GOBIERNO ORENDÁIN, 1726-1734: PERIODO 1729-1734.

ORENDAYN Y PATIÑO en 1729-1734.

 

 

Orendáin era Secretario de Estado, teórico director del Gobierno, y Patiño, Secretario de Marina e Indias y de Hacienda, era el que decidía muchas de las cuestiones de Gobierno.

 

 

POLÍTICA INTERNACIONAL EN 1729.

 

El capítulo de la política internacional le tocaba de lleno a Juan Francisco Orendáin, pues el Secretario de Estado se ocupaba de las relaciones internacionales.

 

 

Alianza con Portugal en 1729.

 

El 19 de enero de 1729, España rompió el punto muerto de las negociaciones con Austria en Soissons, decidiendo que los infantes españoles se casaran con príncipes portugueses:

Fernando de Borbón Saboya, el heredero de la Corona española, se casaría con María Bárbara de Braganza, en 27 de diciembre de 1727. Bárbara de Braganza era tenida por fea en su época, pero resultó ser muy inteligente y con ello gustó al príncipe Fernando de Borbón Saboya.

Y la infanta española María Ana Victoria de Borbón, la rechazada por Luis XV, de 11 años en aquel momento, con el infante José príncipe de Brasil, heredero del trono portugués desde 11 de enero de 1728 y que reinaría como José I de Portugal en 1750-1777.

Los españoles fueron a Badajoz y los portugueses a Elvas y el 20 de enero de 1729 se produjo el intercambio de infantas en Extremadura, sobre el río Caya, en la frontera hispanoportuguesa.

La posible ventaja de estos matrimonios era la eventual ruptura de los pactos entre Inglaterra y Portugal. Al menos estos matrimonios lograban una amistad con Portugal y la eliminación de tensiones en las fronteras americanas entre ambos.

Nada más acabar las bodas, Felipe V se fue a Sevilla, donde permanecería 5 años. Tal vez se trataba de evitar una crisis política profunda, pues Isabel, pocos días antes estaba dispuesta a que abdicara y su decisión fue interrumpida en el último momento. El partido español o fernandino, creyó ganar una baza en su juego de intentar recuperar el poder y presionó para que Fernando asistiera cada mañana al despacho de asuntos de Estado. La reina captó el ataque de los nobles, y decidió que el rey sólo tomaría decisiones en las reuniones de la tarde noche, y nunca por la mañana en presencia del Príncipe. Y entonces se arrepintió de su decisión de que el rey abdicara y decidió que Felipe V debía seguir reinando a pesar de su penosa situación mental.

 

 

Nuevas relaciones internacionales en 1729.

 

El 4 de septiembre de 1729 nació en Francia Luis Fernando de Borbón, hijo de Luis XV de Francia y de María Leszczynska, y se convertía en Delfín de Francia. Felipe V de España ya no era el sucesor de Luis XV de Francia, y así los problemas de Gran Bretaña y de Francia, respecto a España, se habían solucionado en lo tocante al tema de la sucesión al trono de Francia.

Seguía habiendo problemas en Soissons pues Austria se negaba a aceptar soldados españoles en Italia, y Gran Bretaña se negaba a devolver Gibraltar a España. Walpole de Gran Bretaña y el cardenal Fleury de Francia, se empezaron a entender mejor entre ellos. A España ya no le era posible jugar diplomáticamente a enfrentar al uno contra el otro.

Inglaterra también estaba cansada del paripé que se estaba representando en Soissons, y decidió acabar con el punto muerto aconsejando a Francia que se hablara con España sin tener en cuenta a los demás negociadores.

Isabel de Farnesio propuso a Gran Bretaña y a Francia, devolverle lo incautado en España, en galeones confiscados en puertos españoles, rebajando la multa desde el 55% al 15% de lo confiscado, a cambio de que Luis XV apoyara la presencia de tropas españolas en Parma y Toscana. Fleury se negó a aceptar esta proposición, pero Gran Bretaña se interesó por el tema y Fleury cambió su opinión.

 

El pacto Inglaterra-Francia-España tuvo lugar en el Tratado de Sevilla de 9 de noviembre de 1729. Era la paz definitiva después de la Guerra de Gibraltar de 1727. El acuerdo fue firmado por Juan Francisco Orendáin Azpilicueta marqués de la Paz y por José Patiño, en nombre de España, por el marqués de Brancas, en nombre de Francia, y por Guillermo Stanhope y Benjamin Keene, en nombre de Inglaterra. Las condiciones las había dictado Walpole:

España e Inglaterra se garantizaban mutuamente sus Estados respectivos y estipularon los socorros que se prestarían en caso de ataque de terceros.

Cada país pondría 8.000 infantes y 4.000 caballos al servicio de cualquiera de los tres que lo solicitara (se entendía que contra Austria, por el contenido del resto del tratado).

España enviaría 6.000 hombres a tomar Liorna, Puerto Ferraio, Parma y Plasencia, territorios que pasarían a ser gobernados por el infante Carlos de Borbón. Inglaterra admitía el derecho de los infantes españoles Carlos y Felipe a gobernar en los ducados italianos. Carlos, el hijo de Isabel de Farnesio acabaría instalado en Parma.

Los firmantes se reconocían mutuamente las posesiones que cada uno tenía en ese momento.

España restablecía a los británicos y a los franceses los privilegios de que disfrutaban en 1725.

España anulaba los privilegios comerciales otorgados por España a Austria, sobre todo a favor de la Compañía de Ostende.

España veía reconocido el derecho de los infantes Borbón Farnese a la sucesión de los Farnese (Parma) y los Médici (Toscana) y obtuvo permiso de las otras dos potencias para llevar tropas a Parma, Toscana y Plasencia.

Se fijaron los criterios para decidir si una presa de la mar era legítima y, según eso, los ingleses devolvieron los navíos injustamente apresados en 1718.

Los puntos difíciles entre España y Gran Bretaña se aplazaban para próximas reuniones de comisarios plenipotenciarios de ambos países.

Se invitó a Francia y a Holanda a adherirse a este tratado, y efectivamente lo hicieron.

Como premio a la negociación del Tratado de Sevilla, Patiño fue nombrado Consejero de Estado con una pensión de 12.000 escudos y una encomienda. Stanhope fue nombrado barón de Harrington.

Puede que el ganador del Tratado de Sevilla fuera Francia, pues en ese momento se terminaron las guerras España – Francia y empezó una paz que duraría hasta 1793. Pero la entrega de privilegios comerciales a Gran Bretaña, significaba que Francia perdía ventas en América, pues aparecía un gran competidor, Gran Bretaña, mucho más temible económicamente que España.

El Tratado de Sevilla significaba el final de la alianza España-Austria. Austria, tras el Tratado de Sevilla, se asustó por la posibilidad de una alianza contra ella, y entró en conversaciones con Inglaterra y Holanda, que culminarían en 1731. Carlos VI denunció el Tratado de Sevilla e hizo entrar tropas austríacas en Toscana en diciembre de 1729, para impedir la llegada de las tropas españolas. En cuanto al proyecto de casar a infantes españoles con archiduquesas austríacas, fue cancelado pro Austria.

 

 

La Corte española en Sevilla en 1729-1733.

 

Patiño, que era Secretario de Hacienda, estaba gestionando llevando temas propios del Secretario de Estado y hacía patente que Orendáin, el Secretario de Estado, era un tipo secundario. Patiño opinaba que la alianza con Viena no había servido a España para nada positivo y se estaba mejor con Francia y Gran Bretaña.

La Corte, en los años 1729-1733, vivía en Sevilla y Granada. El rey Felipe V se mostraba huraño, no quería hablar con nadie ni estar con nadie. Se obsesionaba con estar solo y con abdicar en Fernando. Sólo reaccionó cuando se supo que Luis XV padecía viruela y creyó que podía ser rey de Francia, pero Luis XV mejoró y Felipe V volvió a su estado de aislamiento e intromisión. Se le llevó a Andalucía, para intentar distraerle. Empezó a mostrar signos de locura pues decidió que se debía vivir de noche y dormir de día y que toda la Corte lo debía hacer así. En marzo de 1729 fue a Cádiz e Isla de León, Sanlúcar de Barrameda y Doñana “a pasar la calor”, y se pasó varios días en la bahía de Cádiz pescando desde una góndola. En marzo de 1730, el rey fue a Granada, pero no le gustó el clima de montaña, e inmediatamente se marchó al Soto de Roma, al oeste y más lejos de Sierra Nevada. En julio se quejó de que hacía mucho calor, y le llevaron a Cazalla, un pequeño pueblo más fresco, pero donde no había alojamientos suficientes para la Corte, lo que dio lugar a dos meses de incomodidad general. En 1731, el rey volvió a Sevilla y allí se trastorno del todo: decidió dormir de día, desayunar a la puesta del sol, comer a la una de la mañana, salir a pescar en los estanques de los Reales Alcázares a las tres de la mañana, e irse a dormir hacia las 8 de la mañana. Como exigía que toda la Corte guardase el mismo horario, la actitud del rey era muy molesta. Además, el rey no se afeitaba ni se lavaba la barba, que aparecía mugrienta, ni se mudaba de ropa la cual olía mal por el uso y porque llevaba tabaco a granel en los bolsillos, tabaco que tomaba a puñados. Tal era el asco que daba su persona, que tras algún besamanos hubo gente que tuvo que retirarse a vomitar. Y la Corte y la Reina tuvieron la paciencia de aguantarlo. Y además tenía “genialidades” o estupideces, según como se quiera calificar, como pedir un vestido que tuviera nombre de Papa y apellido de médico, lo cual dejaba estupefactos a los sirvientes, y tras reírse un buen rato, les dijo que lo que quería era un “anascote” (es una tela de lana áspera, y se puede llamar así a cualquier prenda confeccionada con ella), prenda que llevaba el nombre del pontífice Anás, y el apellido del médico Toribio Cote. Entendió la Corte que el rey quería divertirse con adivinanzas, y todos se pusieron a buscarlas para presentarlas al rey.

Es difícil asegurar si el rey estaba más o menos loco que la Corte que le rodeaba y consentía. El 5 de diciembre de 1730, Jaime Vélez de Medrano marqués de Tabuérniga, teniente general de Guardias Españolas, junto al padre general de los carmelitas descalzos, intentaron poner fin a esta comedia, pero fueron descubiertos y apresados.

La Corte volvió a Aranjuez en 1733 y el rey volvió a dormir de noche.

 

 

Acontecimientos de 1729.

 

En 1729 hubo varios conflictos laborales: los de la Real Fábrica de Paños de Guadalajara, y los de Béjar. Perduraron hasta 1731, año en que se unió a los conflictos la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara de Madrid. Se protestaba por los bajos salarios, paros obligados por falta de organización y abastecimiento de materias primas, y falta de material adecuado para hacer un buen trabajo.

En 1729 se fundó en Barcelona la Real Academia de Buenas Letras (En 1752 se fundaría en Sevilla la Academia Sevillana de Buenas Letras, que se dedicó a hacer excavaciones arqueológicas. Funcionaba en el Alcázar de la ciudad).

 

Baltasar Patiño en Francia en 1730.

 

En marzo de 1730, no se había cumplido nada de lo prometido en el Tratado de Sevilla de noviembre de 1729. Felipe V protestó y envió a París a Lucas Espínola a pedir que empezaran las hostilidades acordadas, por las que Francia y Gran Bretaña debían atacar a Austria si ésta no aceptaba la presencia de tropas españolas en Italia. Gran Bretaña y Francia no quisieron la guerra, y España vio que el Tratado de Sevilla no valía ni el precio del papel en que se había firmado.

En 1730, Baltasar Patiño, marqués de Castelar, fue nombrado embajador español en Versalles, y abandonó la Secretaría de Guerra. Su objetivo era convencer a Fleury. Fleury le dio largas, y el 28 de enero de 1731 Baltasar Patiño pidió poderes extraordinarios para jugar a la diplomacia y trató de enfrentar a Francia y a Gran Bretaña amenazando en cada momento con entregar todos los privilegios al contrario de quien estuviera conversando.

Al mismo tiempo, José Patiño, en España, decidió vigilar todas las costas y el contrabando inglés, mientras Gran Bretaña no se sobrepasara en sus privilegios. También se decidió luchar contra el corso británico en América, e incautarse de factorías de la South Sea Company (Compañía de los Mares del Sur) que era el núcleo de todos los problemas comerciales entre España y Gran Bretaña. El método de lucha fue contratar corsarios que apresaran a los barcos ingleses, igual que los franceses y británicos tenían corsarios para apresar barcos españoles. Keene protestó, pero España sólo estaba aplicando la legalidad vigente y le advirtió que Gran Bretaña debía cumplir sus compromisos.

La cuestión es que una política tan burda funcionó: Gran Bretaña envió a Robinson a Viena a pedir que Austria cediese a las pretensiones españolas. Francia habló de la necesidad de un “Pacto de Familia” entre Borbones.

 

 

Acontecimientos de 1730.

 

En 1730 llegó a España la fiebre amarilla o vómito negro, enfermedad infecciosa transmitida por el mosquito aedes aegypti, cuyos síntomas son malestar, cefalalgia, dolores musculares y fiebre alta. El punto de llegada fue Cádiz, el puerto comercial principal de Europa. Allí se mantuvo hasta 1731, pero reapareció en Málaga en 1741. Luego hizo apariciones esporádicas a lo largo del siglo XVII y reaparecería de forma grave y continua a partir de 1800.

El 18 de agosto de 1730 llegó afortunadamente la flota de Indias. Eran 10 barcos mercantes custodiados por 3 navíos de guerra. Fue un alivio para los problemas financieros de los comerciantes.

En 1730 hubo una novedad importante en el ejército y es que se llamó a 4.806 hombres hasta entonces reclutados en levas, por el método de las quintas, cosa que no era ordinaria. Sólo era un intento de renovación del ejército. Los Reyes Católicos habían ordenado que los hombres estuvieran preparados, pero solían utilizar mercenarios, huestes nobiliarias y milicias concejiles para sus empresas. En 1741 aparecería otra orden reclutando 25.000 hombres de levas y en 1770 se llegaría a la idea del servicio militar obligatorio para los varones entre 17 y 36 años por quintas a sorteo. Cataluña y País Vasco enseguida argumentaron sus fueros para no cumplir, y los ricos castellanos buscaron exenciones, redenciones y sustituciones para librarse de ese servicio. Sólo en 1812 se llegará a la idea clara de la obligación del servicio militar. En 1821 se eliminarán las posibilidades de redención, y en 1837, Calatrava abolirá exenciones de la nobleza, clérigos y otras profesiones, pero posibilitó la redención para obtener ingresos. El servicio militar obligatorio, sin sustitución ni redención, es de Canalejas el 27 de febrero de 1912, nueve meses antes de que le asesinaran.

El nuevo Papa en 1730-1740, Clemente XII, era un Papa belicoso ideológicamente, en continua guerra diplomática contra España, porque decía que los ducados italianos pertenecían al papado.

 

 

El tema de los ducados italianos en 1731.

 

En enero de 1731 murió Antonio Farnese duque de Parma, y su esposa dijo estar embarazada y tener derecho a la regencia hasta que su hijo heredara el territorio. Así se burlaba a España. Los austriacos no esperaron, pues sabían que España pronto reclamaría el ducado de Parma, y ocuparon los Ducados con la excusa de que protegían al que iba a nacer.

En 16 de marzo de 1731 tuvo lugar el Segundo Tratado de Viena o Paz de Viena[1] entre Austria e Inglaterra. El primero se había producido en abril de 1725. Tras la alianza de España con Gran Bretaña y Francia, contra Austria, en el Tratado de Sevilla de noviembre de 1729, la Corte de Viena se había puesto muy nerviosa. Austria decidió aceptar las guarniciones españolas en Parma, Toscana y Piacenza y retirar sus propias fuerzas, y hasta deshacer la Compañía de Ostende, no casar a su hijas ni con Borbones ni con Brandeburgos, consultar con Inglaterra cualquier pacto a hacer con España, y ofrecía todo ello a cambio de que se le reconociera la Pragmática Sanción y se reconociera a María Teresa como Rey de Romanos, es decir, heredera al Imperio Austríaco.

El cardenal Fleury se incomodó en Francia al ver que Inglaterra estaba negociando con España y con Austria, y decidió que tenía que boicotear esas alianzas, para lo cual envió a Rottemborough a Sevilla a pedir a Felipe V que se volviera atrás, pero el rey de España se negó. La diferencia era que Inglaterra prometía proporcionar territorios italianos, mientras Francia llevaba décadas prometiéndolo pero sin cumplir, porque quería tener de su lado a los dos contendientes, Austria y España, y la táctica era prometer a los dos lo mismo.

 

En 1731, España había tomado la decisión de capturar el máximo de barcos británicos contrabandistas. No obstante, Walpole opinaba que era mejor el diálogo que la guerra. Los colonialistas británicos estaban enfurecidos, y su líder, el duque de Newcastle clamaba por la “libertad de navegación”, la ilegalidad de que España hiciera presas en el mar, y la necesidad de la guerra.

El 6 de junio de 1731, Gran Bretaña firmó con España el Acuerdo de Sevilla, Keene con Patiño, comprometiéndose Gran Bretaña a garantizar la entrada de tropas españolas en los Ducados italianos, cosa que ya había pactado con Austria meses antes, y España anuló las declaraciones de Baltasar Patiño marqués de Castelar, sobre las exclusiones al comercio británico. A Gran Bretaña se le confirmaban los privilegios ofrecidos en el Tratado de Sevilla de 9 de noviembre de 1729.

La tensión entre Gran Bretaña y España era alta desde los Tratados de Utrecht de 1714, y la causa principal quizás no fuera Gibraltar, una pieza más en el dominio del mar, sino la interpretación que Gran Bretaña, y concretamente la South Sea Company, hacía del derecho del mar: Gran Bretaña defendía la libre navegación de los mares de todo el mundo, y por ello entendía que tenía derecho a vender sus productos en todas partes. España entendía que los derechos comerciales eran derechos soberanos de cada país y ninguna potencia marítima se podía inmiscuir en las leyes comerciales de los demás. Gran Bretaña veía lícito lo que España entendía que era contrabando. Gran Bretaña defendía que podía vender sus productos, y España que se debían pagar derechos, y se debía limitar el comercio a lo que España y sus intereses industriales y comerciales lo permitiesen. El asunto se complicaba sobre manera tras la paz de Utrecht, pues España había concedido en 1714 el asiento de negros por 30 años, hasta 1734, y el navío de permiso, lo cual permitía comerciar a Gran Bretaña, y no se distinguía del todo bien lo que era contrabando y lo que era lícito. Pero, para complicar más las cosas, los derechos de asiento de negros llevaban implícito un pago a la Corona española de un canon comercial, que la South Sea Company nunca había pagado. Alegaba la compañía británica, que los negocios iban mal, que casi ningún año lograba atrapar y transportar los 5.000 jóvenes negros sobre los que tenía derecho de venta en Hispanoamérica, y que el negocio del navío de permiso sólo había dado dividendos seis años de los veinte transcurridos entre 1714 y 1733. En consecuencia, el negocio británico residía fundamentalmente en el contrabando, libre de impuestos y de cargas, lo cual tenía como consecuencia que el negocio lícito, practicado por ellos mismos, no pudiera competir con precios más bajos del contrabando. Y además, España había contratado corsarios para atacar a los barcos contrabandistas, y estos actuaban con máxima dureza y desprecio de las leyes, lo cual incomodaba a los británicos. Los contrabandistas británicos, y algunos otras franceses, tenían las cosas fáciles en el Caribe, pues tenían múltiples refugios clandestinos como bases de operaciones, y además disponían de colaboradores en los puertos en los que descargaban el contrabando, intermediarios que estaban encantados de recibir producto barato y ponerlo a la venta. La represión del contrabando llevada por España derivaba en odio británico a los españoles y a mayor complicidad de los comerciantes hispanos con los contrabandistas.

En el periodo 1718-1727, España había hecho varias capturas de barcos ingleses, denominadas “presas” en la época. Los británicos debían pagar unas multas y unos derechos por haber sido sorprendidos con contrabando, que podían llegar al 45% de la mercancía, pero se negaban a pagar alegando que les capturaban en alta mar, y el mar era libre. Patiño había iniciado una política de represión dura del contrabando y, en 1731, se había planteado la posibilidad de guerra entre ambos países.

Pero no hubo tal guerra, sino que los Tratados de Paz de Viena en 1731, prometiendo Gran Bretaña apoyo para colocar a Carlos de Borbón Farnese en Parma, llevaron a la reina y a Patiño a rebajar la tensión e incluso a firmar Convenios con Gran Bretaña de 6 de junio de 1731 y de 8 de febrero de 1732.

 

Sólo entonces, llegó el acuerdo entre Austria y España, el 22 de julio de 1731, Tercer Tratado de Viena, entre Austria y España, con participación de Inglaterra. Y el 25 de julio de 1731 tuvieron lugar unos acuerdos en Florencia denominados Convención de Florencia entre Austria y España:

Austria cedía a Carlos de Borbón Farnese el Ducado de Parma y le reconocía el derecho a heredar el de Toscana, suprimía temporalmente la actividad de la Compañía de Ostende, y renunciaba a los matrimonios con los infantes españoles. Juan Gastón duque de Toscana, aceptó la presencia de la Infantes españoles en los ducados en las siguientes condiciones: Carlos de Borbón sucedería al Gran Duque de Toscana a cambio de que España garantizase las deudas del ducado, y respetase a las autoridades establecidas por el duque, y además Toscana tendría derecho al libre comercio en España.

España y Austria acordaron la presencia de tropas españolas en Italia.

Inglaterra consiguió no tratar el tema de Gibraltar utilizando el tema de Italia y apoyando a España frente a las pretensiones austriacas, lo cual dejó el asunto Gibraltar para más tarde. España también renunciaba a Menorca, pues no se había tratado el tema. Francia había dejado de ser protagonista de Europa, como sí lo había sido en tiempos de Luis XIV.

 

Traslado del ejército español a Italia. El 1 de agosto de 1731, el almirante inglés Wager llegó a Cádiz para llevar al infante Carlos a Italia a tomar posesión de Parma y Piacenza, territorios que ya Austria había evacuado. Carlos no quiso embarcar. El infante español prefirió viajar por tierra, atravesando el Languedoc, Provenza, para luego embarcar en Antibes y llegar a Parma.

El Papa protestó. Había concebido esperanzas de conseguir gratis esos ducados, como le había prometido Austria.

El 27 de octubre de 1731, una escuadra española entró en Livorno y la escuadra inglesa iban custodiándola. Casi todo eran transportes de tropas, pero nadie se iba a permitir atacarles. José Patiño insistió en la política española en Italia y ocupó Parma, Toscana y Piacenza (Plasencia).

En 27 de diciembre de 1731, Carlos de Borbón Farnese fue a Parma y fue reconocido por soberano del ducado. Inmediatamente, Juan Gastón de Médici, Gran duque de Toscana, declaró que su heredero sería también Carlos de Borbón.

 

 

Acontecimientos de 1831.

 

En 1731 se redactó el Cuaderno de Leyes y Privilegios de la Mesta una compilación de los privilegios fundacionales de 1273, de los que aparecen en la recopilación de 1379, los de la recopilación de Malpartida de 1492 y los de la recopilación del doctor Palacios Rubio. Estas recopilaciones habían sido reeditadas en 1526, 1582, 1586, 1590, 1595, 1609, 1639 y 1681, pero el escrito fundamental que recoge todas es el de 1731. Esta nueva recopilación, Cuaderno de Leyes y Privilegios de la Mesta, fue un encargo de Francisco de Araña a Andrés Díez Navarro y contiene los privilegios concedidos a la Mesta desde Alfonso X el Sabio, las leyes pastoriles de 1609 y posteriores, y el índice alfabético de las proposiciones deducidas de esos privilegios y leyes. Estuvo vigente hasta la desaparición de la Mesta en 1836.

En noviembre de 1731 murió un colaborador de Patiño, Juan Bautista Orendáin, marqués de la Paz, Secretario de Estado, y José Patino Rosales asumió también este cargo, llegando al máximo de poder de su etapa de gobierno, pues reunía Marina e Indias, Guerra y Estado. De hecho ya ejercía las negociaciones de relaciones exteriores, y con el nombramiento, sólo estaba legalizando lo que de facto manejaba desde hacía algunos años.

 

 

La toma de Orán en 1732.

 

El 4 de abril de 1731 fue nombrado Capitán General de los Reales Ejércitos José Carrillo de Albornoz y Montiel, 1671-1747, III conde de Montemar en 1707-1747 y I duque de Montemar en 1735-1747. Este hombre había sido Capitán General de Cataluña en 1722-1725, y Capitán General de la Costa de Granada en 1726. Se le puso a su servicio como Jefe de la Marina a Francisco Javier Cornejo y reunieron 600 barcos y 26.000 hombres en Cádiz.     En 1731 la escuadra reunida en Cádiz se trasladó hasta Alicante, de donde salió definitivamente el 15 de junio de 1732 y se dirigió a Orán.

Orán, junto con su puerto de Mazalquivir, había sido conquistada por Cisneros en 1509. El bey de Argel había atacado la posición en 1667, 1672, 1675 y 1688. Las cosas fueron peor en el XVIII cuando en 1706 Mustafá Boy Cheleghram predicó la guerra santa y, en 1708, los musulmanes tomaron la plaza de Argel y sitiaron a Baltasar de Villalba en Mazalquivir sin que Felipe V pudiera socorrerles pues estaba en la Guerra de Sucesión. Los españoles capturados fueron esclavizados. Así se puso fin a 200 años de dominio español sobre el puerto de Orán, los que van de 1509 a 1708.

En 29 de junio de 1732 los españoles desembarcaron en Mazalquivir, el puerto de Orán. El 1 de julio de 1732 se había completado la conquista de Mazalquivir y Orán.

La amenaza de guerra en Italia, aconsejó a los españoles retirar la flota de Orán para tenerla disponible en Italia. Estuvieron de vuelta a España en agosto.

Los españoles dejaron una guarnición de 8.000 hombres, y regresaron a España dejando como jefe de una guarnición a Álvaro Navia Osorio y Vigil marqués de Santa Cruz del Marcenado. Este hombre moriría en combate en noviembre de 1732. Bey Hacén atacó entonces a los españoles, que tuvieron que pedir refuerzos, y cuando llegaron los refuerzos, fueron sobre Bey Hacén y le derrotaron definitivamente en noviembre de 1732. Orán permaneció en poder de España hasta 1792, fecha en que Floridablanca se lo cedió a Argel.

 

Conversaciones Gran Bretaña-España de 1732.

 

El 8 de febrero de 1732, Keene por Inglaterra y Patiño por España, firmaron un acuerdo por el que España se comprometía a reparar el daño causado al comercio británico en América, a respetar el comercio legítimo de Gran Bretaña con sus propias colonias, y a controlar a los guardacostas españoles para que no siguieran atacando a navíos británicos. Gran Bretaña pidió unas compensaciones por los daños sufridos y, a cambio, se comprometía a no dar cobijo en adelante a los contrabandistas.

Por este convenio de 8 de febrero de 1732, ambos países repararían los daños sufridos por sus respectivos súbditos; el comercio lícito británico era declarado libre; y los guardacostas españoles, y corsarios, deberían adelantar una fianza para pagar los daños que pudieran cometer por sus excesos de celo.

 

El tratado de febrero de 1732 tenía poco valor porque utilizaba expresiones de tipo generalizante como “derecho de búsqueda”, “proximidad a las costas españolas”, “origen de la mercancía”, que no estaban definidos y clarificados. Pero dieron lugar a unas conversaciones entre ambos países. Las conversaciones no sirvieron de nada, pues los delegados se echaron en cara agravios mutuos sobre el bacalao de Terranova, el palo campeche de Honduras, la colonia de Georgia que se expandía hacia el sur, hacia Florida, a costa de territorios españoles, diversas capturas marítimas de uno y otro bando, y represalias tomadas en el pasado. Ni la South Sea Company estaba dispuesta a pagar nada por los incumplimientos de ley hechos en el pasado, ni México o Perú estaban dispuestos a devolver barcos capturados a los ingleses, casi todos de la South Sea Company.

Patiño decidió dilatar las conversaciones, sabiendo que los intereses en América de ambos países eran irreconciliables. La solución al problema pasaba por prescindir de las ambiciones de Isabel de Farnesio en Italia y Patiño no estaba dispuesto a hacerlo.

A lo largo de 1732 se produjo la ruptura de las conversaciones entre Walpole (Gran Bretaña) y Patiño (España).

 

 

Francia decide el acercamiento a España en 1732.

 

El cardenal Fleury entendió el problema español, las contradicciones a que se veía sometida España e inmediatamente pensó en sacar beneficio de ello para Francia.

La más interesada en el cese de los posibles acuerdos entre España e Inglaterra era Francia, pues si España se entendía con Austria y con Gran Bretaña se llegaría a la insólita situación de aislamiento diplomático francés en Europa. Pero esa situación no se produjo porque Austria enseguida rompió con España por causa de los Ducados italianos, y porque Gran Bretaña tenía pretensiones exorbitadas, propias del vencedor sobre el vencido, pues desde Utrecht consideraba a España país vencido que se debía someter a cualquier cosa, como legalizar el comercio clandestino que hacían en América los británicos, y cederle territorios para que ese comercio fuera más fácil. La derrota española de Utrecht había servido a Gran Bretaña para una posición de soberbia ilimitada, personalizada en Walpole.

La ruptura entre España y Austria se produjo en el momento en que España intentó llevar tropas a Italia. Austria puso todo tipo de inconvenientes, tanto de los militares que todavía no había retirado de Italia, como de los funcionarios que tenían que traspasar competencias. Las conversaciones de Viena, gestionadas por Liria, se rompieron y Austria inició preparativos militares.

En esa situación, Walpole debía escoger entre Austria y España, que se disponían a luchar, y aunque no se manifestaba por ninguno, simpatizaba con Austria, que poseía Alemania y le proporcionaba el mercado del Báltico.

Gran Bretaña y España se estaban distanciando progresivamente a partir de la ruptura de conversaciones entre Walpole y Patiño, e inmediatamente, Germain Louis de Chauvelin marqués de Grosbois, ministro de Estado francés, aprovechó la circunstancia para intentar relaciones con España. Ello no era difícil, pues España tenía tan malos reyes como habitualmente: Felipe V e Isabel de Farnesio se creían con todo el derecho de gastar los caudales de España y hacer morir a los soldados de España en la empresa de colocar a sus hijos en los ducados italianos, en Nápoles y en Sicilia.

A Francia le interesaba hacer perder la validez a la Pragmática de Carlos VI de Austria a favor de que heredara su hija María Teresa, de modo que los reyes franceses colocaran a sus hijos y parientes en Alemania y en Austria. Los reyes franceses no eran moralmente distintos a los españoles, ni a los británicos… lo que es preciso tener en cuenta para entender posteriormente la revolución de 1789 en Francia y en Europa entera. Patiño respondió a Francia que España se opondría a la Pragmática si Francia iba a la guerra contra Austria y eso le daba oportunidad a España de conseguir los ducados italianos. Y entonces hubo unas conversaciones entre Francia y España preliminares a una paz en las que se acordó:

Que Francia daría unas garantías para que Carlos de Borbón Farnese tomara posesión de los ducados italianos.

Que ambos países tomarían medidas contra la Pragmática austríaca.

Que ambos lucharían contra los abusos comerciales de Gran Bretaña, abusos que perjudicaban quizás más al comercio francés en América, que a España.

Que Francia haría una declaración de que Gibraltar era español.

Pero en este momento de cambio de aliado español, Gran Bretaña por Francia, Felipe V de España entró en depresión y el posible acuerdo con España quedó en el congelador.

 

 

 

Carlos de Borbón Farnese en Italia.

 

En 1732, Carlos de Borbón Farnese se trasladó a Parma, viajando desde Madrid, 27 de diciembre de 1731, vía Albacete, Valencia, Barcelona y Gerona, hasta Perpiñan y Nimes en Francia. Luego embarcó en Antibes hasta Liorna y llegó a Parma en enero de 1732. Los parmesanos estuvieron contentos de recibir a un Farnesio, que era de una familia italiana, y que hablaba italiano.

De Parma, Carlos de Borbón pasó a Florencia, en donde el Gran Duque Juan Gastón, último de los Médicis, estaba inválido y muy débil. Se esperaba que, a su muerte, le sucediera el propio Carlos. Florencia y el Gran Duque le recibieron bien, y Carlos se quedó siete meses en el Palacio Pitti disfrutando de la alegría italiana que tanto se echaba de menos en Madrid. Volvió a Parma, donde conoció a Bernardo Tanucci, profesor de la Universidad de Pisa, entonces de 33 años, y éste se puso a su servicio en una relación que duraría décadas. En 24 de junio de 1732, Carlos se hizo reconocer oficialmente heredero de Toscana, sin haber recibido del Papa la dispensa papal, ni del emperador la investidura. El 12 de octubre tomó posesión de Parma. El 22 de octubre tomó posesión de Piacenza.

El emperador Carlos VI de Austria se sintió afrentado por esta postura poco reverente de Carlos, que no había pedido la venia ni recibido la investidura. Pero en 1 de febrero de 1733, murió Augusto II de Polonia, y las preocupaciones del emperador fueron otras, la guerra de Polonia, y se olvidó un poco del tema de Carlos de Borbón Farnese.

 

 

1733, Planteamiento de la

Guerra de Sucesión de Polonia.

 

El 1 de febrero de 1733 murió Augusto II de Polonia, y como era ya costumbre en Europa, todos los reyes creían tener derecho a todos los tronos. Era una política monárquica patrimonial carente de toda moral a nuestros ojos del siglo XX, sacrificando cada uno a su pueblo con tal de colocarse ellos mismos o colocar a sus hijos. Bajo este prisma moral se debe entender lo que sucedió en la Guerra de Sucesión de Polonia. España también dijo que un infante español podía ser rey de Polonia, lo cual no tenía ninguna posibilidad de tener éxito ante la voracidad de los reyes de Francia, Prusia y Rusia.

Francia dijo que el trono polaco le correspondía a Estanislao Leszczynski, suegro de Luis XV de Francia. Austria y Rusia creían que la Corona le pertenecía a Federico Augusto Elector de Sajonia, Augusto III, hijo de Augusto II de Polonia. Austria estaba dispuesta a apoyar al Elector de Sajonia si éste reconocía la validez de la Pragmática austríaca. Prusia no quería tampoco a franceses en el este de Europa, y apoyaba a Austria y a Rusia. Inglaterra y Holanda permanecían neutrales en este conflicto, a la espera de obtener sus propias ventajas.

En abril de 1733, los franceses hicieron una intensa campaña diplomática por atraerse a España y le prometieron anular los tratados anteriores que fueran perjudiciales a España, y darle Nápoles y Sicilia a Carlos de Borbón Farnese. Francia daba lo que no era suyo, y no le significaba gran sacrificio. España no confiaba en Francia, entre otras cosas porque las mismas promesas se las estaba haciendo a Cerdeña-Piamonte, Estado gobernado por los Saboya. En esos términos, parecía que el arreglo era que España cediera los ducados a Cerdeña, y recibiera a cambio Nápoles y Sicilia.

En agosto de 1733, el cardenal Fleury temía que España se aliara con Austria y aceptó el proyecto que le presentaba Baltasar Patiño marqués de Castelar.

Austria retiró su ejército de la frontera polaca a petición de Gran Bretaña, lo cual era un paso hacia la paz, pero Rusia llevó su ejército a su frontera polaca, y todo quedó como al principio, con el cambio de Polonia por Rusia como potencia agresora.

El 22 de agosto de 1733, Estanislao Lesczynski dio un golpe de mano y viajó a Varsovia por su cuenta, y 20 días después era coronado rey de Polonia. Las potencias se sintieron indignadas porque la coronación se había hecho sin acuerdo previo entre ellas, sin sacar cada una las ventajas que esperaba, y todas hicieron acuerdos rápidos para conseguir los objetivos que pudiesen.

Federico Augusto de Sajonia (Augusto III) se sentía perjudicado en sus derechos, y buscó como aliados a Austria y Rusia. Tal vez fuera al revés, que Austria y Rusia apoyaran la candidatura de Augusto III para no tener un rey pro-francés en Polonia, justificar su intervención en ese reino y tratar de poner una persona de su clientela.

Era la primera gran crisis del sistema de Utrecht y de la Cuádruple Alianza de 1718. España pensó en la posibilidad de recuperar los territorios europeos perdidos. Francia envió a España al conde de Rottenbourg a pedir a Patiño su apoyo.

 

 

Felipe V en alza psíquica en 1733.

 

En España, Felipe V se reanimó en Semana Santa de 1733, se cambió de ropa y se afeitó, y parecía haber salido de la enfermedad, como le sucedió varias veces cuando estallaba una guerra, abandonó Sevilla y volvió a Madrid, y declaró a Carlos de Borbón Farnese mayor de edad. Inmediatamente pensó en conquistar Nápoles y Sicilia, pero Patiño recomendaba no hacer las cosas por las bravas sino mediante un tratado internacional que asegurara la presencia de España en Italia por largo tiempo. De todos modos, Felipe V ordenó a Patiño levantar un ejército, y éste reclutó 16.000 infantes, 4.000 jinetes, dragones y artillería, y preparó la escuadra que debía llevarlos a Italia.

Isabel de Farnesio tuvo la “ocurrencia” de proponer a su hijo Carlos de Borbón Farnese para rey de Polonia. Sabía que no tenía ninguna esperanza, pero pretendía participar en las discusiones sobre el trono polaco. España negoció con Francia la ayuda que podría prestarle y el resultado de las conversaciones dio lugar al Tratado de El Escorial o Primer Pacto de Familia de 7 de noviembre de 1733.

La guerra tuvo lugar en el Báltico, pero afectó a toda Europa continental.

 

En 1733 murió Baltasar Patiño Rosales, marqués de Castelar, hermano de José Patiño y Secretario de Estado de Guerra.

 

 

La trama de alianzas de Fleury.

 

Francia compuso una trama de alianzas, con Saboya, España y Holanda, que dejaba fuera de juego a Gran Bretaña, lo cual esperaba que le dejara las manos libres en Polonia, Austria a Italia, los tres escenarios en conflicto.

 

Francia- Saboya:

Saboya se apresuró a ponerse del lado franco-español con intención de mantener Cerdeña en sus manos.

En el Tratado de Turín 26 de septiembre de 1733, o Convención Franco Sarda, entre Francia y Cerdeña, se acordó expulsar a Carlos VI de Italia y repartir Italia entre Cerdeña-Piamonte y España, según lo acordado en conversaciones anteriores. Cerdeña-Piamonte recibiría Milán y una gran cantidad de dinero. España recibiría Nápoles, Sicilia y Toscana coronando a Carlos de Borbón Farnese.

Y en octubre de 1733, Francia declaró la guerra a Carlos VI de Austria y ocupó Lorena y la fortaleza de Kehl, uno de los objetivos de Francia y verdadero objetivo de los tratados hechos por Fleury, al tiempo que el ejército de Cerdeña entró en Milán el 3 de noviembre de 1733.

 

Francia – España,

España también quiso estar en la coalición internacional que se preparaba en torno a Francia. Patiño se resistió algún tiempo a emprender una nueva guerra y, previamente, exigió Mantua y una lista de 11 puntos, y sólo cuando Francia los aceptó, firmó con ella el Pacto de El Escorial, Primer Pacto de Familia o Tratado de El Escorial, en 7 de noviembre de 1733:

En la parte pública el tratado, Francia y España se comprometían a luchar juntas contra Carlos VI de Austria, a oponerse a la Pragmática, a oponerse a que el Duque de Lorena fuera Rey de Romanos (heredero de Austria).

Francia se comprometía a garantizar a Carlos de Borbón Farnese los Ducados italianos y las posibles conquistas futuras en Italia (Nápoles y Sicilia), a entregarle a Isabel de Farnesio el capital de los Farnese y el de los Médici, el objetivo al que Isabel había dedicado toda su vida.

España se comprometía a declarar la guerra a Austria y a luchar en Italia, a fin de que Francia tuviese manos libres para intervenir en Polonia.

En la parte pública del tratado, Fleury agradaba a Isabel de Farnesio y comprometía cuestiones muy secundarias para Francia y de corto recorrido.

En la parte privada o secreta del tratado, Francia se comprometía a pedir a Inglaterra la devolución de Gibraltar e incluso a luchar junto a España si ello provocase una guerra. Y Felipe V concedía a Francia privilegios comerciales iguales a los que tenía Inglaterra.

Francia obtenía la libertad de comercio en América, un botín deseado desde que ese privilegio lo tenía Inglaterra, desde 1713. España otorgaría a Francia la cláusula de nación más favorecida en el comercio entre ambos Estados.

Se acordaron los dineros y soldados que cada uno pondría en la guerra que iban a gestionar juntos. Y se declaró que el Tratado o Pacto de El Escorial sería secreto, perpetuo e irrevocable.

En la parte privada, Fleury sacaba para Francia lo más valioso que podía ofrecer España: España obtendría Nápoles para el infante Carlos, y ello la sumiría más en sus contradicciones, pues necesitaría un ejército para mantener esas posiciones en Italia, pero a costa de ganancias del comercio americano.

En conjunto, el rey de España se sentía satisfecho por poder hacer llegar los caudales americanos a España gracias a la protección de Francia, y Francia, más satisfecha de que parte de esos caudales terminara en sus puertos. En efecto, en marzo de 1734 llego a España el “Incendio” procedente de Cartagena de Indias y de Portobelo con tres millones de pesos para los comerciantes particulares y un millón para la Corona; en junio de 1734 llegó la flota de Indias a Cádiz con 12,5 millones de pesos; en agosto de 1734 llegaron cuatro azogues con tres millones de pesos para los comerciantes particulares y dos millones para la Corona. Y España consideró un gran éxito el Pacto de Familia, cuando era todo lo contrario, se salvaba el problema inmediato de transporte desde América, y se perdía mercado con carácter permanente.

Desde el punto de vista contrario, desde Gran Bretaña, el Tratado de El Escorial de 7 de noviembre de 1733 significó un distanciamiento entre España y Gran Bretaña. Pero ni Gran Bretaña, ni España, querían en ese momento la guerra entre ellos, porque querían estar preparados para la Guerra de Sucesión de Polonia, una guerra europea que daría lugar a eventualidades más importantes. Hubo algunos conflictos puntuales entre España y Gran Bretaña, como el de las fronteras entre Georgia y Florida, y como la expulsión de los colonos británicos de Belice (Honduras) en 1733. Pero tampoco España quería una guerra cuando se iba a jugar la posesión de Italia, el objetivo fundamental en la vida de Isabel de Farnesio.

Walpole se limitó a exigir el cumplimiento de la Declaración de Sevilla de 6 de junio de 1731 por la que se les concedía a los británicos libre navegación en América. España decía que el acuerdo no tenía validez si no se cumplía la otra parte del acuerdo, la entrega a España de los ducados italianos. También España y Gran Bretaña habían firmado en 8 de febrero de 1832 una declaración conjunta por la que el rey de España se comprometía a indemnizar a los británicos por los daños y perjuicios que se les había causado en el comercio, siempre que Gran Bretaña retirara las patentes de corso contra España y se dedicara únicamente al comercio lícito y no a proteger el contrabando, pero reservándose Patiño el derecho a reprimir el contrabando en territorio español y americano. El acuerdo no había sido efectivo porque los corsarios berberiscos y argelinos, que vivían a costa de los barcos mercantes españoles, tenían su refugio en Gibraltar. Hay que apostillar que España también había contratado corsarios para atacar a los corsarios, y para registrar todo tipo de barcos que pasaran por el Estrecho de Gibraltar, lo cual molestaba a todos los barcos, pues se registraban todos con vistas a reprimir el contrabando británico, y ello causaba molestias a todos.

Patiño anduvo listo frente a los británicos y sus reclamaciones comerciales sobre América, e incluso las prácticas británicas de contrabando: se le ocurrió devaluar la moneda de oro y plata. La explicación de esta maniobra política era que, en el tema de los esclavos, la devaluación era perjudicial a los británicos pues lo que pagaban los latifundistas latinoamericanos por los esclavos era mucho menos que antes, y los británicos negreros empezaron a perder dinero, y la Compañía del Mar del Sur sufrió una de sus peores crisis, por pérdida de uno de sus negocios. El negocio era importante, pues aunque perdía dinero, daba la oportunidad a los británicos de acercar sus barcos a los puertos de venta de esclavos, lo que les permitía vender otros muchos artículos, que sí daban muchas ganancias.

 

Francia – Holanda.

El 24 de noviembre de 1733, Fleury firmó con Holanda otro Tratado de Neutralidad por el que Holanda no ayudaría a Gran Bretaña en la guerra ni Francia atacaría los Países Bajos Españoles.

 

 

La Guerra de Sucesión de Polonia.

Hechos bélicos, 1734-1738.

 

Francia en la Guerra de Sucesión de Polonia.

Francia atacó a Austria y ganó Lorena en 1733.

Los seguidores de Lesczynski, el candidato francés al trono de Polonia, fueron sitiados en Dantzig por los rusos y austriacos, Lesczynski escapó, pero Dantzig fue tomado el 7 de julio de 1734.

Francia fue a lo suyo y tomó Kehl (el Rhin en Estrasburgo) y Philisbourg (el Rhin 70 kilómetros más arriba de Kehl) el 18 de julio de 1734. Para mala suerte de Francia, murió el general James Fitz-James duque de Berwick de un cañonazo el 12 de junio de 1734.

 

Cerdeña en la Guerra de sucesión de Polonia.

El rey de Cerdeña también iba a lo suyo, la posesión de Italia. Carlos Manuel de Cerdeña duque de Saboya atacó a Austria en Lombardía. El mariscal Claude Louis Hector de Villars murió en 18 de julio de 1734 y fue sustituido por el mariscal François de Franquefort de Coigny, quien venció en San Pietro y Guastalla en 1734.

 

España en la Guerra de Sucesión de Polonia.

España desconfiaba de que Cerdeña le fuera a ceder más tarde algún territorio de Italia, y decidió ir también a lo suyo, separó sus ejércitos de los de Francia y Saboya, que luchaban en el norte, y dirigió sus soldados al sur.

España envió a Nápoles con una escuadra al conde de Clavijo, el cual desembarcó en Antibes con intención de unirse al conde de Montemar, capitán general en Italia, el cual le esperaba en Antibes. Los barcos españoles, tras desembarcar tropas en Antibes, fueron a Liorna y Spezzia, y las tropas españolas fueron sobre Siena al norte y Nápoles al sur.

El 10 de mayo de 1734, Carlos de Borbón, que entonces tenía 18 años, entró en la ciudad de Nápoles y ordenó proclamar rey a Felipe V su padre. Felipe V cedió sus derechos sobre Nápoles y Sicilia a su hijo Carlos y Montemar coronó rey a Carlos VII de Nápoles, hijo mayor de Isabel de Farnesio y futuro Carlos III de España, cuyo nombre era Carlos de Borbón Farnese.

José Carrillo de Albornoz y Montiel[2] conde de Montemar, con el Marques de la Mina por tierra, y el conde de Clavijo por mar, fueron al sur de Italia y en abril de 1734 atacaron a los austríacos en Nápoles, les vencieron en Bitonto el 25 de mayo de 1734, y conquistaron Gaeta y Capua. Luego Montemar se dirigió a Sicilia y conquistó la isla en verano de 1734. En 25 de agosto de 1734, Palermo se entregó a Carlos VII de Nápoles, Carlos de Borbón Farnese. Sicilia se entregó a España, sin lucha, en septiembre de 1734. Los austriacos en general, se retiraron, salvo el marqués de Orsini, el cual resistió a los españoles en Siracusa hasta junio de 1735.

El 9 de marzo de 1735, Carlos de Borbón Farnese, desde ahora Carlos VII de Nápoles, desembarcó en Mesina y puso su residencia en el monasterio del Salvatore. Luego regresó a Nápoles llevando tropas y dinero llegado desde España. Eran unas 1.800.000 piezas de a ocho. Nápoles vio que por una vez alguien llevaba dinero en vez de llevárselo y los napolitanos estaban eufóricos con el nuevo rey. Carlos autorizó el regreso de los judíos y se restableció el comercio que estos ejercían.

Mientras Montealegre y Tanucci pacificaban la región de Nápoles, el rey Carlos y Santisteban embellecieron el palacio del rey, ordenaron construir el Teatro de San Carlo, y años más tarde excavaron Pompeya y Herculano y crearon una fábrica de porcelana en Capodimonte. En Nápoles aparecieron puestos de trabajo.

Carlos VII se casó en 1738, a los 22 años de edad, con la polaca María Amalia Walburga de Sajonia, entonces de 14 años de edad, con claros fines políticos.

El ejército victorioso, compuesto por españoles, franceses y saboyanos, se dirigió a Lombardía, a ayudar a los franceses.

La conquista española de Nápoles y Sicilia colocaban al Papa en una mala situación política, pues los Borbones eran regalistas, e incluso trataban los Estados Pontificios como cosa suya, y se permitían hacer levas de soldados y recogidas de víveres en ellos. El Papa era ninguneado en cuanto a rey temporal de los Estados Pontificios.

 

La guerra en el norte de Italia.

Mientras tanto, François de Franquelot de Coigny y François Marie de Broglie habían atacado y completado la conquista del milanesado, y habían derrotado a los austríacos del conde de Mercy en Parma el 29 de junio de 1734 y en Guastalla el 19 de septiembre de 1734. Ambos fueron declarados “mariscales de Francia”. Mercy murió en combate y fue sustituido en el mando de los ejércitos austríacos por Königsseg.

El conde de Montemar, de España, en la guerra en el norte de Italia, atacó los ducados de Parma, Módena, Lucca y Toscana, esperando quedarse con los ducados. En teoría estaba reforzando al ejército francés y al del español marqués de la Mina que estaba cercando Puerto Hércules. Debía coordinarse con el rey de Cerdeña y con el mariscal francés Noailles, y se reunieron en Parma el 12 de abril y acordaron tomar Mantua y expulsar a los austríacos del valle del Po. Y surgieron discrepancias entre españoles, franceses y saboyanos porque cada uno hacía la guerra por su cuenta, cada uno iba a lo suyo, sin atender a los demás. España exigió que le fuera entregada Mantua, el punto medio entre Milán y Venecia en el valle del Po, lo cual cortaría el avance de Cerdeña hacia el este. Si se hacía con ese objetivo, y ya dominaba la mitad sur de Italia, pensaba quedar como potencia hegemónica en la península itálica.

Luis XV de Francia prometió “apoyo a las exigencias españolas” si España firmaba el Tratado de Turín (o Tratado Franco Sardo) de 26 de septiembre de 1733, hecho entre Francia y Cerdeña, es decir, aceptaba el reparto de Italia de modo que Saboya se quedara con Saboya, Piamonte y el Milanesado. Pero España quería más territorios y, sobre todo, estar presente en el Po. Francia y Cerdeña no aceptaban las pretensiones españolas.

Gran Bretaña aprovechó las discrepancias, para ofrecerse como mediador, pero exigía respeto al imperio austríaco y seguridad plena de sus propias ganancias territoriales y de privilegios obtenidos en Utrecht. Francia aceptó conversaciones con Gran Bretaña, naturalmente en secreto, y éstas tuvieron lugar en La Haya. Francia ofreció colocar a Estanislao Lesczynski en Lorena.

España supo de las conversaciones Francia- Gran Bretaña, y decidió abrir por su cuenta conversaciones con Gran Bretaña, que se celebraron en Londres. España pedía la neutralidad británica. El diálogo fracasó a fines de 1734 porque Gran Bretaña veía que no obtenía nada positivo para sí de estas conversaciones con España.

En febrero de 1735, Walpole se dio cuenta de que tenía una baza importante que jugar, pues todos los contendientes estaban hablando con él, y propuso un plan de paz, en el que se respetaba la integridad del Imperio Austríaco. Francia asintió. España discrepó. España atacó la colonia de Sacramento en el Estuario de El Plata, rompiendo con ello el Tratado de Utrecht, pero que era un nido de corsarios y contrabandistas británicos y brasileños, vendiendo mercancías británicas. Y entonces se temieron que España atacaría Portugal, y decidieron protegerlo enviando escuadras francesas y británicas a Lisboa y a Cádiz. No hubo ataque español a Portugal.

En junio de 1735, ciertamente estaban reunidos en el norte de Italia los ejércitos francés, sardo y español, pero más bien discutiendo entre ellos. Carlos Manuel III de Saboya dijo que no atacaría Mantua si España firmaba el Tratado de Turín, es decir, si España reconocía que el Milanesado era de Saboya-Cerdeña.

 

En otoño de 1735, Gran Bretaña volvió a ofrecer un armisticio y la convocatoria de un Congreso de Paz. Francia y Saboya-Cerdeña dijeron que, previamente a ese Congreso, se debía resolver el tema de Estanislao Lesczynski, coronado rey de Polonia, pero no aceptado por Austria ni Rusia, y expulsado de Polonia por estas potencias. En ese momento, el ambiente europeo era de que iba a haber un nuevo reparto de territorios, como en Utrecht, y Holanda decidió entrar en guerra y participar en el reparto.

Gran Bretaña apareció como el árbitro de un conflicto en el que no había participado, e inició conversaciones por separado con Francia, con España y con el resto de combatientes, en La Haya.

Por su parte, Francia decidió iniciar conversaciones con Austria, al margen de los demás, dado que España se mostraba tozuda en sus reivindicaciones y no se podía negociar con ella. Austria veía en peligro sus posesiones italianas y quería una paz, Francia no podía soportar tantos gastos de guerra y también quería un acuerdo de paz, y sólo Carlos de Borbón Farnese quería la guerra a fin de poseer Mantua.

Francia y Austria alcanzaron los Preliminares de Paz de Viena.

Lesczynski debía renunciar al reino de Polonia, y se le compensaría con el reino sobre el ducado Lorena y el ducado de Bar-le Duc (a mitad de camino entre Reims y Nançy). A la muerte de Lesczynski, ambos territorios pasarían a Francia, que cumplía así con el objetivo que se había propuesto al entrar en guerra, aunque dilatándolo en el tiempo.

El duque Francisco Esteban de Lorena, desplazado de Lorena, y que era el prometido de María Teresa heredera de Austria, pasaría a poseer la Toscana, además de ser consorte de la emperatriz.

Carlos de Borbón Farnese reinaría en Dos Sicilias (Nápoles y Sicilia) y en los presidios de Toscana, pero debería abandonar Parma y Piacenza.

Carlos Manuel III de Cerdeña tendría el este y centro del milanesado.

Francia reconocería la validez de la Pragmática Sanción austríaca, es decir, el derecho a heredar a la archiduquesa María Teresa de Austria.

María Teresa de Austria se casaría con el duque Francisco Esteban de Lorena.

El 12 de octubre de 1735, España rompió con Cerdeña –Saboya, en un intento desesperado de forzar la situación en su favor, pero ya todo estaba decidido en Viena:

El 30 de enero de 1736, en la llamada Declaración de Viena, Austria y Francia exigieron la evacuación de los Ducados por las tropas. Pero el asunto no era de fácil solución pues Carlos VI de Austria se negaba a entregar Lorena a Francia, mientras Francisco Esteban de Lorena no ocupase realmente la Toscana que le habían prometido, lo cual era imposible, porque el acuerdo estaba condicionado a que muriera el Gran Duque de Toscana. Pero Francisco Esteban de Lorena ya se había casado con María Teresa de Austria, y ello le parecía a Francia suficiente motivo como para que abandonase Lorena.

El 13 de abril de 1736, Francia y Austria llegaron a un acuerdo de más calado en la llamada Convención de Viena: Estanislao Lesczynsky debía tomar posesión de Lorena, y España debía abandonar de una vez los Ducados, y renunciar a sus aspiraciones a territorios en el Po y a la Toscana.

España no estaba dispuesta a aceptar los Preliminares de Paz de Viena, porque perdía en sus pretensiones, perdía Toscana, Parma, Piacenza y sus aspiraciones a Mantua, e Isabel de Farnesio perdía la fortuna y los territorios de los Farnese y los Médici, objetivo al que estaba dedicando toda su vida. Pero se quedó sola en las negociaciones, y acabó aceptando la retirada a última hora, ya en 18 de mayo de 1736.

Para entonces, Francia estaba cansada de la guerra y se retiró de Italia. Manifestó que no intervendría si se producía un ataque de Austria contra el ejército español. España se sorprendió y pidió explicaciones a Francia. No obtuvo respuesta. Felipe V ordenó que España no abandonara Lombardía.

Cuando España atacaba, Saboya también se retiró, dejando al descubierto al ejército español. Coigny fue sustituido por Noailles. Noailles tuvo el gesto de proteger una retirada del ejército español, evitando un posible desastre. Los españoles salieron con bien del valle del Po, por casualidad.

 

España parecía el gran perdedor, aunque recibiría Nápoles y Sicilia, cuando en 18 de mayo de 1736 se adhirió a los Preliminares de Viena, pues perdía Parma, Piacenza y Guastalla, que eran aspiraciones españolas, y no había conquistado Milán. El marqués de Montemar, conquistador de Italia, tenía razones para sentirse molesto, por el hecho de que unas negociaciones anularan lo conseguido con tanto esfuerzo militar, pero se le ordenó suspender hostilidades.

Felipe V de España no había aceptado los Preliminares de Paz de Viena, pero tampoco se había negado a aceptarlos. A última hora, Patiño trató de enfrentar a Francia contra Austria, pero no lo consiguió. Entonces exigió de Gran Bretaña, que se cumplieran efectivamente los acuerdos de los Preliminares de Paz de Viena, es decir, que se le reconociera a Carlos de Borbón Farnese el Reino de dos Sicilias.

El 4 de agosto de 1736 el emperador de Austria hizo la Declaración de Compiegne, pidiendo conversaciones con España, para hablar de los bienes patrimoniales de los Farnese, y se ofrecía a hablar aunque España no hubiera reconocido todavía la Pragmática. El 28 de agosto, el emperador hizo una Declaración de Viena aceptando a Estanislao Lesczynski como rey de Lorena. Con ello, Francia y Austria llegaban a la paz.

A partir de 5 de enero de 1737 se decidió dar por terminado el asunto en disputa en la Guerra de Sucesión de Polonia: el 9 de enero se retiró el ejército español de Lombardía. El 8 de febrero, Francia entró en Lorena. El 14 de febrero, España envió a Austria un embajador estableciendo relaciones directas.

Pero quedaban todavía desacuerdos, como que España no aceptaba que la fortuna de los Farnese y los Médici fuera para Francisco Esteban de Lorena, el esposo de la futura emperatriz, y que Francia no aceptaba que Carlos de Borbón Farnese se casara con la archiduquesa Ana María, aspirando de alguna manera a territorios de Austria.

El 9 de julio de 1737 murió el Gran Duque de Toscana, Juan Gastón de Médici, uno de los centros de la disputa de la guerra, y los bienes de los Médici fueron entregados a Francisco Esteban de Lorena. Isabel de Farnesio entró en cólera. El cardenal francés Fleury, trató de calmarla diciendo que intermediaría en ello, pero no tenía ninguna intención de hacerlo, porque los hechos solucionaban gran parte de las aspiraciones de Francia y de Austria. Carlos de Borbón Farnese se casó con María Amalia de Sajonia, nieta del difunto emperador José I, en 9 de mayo de 1738, seguramente buscando acercarse al trono de Austria.

La paz se conseguiría en noviembre de 1738 por el Tratado de Viena.

 

 

[1] En 1738 habrá un nuevo Tratado de Viena.

 

 

[2] José Carrillo de Albornoz y Montiel, 1671-1747, conde de Montemar 1707-1747, duque de Montemar 1735-1747, coronel de las Reales Guardias de Infantería Española,, fue nombrado Capitán General de los ejércitos españoles en 1731 y estuvo en la conquista de Orán de 1732, pasando al ejército de Italia en 1734. En 1735 sería nombrado duque de Montemar. En 1737 fue Secretario de Despacho de Guerra.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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