GOBIERNO PEDRO CEBALLOS EN 1803-1807

 

 

 

 

María Antonia de Borbón Dos Sicilias,

             en la oposición a Godoy.

 

En 1802, la reina María Luisa había cometido un error al intentar casar al príncipe Fernando: eligió a María Antonia Teresa de Borbón-Dos Sicilias y Habsburgo, hija de Fernando IV de Nápoles, educada en la enemistad con Francia, odio a los revolucionarios franceses y a Napoleón. La idea de María Luisa era unir a Nápoles con España, y el proyecto se completaba con el matrimonio de Francisco Jenaro de Nápoles, heredero del trono de Nápoles, con María Isabel de Borbón, hija de Carlos IV y María Luisa. El matrimonio de Fernando y María Antonia Teresa tuvo lugar en julio de 1802, y María Antonia llegó a Barcelona en septiembre de ese mismo año. El acontecimiento tendría más trascendencia de lo normal en uno de estos matrimonios. Tutelada desde Nápoles por su madre María Carolina de Austria, María Antonia, que en 1802 tenía 18 años de edad, desde el primer momento empezó a hacerse un sitio en la Corte de Madrid, desplazando a los que en la práctica gestionaban el poder, Godoy y la reina María Luisa. Para ello necesitaba un grupo de apoyo, y lo encontró en los llamados “castizos”, o españolistas, o grupo nobiliario, enemigos tradicionales de tanta dirección extranjera en el Gobierno de España, pero en este caso más enemigos de Godoy. Este grupo estaba integrado por el canónigo Escoiquiz, preceptor de Fernando VII, el duque del Infantado, el duque de San Carlos, el marqués de Ayerbe, el conde de Orgaz, el conde de Bornos, el conde de Teba…

María Antonia resultó una intrigante, que inmediatamente se puso al frente del partido enemigo de Godoy, que fue llamado desde 1803 “el partido napolitano”, y después de 1806, “partido fernandino”.

María Antonia tuvo dos abortos, pero ningún hijo vivo y murió el 21 de junio de 1806, de tuberculosis, frustrando momentáneamente los planes de expulsar a Godoy. Los napolitanos-fernandinos hicieron correr la voz de que Godoy la había envenenado, o quizás hubiera sido la reina, o ambos de acuerdo, pero no tuvieron éxito ninguno con su murmuración calumniosa. El nuevo líder del grupo sería el propio príncipe Fernando.

 

 

Inglaterra en guerra con Francia.

 

Inglaterra no se iba a conformar con la derrota que suponía para ella la Paz de Amiens de 1802. En mayo de 1803 volvió a declarar la guerra a Francia. Napoleón exigió de España una ayuda militar, tal como se establecía en el Tratado de San Ildefonso: barcos y soldados. Pero Godoy no estaba en condiciones de hacerlo, así que prometió dinero en un Tratado de Suministros, firmado en París en 19 de octubre de 1803, que obligaba a España a entregar cantidades de seis millones de libras anuales a Francia, a cambio de la debida y no prestada colaboración en la guerra. Godoy “vendió” el Tratado de suministros como un gran triunfo diplomático. Godoy lo explicó como un “tratado de neutralidad” que evitaba que los españoles fueran a la guerra.

El Tratado de Suministros de octubre de 1803 significaba la ruina para España y una humillación, y de hecho, el Gobierno trataba de mantenerlo secreto ante los españoles:

En cuanto a humillación, Napoleón tuvo palabras muy duras, de violencia inusitada, amenazas y exigencias, y llegó a amenazar con la invasión de España en un momento en que en buena parte de España había desórdenes por la subida de los precios del pan. La presencia del ejército de Augereau en Bayona daba credibilidad a las amenazas de Napoleón, y de hecho, muchos españoles que había en Francia se repatriaron urgentemente antes de que empezara la guerra (que no hubo) e igualmente muchos franceses de España se fueron a su país. Las últimas cláusulas del Tratado fueron impuestas por Napoleón enviando a Beurnonville y a Hermann a dictarlas.

En cuanto a la ruina, España se comprometía a pagar a Napoleón 6 millones de libras anuales (unos 264 millones de reales) pagaderos mensualmente y en dinero. Esa cantidad era la cuarta parte del presupuesto anual del Estado, y resultaba imposible de pagar, pues el Estado español estaba en quiebra desde hacía diez años. Como España no podía pagar, Napoleón adquirió un crédito, que endosó a España. España, además del dinero, se hacía cargo de unos intereses exagerados, que la llevaban todavía más a la ruina. La necesidad de obtener impuestos de los españoles peninsulares y de los americanos, llevaría a una ruina general de todo el reino y a la rebelión americana en su momento. Las malas cosechas de 1803 y 1804 acabaron por rematar la suerte de España y de Godoy, pues apareció el hambre. Y con la fiebre amarilla en Andalucía desde 1800, se completaba el círculo apocalíptico de miseria.

En cuanto al posible éxito diplomático, Inglaterra nunca aceptó que España se estuviese comprometiendo como neutral sólo porque no ponía soldados y barcos en la guerra, así que consideró a España como enemigo beligerante. Los españoles sí que fueron engañados, porque querían ser engañados, y se cultivó una propaganda de victimismo frente a Inglaterra, sobre todo tras los episodios de Finisterre y Trafalgar de 1805.

Para salir del embrollo político y económico, España pensó en octubre de 1803 en unirse a la “coalición de países neutrales” que promovía Rusia en colaboración con Prusia, y ambos invitaban a Austria, Portugal, España y Nápoles a participar. Promovían una neutralidad armada. No se llegó a concluir el pacto. España pretendía aparecer como neutral, pero Pitt se negó a aceptar la neutralidad de quien estaba sufragando la guerra a Napoleón. Los ingleses reiniciaron la guerra a España y volvieron los ataques a los barcos españoles, con la suerte de que capturaron la flota de Indias con 4,7 millones de pesos (unos 70 millones de reales). Fue en octubre de 1804. Además del dinero, Inglaterra se llevó cuatro fragatas españolas.

El 12 de diciembre de 1804, España declaró la guerra a Inglaterra. En 4 de enero de 1805, España hizo alianza naval con Francia.

 

 

El fracaso financiero de Julián Ouvrard.

 

En primavera de 1804, apareció por España un francés, llamado Julián Ouvrard, proponiendo que él se encargaría de los pagos comprometidos en el Tratado de Suministros a Napoleón, e incluso se encargaría de abastecer a España de cereales, que estaban siendo muy escasos en España, a cambio de que se le concediera el monopolio de comercio con América. El muy bajo concepto que se tenía de España, quedaba patente en la ambiciosa petición de este aventurero.

Manuel Sixto Espinosa, Director del Banco de San Carlos desde 1796, Contador de la Junta de Consolidación desde 1798, Consejero del Consejo de Hacienda desde 1800, tenido por hombre honesto e incorruptible, negoció con Ouvrard, que veía posibilidad de enriquecimiento propio a costa del Estado. Y ambos, crearon una compañía por acciones, a nombre de un hermano de Ouvrard, Francisco Ouvrard, y recibieron el monopolio pedido, incluido el comercio de los metales preciosos. El acuerdo con Ouvrard era lo mismo que reconocer que España no podía hacerse cargo de garantizar el comercio americano, cosa que podría hacer una compañía privada, aunque no fuera muy grande. Puede que Espinosa no fuera corrupto, pero entregaba los intereses del Estado español a particulares, tal vez porque la situación era desesperada.

Los Ouvrard buscaron una flota y un dinero para poner en marcha el negocio. Se dirigieron hacia la gran banca europea del momento, Amsterdam, concretamente a la casa Hope, dirigida por el francés Labouchere. Este banquero subastó en Filadelfia permisos particulares para comerciar con América española y obtuvo mucho dinero. Era un negocio ficticio, pues faltaba que los criollos americanos quisieran comerciar con estos nuevos empresarios, y los criollos estaban un poco enfadados porque se concedía a cualquiera el libre comercio, lo que a ellos se les negaba. La revolución americana estaba fraguándose ya en 1804, aunque la ocasión no llegara hasta 1808 y años siguientes.

El negocio de los Ouvrard fracasó en 1806, y con la ruina de éstos, se vio que detrás de ellos estaba el Ministro del Tesoro francés Barbé-Marbois, que resultó también arruinado.

 

 

El emperador Napoleón I.

 

En mayo de 1804, Napoleón se declaró emperador y empezó a pensar en un gran ataque final sobre Inglaterra, que podía ser en las colonias o directamente, desembarcando en las islas.

La situación de ayuda que España hacía a Napoleón en su guerra con Inglaterra, significaba cierre del mar Atlántico por parte de los ingleses a los barcos de ambas potencias, Francia y España. El Secretario de Hacienda Soler, intentó de nuevo el juego del comercio con los neutrales para evitar el bloqueo: comerció con Estados Unidos y países del Báltico, a fin de que éstos, llevasen esos productos hasta Hispanoamérica y trajesen a España los productos de Indias. Se estaba entregando el comercio a países terceros para desesperación de los criollos que querían el libre comercio y no se lo daban, y alegría de otros que se hicieron intermediarios de los nuevos comerciantes internacionales.

En 1804, Godoy, aprovechando que Carlos IV estaba enfermo y no le supervisaba porque confiaba en él, entabló conversaciones con Napoleón en las que ofrecía acabar con Portugal si le ayudaba Francia. Godoy temía al Príncipe Fernando y a su grupo de aristócratas que estaban conspirando contra él. El príncipe de Asturias, futuro Fernando VII y su grupo de oposición, de “castizos”, empezó una campaña de desprestigio de Godoy.

Carlos IV y Godoy declararon la guerra a Inglaterra en 12 de diciembre de 1804. La declaración de guerra a Inglaterra eximía a España de sus pagos mensuales a Francia pactados en octubre de 1803 en el Tratado de Suministros, pero ponía la flota española al servicio de Francia uniéndose a la flota francesa. Los acuerdos con Francia decían que los territorios conquistados por la flota española con ayuda de tropas francesas se repartirían entre las dos potencias. Pero las derrotas ante Inglaterra supusieron para España un descalabro similar o mayor que los pagos a Napoleón.

Los estrategas hispanofranceses decidieron un plan de lucha que era pura fantasía, en el que la flota saldría hacia América, donde podían atacar Trinidad, Honduras, o cualquier otro punto de comercio británico, pero una vez atraída la flota inglesa al Atlántico, y mientras les buscaban, la flota hispanofrancesa volvería a toda prisa al Canal de la Mancha e invadiría Gran Bretaña.

 

 

Desamortizaciones y abolición de señoríos,

1805-1807.

 

Para pagar esa guerra, en diciembre de 1804, España decidió obtener dinero de América: decidió hacerse con muchos bienes de la Iglesia, de escuelas, de orfanatos, de hospitales, de casas de beneficencia… Se respetaban los bienes fundacionales, pero se obligaba a convertir en vales reales, al 5%, las donaciones, herencias y compras hechas por las instituciones posteriormente a su fundación. La recaudación en los siguientes cinco años fue escasa, pues los criollos americanos y los sacerdotes y frailes españoles pusieron todo tipo de resistencia y falsearon los datos. América se debilitó económicamente, y la irritación fue causa de que se empezara a hablar de independencia en varios lugares de Hispanoamérica.

En 1805 se abolieron los señoríos eclesiásticos, primera parte de abolición de los señoríos, que sería completada en 1811 por las Cortes de Cádiz aboliendo los señoríos laicos.

En 1805, el Papa autorizó la venta de fincas eclesiásticas en favor del Estado español por un valor en renta de 6,4 millones de reales, lo cual capitalizado al 3%, que era el interés de la época, significa un valor total de unos 215 millones de reales, una cantidad importante teniendo en cuenta que los gastos totales en un año de guerra se evaluaban en unos 2.000 millones. En 1806 el Papa volvió a autorizar una enajenación del séptimo de todas las tierras de la Iglesia. Estas ventas no se llegaron a llevar a cabo, pero tienen la importancia de una concesión papal que desautorizaba las protestas que los católicos hacían sistemáticamente cuando se tocaban los bienes de la Iglesia, por ejemplo, las desamortizaciones en 1820.

La Iglesia americana obligó en 1805 a sus deudores, pues era un gran prestamista, a devolver los préstamos, con la excusa de necesitar dinero para comprar los mismos bienes que se le expropiaban. Desapareció el crédito. Se produjeron muchas quiebras de empresarios que se basaban en esos créditos. Y de todo ello se culpabilizaba a España, con lo cual, la idea de odio a los españoles crecía. La Iglesia de América dejaba de ser española, y se convirtió en americana.

Complementariamente, en 1805 España tomó un empréstito francés por valor de 10 millones de francos (81 millones de reales).

En diciembre de 1806, Pío VII otorgó a Carlos IV el permiso para enajenar un séptimo de los predios (inmuebles) eclesiásticos, cuyos beneficios irían a la Caja de Amortización para el rescate de los vales reales y para el socorro de las necesidades urgentes de la monarquía. La Iglesia recibiría a cambio a perpetuidad el 3% de lo ingresado en la Caja de Amortización. Esta medida fue particularmente mal aceptada en Latinoamérica, donde afectaba a grandes cantidades de fincas, capellanías eclesiásticas americanas y un séptimo del resto de los bienes de la Iglesia en América. Era la tenida por la segunda desamortización de tiempos de Carlos IV, tras la de septiembre de 1798. Con esas fincas se obtuvieron fondos de 10 millones de pesos (150 millones de reales, pues un peso eran 15 reales y dos maravedíes), y los intereses de la deuda del Estado subieron en 500.000 pesos anuales (7,5 millones de reales) en anualidades de rentas, que era una cantidad muy considerable. No hubo más desamortizaciones americanas, porque América fue a la independencia en 1808.

Las negociaciones con el Papa provenían de 1805 y resultaban muy útiles a Godoy en el preciso momento en que estaba en un apuro.

El 21 de febrero de 1807, Godoy publicó un breve papal en el que el Papa le autorizaba a vender un séptimo de las propiedades eclesiásticas, y con esa autoridad decretó la confiscación de los señoríos episcopales. Era una operación demasiado amplia, compleja y controvertida, nada menos que la desamortización eclesiástica, y no se pudo realizar a corto plazo, pero causó gran temor en América, donde las propiedades posibles de expropiación eran inmensas.

 

 

Derrota de España y Francia en el mar.

 

En 1805 se constituía la Tercera Coalición contra Francia (la primera fue en 1793, segunda en 1798). Participaban junto a Gran Bretaña: Austria, Rusia y Nápoles. Prusia se mantenía neutral.

Y entonces, Francia y España pusieron en marcha la fantasía de “despistar al inglés” proyectada por los franceses: la flota de Villeneuve con base en Tolón (Marsella) se dirigió a Martinica dejándose ver en Cartagena y Cádiz para que los ingleses les siguieran. Nelson atravesó el Atlántico, pero al no encontrar a los franceses volvió a Inglaterra tardando en ambas travesías un total de 70 días. Regresaba más lenta la flota franco española cuyo verdadero objetivo era atacar directamente Inglaterra, y se encontró la sorpresa de que los ingleses les esperaban en Finisterre. Allí tuvo lugar un combate no muy importante el 22 de julio de 1805 en el que Gravina fue derrotado por Calder. Villeneuve recibió la orden de Napoleón de entrar en el Canal de la Mancha y atacar Inglaterra, pero Villeneuve entró en Vigo, reparó barcos y cambió a marineros enfermos por otros sanos, aprovisionó, y salió hacia el sur llegando a Cádiz el 20 de agosto. Las flotas española y francesa se vieron bloqueadas en Cádiz por la flota inglesa. Inglaterra hizo sustituir a Colligwood por Nelson en el mando de la flota.

Los españoles aconsejaron que la flota no saliera del puerto de Cádiz, donde estaban a salvo por las defensas naturales del puerto. Sabían que los británicos eran muy superiores en el mar. Napoleón exigió que las flotas saliesen a la mar. Villeneuve no quería pelear porque era un suicidio. Villeneuve fue destituido y cambiado por el almirante Rosilly, y Villeneuve decidió salir de Cádiz antes de que llegara el nuevo almirante. Salió a la mar el 19 de octubre.

En 21 de octubre de 1805, las flotas, francesa y española fueron hundidas en Trafalgar, cerca de Cádiz. Nelson, herido de muerte desde el principio del combate, quiso así y todo dirigir la batalla. Murieron los franceses Magón y Camas, y los españoles Galiano, Churruca, Valdés, y pocos días después Gravina[1]. Fue una derrota muy importante de Francia y España.

La escuadra española, fruto de las inversiones de los ilustrados del XVIII en astilleros y buques, hubiera podido ser un arma de mucho valor en manos de Napoleón si se hubiera llegado a coordinar con la francesa correctamente. Juntas, eran el posible rival de la escuadra británica. Los británicos, españoles y franceses se venían acosando durante un tiempo. Tras la derrota de Trafalgar, ya no había posibilidad de hacer frente a Gran Bretaña en el mar. De todos modos, Trafalgar no fue el final de las flotas española y francesa, sino el final de una flota que en ese momento estaba en Cádiz: Pero si ya eran inferiores antes de la batalla, quedaron mucho peor después de perder 22 de los 33 barcos participantes. Inglaterra también sufrió graves daños, pero España, en situación de quiebra de Hacienda y ruina de los arsenales militares, ya no podía seguir construyendo buques de guerra. Los barcos de madera tenían una duración media de veinte años en buenas condiciones, y diez años en aguas del Caribe. A partir de 1805, el tiempo jugaba a favor de Gran Bretaña.

España siguió cultivando el autoengaño de que era una potencia importante, pero la realidad fue que se convirtió en un país satélite de Napoleón, muy poco valorado por el emperador de los franceses. A partir de la pérdida de la escuadra, España tuvo poco valor militar para Napoleón y fue concebida por el emperador como suministradora de hombres, alimentos y vestido para el ejército imperial. Mientras tanto, Godoy se hacía fantasías jugando a castillos y princesitas, en los que él sería rey. Napoleón hizo como que seguía el juego a la fantasía de Godoy, pero era Napoleón quien estaba jugando de verdad.

 

 

Las victorias de Napoleón en 1806.

 

Austria fue derrotada en Ulm y en Austerlitz en 1805, con lo que Napoleón entraba en Alemania, y ello hizo que Prusia atacara a Napoleón, pues Alemania podía caer en manos del francés.

En 1806, Prusia se sumó a la Tercera Coalición contra Francia promovida por Inglaterra, y en la que estaban Rusia, Suecia, Austria y Nápoles. Serían derrotados en Jena en octubre de 1806.

En marzo de 1806, Inglaterra abrió dos nuevos frentes de lucha para España: el primero, desembarcando a Miranda en Vela de Coro (Venezuela) e iniciando una sublevación que acabó en independencia a su tiempo. El segundo, en 26 de junio de 1806, desembarcando a Hope Pophan en Buenos Aires, donde inició la desestabilización de la zona que conduciría a la independencia. Gran Bretaña calculaba que tras una victoria en América podía reconducir la plata americana hacia Londres. También Francia necesitaba plata, pues la guerra resultaba muy costosa, y decidió comerciar ilegalmente en América para obtenerla. Teóricamente era aliado de España, pero en la práctica le comía a España el mercado americano.

En 31 de marzo de 1806, Napoleón puso en el reino de Nápoles a su hermano José. Había desalojado del trono en 1805 a Fernando IV, hermano de Carlos IV y padre de María Antonia, esposa del príncipe Fernando (luego Fernando VII), pero José sólo se había proclamado hasta entonces Regente. Godoy consintió en todo en la esperanza de llegar a ser rey de alguna parte de Europa.

La reina María Antonia, esposa del príncipe Fernando de España, había muerto en mayo de 1806, dejando el liderazgo de un grupo de oposición a Godoy, con objetivo claro y manifiesto de derribar al favorito de la reina María Luisa.

 

 

Quiebra económica de España en 1806.

 

En 1806, la quiebra de los Ouvrard y Labouchere, los hombres que teóricamente iban a sacar a España de su propia quiebra, puso al descubierto que España debía (tenía un agujero financiero) mucho más alto que el que se creía. Entonces, Cayetano Soler y Sixto de Espinosa pidieron un crédito a Amsterdam de 30 millones de florines, un crédito urgente. Se volvió a utilizar a la banca Hope. Los negociadores se atribuyeron a sí mismos grandes comisiones, incidiendo más en el problema que estaba acuciando a España desde hacía décadas, poner por delante de los intereses del Estado el enriquecimiento personal. La Banca Hope pidió en garantía la plata americana.

Contrasta la exposición de la realidad española de 1806 con las lecturas de opiniones de los españoles de la época y del resto del siglo XIX, en las que se ve que todavía se creían ser algo en Europa. No era ése el concepto que Napoleón tenía de España: Napoleón exigió dinero y hombres a España, y cobró 24 millones de pesos (360 millones de reales) en 1806, olvidando después las promesas hechas a Godoy para obtenerlo. Godoy se enfadó y mandó entablar conversaciones con Inglaterra.

 

 

Toma de conciencia de la derrota española.

 

En 9 de septiembre de 1806, Godoy supo, por primera vez, que Napoleón proyectaba destronar a Carlos IV de España, pues sus informadores le decían que Luciano Bonaparte sería Rey de Iberia (lo que comprendería Portugal y Castilla), mientras el País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña pasarían a integrarse en Francia. Esos eran los planes de Napoleón.

Como Napoleón despreciaba a Godoy, los nobles del partido fernandino vieron la oportunidad de atraerse a Napoleón. Carlos IV estaba enfermo grave desde primavera de 1806. Los nobles fernandinos acordaron que, si Carlos IV moría, Godoy sería apresado inmediatamente.

En 1806, el partido fernandino había decidido acabar con Godoy y conspiraba contra él: sabemos que a mediados de 1806, se había acusado a los servidores de palacio del príncipe Fernando de preparar un atentado contra la vida de los reyes. En 13 de julio de 1806, varios criados de Fernando fueron enviados a Filipinas, el penal español más alejado de España, con hasta 10 años de reclusión. Y desde entonces, Fernando permanecía vigilado. Fernando estaba rodeado de criados que eran espías de Godoy o de María Luisa. Pero Fernando lo sabía, y actuaba con pleno fingimiento y no era posible detectar los planes del grupo fernandino. Otro indicio de la conspiración lo encontramos en la persona del canónigo Escoiquiz[2], preceptor de Fernando entre 1795 y 1799, cuyos consejos a Fernando eran muy sospechosos.

El 5 de octubre de 1806, Godoy elaboró un manifiesto llamando a los españoles a las armas. No se decía para qué, pero se sobreentendía que contra Napoleón, porque estaba en conversaciones con Prusia y Rusia. El mensaje era voluntariamente equívoco, pues se podía interpretar que levantaba un ejército para ayudar a Napoleón.

De otro lado, Godoy envió agentes a Londres y a Moscú asegurándoles que quería estar a su lado. En octubre de 1806 Godoy propuso casar al infante don Francisco con la Gran duquesa Ana de Rusia, y llegar posteriormente a una alianza Rusia-Inglaterra-España. Inglaterra, en posición de plena superioridad, exigió que, para aceptar esa alianza, España debía declarar la guerra a Napoleón, y aceptar que no se le devolvería ningún territorio de los perdidos frente a Inglaterra. Gran Bretaña exigía romper equívocos porque no se fiaba de Godoy. Godoy no aceptó.

 

En 14 de octubre de 1806, las victorias de Napoleón en Jena y Auerstadt, sobre Federico Guillermo III de Prusia parecían dar a Napoleón el dominio de Europa Central, y todos opinaban que la victoria definitiva sería para Francia. En ese momento, parecía que Godoy se había equivocado de medio a medio al intentar aliarse con los enemigos de Napoleón. Godoy había metido la pata con su manifiesto de 5 de octubre, que intentó que pasara inadvertido. Entonces felicitó a Napoleón, pero los hechos no pasaron desapercibidos para el emperador, que conocía perfectamente el doble juego de Godoy.

Entonces, Godoy abandonó las conversaciones que tenía con Rusia acerca de establecer un pacto entre los neutrales, neutralidad armada contra invasiones y agresiones como la británica o la francesa, y se entregó en manos del vencedor, de Napoleón. Pero Napoleón ya no creía en Godoy, que había sido amigo de Napoleón en 1801, “neutralista” en 1803, aliado en 1805, y “neutralista” en 1806 de nuevo. Napoleón despreciaba al gobernante sin méritos y sin valía personal que había llegado a dirigir España.

Godoy sabía que su suerte estaba perdida, junto a la España y no sabía cómo resolver la cuestión. Entonces tiró de imaginación:

Godoy envió a Eugenio Izquierdo a exponer a Napoleón un proyecto para dividir Portugal en cuatro partes que debían entregarse a Carlos María Isidro de España, Francisco de Paula de España, Juan de Portugal y Manuel Godoy. Eran los primeros días de octubre. En 6 de octubre se hizo público el proyecto de Godoy en Portugal, y Godoy quedó muy desprestigiado en el país luso. Napoleón se enfadó por el proyecto de Godoy, de dividir Portugal en cuatro partes, y por el conflicto generado, sin necesidad, por Godoy.

Posteriormente, Godoy propuso la división de Portugal en dos reinos: el norte sería para la Reina de Etruria; el sur sería para Godoy. Ambos reinos se incorporarían a la Corona de España de manera que conservasen su autonomía. Complementariamente, Carlos IV sería Emperador de España e Indias, un proyecto que recogía otro más antiguo de Aranda, en el que América se dividía en reinos gobernados por infantes de España, que estarían sometidos al emperador español. Godoy presentaba el asunto como la eliminación de Portugal, un aliado de Gran Bretaña, lo cual podía venirle bien a Napoleón.

Godoy, además de eliminar a Portugal, ofreció a Napoleón reconocer a José Bonaparte como rey de Nápoles, sumarse al bloqueo continental contra Inglaterra y enviar 10.000 (ó 14.000 según otras fuentes) españoles a servir a Napoleón en Dinamarca (a su mando fue enviado el marqués de La Romana). Ofrecía también entrar en guerra contra Inglaterra, recibir un contingente de prisioneros prusianos, y hacer determinados pagos a Napoleón.

 

 

Crisis en el Gobierno español en 1806-1807.

 

Los del partido fernandino creyeron llegado el momento de dar un golpe de Estado. En primer lugar, los fernandinos quisieron ganarse a Napoleón en 1806, lo que les daría muchas cartas a jugar.

En la primavera de 1806, la situación era crítica en España, pues, además de la gran deuda acumulada y crisis económica, hambre y enfermedades que se padecía, Carlos IV estaba enfermo grave y se esperaba su muerte inminente, la cual acarrearía la caída de Godoy y cambios profundos en el Gobierno de España.

En 1807, Godoy quiso atraerse al propio príncipe Fernando casándole con María Luisa de Borbón Vallabriga, 1783-1846, cuñada de Godoy. Con ello trataba de descabezar al “partido fernandino”. Tanto Fernando como el “partido fernandino” rechazaron este matrimonio.

 

En enero de 1807 se temía la muerte inminente de Carlos IV, que llevaba enfermo desde tres meses antes. El rey Carlos IV trató de manifestar su apoyo a Godoy, nombrándole Almirante General de España e Indias, y Alteza Serenísima, un título reservado a los infantes. Godoy entonces se propuso excluir a Fernando de la sucesión al trono. La reina María Luisa temía al príncipe, con quien había tenido muchos enfrentamientos y podía servirle a Godoy como aliada. El método sería declarar inepto al príncipe.

 

Los “fernandinos” hicieron un plan de Gobierno para caso de que falleciera Carlos IV. Iba firmado por el príncipe Fernando, pero sin fecha:

Capitán General de Castilla la Vieja, duque del Infantado.

Presidente del Consejo de Castilla, conde de Montarco.

Presidente del Consejo de Estado, conde de Floridablanca.

Gran Maestre de Palacio, duque de San Carlos.

El marqués de Ayerbe figuraba en los altos puestos.

El objetivo era, en caso de fallecimiento de Carlos IV, apresar a Godoy inmediatamente y tomar el poder, y presentar una lista de viejos políticos de reconocido prestigio, nobles todos ellos, que captaran la simpatía de los poderosos.

El “partido fernandino” se había originado en 1802, tras el matrimonio del príncipe Fernando con María Antonia de Borbón. Entonces se llamó “partido napolitano” porque María Antonia era de Nápoles. en 1806, tras la muerte de Marái Antonia se denominó fernandino. Pero era el mismo viejo partido aristocrático, españolista o aragonés del siglo XVIII. No eran una organización estrictamente hablando, no eran un partido, pero venían actuando como tendencia política desde tiempos de Felipe V. Su objetivo era detentar el poder y detener o reencauzar las reformas borbónicas, recuperar los viejos privilegios de la nobleza y crear un modelo de Gobierno con más participación nobiliaria y menos absolutismo del rey, de modo que las decisiones se tomaran entre un grupo cualificado de clérigos y nobles, y fueran luego sostenidas por el rey. Para ellos el absolutismo ilustrado era un despotismo intolerable, atentatorio contra el bien común y la salud del Estado. Sus líderes, Escoiquiz, María Antonia Teresa de Borbón[3] y Fernando de Borbón Príncipe de Asturias, se pusieron en contacto con el duque del Infantado, duque de San Carlos, duquesa de Alba, marqués de Ayerbe, conde de Teba y de Montijo, duque de Montemar, marqués de Valmediano, condes de Orgaz y Villariezo, y formaron un grupo de presión para expulsar a Godoy de la Corte. Contaban con el apoyo de la Iglesia Católica. Otros enemigos de Godoy eran algunos intelectuales de Salamanca y los políticos desplazados, sobre todo los del partido aragonés o españolista.

El partido fernandino tomó una decisión arriesgada negociando en 1806 con Napoleón la destitución de Carlos IV y coronación de Fernando VII como rey de España. Primero coronarían a Fernando y luego harían las reformas oportunas. Godoy supo de las conversaciones de los fernandinos con Napoleón a fines de 1806 e inmediatamente se puso a maquinar contra ellos con proyectos de matrimonio del Príncipe. Hubo una reconciliación de golillas y aristócratas para ir juntos contra Godoy.

Godoy contraatacó a los fernandinos repartiendo dinero y favores a fin de ganar adeptos a su persona. En febrero de 1807, España se adhirió efectivamente al Bloqueo Continental decretado por Napoleón. Godoy buscaba a la desesperada el apoyo de Napoleón. Godoy expuso el problema político de España a Carlos IV, y éste se inclinó por desheredar a Fernando y proclamar príncipe de Asturias a cualquiera de sus hermanos, y así se lo comunicó a Napoleón. La carta de Carlos IV mostrando la desconfianza hacía el príncipe Fernando, y la carta de Fernando pidiendo una esposa de la familia Bonaparte, Estefanía Tasher, estaban en manos de Napoleón a la vez. Napoleón estaba feliz porque ambos bandos ponían en sus manos el futuro de España.

Los fernandinos comenzaron a negociar un matrimonio del príncipe Fernando con una Bonaparte, lo cual comunicaron al embajador francés Eugenio Beauharnais. Escoiquiz, líder de los aristócratas quería a Carlota Bonaparte, hija de Luciano, el hermano de Napoleón. Luego, ante la imposibilidad de este matrimonio, cambiaron por una esposa que no era exactamente una Bonaparte, sino Estefanía Tascher de la Pagerie, sobrina de Josefina Tascher de la Pagerie vizcondesa de Beauharnais, esposa de Napoleón. El escrito oficial de petición lo firmó Fernando en 11 de octubre de 1807.

 

En 1807, Carlos IV concedió a Godoy el título de “Alteza Real” y ello fue interpretado como que el rey apoyaba incondicionalmente al partido de Godoy y rechazaba al “partido fernandino” o castizo. Éstos entendieron que no había más camino que la sublevación. El príncipe Fernando empezó a preparar una conspiración.

Godoy se estaba haciendo impopular y se le culpaba de la derrota de Trafalgar, de la desaparición del comercio con América por no tratar con los ingleses, y de tratar de suplantar al príncipe de Asturias.

 

 

Decisión de Napoleón de tomar el Gobierno de España.

 

Napoleón nunca se pronunció sobre las propuestas de Godoy de repartir Portugal, pero decidió utilizarlas: Sugirió la propuesta de dividir Portugal en tres Estados y que uno fuera para Godoy como “Príncipe de los Algarves”, excusa que serviría de base para hacer penetrar el ejército francés en Vitoria y Burgos (1807). El Gobierno no reaccionó ante una invasión de un ejército extranjero. Los que sí reaccionaron fueron los del “partido fernandino”, y para Godoy surgió la necesidad de controlar a ese partido aristocrático al tiempo que controlaba a un ejército extranjero presente en el país.

El 7 de julio de 1807, Napoleón concluía la Paz de Tilsit con Rusia, de modo que ésta entraba a formar parte del bloqueo francés a Gran Bretaña, llamado Bloqueo Continental. Rusia obtenía la paz y apoyo frente a Turquía. Napoleón había tenido un año de triunfos, pues había vencido a los rusos en Eylau 7 de febrero de 1807 y en Friedland 7 de junio de 1807. El zar se vio obligado a pedir la paz en Tilsit.

Napoleón concibió la posibilidad de hacerse con América, España y Portugal, lo que convertiría a Francia en la potencia hegemónica mundial. En sus planes desaparecían los reinos de Etruria y Nápoles, cuyos reyes iban a ser colocados en lugares completamente marginales, la reina de Etruria en el Miño-Duero (tierras de Portugal y España), y el rey de Nápoles en Baleares. España y Portugal no le interesaban para unirlos a Francia, sino para colocar gente de su confianza, hermanos o generales franceses, que le sirvieran fielmente para el objetivo primordial, el dominio de América. Cuando Eugenio Izquierdo de Ribera[4] supo de las pretensiones de Napoleón, viajó a España a prevenir a Carlos IV y a Godoy, recomendando salir para Cádiz, e incluso para América, a la familia real.

Los fernandinos estaban nerviosos y empezaron a cometer errores.

Godoy supo que querían acabar con él y estuvo atento a los movimientos del Príncipe Fernando: El 13 de julio de 1807, Godoy hizo procesar a varios criados del príncipe Fernando por coalición contra los reyes, e hizo vigilar al príncipe Fernando: Se le impuso un horario de vida y de estudio, y se decidió mantenerle siempre al margen de los asuntos de Gobierno. Algo se estaba fraguando en la Corte.

 

 

El Tratado de Fontainebleau.

 

El desconcierto del Gobierno español fue aprovechado por Napoleón forzando el Tratado de Fontainebleau.

En 27 de octubre de 1807 España y Francia firmaron el Tratado de Fontainebleau dividiendo Portugal en tres partes de la que el norte (Tras os Montes) sería para el rey de Etruria, el sur (Algarve) para Godoy, y el centro y Lisboa para Napoleón a fin de ser cambiada esta parte por Gibraltar, Trinidad y otras colonias españolas y francesas en una negociación posterior con Inglaterra. También se dividía América en distintos virreinatos perpetuos. Y complementariamente, se daba la autorización para que 27.000 soldados franceses al mando de Junot entrasen en la Península Ibérica y otros 40.000 esperaran en la frontera. De hecho, desde 18 de octubre anterior, los soldados franceses ya estaban dentro de España. Por tanto, la firma de Tratado de Fontainebleau era una rendición y aceptación de los hechos.

Los partidarios de Godoy pensaban que los franceses venían a apoyarles en su deseo de ser reyes de Portugal. Los fernandinos creían que los franceses venían a destituir a Godoy y a coronar a Fernando VII. Todos estaban de acuerdo con la barbaridad de dejar entrar un muy poderoso ejército extranjero a España, sin motivo grave alguno. Ambos grupos negociaban con Napoleón por separado, tratando de imponerse sobre sus contrarios, sin reparar que estaban entregando España, y que no sería para ninguno de los dos.

Si el error español, por permitir que un ejército extranjero ocupara el país fue grande, Napoleón estaba cometiendo el mayor error de su vida, como reconocería en su destierro de Santa Elena, pues una desacertada valoración de la empresa que acometía, le llevó a la Guerra de España, que acabó con todas sus ilusiones y proyectos, y con él mismo. Las dos partes se equivocaban por igual.

El mismo día del Tratado de Fontainebleau, 27 de octubre de 1807, tuvo lugar el motín de El Escorial. Carlos IV entró en las habitaciones del Príncipe y confiscó sus papeles, interrogó al Príncipe y descubrió la conspiración de los aristócratas o fernandinos. Hizo un Manifiesto el 31 de octubre de 1807 haciendo público el hecho. Y se abrió un proceso. Pero el rey no quería encausar a su heredero, pues un Príncipe no debía ser juzgado sino por el Consejo de Castilla. Entonces se hizo un juicio de trámite, en el que todos fueron absueltos por falta de pruebas, y los papeles inconvenientes fueron quemados. Los aristócratas acusados fueron desterrados de la Corte. Pero ni los aristócratas habían triunfado, ni Godoy los había eliminado. La conspiración continuaría.

Los sucesos de El Escorial de 27 de octubre de 1807 y los de Aranjuez de 17 de marzo de 1808, caída de Godoy, los considero como fase preparatoria de lo que sería la revolución política principal de la Edad Contemporánea española, y los trataremos en el capítulo siguiente denominado en este trabajo 19.1. “Revolución de 1807 a 1814”.

 

 

El Plan General de Universidades de 1807.

 

Escondida tras los graves acontecimientos de 1807, tuvo lugar una reforma importante de la Universidad española.

En 1807 José Antonio Caballero[5], Secretario de Gracia y Justicia, hizo un Plan General de Universidades que transformó la Universidad española muy notablemente hacia la modernidad. No es que Caballero fuera muy progresista, pues al contrario, fue considerado por sus contemporáneos como retrógrado ultramontano, pero cincuenta años más tarde, analizando su Plan de Universidades, ya algunos empezaron a considerarle ilustrado y reformista

Sus reformas consistieron en uniformar la administración y las enseñanzas de las distintas universidades según el modelo de Salamanca. En la administración se potenció la intervención estatal, el poder del rector y se regularon las competencias del claustro. Se instituyó el grado de catedrático, que sustituía al de doctor. Las Universidades quedaron reducidas a 11, que fueron: Salamanca, Valladolid, Alcalá, Cervera, Valencia, Huesca, Zaragoza, Granada, Sevilla, Santiago y Oviedo. Suprimió: Toledo, Osma, Oñate, Orihuela, Ávila, Irache, Baeza, Osuna, Almagro, Gandía y Sigüenza.

La reforma Caballero nunca se aplicó, excepto en eliminar Universidades, debido a los sucesos de 1808 y años siguientes, y porque era blanda y permitía tantas excepciones que, en la práctica, no era preciso aplicarla.

Caballero mandaba suprimir las Universidades cuyas escasas rentas no les permitieran impartir unos estudios dignos, y concretó las que se debían suprimir.

El gran proyecto Caballero, nunca aplicado, consistía en reformas del Plan de Estudios y reformas de Reglamento de las Universidades: Ordenó a los catedráticos de Salamanca hacer un Plan de Estudios y éstos introdujeron a autores nuevos como Locke, Condillac, Descartes y Newton. Salamanca tenía estudios de gramática latina, lenguas, filosofía, medicina, leyes, cánones y teología, y se pretendía que todas las Universidades tendieran hacia lo mismo. No obstante, se permitía que las que no tuvieran rentas suficientes para tantos estudios, suprimieran estudios de latinidad, griego, gramática y similares; se permitía que las que hasta entonces no los habían tenido, no tuvieran necesariamente que imponerlos; se permitía que las que no tuvieran medios para sostener los estudios de medicina y cirugía, que los suprimieran; y en todo caso, lo que resultara inaplicable no tendría que aplicarse necesariamente.

En cuanto al Reglamento de Universidades, aunque se divulgó el de Salamanca, se permitió que se mantuvieran los viejos claustros generales de doctores. No obstante, se impuso el claustro de catedráticos para aquellas funciones que se le otorgaren. Se abolieron las cátedras de regencia. Se ordenó que los profesores debían respetar los textos acordados. Se mandó que los profesores religiosos impartieran las doctrinas de sus escuelas a sus partidarios, pero no obligatoriamente a los demás alumnos. Se reguló la elección de rector, el funcionamiento del claustro, la duración del curso y de las vacaciones, las pruebas, exámenes, jueces, jubilaciones, academia dominical de facultad, actos académicos, grado de bachiller y licenciado, propinas…

 

 

 

 

[1] Federico Gravina 1756-1806 nació en Palermo en una familia noble y se hizo guardiamarina español. En enero de 1805 se le confió el mando de la flota española y fue segundo de Villeneuve en la flota que visitó el Caribe en verano y estuvo en octubre en Trafalgar. Mandaba el Príncipe de Asturias, y fue herido, pero no murió hasta marzo de 1806, pero de las heridas de octubre de 1805.

[2] Juan Escóiquiz, 1747-1820, era hijo de militar, y estudió en los jesuitas en Toulouse, y luego fue paje de Carlos III durante seis años. En 1767 fue canónigo de Zaragoza, hasta 1789, pero vivía en Madrid con esperanza de progresar en la Corte, y se colocó como sumiller de cortina en el Palacio Real. En 1795, Godoy se había fijado en él y le recomendó para preceptor del príncipe. En 1798, cuando cayó Godoy, Escóiquiz hizo un intento por dar otro salto hacia arriba en la Corte y presentó a Carlos IV una “Memoria sobre el interés del Estado en la elección de buenos ministros”, donde criticaba a Godoy y sugería la presencia del príncipe Fernando en el Consejo de Estado para irle desfogando. En 1799, se convirtió en sospechoso y fue alejado de Madrid. Se le envió a Toledo con una canongía y un arcedianato, es decir, buenas rentas. Escoiquiz odiaba a Godoy, y estuvo en la conspiración de 1807 contra los reyes.

[3] María Antonia Teresa de Borbón, 1784-1806, era hija de Fernando IV de Nápoles y de María Carolina de Austria y se había casado con el Príncipe de Asturias en 10 de octubre de 1802. Inmediatamente se dio cuenta de que para gobernar debía eliminar a Godoy y a María Luisa, y se convirtió en el centro del partido aristócrata o fernandino. Murió de tuberculosis el 21 de mayo de 1806 en Aranjuez.

 

[4] Eugenio Izquierdo de Ribera y Lizaun, 1745-1813, era uno de los jóvenes intelectuales pensionados en Francia para estudiar las nuevas ciencias, y como tal intelectual, fue nombrado director del Real Gabinete de Ciencias Naturales de Madrid. Allí contactó con Godoy, el cual necesitaba un hombre que conociera París, y así se convirtió en representante de Godoy ante Napoleón. En 1806 llegó a ser representante oficial del Gobierno de España ante Napoleón. Por eso sabía de los planes del emperador para España. En octubre de 1807 dirigió las negociaciones del Tratado de Fontainebleau. En 1808 pasó a Francia en la comitiva del destronado Carlos IV.

[5] José Antonio Caballero Vicente Campo Caballero y Herrera, segundo marqués de Caballero, 1754-1821, fue un abogado salmantino, de Aldeadávila, que obtuvo el apoyo de su tío, el general Jerónimo Manuel Caballero, primer marqués de Caballero, ministro de Guerra, y el de su esposa, camarera de la Princesa de Asturias, y llegó en 1789 a Secretario de Gracia y Justicia, puesto en el que sustituyó a Jovellanos y en el que permanecería hasta 1808. Gozó de la confianza de Carlos IV y fue encargado de juzgar al príncipe Fernando tras los sucesos de El Escorial de 1807. Colaboró luego en el levantamiento de Aranjuez de 1808, y aunque ello le costó el cese como Secretario de Gracia y Justicia, mantuvo la confianza de Fernando VII. Se hizo afrancesado y colaboró con José Bonaparte, y en 1814 hubo de exiliarse. En 1820 regresó a España, pero era considerado retrógrado y peligroso para los liberales, porque había defendido la Inquisición en su momento. Murió en 1821. Posteriormente, al considerar fríamente su obra de gobierno, sería considerado como ilustrado reformista.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *