del virreinato interinamente Antonio Ignacio de la Pedrosa y Guerrero, un abogado español asentado en Santa Fe de Bogotá que sustituyó al Gobernador y Arzobispo Rincón y tomó las funciones de Gobernador, Capitán General y Presidente de la Audiencia hasta la llegada de un Virrey. El problema era poner orden en una región amplísima contando con pocos efectivos de gobierno, donde cada territorio era prácticamente independiente y la costumbre era declarar menos carga en los buques que salían o llegaban a fin de aminorar los impuestos, de modo que comerciantes y funcionarios obraban en connivencia. También debían combatir el contrabando, pero las mercancías francesas, inglesas y holandesas gustaban a toda la población y eran baratas, y lo más común es que muchas de esas mercancías se distrajesen. Los grandes empresarios criollos estaban en este juego, y los grandes impuestos que cobraba España tampoco les dejaba a veces otra alternativa. Pero los empresarios españoles, muchas veces los mismos funcionarios de la Audiencia e incluso el Virrey, no eran ajenos a estas prácticas. Desde España, se creía que un Gobierno más cercano podía ser más efectivo en el control de los muchos puertos en la costa pacífica y atlántica que eran utilizados para el contrabando.

 

1719-1724, José de Villalonga, 1665-1735, conde de la Cueva se hizo cargo del Virreinato como primer Virrey con nombramiento oficial. José de Villalonga era un militar con destino en Callao que tuvo noticias de su nombramiento en 1718 y se incorporó a su puesto en 1719. Inmediatamente entendió la imposibilidad de resolver el problema que se le pedía, de recaudar más del comercio, cobrando más impuestos y reprimiendo el contrabando. Lo único que se le ocurrió en 1721 fue expulsar de la zona a todos los extranjeros, que eran los contactos con los contrabandistas, lo cual fue un error político, porque ni todos ellos se dedicaban al contrabando, ni ellos eran los únicos contactos con los contrabandistas, sino que los empresarios y comerciantes de la zona, criollos y españoles, estaban en la fuente del problema. Villalonga entendió que el problema era irresoluble y pidió la supresión del Virreinato y la vuelta a la jurisdicción del Perú, que al menos tenía más recursos económicos y militares.

En septiembre de 1723, Felipe V ordenó suprimir el Virreinato del Nuevo Reino de Granada, y en mayo de 1724 pasó efectivamente a depender otra vez de Perú, del Virrey de Lima.

 

1740-1749, Sebastián Eslava y Lazaga, 1685-1759, fue un militar navarro de las Guardias Españolas al servicio de Felipe V, que en 1740 fue nombrado Virrey del Nuevo Reino de Granada con ocasión de que el almirante inglés Vernon había tomado Portobelo en 1739 y se disponía a tomar Cartagena como base para su imperio americano del sur. Felipe V consideró que el problema se debía abordar desde la autoridad de un Virrey, sin otras cargas de Gobierno como las que pudiera tener el Virrey de Lima. De hecho, envió a Eslava a Cartagena en abril de 1740 y éste ni siquiera pensó en llegar a Santa Fe, sino que envió a realizar las funciones del virreinato a Francisco González Manrique, mientras él se quedaba en la defensa de Cartagena. La misión de Eslava era proteger Cartagena, pero también La Habana, Veracruz y Panamá, los objetivos de Inglaterra.

La desigualdad de fuerzas era mucha: Eslava contaba en Cartagena con 1.100 soldados, 300 milicianos de milicias ciudadanas, y 600 indios como fuerzas de tierra, y seis navíos con 1.000 marinos, mandados por Blas de Lezo, en la mar. Vernon salió de Inglaterra con 37 navíos, 12 fragatas, varios barcos más pequeños, 130 transportes y 15.000 marinos y 12.000 soldados, a los que todavía sumó voluntarios estadounidenses y jamaicanos. Vernon llegó a Cartagena el 15 de marzo de 1741. Estaba tan seguro de la victoria que, en cuanto pudo penetrar en la bahía de Cartagena, mandó anunciar la victoria a Londres. Pero las cosas no sucedieron como era previsible. Eslava y Blas de Lezo resistieron. El clima hizo su efecto en el ejército de Vernon y en mayo hubo de retirarse reconociendo el fracaso de su misión.

Eslava quedó en situación penosa en Cartagena, pues ni siquiera podía pagar a sus soldados. Se recuperó a duras penas: hizo un camino a Honda, otro de Girón a Pedral y arregló el de Quito a Guanacas. En 1750 regresó a España, donde fue Secretario de Despacho de Guerra en 1754-1759. Se le nombró Marqués de la Real Defensa a título póstumo.

 

1749-1753, José Alfonso Pizarro, -1753, marqués de Villar, fue un marino español al que se le encomendaron los deberes de asimilar culturalmente a los indios y reforzar las defensas de Cartagena, dañadas en la guerra de 1741. Para lo primero, se llevó varios misioneros e hizo un estudio sobre el estado de las misiones existentes en el virreinato, de donde dedujo que era importante evangelizar a los indios chimilaes y a los guajiros. También en este sentido de extender la civilización occidental, llevó a presos y galeotes al valle del Magdalena, lo cual se convirtió en un error cuando fueron colocados allí muchos exiliados españoles, pues los colonos se amotinaban en el momento en que disminuían o desaparecían las aportaciones de alimentos gratuitos que recibían en apoyo de su instalación inicial. En cuanto a otros aspectos de su política, amplió su territorio jurisdiccional añadiendo Veraguas al Virreinato de Nueva Granada, creó un colegio en Panamá que puso en manos de los jesuitas y se llamó Academia de Teología y Filosofía, fomentó las obras públicas, mejoró varias instalaciones costeras y trató de regular el comercio del aguardiente, uno de los más activos en su tiempo.

 

1753-1761, José Manuel Solís Folch de Cardona, 1716-1770, tuvo como principal problema el de los límites entre el Nuevo Reino de Granada y Brasil. Por otro lado hizo una política “ilustrada”, de difundir la civilización utilizando misioneros a los que daba apoyo militar. Abrió los caminos de Carare, Quindio y Antioquia. Creó la Aduana de Guayaquil para intentar controlar la exportación e importación. Su gestión fue ruinosa. Tras algunos escándalos de alcoba, en 1761, al cesar en el cargo de Virrey, decidió hacerse franciscano y en 1789 ordenarse sacerdote.

 

1761-1772, Pedro de Mesía de la Cerda, 1700-1783, marqués de la Vega de Armijo, fue un marino andaluz que había estudiado en la Real Compañía de Guardiamarinas de Cádiz, y había tenido varias misiones en América y Europa a lo largo de su carrera militar. En 1761 encontró vacía la caja del Virreinato y consiguió llenarla mediante un estanco del aguardiente de caña y cobro de rentas del tabaco, lo cual tuvo consecuencias económicas positivas, pero también generó sublevaciones en Santa Fe y en Quito. Con esos recursos, siguió fortificando las ciudades de la costa, creó un colegio para niñas, el primero de América, creó cátedras de matemáticas en todos los centros superiores de enseñanza, hizo funcionar un servicio de correos, creó una fábrica de pólvora en Santa Fe y, sobre todo, inició una de las obras más faraónicas de la historia de la humanidad, un camino de Santa Fe a Tunja, que con el tiempo se prolongaría a Pamplona, Cúcuta, Maracaibo y Caracas. En 1767 dio cumplimiento a la expulsión de los jesuitas, y con sus libros abrió una biblioteca.

1772-1776, Manuel Guirior Portal de Huarte, 1708-1788, fue un militar navarro de marina, Gentilhombre de Cámara del Rey, que fue nombrado Virrey del Reino de Nueva Granada en 1771, embarcó en Cádiz y tomó posesión en Cartagena en 1772, donde fortificó la ciudad de Cartagena, luchó contra los guajiros rebeldes, les indultó y mandó construir algunos poblados en la Guajira a fin de civilizarlos y pacificarlos, y se informó sobre los problemas del contrabando. En 1773 pasó a Santa Fe y decidió subir los impuestos a los productos extranjeros y bajar los de productos españoles a fin de favorecer la venta de estos y luchar contra el contrabando. Luchó contra los rebeldes motilones y les venció en 1774 y envió a sus tierras a misioneros capuchinos, lo cual hizo más seguras las comunicaciones en la zona de La Grita. Incorporó al arzobispado de Santa Fe los obispados de Quito y Panamá, antes dependientes de Lima.

Hizo una gran labor en la enseñanza mediante la Junta Superior de Aplicaciones, un organismo integrado por el Virrey, el gobernador del arzobispado y el Oidor decano de la Audiencia, con Moreno y Escandón como coordinador, que hizo una reforma universitaria, fundó los Reales Hospicios aprovechando los edificios de los jesuitas para dar educación a niños y niñas con pocos medios económicos, y dio inicio a una Universidad Pública juntando los Colegios de nivel superior de los jesuitas, dominicos y agustinos.

Fundó cátedras de matemáticas, ciencias naturales y física en los colegios de Rosario y San Bartolomé. En 1777, creó la Real Biblioteca como biblioteca pública. Este proyecto de enseñanza no gustó en España, porque significaba muchos gastos, y no perduró mucho tiempo.

Hizo un censo de población en el que resultó que Santa Fe tenía 16.000 habitantes y 1.770 casas. Completó el servicio de correos. Favoreció el comercio en El Chocó. Redujo los derechos de las harinas a fin de que fuera rentable trasladarlas a Cartagena para su exportación. Hizo el camino de Fontibón y terminó el de Fuente Grande.

En 1776 fue nombrado Virrey del Perú.

 

1776-1781, Manuel Antonio Flórez Maldonado Martínez Angulo y Bodquin, 1723-1799, era un marino andaluz formado en la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz que en 1753 había pactado con José Custodio de Saa y Faria los límites de Brasil. En 1771 fue Comandante de La Habana y de El Ferrol. Y en 1775 fue designado Virrey del Nuevo Reino de Granada, incorporándose a Cartagena en 1776. En Santa Fe, construyó el camino de Chocó a Alejandría, fomentó la agricultura, estimuló la formación de gremios, fomentó la minería, fundó hospicios masculinos y femeninos, mejoró los hospitales, creó una imprenta en Santa Fe e inauguró la Biblioteca Pública que había creado el Virrey Guirior. En 1779 se incorporó a Cartagena porque Inglaterra y España estaban de nuevo en guerra y era preciso defender este puerto y fortificó Cartagena, Santa Marta, Riohacha y Bayahonda.

En 1780 llegó a Nueva Granada el visitador Francisco Gutiérrez de Piñeres para hacer una reforma fiscal como las Perú y Quito, y subió los impuestos del tabaco y el aguardiente, lo cual provocó la Revuelta de los Comuneros en los pueblos de Simacota, Mogotes, Barichara, Charalá y Socorro, liderada por Juan Francisco Berbeo, Salvador Plata, Antonio Monsalve y Francisco Rosillo. Reunieron unos 20.000 hombres y, como el Virrey estaba en Cartagena, la audiencia pactó con ellos la bajada de impuestos a cambio de la disolución de sus fuerzas. Una vez disueltos los rebeldes, los dirigentes comuneros fueron apresados y descuartizados en 1782.

En 1782, Flórez pidió su relevo. En 1787 sería Virrey de Nueva España, sustituyendo al arzobispo Alonso Núñez de Haro.

 

Marzo de 1782 – junio de 1782, Juan de Torrezar Díaz Pimienta, el cual venía de ser Gobernador de Cartagena de 1773 a 1781, fue virrey interino. En Cartagena había fundado una cuarentena de pueblos y asentado a más de 40.000 personas a fin de colonizar y aculturar el territorio. Inició un indulto a los rebeldes, pero falleció al poco.

 

1782-1788, Antonio Caballero y Góngora, 1723-1796, el cual había nacido en Córdoba (España), había estudiado en Granada (España) y se había hecho sacerdote en 1750. En 1775 fue elegido obispo de Chiapas, pero optó por la diócesis de Mérida-Yucatán que también estaba vacante. En 1777 le eligieron arzobispo de Santa Fe de Bogotá, y creó los obispados de Mérida (Venezuela) y Cuenca (Quito). Cuando murió el Virrey interino Torrezar, en el “Pliego de Mortaja” del fallecido apareció el nombre de Caballero y Góngora como sustituto del Virrey, por lo que fue Virrey interino hasta 1783. Continuó con el indulto a los rebeldes, envió misioneros franciscanos a las zonas rebeldes, pidió a la Corona que desistiese de los nuevos impuestos y consiguió que no se hicieran intendencias en Nueva Granada. En 1783, nombrado Virrey titular, designó obispo auxiliar de Bogotá a Manuel de Carrión y Marfil, para dedicarse al virreinato. Se fue a Cartagena donde había muchas sublevaciones de indios, creó misiones en Casamare, San Martín, Caquetá y Putumayo, y también en Darién, donde aceptó ingleses y estadounidenses, a los que subvencionaba con alimentos. Era un manirroto en materia de gastos y decidió fortificar Santa Fe, en un proyecto carísimo e inútil, así como generar trabajo en fábricas que sólo generaban pérdidas y pagaba el Estado. Era pues un pésimo gobernante, un gobernante populista. En 1787 pidió su relevo y el rey aceptó en 1788. Entonces, Caballero regresó a España y fue obispo de Córdoba (España).

 

En 1788 fue autorizado a comerciar con América el puerto de San Sebastián.

 

1789, Francisco Gil de Taboada y Lemos, 1736-1809, era un marino gallego formado en la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz, que en 1788 fue designado Virrey del Nuevo Reino de Granada y se incorporó a su puesto en enero de 1789. Al llegar a Cartagena tuvo conciencia de la pésima política llevada por su antecesor en el cargo, política de gastos sin medida a costa del Estado, y decidió hacer recortes. Al llegar a Cartagena supo que su palacio virreinal de Santa Fe había sido dañado por un terremoto en 1785, y se quedó un tiempo en Cartagena. En Cartagena, eliminó algunos guardacostas, redujo los servicios de los restantes, redujo gastos de fortificaciones y declaró terminadas algunas de ellas. Separó las gobernaciones de Santa Marta de la de Riohacha, porque tenían problemas diferentes, una el comercio y contrabando, y otra las sublevaciones indias, y puso al frente de Riohacha a Juan Álvarez Beriñas para que se encargara de las sublevaciones de la Guajira. Suprimió varias colonias, o misiones en el lenguaje de su predecesor, subvencionadas con alimentos y expulsó a los ingleses y estadounidenses que se habían establecido en ellas, aunque más tarde permitió a estos establecerse en islas como San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Encontró casa en Santa Fe, la de Francisco Sanz de Santamaría, y se trasladó a la capital del virreinato. En el camino supo que había sido designado Virrey del Perú. Llegó a Santa Fe y constató que la política de gastos de su predecesor era un pozo sin fondo, por lo que redujo funcionarios y sueldos en su Secretaría, suprimió las obras de fortificación por innecesarias en una ciudad de la cordillera, suprimió las fábricas de pólvora y de tabaco en polvo que sólo generaban pérdidas para el Estado, y acabó con la extracción de plata de La Mariquita que también era ruinosa. En julio abandonó el cargo y se fue a Perú. En 1805 fue Secretario de Despacho de Marina. En abril de 1808 fue miembro de la Junta de Estado de Fernando VII cuando éste se marchó a Francia, y se negó a aceptar a Murat.

 

1789-1797, José de Ezpeleta Galdeano Dicastillo y Prado, 1742-1823, conde de Ezpeleta de Beire. Fue un militar catalán que se enroló en el ejército en Galicia y en 1763 pasó a servir a las órdenes de Antonio Funes de Villalpando en Cuba. En 1783 fue visitador militar en Nueva España para el Virrey Bernardo de Gálvez. En 1785 fue Gobernador de la Luisiana. Y en 1789 llegó a Virrey del Nuevo Reino de Granada, donde logró enjugar el déficit acumulado por su antecesor el arzobispo Gil de Taboada, poner en marcha varias minas, publicar el periódico Papel Periódico de Santa Fe, y abordar diversas obras públicas. Reprimió un movimiento independentista-liberal que pretendía publicar la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano. En 1797 regresó a España, donde tuvo una carrera brillante, pues al poco fue Capitán General de Castilla la Nueva (Madrid), y en 1808 Capitán General de Cataluña (Barcelona). En este destino, aconteció la invasión francesa, y José de Ezpeleta se puso al servicio del general francés Duhesme y colaboró en lo que pudo con Napoleón y José I. En 1814, Fernando VII le hizo Virrey de Navarra.

 

1797-1803, Pedro Mendinueta y Múzquiz, un navarro educado en la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz que sirvió gran parte de su vida escoltando flotas que iban a América. En 1796 fue nombrado Virrey de Nueva Granada y se incorporó a su destino en 1797. Creó el Observatorio Astronómico abierto en 1803, apoyó al periódico Correo Curioso, fundó la cátedra de medicina de la Universidad y fundó el obispado de Antioquia.

 

1803-1810, Antonio José Amar y Borbón, 1742- , fue el último virrey de Nueva Granada. Era un militar aragonés que en 1802 fue designado Virrey de Nueva Granada y se incorporó a su destino en 1803. En 1808 sufrió la sublevación venezolana y no supo enfrentarse a ella. Se refugió en Cartagena hasta que en 1810 fue apresado y enviado a España como personaje derrotado.

 

 

 

 

 

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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