LUIS I

 

 

 

Luis I, enero 1724- agosto 1724.

 

El 10 de enero de 1724 abdicó Felipe V y entró a reinar Luis I, de 17 años de edad. Era un niño alto, rubio, de tez blanca, sin educación para gobernar. Tenía 17 años cuando subió al trono, y no estaba preparado para ello, lo cual nos sugiere que había algo en la política de ese momento, que impulsaba al rey a abdicar, algo más que una depresión del rey Felipe V. en Europa pensaban esto mismo.

La coronación tuvo lugar el 15 de enero. Luis I y Luisa Isabel eran dos niños de 17 y 14 años, que jugaban a gobernar un país.

Luis I de Borbón y Saboya, 1707-1724, era hijo de Felipe V de Borbón y de María Luisa de Saboya. En 1722 se había casado con Luisa Isabel de Orleans princesa de Montpensier, hija de Felipe duque de Orleans, el Regente de Francia. Luis I no tenía personalidad alguna, ni le preocupaba lo más mínimo el Gobierno de España. Felipe V le eligió Secretarios de Estado y Despacho adecuados para seguir gobernando él, desde La Granja. De hecho había en España en esos meses del reinado de Luis I dos Cortes y dos Gobiernos, pero dominaba el de La Granja de San Ildefonso sobre el de Madrid. Luis I se alegró mucho de ser rey, pero tenía 17 años y era poco maduro. A la hora de gobernar se encontró en verdaderos aprietos y no sabía cómo salir de ellos.

Luisa Isabel de Orleans, princesa de Montpensier, 1709-1742, hija de Felipe duque de Orleans y de María Luisa de Borbón (hija de Luis XIV) llegó a Madrid en 1722 con 13 años de edad y empezó a vivir con Luis a los catorce años. Daba espectáculos bochornosos en palacio pidiendo todo tipo de caprichos frívolos y extravagantes. Algunos días le dio por ir por los pasillos de Palacio en camisón, sin nada más encima, lo que en aquel tiempo era un escándalo y se hablaba de que la reina salía a los pasillos semidesnuda. También se emborrachaba y decía barbaridades de Luis I. De hecho, Felipe V e Isabel de Farnesio tuvieron que intervenir y reprender a Luisa Isabel, y Luis I decidió encerrar a su mujer unos días en el Alcázar Real de Madrid.

 

 

La Corte de Luis I.

 

El rey Luis I era demasiado ligero en la toma de decisiones y cometía frecuentes errores. Luis I hacía tonterías propias de un adolescente, como salir de noche a robar fruta en las huertas de Madrid y otras travesuras.

Luis I había sido captado por un grupo de nobles que se denominaban el “partido español” o “partido castizo”, partidario de eliminar a los extranjeros del poder y de mantener los privilegios nobiliarios y el orden de Gobierno de los Austrias. El Partido Español hizo una gran campaña de propaganda de las bondades del nuevo rey, falsa como casi todas estas campañas de imagen, pero pronto el comportamiento del rey, y el de su esposa, les dejaron en ridículo, pues los viejos valores de formas sociales de comportamiento y de sobriedad en el gasto, fueron atropellados por los nuevos reyes. El Partido Español lo intentaría en adelante con todos los príncipes españoles del XVIII, una y otra vez, hasta su fracaso definitivo con Fernando VII en 1807.

El Secretario de Estado y Despacho de Estado era José de Grimaldo y Gutiérrez Solórzano, pero la Secretaría la gestionaba Orendáin, hasta ese momento protegido de Grimaldo.

El Secretario de Despacho de Justicia y Gobierno Político era José Rodrigo Villalpando.

El Secretario de Despacho de Guerra era Baltasar Patiño Rosales marqués de Castelar.

El Secretario de Despacho de Marina e Indias era Antonio Sopeña (que sustituía a Andrés del Pez Malzárraga, muerto en 1723).

El Secretario de Despacho de Hacienda hasta 24 de enero fue Juan de Dios del Río González marqués de Campoflorido, y a partir de esa fecha Fernando Verdes Montenegro, hasta 4 de septiembre de 1724.

El Gobernador del Consejo de Hacienda era Juan Blasco de Orozco.

La autoridad de José de Grimaldo y Gutiérrez Solórzano estaba en teoría por encima de la de la Junta Asesora pero, de hecho, ello sólo se hacía posible a través de Orendáin.

En esta etapa, ni Orendáin, ni Grimaldo ejercían poder absoluto, pues ambos se necesitaban. Pero cuando Orendáin despachó directamente con la Junta de Consejeros de Gobierno, o Junta Asesora, empezó a concebir un estilo cercano al poder absoluto, pues podía anular a los Secretarios de Despacho de Grimaldo.

 

 

La Corte de Felipe V.

 

En la Granja de San Ildefonso estaban Felipe V, Isabel Farnese y José de Grimaldo, y desde allí se manejaba, desde 24 de enero, un Gobierno en forma de Junta de Consejeros de Gobierno, Junta Asesora, Consejo Asesor, o Junta de Gabinete, pues de todos esos modos la he visto citada en diversas publicaciones.

Estaba presidida por el Luis Félix de Mirabal y Espínola Marqués de Mirabal, Presidente del Consejo de Castilla, quien además se encargaba de los asuntos de Hacienda y de los asuntos de Francia.

Otros integrantes de la Junta de Consejeros de Gobierno:

Padre Ramos, procurador general de los jesuitas en Castilla la Vieja, era el confesor de Mirabal.

Juan Bautista Orendáin Azpilicueta[1] era Secretario de la Junta de Consejeros de Gobierno. Orendáin era un hombre de Grimaldo en La Granja.

Los asuntos de Moscovia y Parma, los gestionaba Miguel Guerra, antiguo presidente del Consejo de Castilla y del Consejo de Hacienda.

Los asuntos de El Vaticano los gestionaba Baltasar de Zúñiga y Guzmán[2] marqués de Valero, antiguo virrey de México, Presidente del Consejo de Indias.

Los asuntos de Inglaterra y Holanda, los gestionaba Jean François Nicolás de Bette marqués de Lede, el cual era francófilo, Grande de España, caballero del Toisón de Oro.

Los asuntos de Portugal los gestionaba Juan Camargo, obispo de Pamplona e Inquisidor General.

Las negociaciones de Cambray las gestionaba Manuel de Benavides y Aragón[3], conde de Santisteban del Puerto, quien por sus ocupaciones, estuvo fuera de España todo el tiempo.

Los asuntos de Venecia los gestionaba el arzobispo de Toledo e Inquisidor General Diego de Astorga Céspedes. Era favorable a los jesuitas.

Miguel Francisco Guerra actuaba como confidente de Isabel de Farnesio, era Gobernador del Consejo de Hacienda, consejero del Consejo de Castilla, consejero de Estado.

 

Luis Félix de Mirabal y Espínola[4], I marqués de Miravall, fue Presidente del Consejo de Castilla en 1716-1724. Se le consideraba el líder del Partido Español, es decir, de la Alta Nobleza españolista. Los “castizos” se oponían a las reformas que habían traído los franceses, y eran partidarios de bajar los impuestos, lo que se traducía en mantener el poder de los nobles y rebajarles los impuestos, además de otorgarles los negocios de arrendamientos de rentas provinciales y generales que tantas ganancias les dejaban. Entre las reformas que se proponían anular, estaba la demanda de reducir el ejército a niveles anteriores a la guerra. También se proponían reducir los gastos de la Corte, tales como acortar las largas festividades de casamiento de los infantes, eliminar los cuerpos de guardia de los infantes, acabar con las obras de Balsaín (Palacio de La Granja) y cerrar astilleros. Mirabal se mostró como hombre de escaso talento al lado de la personalidad de Grimaldo.

 

Los nobles y altos funcionarios de la Junta de Consejeros de Gobierno dieron en negociar las cosas con los reyes padres, en La Granja. Era notorio que se gobernaba desde La Granja. En general, se quejaban de que se gastaba mucho en el Palacio de la Granja, donde se estaban haciendo reformas importantes, y también en el despilfarro que hacían los infantes. Luis I dijo a sus padres que debían cambiar su actitud de control, pero sus padres se impusieron, y fue él quien cambió de actitud. El partido español o castizo quedó muy decepcionado con ello, hasta el punto de que algunos nobles empezaron a criticar a Luis I, su hombre. El marqués de Mirabal siempre se mostró fiel a Luis, a pesar de ser líder entre los “castizos”. Las críticas iban tanto a Felipe V, el hombre que entregaba cargos a franceses e italianos, y quería cambiar las leyes e instituciones españolas, como a Luis I que no tenía personalidad ni compostura, y se extendían a Orendáin, jefe del Gobierno de Madrid, y a Grimaldo, jefe del Gobierno de La Granja.

La muerte de Luis I se produciría siete meses y medio después de ser coronado, el 31 de agosto de 1724. La situación de doble Gobierno perduró hasta ese mismo día.

 

 

Política exterior en 1724.

 

Las negociaciones de Cambray continuaban, y en 1724 no hubo resultado alguno.

El emperador de Austria, en este año de 1724, perdió mucho prestigio, pues desde 19 de diciembre de 1722 se comprobó que su mayor interés no era la paz en Europa ni el interés de Austria-Alemania, sino la Compañía de Ostende, una compañía comercial de su propiedad que lo mismo podía comerciar en las Indias Orientales, haciendo la competencia a Inglaterra y Holanda y sus respectivas Compañías de las Indias Orientales, que quedarse con el asiento de negros de las Indias Occidentales, arrebatándoselo a Francia e Inglaterra, que se peleaban por ello.

España se decepcionó con las negociaciones de Cambray, porque los ingleses y franceses dilataban las conversaciones para no tener que tomar decisión alguna que les perjudicase, y España abandonó la Cuádruple Alianza y empezó a negociar un pacto con Austria por separado, que no se completaría hasta 1725. Los temas que se discutían con Austria eran el apoyo que España podía dar a la Compañía de Ostende, y los matrimonios de los infantes españoles con archiduquesas austríacas.

Carlos VI de Austria ponía su mayor empeño en que se reconociera la validez de una Pragmática Sanción que él había dictado, y que permitiría gobernar el Imperio a su hija María Teresa de Austria, gracias a que habilitaba a gobernar a las mujeres. En 1703, el emperador Leopoldo I había decretado que, en ausencia de varón, heredasen las hijas de José (Emperador José I) con preferencia a las hijas de Carlos (emperador Carlos VI). En Abril de 1711 murió José I sin hijos varones, y le heredó su hermano Carlos. En 1716 murió el único hijo varón de Carlos VI, y el emperador se sintió obligado a dictar una Pragmática Sanción para que heredaran sus hijas, exigiendo al mismo tiempo que las hijas de José I renunciaran al trono. Federico Augusto de Sajonia, esposo de María Josefa de Austria, la hija mayor de José I, aceptó la Pragmática de Carlos VI en 1733, renunciando así al trono del imperio, pero a cambio de que el emperador le ayudara en la Guerra de Sucesión de Polonia (se convertiría en Augusto III de Polonia en 1733). Carlos Alberto de Baviera, hijo de María Amelia de Austria, segunda hija de José I, se negó a aceptar la Pragmática. A la muerte del emperador Carlos VI, en 20 de octubre de 1740, el conflicto dinástico daría lugar a una terrible guerra. Carlos Alberto de Baviera se coronaría rey de Bohemia en 1741 y emperador del S.I.R.G. en 1742-1745 con el nombre de Carlos VII.

 

Carlos III de Toscana aprovechó el momento de desconcierto internacional para reclamar como su sucesora a su hermana Ana María, viuda del Elector del Palatinado, lo cual desbarataba los planes austríacos y españoles.

 

Otro campo de especulación en política internacional era la Corona de Francia. Se decía que Luis XV podía morir en cualquier momento, pues le consideraban débil de salud. De hecho, aun siendo declarado mayor de edad en febrero de 1723, siguió rigiendo Francia Felipe duque de Orleans aunque con distinto título, antes como Regente y a partir de esa fecha como Ministro de Estado.

En 2 de diciembre de 1723 murió el duque de Orleans y fue sustituido por el duque de Borbón.

En Francia pensaban romper la palabra de matrimonio dada a María Ana Victoria, demasiado niña, para casar pronto a Luis XV con otra que le diera un sucesor.

De Francia llegaban a la Granja de San Ildefonso continuamente mensajes para que Felipe V se proclamara rey de Francia. Y por otra parte le llegaban noticias del mal comportamiento de Luisa Isabel, la reina de España, que también decía que tenía derechos al trono de Francia.

 

 

Malfuncionamiento del Gobierno de Luis I.

 

La existencia de dos Gobiernos en España, uno en La Granja y otro en Madrid, era muy complicada de gestionar.

El mariscal Tessé, antiguo colaborador de Mirabal, desde el primer momento intrigaba ante Luis I y Felipe V, pidiendo la destitución de Mirabal. Tessé estaba desorientado ante la dualidad de Gobiernos, que jugaban con él. El “partido español” logró echar a Tessé.

La Junta de Consejeros del Gobierno funcionó normalmente hasta mayo de 1724, momento en que empezaron los problemas, y hubo tensiones dentro de la misma.

El 15 de agosto Luis I enfermó de viruela e inmediatamente se supo que iba a morir. Luisa Isabel, le reina se asustó por segunda vez en su vida. La primera había sido al conocer la muerte de su padre, en diciembre de 1723. Sólo ocho meses más tarde estaba a punto de morir su marido y dejaría de ser reina. Y de repente se volvió prudente, educada y respetuosa, pero a aquella niña de 15 años que había sido tan malvada en meses anteriores, ya no la hizo caso nadie. Ya no era la hija del Regente de Francia, y pronto dejaría de ser la reina de España y era una persona que no interesaba a nadie.

Luis I murió en 31 de agosto de 1724, jueves, a las 2,30 horas de la mañana, a los 17 años de edad. Hubo algún problema sobre su muerte, y Melchor de Macanaz se empeñó en conocerlo, pues tres días antes, el médico Cervi, un parmesano traído por los italianos, la Laura Pescatori, el marqués de Scotti y Domingo Guerra el confesor de Isabel de Farnesio le habían dado una bebida que, a las pocas horas le produjo fiebre muy alta, a consecuencia de la cual murió el rey. Y los cirujanos que embalsamaron el cadáver del rey, enfermaron de las manos. El doctor Plantanca canónigo de Palermo, y José Caraccioli presbítero de Palermo, dijeron que había habido homicidio. Pero se abandonó el tema.

 

 

El problema de la sucesión de Luis I.

 

En cuanto a la sucesión de Luis I, se pensó en una solución de emergencia, casando al infante Fernando, Príncipe de Asturias, con Luisa Isabel, viuda de Luis I, pero Fernando, no estaba decidido a casarse con ella. Así que Luisa Isabel fue devuelta a Francia en 1725.

Felipe V e Isabel de Farnesio se presentaron en Madrid el 1 de septiembre, al día siguiente del fallecimiento de su hijo.

La sucesión en el infante Fernando, lo más legal en el momento, requería ir a una regencia, pues tenía 11 años de edad. El Consejo de Castilla manifestó que de ninguna manera quería una regencia.

Entonces se llamó a una junta de teólogos y al Consejo de Castilla para que aconsejasen lo que se debía hacer. Los teólogos manifestaron que el acta de abdicación de Felipe V decía que a la muerte de Luis el heredero era su hermano Fernando. Como Fernando era menor de edad, lo legal era un Consejo de Regencia.

Isabel de Farnesio deseaba que Felipe V reinara de nuevo, y si la Junta de Teólogos dictaminaba que ello no podía ser, les pedía que declararan a Felipe V Regente de España y proponía gobernar desde San Ildefonso como se venía haciendo de hecho.

La Junta de Teólogos dictaminó algo bastante corriente en la política cuando quiere salir de atolladeros, negar la base del problema: que la renuncia de Felipe V no había sido válida porque Luis no había tenido la edad necesaria para reinar, y por tanto, Felipe V seguía siendo rey. Como Isabel de Farnesio, Grimaldo y el Nuncio del Papa querían que volviese Felipe V, hubo acuerdo. Sólo se oponía a la vuelta de Felipe V el “partido español” de Mirabal. La reina envió la decisión de la Junta de Teólogos al nuncio Aldobrandini, para que éste se la pasase a Felipe y le convenciera, y así sucedió. El 7 de septiembre aceptó ser rey. El nuncio y el Consejo de Castilla, preferían la vuelta de Felipe V, y afirmaron que la renuncia no había sido válida.

Se procedió entonces en ilegalidad, según el autoacordado de 1713, pues Felipe V no era el heredero, sino Fernando VI. Felipe V, una vez que había abdicado en enero de 1724, había perdido algunos derechos sobre la Corona, pues la legitimidad dinástica pasaba por Fernando de Borbón Saboya, hermano del rey muerto. Además, Felipe V debería haber sido incapacitado por enfermedad mental. El problema era que Fernando tenía 11 años de edad y ello daba lugar a una Regencia. Había que escoger entre la Regencia y la vuelta de Felipe V.

 

Isabel de Farnesio hizo una depuración de políticos, apartando del Gobierno en octubre de 1724 a todos los que se oponían a la vuelta de Felipe V: el marqués de Mirabal[5], Presidente del Consejo de Castilla, fue sustituido por Juan de Herrera; el marqués de Montenegro, Secretario e Intendente de Hacienda, fue cesado y encarcelado; el marqués de Lede, Secretario de Despacho de Luis I, fue cesado con reprimenda pública por escándalos habidos durante el reinado de Luis I; el padre Ramos, de la Junta de Teólogos, cesado;; el padre Bermúdez, Confesor del rey, fue sustituido por Robinet; Grimaldo fue apartado de sus funciones. Se hizo una depuración de funcionarios, teólogos, consejeros, sacerdotes… y en general de todos los que se habían manifestado de alguna manera contra Felipe V en el último año.

El nuevo Gobierno de Felipe V daba un giro espectacular respecto al de Luis I. El triunfador era Tessé, el embajador francés. El “partido español”, los Grandes de España, que había apostado por Luis I, fue eliminado de los puestos del Gobierno poco a poco, en una labor callada pero eficaz. Los Grandes del “partido español”, en estos momentos llamado “partido fernandino”, volvieron a la oposición, porque opinaron que el heredero era Fernando.

 

Ruptura de los pactos con Francia: También se cancelaron los matrimonios pactados con Francia, haciendo público que Francia nunca había pagado la dote de la reina Luisa Isabel de Orleans, y por tanto se la devolvía a Francia. La reacción en Francia, tras la sorpresa española, fue enviar a España a la infanta María Ana Victoria, que entonces tenía 7 años y ya llevaba cuatros años en Francia. El 9 de marzo de 1724, Luis XV hizo oficial el rechazo de la infanta española. El Duque de Borbón, nuevo Primer Ministro de Francia desde 1723 fue el que decidió la expulsión de la infanta española, alegando que Luis XV tenía una salud débil y debía tener sucesión cuanto antes (se casó con María Leszczynska, hija del rey de Polonia). En represalia, España expulsó de su territorio al embajador francés, abate Livry, y a muchos ciudadanos franceses que residían en diversas ciudades españolas, armándose un buen revuelo. También ordenó España regresar de Francia al embajador español y a los cónsules que residían en ciudades francesas. Igualmente la novia francesa que debía casarse con el infante Carlos, mademoiselle de Beaujolais, fue enviada a Francia. Y la propia reina, Luisa Isabel de Orleans, fue puesta en la frontera española. Murió en 1743 en París.

 

Felipe V volvió a ser rey en septiembre de 1724. El 6 de septiembre de 1724, Felipe V firmó un decreto por el que se proclamaba rey a sí mismo “sacrificando su bienestar personal a la felicidad de sus súbditos”.

 

Felipe V ordenó convocar Cortes para el 25 de noviembre de 1724, y así solucionó las discusiones, pues todo lo decidirían las Cortes. Pensaba coronar al príncipe Fernando. Felipe V se negaba a volver a coronarse, pero el embajador francés Tessé exigía que volviera a ser rey, y la reina Isabel de Farnesio le suplicaba que aceptara la Corona. La recuperación del trono de España no era buena noticia para Felipe V, que siempre había aspirado al trono de Francia, y la muerte de su hijo se lo impedía, debido a lo firmado en Utrecht 1713. El hecho lo expresaron los contemporáneos como que Felipe V había entrado en una gran depresión personal.

Las tensiones de la Corte se centraban en que Grimaldo era anglófilo, y René Froulay de Tessé era francófilo. Orendáin, por sugerencia de la reina, atacó a su protector, Grimaldo, pero no pudo controlar el poder.

Las Cortes fueron convocadas con representantes de Castilla y de la Corona de Aragón, pues se consideraba que ya todos eran un solo reino.

Se intentó recomponer la legalidad el 25 de noviembre de 1724 jurando como príncipe de Asturias a Fernando de Borbón (futuro Fernando VI). Las Cortes se reunieron en San Jerónimo acudiendo procuradores de todo el reino, incluido Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca. Y el rey, tras la jura, despidió a los procuradores sin dejarles hablar. Al jurar a Fernando VI como heredero habían reconocido implícitamente a Felipe V como rey.

Fernando de Borbón Saboya, era el cuarto hijo de la ya difunta María Luisa Gabriela de Saboya, pero el único hijo vivo de esta reina en ese momento.

 

 

Conclusiones.

 

El acontecimiento del reinado de Luis I deja en evidencia que España era un reino poco firme, una monarquía poco estabilizada que podía ser manejada desde ámbitos externos como el embajador francés René de Froulay de Tessé[6], los reyes padres Felipe V e Isabel de Farnesio desde La Granja de San Ildefonso, los grandes políticos como José de Grimaldo y Juan Bautista Orendáin. En esas condiciones, los Consejos de Castilla, de Aragón, y otros, dominados por la nobleza, también pretendían sus propias parcelas de Gobierno. Orry había visto en 1701 la necesidad de cambiar este estado de cosas y había propuesto las Secretarías de Despacho y en 23 de diciembre de 1713 intentó acabar con los Consejos e imponer los Intendentes, pero la realidad se resistía a cambiar.

 

 

Política social e ideas económicas

en la España de 1724.

 

España tenía una cultura social y económica muy atrasada, más bien propia de los siglos precedentes. En ello no era muy diferente de lo que estaba ocurriendo en Inglaterra y Francia:

En 1724, el sacerdote Francisco Piquer creó en Madrid el “Sacro y Real Monte de Piedad de las Ánimas del Purgatorio de Madrid” con el fin de recaudar limosnas destinadas a misas para los difuntos, es decir, dinero para la Iglesia. La iniciativa gustó mucho entre el clero, que abriría muchos otros centros denominados montes de piedad (montes píos), arcas de limosnas, arcas de misericordia, pósitos, montepíos de previsión social… Aparecieron en 1734 en Granada, 1738 en Zaragoza, 1750 en Jaén, 1751 en Barcelona… Estos montepíos de principios del XVIII, no se deben confundir con los montepíos de a partir de 1761, que ya serán montepíos de socorro mutuo entre militares, marinos, funcionarios, comerciantes para casos de enfermedad, vejez, viudedad y orfandad. La gran diferencia es que en vez de una gestión religiosa, serán las asociaciones profesionales las que decidan el fin de los fondos y la cuantía de las cuotas, que son obligatorias. La existencia de los montepíos profesionales no anuló la persistencia de los montepíos religiosos, casi siempre bajo la forma de cofradías de santos, vírgenes, cristos… que persisten hasta hoy.

 

En 1724 se publicó Theorica y Práctica de Comercio y Marina, de Gerónimo de Uztáriz[7]. Defendía el mercantilismo. Uztáriz es un mercantilista puro, cuyas ideas eran que había que vender más de lo que se compraba y, para ello, había que suprimir todo tipo de obstáculos al comercio interior para rebajar los costes de los intercambios interiores a fin de fomentar las manufacturas y poder exportarlas. Al tiempo, había que limitar la entrada de productos extranjeros y poner gravámenes a esas mercancías. La obra de Uztáriz fue prohibida, pero fue muy leída en España, y luego, en 1742 fue reeditada bajo la protección de Felipe V con gran éxito internacional. Las razones de la prohibición hemos de buscarlas en que exponía unas causas del atraso del comercio español y los medios para desarrollar este comercio. Y decía que las causas eran las excesivas exenciones tributarias de la nobleza y el clero, lo cual repercutía en que los burgueses y labradores tuvieran que tributar más de lo conveniente, puesto que el monto total a tributar era una cantidad fija y predeterminada a repartir en cada territorio.

Uztáriz publicó unos cálculos de población española en las siguientes cifras: España tendría 5.700.000 habitantes, distribuidos entre Aragón 376.000; Asturias 152.000; Ávila 50.000; Burgos 246.000; Cataluña 516.000; Córdoba 196.000; Cuenca 203.000; Extremadura 301.000; Galicia 593.000; Granada 393.000; Guadalajara 84.000; Jaén 150.000; León 142.000; Madrid 188.000; islas de Mallorca 105.000; Murcia 152.000; Navarra 179.000; Palencia 72.000; Salamanca 92.000; Segovia 83.000; Sevilla 409.000; Soria 90.000; Toledo 214.000; Valencia 318.000; Valladolid 154.000; y Zamora 36.000 habitantes.

Creemos que los datos de Uztáriz no son fiables y los errores son de hasta un 50% sobre lo que debía ser la realidad, pero nos sirven para darlos una idea de la distribución regional de la población española que, en realidad, debía estar por los siete u ocho millones de habitantes.

 

Las reformas en agricultura y hacienda que se trataban de difundir en tiempos de Uztáriz no fueron aceptadas. Ambas reformas estaban íntimamente ligadas pues casi la totalidad de la economía era agricultura. El español era un individuo tradicionalista y prefería mantener los cultivos, métodos y usos de las fincas como siempre se había hecho. El problema de los cambios es que las soluciones propuestas eran peores que los males que se estaban padeciendo, y entonces se prefería el tradicionalismo.

 

En este ambiente de malas prácticas de Gobierno, los intendentes fueron suprimidos en 1724 en las ciudades que no tuvieran tropas estacionadas en sus cercanías, pues no se consideraban necesarios. Quedaron sólo como funcionarios militares. En 1749 se retomaría la idea del intendente. La reiteración en la idea de imponer Intendentes y el fracaso sucesivo en imponerlos, refleja un mal que España no estaba preparada para superar, la errónea concepción del Estado como patrimonio de los reyes, lo que llevaba a recaudar para satisfacer caprichos bélicos en guerras para colocar a sus hijos, que no para defender los intereses de los españoles.

 

 

[1] Juan Bautista de Orendáin Azpilicueta, 1683-1734, marqués de la Paz era el hombre que venía sucediendo a Grimaldo en Secretaría de Estado, primero en 1724, y más tarde en 1726.

[2] Baltasar de Zúñiga y Guzmán Sotomayor y Mendoza, 1658-1727, II marqués de Valero, había sido virrey de Navarra en 1692-1697, y había reconocido a Felipe V en 1701. Luego fue virrey de Cerdeña en 1704-1707, virrey de Nueva España en 1715 (tomó posesión en 1716)-1722 y Presidente del Consejo de Indias en 1724. En el Gobierno de enero de 1724 se encargó de asuntos de Indias. No se casó.

[3] Manuel de Benavides y Aragón, 1683-1748, conde de Santisteban de la Sierra, 1716-1748, duque de Santisteban, 1738-1748.

[4] Luis Félix de Mirabal y Espínola, 1670-1729, I marqués de Mirabal, 1722-1729, había sido colegial en el Colegio Mayor de Cuenca, en Salamanca, y allí había estudiado Derecho, se había colocado en 1697 en la Chancillería de Valladolid, y en 1705 había dado su salto a Madrid como Alcalde de Casa y Corte, que era uno de los puestos judiciales más altos de la Corona. En 1707 fue fiscal del Consejo de Castilla y en 1714 embajador en Holanda. En febrero de 1716, Presidente Gobernador del Consejo de Castilla, sustituyendo al obispo de Osma. En 1722 fue nombrado marqués de Mirabal.

[5] Luis de Mirabal y Espínola, 1657-1729, estudió en elcolegio Mayor de Cuenca en Salamanca y fue catedrático de Leyes en Salamanca, antes de ser presidente del Consejo de Castilla.

[6] René Froulay de Tessé, 1651-1725, fue enviado a España por Luis XIV en 1705 para ayudar en la guerra, y atacó Gibraltar en 1705, Barcelona en 1706, Toulon en 1707. Volvió a España por segunda vez en 1723, como embajador, y trataba de influir sobre la política de Luis I, y a su muerte, presiono para que volviera Felipe V.

[7] Jerónimo de Uztáriz y Hermiaga, 1670-1732, era navarro y, como segundón, emigró a Madrid a buscar fortuna. En 1688 estaba en el ejército de Flandes, donde ascendió a maestre de campo. En 1698 se hizo secretario de Isidro de la Cueva, V marqués de Bedmar y gobernador militar de Flandes en esos años, al que siguió a Sicilia en 1704. En 1707 entró en la Administración en Madrid en Guerra y Marina y más tarde en el Consejo de Indias. En 1724 escribió Theorica y Práctica de Comercio y Marina.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *