GOBIERNO DE VILLARÍAS, 1746.

 

 

 

El Gobierno Villarías.

De julio a diciembre de 1746.

 

El Gobierno Villarias se compuso en julio de 1746, con sólo dos Secretarios de Despacho:

Secretario de Estado y Relaciones Exteriores, Sebastián de la Quadra y Llarena, marqués de Villarías (o de Villarias en algunos textos), que lo era desde 1736, reinado de Felipe V.

Secretario de todas las demás secretarías, Zenón de Somodevilla Bengoechea, que también lo había sido al final del reinado de Felipe V.

 

 

Los dos grupos de Gobierno.

 

Los nobles estaban divididos en sus opiniones políticas por muchos motivos, por haber servido a Isabel de Farnesio y por ser partidarios del conservadurismo, y entonces surgió la idea de entregar el poder de la gestión diaria de las cuestiones económicas a lo que hoy llamaríamos un tecnócrata y entonces se llamaba un golilla, Zenón de Somodevilla.

En ese momento, se produjo en España una gran rivalidad entre gobernantes: el Secretario de Estado Villarías, apoyado por muchos Grandes de España y un grupo numeroso de “vizcaínos”, desconfiaba del grupo del duque de Huéscar que estaba patrocinado por la reina. El grupo de Villarías fue llamado el “grupo antiguo” que hoy denominaríamos conservador, y el grupo de la reina fue denominado “grupo reformador”. Los reformadores opinaban que un entendimiento entre España y Portugal y la continuación de las reformas, como las que haría Ensenada, sacaría a España de su mediocridad económica e internacional.

Un miembro del “grupo antiguo”, el portugués vizconde de Villanueva de Cerveira, aconsejó a la reina deponer a Villarías y sustituirlo por Carvajal, un hombre de espíritu innovador que podía continuar las reformas de Ensenada.

Efectivamente, el 4 de diciembre de 1746, Carvajal fue nombrado ministro de Estado (delegado para asuntos internacionales, escalón inmediatamente inferior al de Secretario de Estado) y Decano del Consejo de Estado, pero se le confirieron poderes para relacionarse con ministros extranjeros, lo cual era puentear a Villarías, y otros poderes para fomentar la industria y el comercio. Villarías no lo podía admitir y dimitió.

 

 

La negociación de la paz en 1746.

Guerra de Sucesión de Austria, 1740-1748

 

Las negociaciones de paz en 1746, tuvieron lugar en cinco frentes casi simultáneos: París, Londres, Lisboa, Breda y Viena, y por fin la paz se lograría en 1748 en Aquisgrán, otra ciudad distinta. En abril de 1748 sólo se llegó a unos acuerdos básicos o Preliminares de Paz. En octubre de 1748 se llegaría a los acuerdos finales.

En París negociaba el duque de Huéscar. Fernando de Silva Álvarez de Toledo, duque de Huéscar (más tarde duque de Alba) dijo que España estaba dispuesta a aceptar la paz con Inglaterra, sobre la base de los acuerdos de la Convención de El Pardo, y también la paz con Austria, siempre que se hablase de ceder Toscana al Infante Felipe de Borbón Farnese. España propuso la boda de la infanta española María Antonia, hermana de Fernando VI, con el Delfín de Francia que acababa de quedarse viudo. Pero D`Argenson se opuso a esta boda y, a partir de entonces se enfriaron las relaciones entre Francia y España.

En Viena negociaba Grimaldi. Austria manifestó que podía ceder algunos territorios italianos a infantes españoles, pero siempre que estos territorios permaneciesen bajo la Corona austríaca. Pablo Jerónimo Grimaldi Pallavicini quería más territorios que los que Austria estaba dispuesta a ceder, y los quería bajo soberanía española, o independientes, y además exigía que fueran a título hereditario. Quería Toscana para Felipe de Borbón Farnese, Parma y Piacenza para Isabel de Farnesio con derecho a ser heredadas por el infante Felipe y sus sucesores.

Ni en París ni en Viena había esperanzas de acuerdo, y entonces actuó la reina de España, Bárbara de Braganza, pidiendo a su padre, Juan V de Portugal, que mediara en la paz, puesto que tenía buenas relaciones con Gran Bretaña. La iniciativa pudiera haber pasado desapercibida, pero cuando María Teresa de Austria se enteró de que se iniciaban negociaciones en Lisboa, dijo que quería estar presente. Newcastle envió a Lisboa a Jaime Velaz de Medrano, III marqués de Tabuérniga, un español emigrado a Londres, para preparar los puntos de conversación, y más tarde llegó el verdadero negociador que fue Benjamin Keene. Keene llegó a Lisboa el 13 de septiembre de 1746, y ese mismo día se recibió en Lisboa carta de María Teresa de Austria diciendo que Austria participaría. Se preveía que las conversaciones de Lisboa alcanzarían así el máximo nivel. Grimaldi, el negociador español en Viena, decidió suspender las conversaciones de Viena, puesto que parecía que todo se iba a decidir en Lisboa. España envió a Lisboa a Félix Fernando Masones de Lima y Sotomayor, III duque de Sotomayor. Las peticiones de Sotomayor en Lisboa fueron: que se estableciera en Italia a Felipe de Borbón Farnese, que Inglaterra devolviese Gibraltar, que se cumpliese a rajatabla el Tratado de Utrecht y la Convención de El Pardo, y ofrecía a cambio prolongar el periodo de concesión del asiento de negros y el del navío de permiso.

A final del verano de 1746 los ingleses y austríacos no aceptaban las condiciones de España. Entonces apareció un modo de política francesa, típica del ya desaparecido Fleury, diletante, confusa, dispersa, que sólo ponía inconvenientes y abría nuevos temas sin haber cerrado los antiguos, de modo que todo se embrollaba.

En este punto de las conversaciones de Lisboa, influyeron decisivamente los acontecimientos de la guerra. El español Jaime Miguel de Guzmán Dávalos y Spínola II marqués de la Mina llegó a Italia en 13 de agosto de 1746 a hacerse cargo del ejército español. Llegó a Tortona y mandó evacuar la ciudad (18 de agosto), abandonar el Paso de la Bocchetta (1 de septiembre) y Génova (3 de septiembre) y el condado de Niza a continuación. Se produjo entonces la ruptura con el francés Maillebois, que estaba muy a gusto en la posición de que Francia presionaba sobre Italia, contando con soldados españoles. Al ver la debilidad del ejército francés-español, Austria y Cerdeña atacaron, y Mina y Maillebois no tuvieron más remedio que retroceder al oeste del río Var (oeste de Niza) y se perdió la Provenza. No todo les fue mal a los hispano franceses, sino que Génova se sublevó contra los austríacos y ello significó un punto de apoyo para españoles y franceses. El ambiente europeo era de victoria austríaca en la guerra.

Por eso, en octubre de 1746, Austria cambió de posiciones en las negociaciones de Lisboa. Entonces decidió que no entregaría ningún territorio a Felipe de Borbón Farnese y que incluso intentaría la invasión de Nápoles para obtener el dominio completo sobre Italia.

La nueva posición austríaca incomodó a Gran Bretaña, pues significaba una extensión de la guerra a más territorios y una prolongación de la misma en el tiempo. Gran Bretaña pidió a España que se conformase con obtener Nápoles y podría así terminarse la guerra, pero España no aceptó.

Llegado a este nuevo impasse, el francés D`Argenson volvió a sus propuestas diletantes. Su objetivo eran unas conversaciones de paz en las que la protagonista y directora de las mismas fuera Francia y no Gran Bretaña. Francia convocó conversaciones de paz en Breda el 4 de octubre, pero sólo convocó a Gran Bretaña y a Holanda, pensando acordar con ellas unas condiciones e imponerlas después a los demás, como se había hecho en otras ocasiones. Pero en Breda fue el británico Sandwich el que dilató las conversaciones y las llevaba a puntos sin salida perdiendo el tiempo con la finalidad de que hubiera resultados en Lisboa. Francia propuso en primer lugar si convenía invitar a Breda a los españoles, austríacos y sardos, pues era partidaria de que Francia representase los intereses de España, y se eliminase a España que sólo ponía dificultades en todas las conversaciones de paz. Pero España se negó a confiar en D`Argenson y decidió enviar a Breda a Melchor de Macanaz, el cual se presentó como observador no oficial, pero plenipotenciario. Sandwich pidió la presencia de austríacos y sardos, con el fin de complicar las negociaciones y dilatarlas en el tiempo. Tenía órdenes de hacerlo en espera de que hubiese decisiones de Keene en Lisboa. D`Argenson dijo que Viena y Turín podían estar representados por Londres y por Holanda, y sólo se necesitaría que se reuniesen Gran Bretaña, Francia y Holanda, logrando así una mayor agilidad de acuerdos. Pero Macanaz estaba allí como observador y no dejaba de incordiar exigiendo el máximo de territorios en Italia y las reivindicaciones sobre Gran Bretaña, lo cual dilataría las conversaciones de Breda, según deseo de Carvajal.

El plan de paz de D`Argenson era también maximalista y tenía pocas posibilidades de éxito salvo victoria aplastante de Francia en la guerra: mantener el statu quo entre Francia, Gran Bretaña y España; reconocer al emperador Carlos VI de Austria y la Pragmática Sanción; neutralizar a los Países Bajos, con ventajas para Francia, que en fondo esperaba hacerse con ellos; repartir Italia de acuerdo con el Tratado de Turín, con la excepción de que Toscana debía ser para Felipe de Borbón Farnese.

España era el inconveniente principal para alcanzar acuerdos, pues se oponía a todo mientras no alcanzase sus objetivos de dominar Italia y de recuperar lo perdido ante Gran Bretaña en Utrecht. El gobierno de Gran Bretaña esperaba que Keene doblegara a los españoles en Lisboa, y mientras tanto, Newcastle tenía la orden de dar largas a D`Argenson, y Sandwich de dilatar las conversaciones de Breda.

Como D`Argenson no obtenía resultados en Breda, Luis XV lo cambió por Jean Gabriel Dutheil de la Porte[1]. La primera actuación de Dutheil fue intentar eliminar a Macanaz en las conversaciones. Macanaz por su parte intentó ser admitido como interlocutor de pleno derecho y no sólo cono observador. Entonces Sandwich pidió que Austria y Cerdeña también se incorporaran a las negociaciones de Breda. La maniobra era claramente dilatoria.

Juan V de Portugal decidió por fin jugar un papel de mediador de paz, pero puso varias condiciones: que todos los beligerantes se lo pidieran y que se cerraran las conversaciones de Breda, que eran parciales, para dar lugar a una negociación global entre todos los interesados. España aceptó, pero la Francia de D`Argenson no quería abandonar Breda y el sistema de pacto previo “entre los grandes”.

El francés D`Argenson se puso nervioso en diciembre de 1746 porque no sabía qué pasaba en Lisboa. En realidad no pasaba ni iba a pasar nada en todas las negociaciones de Lisboa, pero Francia temía un acuerdo secreto entre Austria y España que dejara fuera de juego a Francia. D`Argenson fue sustituido por su ineficacia en lograr acuerdos y el nuevo ministro francés se enteró de que Austria y España estaban negociando y protestó porque lo hicieran a espaldas de Francia, siendo Francia aliada de España.

 

 

 

[1] Jean Gabriel Dutheil de la Porte, 1683-1755, fue en 1701 secretario del conde Marcin, embajador de Francia en España, en 1711 embajador de Francia en Utrecht, y en 1735 ministro plenipotenciario de Francia en Viena.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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