LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA EN EL SIGLO XVIII.

 

 

             Antecedentes.

 

En tiempo de los Reyes Católicos, la Universidad se convirtió en un asunto de importancia nacional. Hasta entonces sólo había sido preocupación de algunos eclesiásticos por el saber. Los eclesiásticos pedían a Roma la correspondiente bula papal o licencia de enseñar determinadas cosas y el Papa la concedía a cambio de imponer su autoridad sobre la nueva institución. La Universidad medieval había resultado pues un centro de estudios cristianos, que se interesaba a veces por otros temas laicos, pero no cuando se oponían a las viejas creencias. Pero la Universidad necesitaba fondos económicos para su funcionamiento, y pedía ayuda al municipio y al Estado, lo cual permitió que éstos exigieran cierto dominio sobre ella. El Estado, a su vez, solía carecer de dinero, y necesitaba la colaboración desinteresada de los profesores, que muchas veces eran religiosos que no cobraban nada, pero también exigían cierto dominio sobre la institución. El Estado por otra parte, tenía interés en disponer de personas doctas en Derecho que cubrieran los puestos de la Administración más complejos. Teología y Derecho eran así los pilares de la Universidad antigua.

Pero los Reyes necesitaban funcionarios del Estado cada más capaces y con sentido ético, que controlaran el mal a que tiende todo Estado, la corrupción. Empezaron por controlar la corrupción en la propia Universidad, y en 1480, decidieron controlar la expedición de grados, y proteger la venta de libros, mediante tasas especiales. Era evidente para todos que había muchos fraudes y falsificaciones entre los licenciados y doctores universitarios.

Más adelante, en 1493, exigieron titulación para acceder a los cargos de los tribunales reales (Chancillerías y Audiencias) y para los Consejos Supremos del Estado y castigaron los sobornos y dádivas entregados para obtener cátedras y títulos. En 1502, impusieron la censura previa.

Felipe II, con sus devociones personales religiosas católicas, característica principal de su personalidad, significó el primer revés para la Universidad recién creada: en 22 de noviembre de 1559, una Pragmática prohibía a los castellanos salir a estudiar fuera del reino. Esa orden se extendió a los aragoneses en 1568. La conexión con las otras Universidades europeas se estaba perdiendo, y las posibilidades de progreso, en un ambiente cerrado integrista católico eran muy pocas.

En estas circunstancias, España, dominada por el integrismo católico, se hizo conservadora, no estuvo en la revolución científica del XVII ni estaba dispuesta a admitir la racionalización ilustrada del XVIII. Por integrismo religioso entiendo la convicción de que la religión tiene derecho a imponer las normas morales al Estado, a exigir ser la única tolerada, a exigir que el Estado coaccione a sus súbditos a cumplir los deberes religiosos, y apoya estas convicciones con la fuerza, con la violencia en casos extremos. Las religiones integristas creen que su sistema moral es el único posible, que todas las demás religiones están equivocadas, y más equivocados todavía están los no creyentes. Todas las religiones que conozco tienen integristas en sus filas. Si el Estado concede altos poderes a los representantes del clero, o el jefe del Estado se hace también jefe religioso, estaríamos en la teocracia.

En el siglo XVIII, cada Universidad siguió con su programa particular, de modo que en puridad no debiera haber sido posible saltar de una a otra. En cada una de ellas, lo más importante eran las personas concretas de los catedráticos, a los que se iba a oír por su fama. Cada catedrático decía cosas, unas veces avanzadas, otras retrógradas. En general, la Universidad española del XVIII era acientífica y estaba atrasada respecto a otras europeas de su tiempo. Pero los estudiantes saltaban de una a otra Universidad y aprovechaban la descoordinación entre ellas para ganar cursos y grados.

 

 

El estado de la Universidad española en el XVIII.

 

El retraso científico de las Universidades españolas respecto a otras Universidades de Europa en materia de introducir los nuevos saberes científicos, era ya muy grande a comienzos del XVIII y, teniendo en cuenta que las reformas se resistirían hasta época de Isabel II, mediados del XIX, un siglo de retraso fue un hándicap imposible de superar a corto plazo.

Para comparar datos, debemos citar el estadio evolutivo de otras Universidades europeas:

En 1687, Newton publicó sus Principia Matemática.

Leyden (Holanda), desde 1701, enseñaba anatomía completa, fisiología y patología clínica, tenía en 1706 un observatorio astronómico, enseñaba la física de Newton y de Huyghens, y también óptica. En 1732, añadió cursos de química. También tenía un “hortus medicus” o jardín botánico.

Cambridge (Gran Bretaña) tenía en 1704 un gabinete de profesores de química, aunque no tuvo cátedra de química médica hasta 1781.

Upsala en 1705 tenía observatorio y enseñaba matemáticas aplicadas a la tecnología. En 1740 puso una cátedra de economía y comercio y en 1742 Linneo tuvo su Jardín Botánico.

Oxford (Gran Bretaña) enseñaba en 1728 matemáticas y física experimental y tenía cátedras de química, botánica, geología y cálculo astronómico.

Viena en 1737 puso anatomía y en 1749 química, botánica, un jardín botánico y un laboratorio.

Edimburgo (Gran Bretaña) enseñaba en 1741 óptica, trigonometría, geodesia, medicina clínica y obstetricia.

Glasgow (Gran Bretaña) enseñaba en 1756 química, y en 1786 contaba con un hospital universitario.

París, una de las universidades retrasadas, hizo sus reformas entre 1752 y 1760 introduciendo la física experimental, matemáticas y cosmología. Precisamente fue París la que estimuló el cambio en España, mucho más tardío. En 1762 expulsó Francia a los jesuitas e impuso el galicanismo o supremacía del Estado sobre la Iglesia y otras instituciones privadas.

 

Como ejemplo de funcionamiento de la corrupción universitaria, podemos citar el caso bien conocido de Gregorio Mayans Siscar, 1690-1781, de cuya biografía ya nos hemos ocupado más arriba en otro artículo. Estamos hablando de un hombre de gran valía, pero las personas incompetentes también obtenían títulos por los mismos métodos que éste ejemplo. Mayans intentó el acceso a la universidad por vía religiosa y se hizo tonsurado. En 1719, decidió ir de Valencia a Salamanca porque sabía que las cátedras las daba el Consejo de Castilla y las oportunidades estaban en los Colegios Mayores, sobre todo los salmantinos. En Salamanca se rodeó de sus paisanos, pues los estudiantes formaban “nationes” o grupos de origen geográfico similar que influían en la Universidad. En 1720, tuvo noticias de que el Ayuntamiento de Valencia recuperaba el patronato sobre la Universidad de Valencia, y no dudó en trasladarse a su tierra, esperando conseguir más fácilmente las cátedras. Pero todavía se retrasó dos años en volver y fue por una causa no muy ética: decidió llegar a Valencia con algo, y no con las manos vacías. Para ser bachiller en Leyes se necesitaban cinco años de estudios, y Mayans no los tenía, así que pidió a Valencia que le falsificaran un certificado de haber aprobado esos cinco años y consiguió el documento. En junio de 1722, con ese documento en la mano, se hizo bachiller en Leyes y en julio de 1722, bachiller en Cánones. Entonces pudo regresar a Valencia con dos títulos en el bolsillo. Llegado a Valencia, en noviembre de 1722 se hizo doctor y en julio de 1723 obtuvo la cátedra de Código de Justiniano, una cátedra menor y mal pagada. Su padre había movido a todos sus amigos para conseguir ese pequeño beneficio. En 1730, Mayans opositó a una cátedra mejor dotada, la pavordría secundaria de Leyes. Por la misma vía de corrupción que él había subido a la Universidad, actuaron contra él los jesuitas, utilizando a sus amistades para echar abajo a Mayans, cobrándole la recomendación que había hecho Mayans de no ceder la Escuela de Gramática a los Jesuitas. Cerrado el camino en Valencia, Mayans puso sustituto en su cátedra y se marchó a Madrid en 1733 como bibliotecario de Felipe V, y abandonó la carrera eclesiástica en la que estaba tonsurado, pues no aceptaba la intromisión de los jesuitas. Poco después, cuando fue rechazado en Madrid, Mayans concibió la idea de vivir de subvenciones del Estado fundando una Academia Valenciana que publicaría libros, sobre todo sobre los concilios de España, lo cual esperaba que fuera bien acogido por los que repartían dádivas. No consiguió vivir de ese entramado y la Academia fracasó. En 1766, cuando cayó Esquilache, no dudó en ir a ver al rey para pedirle una pensión, y efectivamente obtuvo 2.000 ducados como Alcalde de Casa y Corte de Madrid. En fin, la vida de Mayans fue una lucha por sobrevivir, una picaresca como estaba en boga en su época.

 

 

Tipos de Universidades españolas.

 

Había muchos tipos de Universidades. En realidad es difícil encontrar dos iguales, pero para facilitar las cosas metodológicamente podemos agruparlas:

 

Por la entidad que las dirigía: las había conventuales-colegiales, claustrales, municipales y episcopales.

Eran claustrales las dirigidas por un claustro de estudiantes y profesores: Palencia, Salamanca, Valladolid, Barcelona, Cervera, Coimbra, Gerona, Huesca, Lérida, Perpiñán, Valencia, Zaragoza.

Eran conventuales, llamadas colegiales en otros tratados, las dirigidas por el superior o prior de la orden religiosa fundadora, y abiertas tras un bula obtenida del Papa: Alcalá de Henares, Almagro, Ávila, Baeza, El Escorial, Évora, Granada, Irache (Sahagún), La Laguna, Oñate, Osuna, Oviedo, Pamplona, Santiago de Compostela, Sevilla, Sigüenza, Toledo, Gandía, Orihuela, Solsona, Tortosa. Oviedo y Granada eran dirigidas por civiles a pesar de ser conventuales.

Era episcopal: Tarragona.

Eran municipales: Barcelona, Lérida, Palma de Mallorca, Valencia, Vic y Zaragoza en su momento.

 

Por su origen: las había de fundación papal o pontificias, y de fundación real.

 

Por sus Colegios Mayores: habría que distinguir las que poseían Colegios Mayores y las que no. Tres Universidades poseían Colegios Mayores, que eran Alcalá, Salamanca y Valladolid. Ello era importante porque en esos Colegios Mayores se formaba la nobleza y el clero que iban a dominar la Administración del Estado y los cargos dirigentes de la Iglesia. Los Colegios Mayores tenían privilegio de acceso a las cátedras, y las cátedras eran el primer escalón para acceder a los cargos del Estado y de la Iglesia.

 

Además deberíamos diferenciarlas por sus planes de estudios: Se llamaban “completas” las que tenían las cuatro cátedras de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. La de Teología era la Facultad más importante hasta el siglo XVIII. Unas pocas universidades eran “completas”: eran éstas las tres mayores, Salamanca, Valladolid y Alcalá, y las de Santiago, Valencia, Toledo, Granada, Oñate, Zaragoza, Osuna, Orihuela y Huesca. El resto, evidenciaba su carácter religioso, propio de las conveniencias de la orden religiosa que la gestionaba, y sólo impartían Artes y Teología. Es decir, preparaban para ser religiosos católicos.

 

 

La universidad claustral.

 

Se tiene por modelo de Universidad Claustral a la Universidad de Salamanca. Fue creada como Estudio General en 1218 y pasó a Universidad en 1255, era claustral porque era dirigida por el claustro. Tenía Escuela de Gramática (Escuelas Menores) y Facultades de Artes, Cánones, Medicina y Teología. En Salamanca, autoridades políticas, maestros y alumnos se repartían el poder, mientras los Colegios Mayores habían ido absorbiendo más y más privilegios que limitaban la acción de esas autoridades. La máxima autoridad era, en épocas históricas, el Canciller, delegado del Pontífice en la Universidad. El Canciller concedía grados académicos, participaba en la elección de rector y diputados, concedía fueros a estudiantes y Colegios Mayores, a profesores y a oficiales de la Universidad. El Rector era un alumno elegido por un año por el Claustro de Consiliarios representantes de la diversas “naciones” (regiones españolas), y hasta el siglo XVII votaba en la provisión de cátedras, pero entonces se le quitaron sus poderes y se quedó en figura decorativa. El Rector debía ser un año de León y otro de Castilla, alternativamente, pero nunca de Salamanca ciudad. Debía ser clérigo, no casado, mayor de 25 años, y no podía ser profesor, miembro del clero regular ni un poderoso de la ciudad. El Rector tenía el privilegio de convocar al Claustro y presidirlo cuando no estaba presente el Canciller, su presidente habitual, fijaba las lecciones de los catedráticos y vigilaba que se cumpliesen, intervenía en los exámenes de suficiencia para pasar a una nueva Facultad, respondía del paso de curso de un alumno y se ocupaba de la provisión de las cátedras. Como limitaciones al Rector, se estipulaba que no podía graduarse durante su mandato y que debía dar cuentas al final del mismo. El Claustro de Doctores era el órgano competente para decidir sobre las rentas de la Universidad. El Claustro de Doctores era un mecanismo de gobierno imposible, por sus continuas discrepancias, y poco a poco fue sustituido por el Claustro de Diputados, unas 20 personas, 10 catedráticos y diez nobles, que gestionaban la Universidad de forma más eficiente. A partir de 1618, los catedráticos en propiedad formaron parte del claustro de modo vitalicio, los 10 Diputados los nombraba el Claustro teniendo derecho los Colegios Mayores a cuatro Diputados en cualquier caso, y el Rector y Maestreescuela eran miembros del Claustro por su cargo. El Rector y el Maestreescuela estaban obligados en todo caso a cumplir y a hacer cumplir las decisiones del claustro. El Maestreescuela era el encargado de poner la disciplina en el recinto de la Universidad.  Salamanca, en 1764 tenía unos 70 profesores, de los cuales 8 trabajaban “por el amor de dios”, es decir, sin cobrar en metálico, pues eran religiosos. Los que cobraban, ganaban entre 500 y 1.000 ducados anuales. Había muchos “pretendientes a cátedra” que tampoco cobraban y sólo trabajaban con la esperanza de obtener cargo y sueldo en el futuro, bien en la Universidad, bien en la Administración, bien en la jerarquía de la Iglesia. Las ciencias estaban prácticamente abandonadas.

El modelo de Salamanca vale para el de Valladolid, salvando algunas particularidades. La Universidad de Valladolid fue creada en 1348 como Estudio General y en 1417 como Universidad, era claustral, y tenía estudios de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

 

 

La universidad conventual.

 

El modelo de Universidad Conventual-Colegial es la Universidad de Alcalá de Henares. Fue creada por el Cardenal Cisneros en 1499, había sido Estudio General desde 1293. Es un modelo de Universidad muy singular, pues el Colegio Mayor de San Ildefonso mandaba sobre la Universidad, distribuía el dinero e imponía las normas de funcionamiento y por eso se denomina colegial o conventual. Tenía estudios de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología, pero ésta última facultad era considerada la fundamental. Tenía Escuela de Gramática. El Rector era también un estudiante, pero elegido entre los colegiales del Colegio Mayor de San Ildefonso, y también tenía jurisdicción sobre catedráticos y alumnos. La Universidad vivía enfrentada a los vecinos de la ciudad pues era rica y no aportaba apenas nada a los vecinos, excepto las posadas y negocios de dar servicios a los estudiantes. Alcalá siempre tuvo pocos estudiantes, menos que Salamanca o Valladolid, y muchos profesores. Para ingresar en el Colegio de San Ildefonso, la clave de la Universidad, había que tener renta inferior a los 200 ducados, pues mantenía la idea primigenia de los Colegios Mayores de ser residencias de estudiantes pobres. Pero también exigía limpieza de sangre, no haber sido condenado por ningún tribunal civil o religioso, no ser de Alcalá ni tener parientes en la ciudad, no ser extranjero, ser tonsurado y no pertenecer a orden religiosa ninguna. Para ingresar en Teología había que haber cursado cuatro años y uno de pasantía. Para ingresar en Cánones había que haber cursado cinco años y dos de pasantía. Disfrutaban de ocho años de beca, prorrogables en la Hospedería. La condición económica de los colegiales era diferente, pues unos pagaban por estar en el Colegio, y otros recibían dinero. El Rector de Alcalá era elegido por los colegiales y era la autoridad máxima que administraba las copiosas rentas de la Universidad y tomaba decisiones importantes, además de imponer la disciplina. Para ser elegido Rector se necesitaba haber estado becado más de un año y faltarle más de año y medio para graduarse. Se hacía primera votación, y luego los colegiales votaban entre los cuatro más votados. El Rector que cesaba en su cargo no podía ser elegido en los dos años siguientes. En 1777, la Universidad de Alcalá se separó oficialmente del Colegio de San Ildefonso como entidad diferente, cosa que no era posible en la práctica, como acabamos de explicar, y empezó la decadencia de Alcalá, hasta cerrarse la Universidad y ser trasladada a Madrid.

En el siglo XVIII, Alcalá estaba desacreditada porque su único Colegio Mayor, San Ildefonso, vendía los títulos de bachiller con conocimiento expreso de sus autoridades académicas, que eran las mismas que las del colegio.

 

Del estilo de la de Alcalá eran las Universidades de Oviedo y de Sevilla (con su Colegio Menor de Maese Rodrigo) y Granada.

 

 

La universidad municipal.

 

El modelo de Universidad Municipal era La Universidad de Valencia. Era una entidad dependiente del Ayuntamiento de la ciudad, con cierta intervención del arzobispo y el cabildo de la catedral. Estaba subordinada al poder municipal como Alcalá estaba subordinada al Colegio de San Ildefonso. El Canciller era el arzobispo de la ciudad, pero, poco a poco, había ido cediendo competencias al Rector. El Rector era nombrado por el Ayuntamiento y era el encargado de proveer las cátedras, administrar las rentas y designar examinadores (tanto catedráticos de Universidad como personas ajenas a la institución, tales como abogados de prestigio o autoridades religiosas). El Rector tenía el cargo por tres años y muchas veces era una persona del Cabildo de la catedral.

Del estilo de la de Valencia eran las Universidades de Lérida y Barcelona.

 

 

La universidad episcopal.

 

El modelo de Universidad episcopal es La Universidad de Tarragona.

 

 

 

    Las Universidades españolas

por orden de antigüedad.

 

Las Universidades también tenían prurito de diferenciarse por su antigüedad, aunque ello sea una cuestión nimia.

 

Las Universidades “antiguas”, creadas en la Edad Media fueron nueve:

Palencia, 1208-1263, era claustral e impartía Artes y Teología, fue cerrada muy tempranamente.

Salamanca, 1218-, que era claustral.

Coimbra, 1290-. Hay que tener en cuenta que en algunos momentos de la historia de España esta Universidad estuvo en la Corona española. Era claustral de varios conventos y de curas párrocos. Impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática. En 1290 obtuvo bula papal y funcionaba en Lisboa, en 1308 pasó a Coimbra, volvió a Lisboa en 1338-1354, y en 1377-1537, y se asentó definitivamente en Coimbra a partir de entonces. Durante el siglo XVI y XVII fue parte de la Corona de los Habsburgo españoles.

Lérida, 1300-1717, era claustral, impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Valladolid, 1348-, era claustral.

Huesca, 1354-1845, era claustral, impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Perpignán, 1379-1794, era claustral, impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Gerona, 1446-1717, era claustral, impartía enseñanzas de Artes y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Barcelona, 1450-1717, era claustral e impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática. En 1717, la Universidad de Cervera se puso en manos de los jesuitas y sustituyó a la de Barcelona.

La relación de Universidades antiguas se corta en el reinado de los Reyes Católicos porque se ha hecho así tradicionalmente.

 

Las Universidades de finales del XV y del siglo XVI fueron:

Sigüenza, 1489-1824 era colegial y tenía enseñanzas de Artes y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Santiago de Compostela, con orígenes en 1495, 1526 y 1567, era colegial, fue creada como Estudio General por Lope Gómez de Marzoa en 1495, y en 1526 Alonso de Fonseca y Ulloa[1] obtuvo bula papal para abrir el Colegio Santiago Alfeo, e impartía enseñanzas de Artes, Cánones, y Teología, a lo que añadió Leyes y Medicina. Tenía Escuela de Gramática.

Valencia, 1501-, era municipal e impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Sevilla, 1502-, era colegial. El Colegio inicial, Santa María de Jesús, fue creado por Rodrigo Fernández de Santaella en 1498 para los frailes dominicos. En 1502 se convirtió en Estudio General y enseñaba Teología, Cánones, Medicina y Artes, y tenía Escuela de Gramática, pero Salamanca se opuso a que se transformase en Universidad y no pudo otorgar títulos hasta 1551. En 1505, Santaella abrió el colegio de Santa María de Jesús a civiles, e impartía Artes, Lógica, Filosofía, Derecho Canónico y Derecho Civil, y es considerado en Sevilla como el origen de su Universidad. El Ayuntamiento de Sevilla tenía interés en una universidad, pero necesitaba fondos económicos y permisos reales. En 1508, el Colegio-Universidad Santa María de Jesús comenzó a impartir estudios de medicina. En 1516, el obispo de Sevilla, fray Diego de Deza, gestionó un colegio para 20 dominicos de la Orden de Predicadores que se llamó Colegio de Santo Tomás de Aquino y convivía con los dos colegios de Santa María de Jesús, el eclesiástico y el civil. Surgió la rivalidad por dominar la “Universidad” entre colegiales de Santo Tomás, colegiales de Santa María de Jesús, y manteístas de Santa María de Jesús. El origen de la Universidad de Sevilla, podemos datarlo pues en 1502, 1505 ó 1551.

Ávila, 1504-1824, era conventual de dominicos y tenía estudios de Artes y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

El Escorial 1505-1835, creó en 1505 un Colegio que pasó a los jerónimos en tiempos de Felipe II y daba enseñanzas de Artes y Teología. Tenía Escuela de Gramática. Se extinguió en 1835. En el siglo XX lo retomaron los agustinos.

Toledo, 1520-1845, era colegial. Había nacido en 1254 como Estudio General. Impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía escuela de Gramática.

Granada, 1531-, se creó a partir de un colegio religioso. Impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina, y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Baeza, 1538-1824, era colegial y tenía estudios de Artes y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Santo Tomás de Aquino en Santo Domingo (República Dominicana), 1538-1823, gozó de la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino.

Oñate (Vizcaya), 1540-1901, era colegial, había sido fundada por el obispo de Mallorca, y de Ávila en ese momento, Rodrigo Mercado de Zuazola, y tenía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática. Nunca obtuvo el privilegio real y funcionó sin él hasta su extinción. Actualmente funciona en Deusto, gestionada por los jesuitas.

Zaragoza, 1542-, era claustral. Funcionaba desde 1474 cono Estudio General de Artes. Impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Osuna, 1548-1824, era colegial, fue creada por el conde de Ureña Juan Téllez Girón, hermano gemelo de Rodrigo Téllez Girón maestre de Calatrava, hermano de Alfonso Téllez Girón de las Casas, I conde de Ureña, padre de Pedro Girón y Velasco, III conde de Ureña, capitán comunero. Impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Gandía, 1548-1772, era conventual de jesuitas y fue obra de Francisco de Borja duque de Gandía, que se hizo jesuita. Impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Burgo de Osma, 1550-1841, era colegial y tenía estudios de Artes, Cánones y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Lima, 1551-, gozó de la Real y Pontificia Universidad de San Marcos.

México, 1551-, gozó de la Real y Pontificia Universidad de México.

Orihuela, 1552-1835, era conventual de dominicos, fundada por el obispo Fernando Loazes (1569-1646), impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Santiago de la Paz en Santo Domingo (República Dominicana), 1558-1767, fue una segunda universidad en Santo Domingo, llamada Real y Pontificia Universidad de Santiago de la Paz y Gorjón.

Évora (Portugal), 1559-1759, era conventual de jesuitas. Impartía enseñanzas de Artes y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Oviedo, 1564-, era colegial, fue creada por el obispo Fernando Valdés Salas. En 1604 tuvo licencia real. Impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Tarragona, 1571-1717, era episcopal, en origen un seminario episcopal que el cardenal Cervantes, obispo de Tarragona elevó a Universidad. Impartía enseñanzas de Artes, y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Almagro, 1574-1824, era conventual de dominicos, y tenía estudios de Artes, Cánones, y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Bogotá 1580-1861, gozó de la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino. Era de los jesuitas y desapareció en 1767.

Vic, 1599-1717, era municipal y nunca obtuvo el privilegio real. Impartía enseñanzas de Artes, y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

 

En el siglo XVII se abrieron algunas universidades más:

Quito, 1603-1786, gozó de la Universidad de San Fulgencio. En 1622-1767, de la Real y Pontificia Universidad de San Gregorio Magno. En 1681-1786, de la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino. En 1796 se fusionaron para integrarse en la Real Universidad Pública Santo Tomás de Quito.

Solsona, 1614-1717, era conventual de dominicos, impartía enseñanzas de Artes y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Irache, 1616-1824. Se inició en Sahagún en 1347 y allí obtuvo en 1534 bula papal para impartir Artes, Cánones y Teología. Tenía Escuela de Gramática. En 1544, Irache creó un Colegio de Artes y en 1616 absorbió al colegio de Sahagún. Era conventual de benedictinos.

Santiago de Chile, 1619-1750?, gozó de la Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino.

Córdoba (Argentina) tuvo Universidad en 1621.

San Ignacio de Loyola en Cuzco (Perú), 1621-1767, gozó de la Pontificia Universidad de San Ignacio de Loyola. Era de los jesuitas y desapareció en 1767.

Bogotá, 1621-1767, gozó de la Pontificia Universidad de San Francisco Javier.

Yucatán (México), 1624-1767, gozó de la Real y Pontificia Universidad de Mérida. Era de los Jesuitas y desapareció en 1767.

Sucre (Bolivia), 1624-1767, gozó de la Real y Pontificia Universidad de San Francisco Javier. Era de los jesuitas y desapareció en 1767.

Pamplona, 1630-1771, era conventual de dominicos, fue creada por el caballero indiano Martín de Abaurrea en el convento de Santiago, e impartía enseñanzas de Artes y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Tortosa, 1645-1717, era conventual de dominicos e impartía enseñanzas de de Artes y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Manila, desde 1645 gozó de la Pontificia y Real Universidad de Santo Tomás.

Guatemala, desde 1676 gozó de la Real Universidad de San Carlos Borromeo.

Huamanga (Perú), 1677-1850, gozó de la Universidad de San Cristóbal.

Palma de Mallorca, 1691-1829, era municipal, impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

San Antonio Abad en Cuzco, desde 1692, gozó de la Real Universidad de San Antonio Abad.

 

Universidades del siglo XVIII.

A principios del XVIII las universidades españolas eran 22, unas de fundación real, y otras pontificias.

Felipe V suprimió las universidades catalanas en 1717. No hay que ver en ello ansias de venganza, como quieren hacer ver hoy los nacionalistas catalanes, sino que trataba de cerrar unas universidades inviables económicamente, para hacer una gran universidad central catalana, que fuera tan grande como lo eran Salamanca o Alcalá, en ese tiempo. Escogió un lugar central en Cataluña, Cervera. Pero ni los catalanes entendieron bien el proyecto, ni Felipe V se ocupó demasiado en dotar a la Universidad de Cervera convenientemente.

En el siglo XVIII, se crearon:

Cervera, 1717-1842, era claustral, fue creada por Felipe V cuando cerró las Universidades y Estudios Generales de Barcelona, Gerona, Lérida, Solsona, Tarragona, Tortosa y Vic, todas las de Cataluña. Fue dotada de estatutos en 1726. Impartía enseñanzas de Artes, Cánones y Teología. Tenía Escuela de Gramática. Estaba situada a mitad de camino entre las ciudades de Barcelona y Lérida en la comarca de La Segarra. Se puso en manos de los jesuitas. Fue fructífera en conocimientos hasta la expulsión de los jesuitas en 1767.

La Habana, desde 1721, gozó de la Real Universidad de Santa Rosa.

Concepción (Chile), 1724-1767, gozó de la Universidad Pencopolitana. Era de los jesuitas y desapareció en 1767.

Santiago de Chile, 1738-1839, gozó de la Real Universidad de San Felipe.

La Laguna, 1744-1845, era conventual de agustinos y partió de un Centro de Estudios Superiores para agustinos, creado en 1701, para abrirse al público en 1744 e impartir Artes, Cánones y Leyes, Medicina y Teología. Tenía Escuela de Gramática.

Cebú (Filipinas) gozó desde 1783 de la Universidad de San Carlos.

Guadalajara (México) gozó desde 1792 de la Universidad de Guadalajara.

 

 

Las universidades hispanoamericanas.

 

En 1681, la Recopilación de Leyes de Indias de Antonio de León Pinedo y Juan Solórzano Pereira, regulaba los Estudios Generales y las Universidades americanas en el libro I, título 22, de acuerdo a los siguientes principios:

Lima en Perú, y México en Nueva España tendrían Universidades y Estudios Generales y particulares con los mismos derechos que la Universidad de Salamanca.

Santo Domingo, Santa Fe de Granada, Santiago de Guatemala, Santiago de Chile y Manila tendrían derecho a Estudios y Universidades.

Las Universidades quedaban sometidas al poder del Virrey, pero la elección de rector y catedráticos y la concesión de grados serían libertades de la propia Universidad (excepcionalmente, Lima tendría rector eclesiástico un año, y seglar al otro año, alternativamente). Eran incompatibles con el cargo de rector todos los altos cargos de la Administración y la Justicia.

El Rector debía ser catedrático en la Universidad en cuestión y tendría jurisdicción civil, con autoridad para imponer prisión, sobre doctores, maestros, oficiales, estudiantes y oyentes, excepto en casos de delitos de sangre que pasaban a la justicia ordinaria.

La obtención del grado de doctor o de maestro necesariamente debía ser precedida de declaración expresa de fe católica y juramento de lealtad al rey. Además, todos los catedráticos, en todo momento, debían defender el dogma de la Purísima Concepción de la Virgen.

Los exámenes de licenciado eran públicos a la hora de exponer, y privados a la hora de votar, acto reservado a los doctores con voto en el asunto. La votación no se podía repetir. El voto de los doctores era secreto y en urna. Los doctores, licenciados y maestros que componían tribunal debían ser de la propia Universidad en que se celebraba el acto de expedir título.

Quedaba prohibido dispensar a los licenciandos de aprobar algún curso.

Las cátedras debían ser provistas por oposición, no pudiendo el Virrey mantenerlas vacantes.

Los catedráticos no podían ausentarse de sus cátedras sin licencia, pero si el catedrático accedía a un puesto de la Administración o Justicia, podía reservarse su plaza hasta el final de su servicio al Estado.

La Compañía de Jesús tendría en Lima privilegio de dar clases paralelas a las de la Universidad, siempre que no fueran de la misma materia y a la misma hora que la oficial impartida en la Universidad, pero no podían dar aprobados de cursos ni impartir grados.

Los Dominicos tendrían en Manila privilegio de enseñar en su propio colegio de Santo Domingo, en Santiago de Chile tendrían su Escuela de Gramática, en Quito tendrían la cátedra de lenguas indias (no se podía ser sacerdote sin conocer la lengua india de la región correspondiente).

 

 

La enseñanza extrauniversitaria.

 

La opinión más generalizada es que la nueva ciencia se enseñó casi exclusivamente fuera de la Universidad, fundamentalmente en escuelas militares de marina, ingeniería y artillería, Reales Colegios e instituciones privadas. Los promotores de las enseñanzas científicas fueron varios:

Los médicos militares y algunos otros médicos, no muy aceptados entre la generalidad de sus colegas, introdujeron un método de enseñanza junto a la cama del paciente, compatibilizando las clases prácticas con las clínicas. En 1795, el Colegio de Médicos obligó a colegiarse. Y con las nuevas teorías se desarrolló la medicina preventiva, cuyo símbolo más conocido es la vacuna antivariólica inoculada a los que se quería fortalecer frente a esa enfermedad. Los principales “artífices” de la innovación médica fueron el Real Colegio de Cirugía de la Armada en Cádiz, fundado en 1748, el Colegio de Cirugía de Barcelona, fundado en 1760 y abierto en 1764, y el Real Colegio de Cirugía de San Carlos en Madrid, fundado en 1780, y abierto en 1787.

Los grandes impulsores de la química fueron el Colegio de Farmacia de Madrid, fundado en 1732, y los colegios de Barcelona y Zaragoza, fundados en tiempos de Carlos III. En 1787, tomó el liderazgo químico el Laboratorio de Química de Madrid. Leandro Vega redactó un tratado de farmacopea para la Armada. También hubo dos farmacopeas matritenses, en las que tuvo que ver la Real Botica.

En botánica hay que citar a José Quer, autor de Flora Española, y profesor en el Real Jardín Botánico de Madrid, y a Gómez Ortega, al que seguiría a principios del XIX José Antonio Cavanilles. El Jardín Botánico organizó expediciones a Perú y Chile (Hipólito Ruiz y José A. Pavón), a Nueva España (Cervantes). Otras grandes expediciones botánicas fueron las Jorge Juan y Antonio Ulloa, la de José Celestino Mutis a Nueva Granada, y la de Alejandro Malaspina en 1789-1794 a las Indias Occidentales y Orientales. Había que citar la de La Condomine en 1735-1746 en colaboración con el gobierno francés, con participación de Jorge Juan y Antonio Ulloa por España.

El Colegio de San Telmo en Sevilla, estudiaba la náutica antes del siglo XVIII, y en 1786 se convirtió en Escuela Oficial de Náutica para pilotos.

Los colegios o academias militares desarrollaron los nuevos conocimientos de matemáticas y astronomía, e incluso química. En 1717 funcionaba en Cádiz la Compañía de Guardias Marinas, antes de ser trasladada a San Fernando. El astillero de Cartagena abrió su propia escuela y El Ferrol hizo lo mismo. A continuación, casi todos los puertos importantes impulsaron la formación de Escuelas de Náutica, bajo la iniciativa de los Consulados y las Juntas de Comercio correspondientes, y así aparecieron Escuelas de Náutica en Bilbao, Barcelona, Málaga, Santander, La Coruña, Alicante, y Mallorca, aunque la de más calidad fue la de Gijón. Las academias de ingenieros y artilleros del ejército introdujeron el cálculo infinitesimal a mediados del XVIII.

Las enseñanzas de diseño industrial, dibujo textil, arquitectura e idiomas, fueron cultivados en Málaga, Sevilla, Santander, Bilbao, Cádiz, a iniciativa de las Juntas de Comercio y Consulados.

Algunas Sociedades Económicas pusieron escuelas para sordomudos.

Algunas fábricas pusieron escuelas de aprendices.

 

 

Los Reales Colegios.

 

Los Borbones intentaron reformar la Universidad española introduciendo unas teorías de Derecho de tradición francesa, un nuevo Derecho que emanaba del rey, pero la Universidad se opuso y defendió que seguiría explicando Derecho Romano e incluso amenazó al rey de excomunión.

El rey reaccionó contra la cerrazón de la Universidad creando los “Reales Colegios”, muchos de ellos vinculados al Ejército y la Marina: Colegio de Médicos y Cirujanos de la Marina (Cádiz 1748), el Colegio de Cirugía (Barcelona 1760), el Colegio de Cirugía Médica de San Carlos (Madrid 1787), escuelas de veterinaria, escuela de mineralogía, jardín botánico, laboratorio de química, escuela de ingenieros de caminos, puentes y canales, escuela de comercio y diversos observatorios astronómicos como Cádiz 1753, San Fernando 1757 y Madrid, y Reales Colegios de Cirugía de Burgos, Santiago y Salamanca de 1799.

En estos Reales Colegios se intentaba imponer las asignaturas de matemáticas, ciencias naturales, física y química. La introducción de estudios científicos en la Universidad sólo fue posible en el segundo cuarto del siglo XVIII, cuando bajó el rigor de la Inquisición. Sevilla y Cádiz introdujeron estudios de mecánica, hidráulica, astronomía, matemáticas y geografía y se empezó a explicar a Newton, a Descartes, y la cirugía se interesó por los cuerpos vivos, y se disecaron animales, y se estudió el cuerpo humano.

 

 

Las autoridades académicas universitarias.

 

Las autoridades de la Universidad eran el Canciller, representante del Pontífice en la Universidad, Rector para cuestiones académicas, y el Maestre-escuela (llamado canciller en Aragón) para imponer la disciplina.

El Canciller era el representante del Papa en la Universidad, teniendo en cuenta que las Universidades eran fundaciones pontificias. Fue cediendo atribuciones a los demás cargos universitarios y dejó de asistir a los claustros, por lo que se convirtió en el XVIII en una autoridad más bien simbólica.

El Rector convocaba el claustro y lo presidía si estaba ausente el Canciller, que era lo más frecuente, hacía cumplir las decisiones tomadas en Claustro y vigilaba a los alumnos y catedráticos para que cumplieran con sus obligaciones académicas. Se ayudaba de 8 “consiliarios”, elegidos de entre 16 candidatos por insaculación, que le informaban de la actividad docente en las aulas. Los 16 candidatos los proponía a partes iguales el Rector y el municipio. También se ayudaba de 10 “definidores”, que eran inspectores de cuentas elegidos por insaculación de entre 20 candidatos.

El Rector, en las universidades claustrales y municipales era casi siempre un estudiante, o un profesor en contadas ocasiones, siempre del estamento noble, menor de 24 años, que no fuera religioso ni casado, que perteneciera a un Colegio Mayor de la Universidad si era el caso. Los consiliarios proponían una terna y el Claustro elegía entre ellos al Rector. En Aragón, el rector era impuesto por la corporación municipal. Se elegía de entre los diputados.

En las universidades religiosas, el Rector solía ser un eclesiástico.

El cargo de Rector era de obligada aceptación y, normalmente, por un año académico, aunque en Valencia su mandato duraba tres años.

En cuanto a los catedráticos, las universidades decían tener el modelo de Bolonia, o el de París, según los casos. Los catedráticos de Bolonia eran elegidos por los escolares, y los de París (La Sorbona) nombrados por las autoridades académicas.

Salamanca fue innovadora y democrática, y puso oposiciones en las que el candidato debía exponer un tema durante noventa minutos, y los estudiantes mayores de 14 años votaban si les parecía idóneo el candidato. A partir de 1623, intervino el Consejo de Castilla y decidió que el Consejo decidiría quién era catedrático, a partir de una terna de candidatos propuesta por el Tribunal de Oposiciones. Ello significó que los estudiantes dejaron de ser decisivos y se profesionalizó la enseñanza, perdiendo populismo y corrupciones. También, a partir de entonces, los claustros fueron sólo de catedráticos y colegiales, y los estudiantes quedaron fuera.

La cátedra se renovaba cada cuatro años en Salamanca, cada tres en Barcelona, y eran vitalicias en Alcalá, donde el Rector y el Colegio correspondiente lo habían impuesto por acuerdo.

Las cátedras de primer nivel se denominaban “de prima”, las de segundo nivel “de vísperas”, y luego podía haber cátedras de niveles inferiores y retribución también inferior. Los profesores se desvelaban por acceder a la de Prima, o en su defecto a la de Vísperas, que daban acceso posterior a cargos en el Estado y en la Iglesia. La de Prima era la más importante de las dos, y de hecho la de Vísperas sólo explicaba lo que las lecciones de Prima habían dejado sin ver el año anterior.

Las cátedras podían ser perpetuas, o en propiedad, en cuyo caso podían tener dotación variable, los “florinistas”, o dotación fija pagada por cualquier persona o institución de dentro o fuera de la Universidad. Y podían ser temporales, o de regencia.

 

 

LAS FACULTADES UNIVERSITARIAS.

 

Había cuatro “Facultades” clásicas, que eran Artes, Teología, Cánones y Leyes, y Medicina, pero la mayor parte de las Universidades eran “incompletas”, es decir, que no tenían alguna de las cuatro facultades. Generalmente, tenían Artes y Teología, y carecían de Leyes y Cánones y Medicina. La mayor parte de los alumnos aspiraban a ser eclesiásticos. El nivel académico era muy bajo y parece que no importaba demasiado. Se memorizaba mucho, y las lecciones consistían muchas veces en memorizar.

 

La Facultad de Artes era la de ingreso en las otras Facultades, era el paso intermedio entre las Escuelas de Gramática y las Facultades Mayores. Era preciso aprobar dos o tres años de Artes para poder ingresar en alguna de la otras Facultades. Los alumnos permanecían en ella hasta los 20 ó 21 años de edad. Los alumnos se graduaban del grado de bachiller examinándose ante catedráticos de Artes haciendo una disertación de 45 minutos y respondían a las preguntas que les hicieran durante 15 minutos. Al final, el Tribunal votaba si eran aptos. Se parecía bastante a nuestro bachillerato actual. Disponía de muchas cátedras, 15 en Salamanca, 8 en Alcalá, 10 en Valladolid… Impartía enseñanzas de lógica, filosofía natural (que era un poco de física, de ciencias naturales y de química), matemáticas, griego, hebreo, gramática latina, retórica latina y astrología, Summulas, Lógica, Metafísica, Física escolástica, árabe, y sobre todo, mucho latín.

Las Universidades de Alcalá, Valencia, Barcelona y Salamanca a partir de 1789, tuvieron una cátedra de metafísica, muy criticada por los ilustrados porque nadie sabía para qué servía ese conocimiento.

El problema español, era que asignaturas de poco peso en la Universidad del XVIII, como matemáticas, física, ciencias naturales y química, deberían haberse desarrollado y constituirse en facultades propias, o al menos en cátedras con mucho peso en el plan de estudios, en vez de quedarse en materias testimoniales impartidas por gentes poco expertas e incluso ignorantes.

Para obtener el título de bachiller, que otorgaba la Facultad de Artes, el rector señalaba un punto determinado del programa al canonista y al legista, y éstos le otorgaban al candidato 24 horas para preparar sus conclusiones. El candidato presentaba sus conclusiones, y el canciller de la Universidad decidía si le otorgaba el grado de bachiller, bien en cánones o bien en derecho civil.

El bachiller en cánones, o en derecho civil, podía estudiar dos años más y obtener el bachiller en la otra especialidad. El bachiller “in utroque”, es decir, en ambas especialidades, debía cursar asignaturas de ambas especialidades durante tres años.

El bachiller podía seguir posteriormente estudios en Teología (los aspirantes a sacerdotes y religiosos), Leyes (los aspirantes a abogados), o Medicina (los aspirantes a médicos). En cada una de las especialidades, se podía obtener el grado de licenciado, o el de doctor.

 

La Facultad de Teología era la que más alumnos tenía, y ello era lógico pues los alumnos pobres aspiraban a puestos en la Iglesia, pues los de la Administración ya estaban reservados a los nobles. Desde puestos de la Iglesia se podía, eventualmente, acceder a los cargos del Estado, o a confesor de un noble, príncipe o rey. Fue la más importante en épocas medieval y moderna. Tenía 8 cátedras en Salamanca, 3 en Alcalá, 6 en Barcelona, 5 en Valladolid e impartía enseñanzas de Biblia siguiendo a Santo Tomás de Aquino, Durando y Pedro Lombardo. Eran cuatro años de carrera en los que se estudiaba Teología Católica y Sagradas Escrituras. La Cátedra de doctrina tomista estaba tradicionalmente en manos de dominicos. La Cátedra de Suárez estaba en manos de jesuitas. La cátedra de Escoto estaba en manos de franciscanos. La Cátedra de Segunda Escritura era la considerada más importante. En el XVIII los tomistas les discutían las cátedras a los escolásticos dominantes hasta entonces.

 

La Facultad de Leyes y Cánones impartía enseñanzas jurídicas de Derecho Romano leyendo textos de Sexto Empírico, las colecciones clementinas, las Instituta, el Codex Iustinianum y el Digesto, y tenía varias cátedras.

La Facultad de Leyes era la preferida por los nobles con aspiraciones a ocupar puestos en la Administración. Eran cinco años estudiando Derecho Romano, con desconocimiento muy grande del Derecho actual español y del Derecho Natural que se estaba impartiendo en Europa occidental desde la Edad Moderna. Melchor de Macanaz intentó a principios del XVIII introducir un Derecho más actual, Leyes del Reino, pero fracasó en 1713, y la carrera no se actualizó hasta época de Carlos III. La Cátedra de Decretos era la considerada más importante en Cánones, y la de Código en Leyes.

La Facultad de Cánones era la preferida por los religiosos que querían progresar dentro de la Iglesia. Eran cinco años estudiando Derecho Canónico, derecho dentro de la Iglesia. Fue suprimida en 1842.

 

La Facultad de Medicina se ocupaba de los aforismos de Hipócrates, anatomía, cirugía, explicaba a Avicena y a Galeno y era la llamada a innovar la Universidad porque necesitaba química para sus medicinas, siempre que, primero, aceptara ese tratamiento médico. Entre los profesores tradicionales, Galeno era la máxima autoridad. En 1551, Salamanca puso anatomía e incorporó las enseñanzas de Vesalio, siguió en 1556 introduciendo la cirugía y en 1573 impartía botánica, por lo que era la más avanzada del siglo XVI. La siguió Alcalá introduciendo anatomía en 1551 y cirugía en 1594. Tras aprobar los estudios, los alumnos pasaban dos años en un Colegio Médico para entrar en contacto con la realidad. La existencia de dos instituciones, Universidad y Colegio Médico, provocó disputas entre ambos, y el Colegio Médico acabó perdiendo contenidos y utilidad. La Cátedra de Aforismos era considerada la más importante.

 

 

LOS COLEGIOS UNIVERSITARIOS COMO PROBLEMA.

 

Los Colegios Universitarios aparecieron en el siglo XV y generalmente fueron fundados por eclesiásticos para proteger a estudiantes capacitados pero con pocos recursos económicos. Pero se habían convertido en centros de paso de los hijos de la nobleza, que hasta veían aprobados cursos académicos que no habían cursado, aprovechando el hecho de que no había exámenes y que había descoordinación entre las diversas Universidades.

Algunos Colegios Universitarios eran originalmente centros de estudio religiosos, a partir de los que se había creado la Universidad. Otros fueron creados más tarde, paralelos a la Universidad, para complementar estudios con una determinada finalidad, que podía ser la preparación religiosa específica de una orden religiosa distinta, o la profundización en ciertos aspectos del saber. Los Colegios tenían sus propias clases, y algunos estudiantes acudían a los cursos de sus Colegios Universitarios y nunca pasaban por la Universidad propiamente dicha. Al final, estos estudiantes de Colegios Universitarios obtenían el título universitario igual que el resto de los estudiantes. Así pues, los Colegios eran la Universidad en sí mismos, pues aparte de ser, a veces, el origen de la Universidad, daban sus clases, aparte de las de la Universidad, tenían su biblioteca, sus actividades.

Los Colegios Mayores, dentro de los Colegios Universitarios, tenían prerrogativas especiales concedidas por el Rey. Dominaban directamente las Universidades de Salamanca, Valladolid y Alcalá, e indirectamente, por el sistema de provisión de cargos y porque algunos ex-alumnos estaban situados en los puestos de la Administración y de la Iglesia, y dominaban sobre todas las Universidades de España.

Los Colegios exigían la concesión de los grados para sus colegiales. Había un turno riguroso, pactado entre Colegios, de acceso a las cátedras, y por ello nadie, ni gobernantes ni eclesiásticos, se quejaba de la corrupción existente. Casi todos los profesores provenían de los colegiales. Sólo un 20% de los catedráticos provenía de los no colegiales, o manteístas. De esta manera se colocaban tanto los monjes como los segundones de familias nobiliarias. Los monjes habían pedido dispensa del voto de pobreza y eso les permitía acaparar las cátedras, togas y prelacías, siempre que lo repartieran adecuadamente con los nobles, segundones de familias nobles, para que nadie pudiera asaltar la Universidad desde fuera. La gente común estaba al tanto de la situación, y como la parte del botín asignada a la nobleza era inexpugnable, trataba de colocar a sus hijos en la Iglesia, en una orden religiosa, o simplemente tonsurándoles sin llegar a ordenarse sacerdotes, a fin de acceder a un cargo eclesiástico, desde el que se pudiera saltar más tarde a la Administración del Estado, aunque renunciando a veces a la tonsura.

Las cátedras estaban mal pagadas y los que se quedaban permanentemente en ellas era porque no encontraban un pie de apoyo para saltar más arriba (En Salamanca se cobraban de 300 a 600 ducados al año, una cifra ridícula para lo que podía cobrar un embajador o alto cargo de la Administración).

Pero las cátedras eran deseadas porque servían para saltar desde ellas a la Administración. Algunos de los hijos de la alta nobleza saltaban a la Administración, y otros, si estaban dispuestos a tonsurarse, a altos puestos en la Iglesia.

Los alumnos y ex-alumnos formaban una especie de casta, de modo que los colegiales pasaban a ocupar los altos cargos de la Administración y de la Iglesia, y éstos apoyaban a los nuevos colegiales, lo que muchas veces era proteger a sus propios hijos y parientes. El otorgamiento de los nuevos grados de bachiller, licenciado y doctor estaba asegurado en sus hijos y en personas convenientes a la política o a la orden religiosa correspondiente.

De esta manera, los Colegios Mayores de las cuatro Universidades Mayores tenían acceso a todas las cátedras de todas las Universidades, y no sólo de la Universidad de origen. Entrar en un Colegio Mayor era el primer paso para escalar social y políticamente.

Los “colegiales”, o internos de los Colegios Mayores, eran becarios y ostentaban su condición en una banda, o beca, que portaban sobre su vestimenta. Para ingresar en el Colegio Mayor, exigían limpieza de sangre. Se consideraban superiores al resto de los alumnos. Eran hijos de nobles, o de procedencia eclesiástica. Tenían derecho a ingresar dos colegiales por diócesis que no fueran los dos de la misma ciudad. Se ingresaba a los 20-24 años, una vez obtenido el título en Artes.

Los manteístas, o alumnos de fuera de los Colegios Mayores, tenían pocas oportunidades. Se llamaban así porque llevaban capa larga con cuello, denominada manteo. Como los colegiales eran hijos de la nobleza, con abundantes recursos, e incluso con criados que fueran por ellos a tomas apuntes a las clases, los manteístas eran despreciados por pobres. Se les denominaba a menudo “gorrones” por la prenda de cabeza que solían usar porque pasaban mucho frío, y como no tenían recursos y se hacían invitar a comer y beber por los colegiales, el término acabó significando a la persona que vive de las dádivas de los demás.

Algunas autoridades eclesiásticas estaban escandalizadas de la cantidad de vagos y gente sin valía que se acogía a vivir de la Universidad, y de la cantidad de falsas vocaciones religiosas que se producían, y decretaron que las becas sólo duraran ocho años, y los más avanzados reformadores empezaron a admitir manteístas en sus colegios mayores, con la única condición de que demostraran limpieza de sangre. El enfrentamiento por el negocio de los Colegios Mayores debía ser profundo, pues Godoy expropió los bienes de los Colegios Mayores en 1797, en una de sus desamortizaciones.

Los nobles elegían mayoritariamente Leyes, si aspiraban a cargos del Estado, pero también medicina y artes si su familia no tenía influencias sociales que les dieran esperanza de conseguir cargos.

Los pobres solían escoger carreras de Teología y Cánones, o Filosofía, con el propósito de ingresar en la carrera eclesiástica, única en la que veían futuro y de la que algunos salían una vez conseguidas sus metas.

Los burgueses medios, especulaban entre una u otra opción, según sus relaciones sociales y esperanzas.

 

Frente a este problema de corrupción universitaria, por todos conocido en su tiempo, algunos gobernantes ilustrados pretendieron una reforma profunda: defendían la implantación de nuevos saberes en la Universidad, eliminación de unas cátedras y aparición de otras nuevas, un mayor rigor en los estudios y acceso a las cátedras y control en la concesión de becas. Ya en el siglo XVII, el sistema de funcionamiento de las Universidades y sus Colegios Mayores, se sentía como un problema para la monarquía por razones obvias, pues la monarquía quería nombrar a sus funcionarios libremente, pero a personas formadas, mientras que las Universidades y las familias nobiliarias que dominaban los Colegios querían imponer la colocación de sus hijos.

 

Los Colegios Mayores se negaban a perder su poder sobre el otorgamiento de becas, provisión de cátedras, recomendaciones de empleos posteriores a la Universidad, y dominio consiguiente de la Administración y de la Iglesia. Los estudiantes eran el estamento más conservador de la Universidad, aunque el más dispuesto a la revuelta. Y las Órdenes Religiosas, dominantes en Colegios Mayores y Menores, aprovechaban para mantener así en sus manos las cátedras, la enseñanza primaria, las Escuelas de Gramática, y la Facultad de Artes. Los alumnos se sentían protegidos por los Colegios Mayores y actuaban como un elemento de lo más conservador y retrógrado en la necesaria reforma de la Universidad.

 

La lucha por la renovación de la Universidad iba a ser larga y dura, y los renovadores necesitaban contar con un profesorado nuevo, para el que no estaban preparados los españoles, no tenían suficientes profesores de todos los niveles para emprender la reforma de los colegios y las Universidades. La reforma debía ser necesariamente parcial, o en colegios y universidades muy concretas.

 

 

 

Colegios Mayores españoles.

 

Había 6 colegios mayores:

Colegio de San Bartolomé en Salamanca, fundado por el arzobispo de Sevilla, Diego Anaya, en 1410, por lo que se le llamó Colegio Anaya. Era el centro de influencia de vizcaínos y montañeses.

Colegio de Santiago en Salamanca, fundado por el obispo de Cuenca, Diego Ramírez y Fernández en 1509. Era el centro de influencia de los andaluces.

Colegio de San Salvador de Oviedo en Salamanca, fundado por el obispo de Oviedo, Diego Mínguez en 1521.

Colegio de Santiago Zebedeo en Salamanca, fundado por arzobispo de Toledo, Alonso de Fonseca y Acevedo[2] en 1519 y conocido a veces como Colegio Fonseca o colegio del Arzobispo. Era el centro de influencia de los gallegos.

Colegio Santa Cruz de Valladolid, creado por el cardenal Pedro González de Mendoza.

Colegio San Ildefonso en Alcalá de Henares, creado por el cardenal Cisneros. Estaba en el propio edificio de la Universidad y era regido por las mismas autoridades que la Universidad, o tal vez deberíamos decir que el Colegio regía la Universidad de Alcalá. Era el centro de influencia de los dignatarios de la Corte de Madrid.

 

 

Otros Colegios Universitarios.

 

Los Colegios Menores eran muchísimos. Se trataba de casas residencia, donde se protegía a media docena o una docena de alumnos de origen pobre, para que pudiesen estar en la Universidad. Los había: seglares, protegidos por una familia o varias; religiosos, protegidos por una orden religiosa; y de Órdenes Militares, protegidos por una Orden Militar.

A modo de ejemplo citaremos algunos:

Colegio de Santiago Alfeo en Santiago, También llamado de Fonseca, creado por el arzobispo de Toledo Alonso Fonseca y Acevedo, el mismo que fundó el de Salamanca.

Colegio San Jerónimo en Santiago de Compostela.

Colegio del Sacromonte en Granada.

Colegio de Santa Cruz en Granada.

Colegio de San Bartolomé en Granada.

Colegio de Santiago en Granada.

Colegio San Miguel en Granada.

Colegio Santa Orosia en Huesca.

Colegio San Vicente Mártir en Huesca.

Colegio de Santiago en Huesca.

Colegio de San Pedro en Oviedo.

Colegio San Gregorio en Oviedo.

Colegio Menor de Sancti Espíritus de Onate.

Colegio Santa María de Jesús, conocido como de Maese Rodrigo, en Sevilla.

Colegio Porta Coeli en Sigüenza.

Colegio Santa Catalina en Toledo.

Colegio de los Infantes en Toledo.

Colegio de San Bernardo en Toledo.

Colegio Santo Tomás de Villanueva en Valencia.

Colegio Andresiano en Valencia.

Colegio Pío V en Valencia.

Colegio de los Padres de la Santísima Trinidad en Zaragoza.

Colegio de San Diego en Zaragoza.

Colegio de los Carmelitas Descalzos en Zaragoza.

Pero para ilustrar mejor lo que venimos diciendo baste citar que, sólo en Salamanca, había 22 Colegios Menores de seglares, 14 de órdenes religiosas, y 4 de órdenes militares (Calatrava, Santiago, Malta y Alcántara). Es decir, que la lista sería muy larga.

 

 

Los métodos de enseñanza.

 

Los métodos de enseñanza universitarios eran el dictado de apuntes, la lectio y la disputatio.

Si sólo hubiera existido la clase discursiva de dictado de apuntes, cualquiera que dispusiese de unos buenos apuntes podía ser profesor, pues se dictaban sin más. Se valoraba mucho a los profesores que eran capaces de dar sus clases sin dictar los apuntes. Los contenidos de las materias eran amplísimos y nunca se impartían en su integridad en un curso. Esto era sabido de todos, y se tenía gran aprecio a la lectio y la disputatio. A medida que apareció el libro, los apuntes al dictado fueron menos necesarios y se fue generalizando la exposición oral fluida, hasta que en 1771 se prohibió el dictado de apuntes.

La lectio daba nociones de una parte del programa en lecciones o temas, a veces en una exposición y muchas más veces haciendo el dictado de unos apuntes. La lectio se encargaba a un alumno con veinticuatro horas de antelación, y podía ser observada por compañeros y catedráticos, pero no solía ser de mucho interés.

La disputatio trataba de un punto concreto del programa, y tenía dos versiones: o bien el ponente exponía un tema que le había tocado en sorteo y se le había comunicado con un mes de anticipación, atendiendo el ponente al final a las argumentaciones en contra que obtuviera por los catedráticos y alumnos asistentes, o bien el ponente defendía una tesis, un punto muy concreto del programa y tras la defensa disputaba contra las objeciones de los doctores y estudiantes sobre la materia. La objectio era la intervención o argumentación de los asistentes, por orden de antigüedad, respondidas por los ponentes adecuadamente si podían. Las disputationes eran muchas pues había cada mes doce de cánones y leyes, dos de teología y dos de medicina, días en los que no había clase. La disputatio era la actividad más espectacular de la Universidad.

No había exámenes excepto los de grado. Los exámenes empezaron a fines del XVIII y principios del XIX.

 

 

Los grados universitarios.

 

Los grados eran tres: bachiller, licenciado y doctor. El bachiller habilitaba para ejercer una profesión como la de abogado o médico. El licenciado y el doctor eran escalones para continuar dentro de la Universidad.

Los ejercicios o exámenes de grado eran suaves, y se limitaban a una arenga del aspirante ante el claustro y la defensa de una tesis, es decir, como una lectio o una disputatio. El examen para licenciado era un poco más duro, pues significaba entrar en la Universidad y ser competencia de los profesores ya ejercientes. El examen de doctor era un mero trámite.

 

Respecto al bachiller, hay que anotar que los estudiantes buscaban el título y no el saber. El título servía para promocionarse en la Administración y en los oficios liberales. El grado de bachiller se otorgaba sin las mínimas exigencias científicas, e incluso se podía comprar. Muchas veces se obtenían buscando una buena recomendación.

 

El examen de un licenciado en Teología, Cánones, Leyes o Medicina, consistía en sacar por sorteo una de las lecciones estudiadas durante la carrera, y que el licenciando defendiera unas proposiciones durante 60 minutos, tras lo cual se le preguntaba exhaustivamente y, al final, se votaba si era apto. Era la única prueba con cierta seriedad en la criba de aspirantes.

 

El examen del grado de doctor consistía en la explicación de una cuestión especulativa determinada. Era un grado poco importante, pero servía para opositar a cátedra. Las Cátedras de Prima, Vísperas, Sagrada Escritura, Código, Decretos y Aforismos, se consideraban “mayores” y para ejercerlas se necesitaba doctorado. Para el resto de las cátedras bastaba el título de bachiller.

[1] Alonso de Fonseca y Ulloa, es conocido como Alonso de Fonseca III, pues hay que tener en cuenta la existencia de Alonso de Fonseca I, 1418-1473, hijo de Juan Alonso de Ulloa y de la portuguesa Beatriz Rodríguez de Fonseca, que fue obispo de Ávila en 1445-1454 y arzobispo de Sevilla en 1454-1464. Alonso de Fonseca I logró que su sobrino-nieto, Alonso de Fonseca II y Acebedo fuera nombrado arzobispo de Santiago de Compostela, y en 1464, tras unos problemas de política cortesana, intercambiaron sus sedes. Cuando Fonseca I quiso volver a Sevilla, Fonseca II se negó (“El que se fue de Sevilla, perdió su silla”). Alonso de Fonseca II, murió en 1512, pero antes promocionó como arzobispo de Santiago a su hijo Alonso de Fonseca III y Ulloa, 1476-1534, que 1507-1523 fue arzobispo de esa ciudad y, como había apoyado a Carlos I de Habsburgo, fue promocionado en 1523 a arzobispo de Toledo. En 1519 fundó el colegio Fonseca de Salamanca para clérigos gallegos, y en 1526 obtuvo bula pontificia para abrir el colegio Santiago Alfeo en Santiago de Compostela.

[2] Alonso de Fonseca y Acevedo, 1476-1534, es conocido como Alonso Fonseca III, dado que Alonso Fonseca I, arzobispo de Sevilla y de Santiago, vivió en 1418-1473, y reconoció a un sobrino, Alonso de Fonseca II, ó Alonso de Fonseca y Acebedo, también arzobispo de Santiago y patriarca de Alejandría. Este señor, y María de Ulloa, tuvieron como hijo a Alonso de Fonseca III, Alonso de Fonseca y Acebedo, de igual nombre que su padre, que también fue arzobispo de Santiago y en 1523 arzobispo de Toledo, fundó los colegios mayores de Salamanca y de Santiago y tuvo varios hijos con Juana Pimentel, pero que ya no fueron eclesiásticos, con lo que se acaba aquí la confusión de arzobispos de igual denominación.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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