JOSÉ DE GRIMALDO[1].

 

 

Gobierno con cuatro Secretarías de Despacho.

 

En 1720 se llegaría a un modelo de Gobierno con cuatro Secretarías. La diferencia con 1717 era que Justicia se separaba de Hacienda, y se creaba la Secretaría de Hacienda. No había Secretaría de Despacho de Indias, que se integraba en Guerra.

El Gobierno de principios de 1720 estaba integrado por:

Secretario de Estado y Despacho de Estado, José de Grimaldo y Gutiérrez Solórzano.

Secretario de Despacho de Justicia y Gobierno Político, José Rodrigo Villalpando.

Secretario de Despacho de Guerra, Marina e Indias, Miguel Fernández Durán.

En Hacienda, tras haber expulsado a Orry, Veedor de Hacienda, ese despacho supervisor de todos los demás quedaba desestructurado y sin titular. Se regularizaría en 2 de abril de 1720 con José Rodrigo Villalpando como Secretario de Despacho de Hacienda interino y, en 17 de diciembre de 1720, nombrando titular a Juan de Dios del Río González marqués de Campoflorido, que fue así el primer Secretario de Hacienda, propiamente dicho.

 

Con las Secretarías de Estado, cambiaba mucho el sistema de Gobierno de España:

En primer lugar, eran cargos en la administración que podían tomar decisiones de forma inmediata bajo su responsabilidad ante el rey, saltándose el complicado sistema garantista del Gobierno de los Consejos, que consultaba a las partes implicadas, y daba garantías de réplica y contrarréplica, lo cual era “aparentemente” más justo, pero dejaba pasar el tiempo, a veces décadas, sin resolver los casos, lo cual no puede ser calificado siempre como justicia y buen Gobierno.

En segundo lugar, al frente de cada Secretaría, el rey colocaba a una persona de su plena confianza, sin importar su origen social, aunque en el XVIII abundaron los secretarios procedentes de la nobleza. Lo que cambiaba era el concepto del derecho a ejercer un cargo de Gobierno: A partir del siglo XVIII, las Secretarías fueron otorgadas y quitadas por el rey y no eran privilegio de los nobles adquirido con el tiempo. Muchos Secretarios eran burgueses y pequeña nobleza formados en la Universidad y se mostraban reformistas con los privilegios de la alta nobleza. Fue excepción el conde de Aranda, que era de la alta nobleza.

Con el sistema de Secretarías podrá aparecer el “supersecretario”, un Secretario de varias Secretarías simultáneamente, que tendrá mucho poder, pero no será valido porque el supersecretario tiene un cargo oficial y una responsabilidad de Gobierno, al menos ante el rey, y el valido no tenía responsabilidad, sino que ésta la asumía el rey.

A partir del siglo XVIII no habrá validos. Pueden ser una excepción el caso de Alberoni en 1715-1719, un valido al estilo de los típicos del XVII, pero que no era Secretario de Despacho, y también Godoy a finales de siglo, unas veces con cargo oficial y otras sin cargo alguno.

Las Secretarías de Estado y Despacho no eliminaban a los Consejos. Permanecía el Consejo de Castilla y otros Consejos.

Los Consejos quedaron sólo para asuntos ordinarios o de trámite. El Consejo de Flandes desapareció en 1702 y el de Italia en 1 de mayo de 1717. El 20 de enero de 1717, Alberoni reformó el Consejo de Guerra de forma que este organismo tuviera menos poder. Siguió siendo un alto tribunal en materia castrense y el defensor del fuero militar, pero muchas de sus anteriores funciones pasaban al rey, a la Secretaría de Despacho o a las Guardias Valonas.

Tras la actuación de Grimaldo como Secretario de Estado, el proceso de evolución desde los viejos Consejos al sistema de Secretarías de Despacho fue ya irreversible.

 

 

Política americana de Felipe V.

 

Felipe V no gustaba tampoco de la situación socioeconómica americana, como no le gustaba la de España. Igual que estaba reformando España, se dispuso a reformar América. En 1701, nada más llegar al trono, ya tomó su primera decisión polémica, suprimiendo las encomiendas americanas en las que sus titulares fueran absentistas. En el resto de las encomiendas, se dijo que se legislaría más adelante, pero los problemas de la guerra en España retrasaron las soluciones americanas. Por fin, el 23 de noviembre de 1718 se extinguieron las encomiendas de modo que las que estaban vacantes pasaron a la Corona. La ley exceptuaba a las permanentes y las compradas, con lo cual no se avanzaba demasiado en la liquidación del problema.

En 1720, se reorganizó el sistema de flotas.

En 1721 se autorizó el comercio a Buenos Aires, plaza que dejaba de depender del virrey del Perú en ese tema.

El 11 de agosto de 1725 se puso una Universidad en Caracas, con enseñanzas de filosofía, a la que en 1727 se añadieron enseñanzas de Derecho.

Más importancia tenía por entonces la Universidad de San Marcos, en Lima, donde destacaba Pedro Peralta Barnuevo, 1663-1743, como catedrático de matemáticas y rector de la Universidad.

 

 

Rendición de España en 1720.

 

El 4 de enero de 1720, Holanda invitó a España a sumarse a la Cuádruple Alianza de La Haya, con la condición de abandonar Sicilia y Cerdeña. Felipe V no aceptó, de momento, y siguió exigiendo Gibraltar y Menorca a los ingleses. Inglaterra expuso una serie de objeciones, una serie de asuntos previos a considerar, lo cual era no hacer nada.

El 1 de enero de 1720, el marqués de Castel Rodrigo atacó a los franceses en Seo de Urgel y rindió la ciudad en 29 de abril.

En 1720, el ejército español que luchaba en Sicilia estaba agotado, después de tres años de bloqueo inglés.

 

Y el 26 de enero de 1720, en el Tratado de Madrid, Felipe V cedió, y decidió entrar en la Alianza de La Haya o Cuádruple, a cambio de renunciar a sus derechos al trono de Francia, entregar Sicilia a Carlos VI y Cerdeña a Saboya. Como compensación, Isabel de Farnesio recibía la satisfacción de ver a su hijo Carlos como duque de Parma y Toscana y Piacenza en la condición de ducados feudatarios de Austria.

 

Y en 17 de febrero 1720 se firmó la paz, Paz de La Haya, con España, negociada por el embajador español en La Haya, marqués de Berritilandi:

Francia devolvió Pensacola y el País Vasco, a cambio de ciertas ventajas comerciales en América.

Víctor Manuel de Saboya recuperó Sicilia, pero entonces se le ocurrió que le era más útil dominar Cerdeña, y cambió Sicilia por Cerdeña.

Sicilia y el resto de posesiones de España en Italia eran cedidas al emperador de Austria-Alemania, Carlos VI.

Carlos VI reconoció a Felipe V como rey de España y dejó de titularse él como rey de España. Igualmente renunció a derechos sobre las Indias. También reconoció los derechos de Isabel de Farnesio sobre Parma y Toscana, que pasarían a un hijo de Felipe V, Carlos, que entonces tenía dos años de edad (y sería con el tiempo Carlos III de España).

España renunciaba a todo tipo de reclamación sobre los Países Bajos españoles.

España renunciaba a los derechos de sucesión en Francia.

 

España ingresó en la Cuádruple Alianza de La Haya en 17 de febrero de 1720, tras entregar Cerdeña a Víctor Amadeo de Saboya (que en 1729 se casará con una hija de Felipe V), renunciando a Sicilia que pasó a Austria y volviendo a renunciar al trono de Francia, a cambio de que Carlos de Austria renunciase al trono de España que pretendía desde 1700. Las compensaciones para España fueron Parma, Placencia y Toscana.

 

La guerra de Sicilia se dio por terminada el 30 de abril de 1720, dos meses después de la adhesión de España a las conversaciones de Cambrai. La evacuación se negoció entre Lede y Byng y el conde de Merci en 2 de mayo de 1720.

El 6 de mayo de 1720, España ordenó al marqués de Lede evacuar efectivamente Sicilia y Cerdeña, que fueron ocupadas, respectivamente, por Austria y Saboya. Y se abrieron negociaciones para que España indemnizase a los perjudicados por la guerra. Eran las negociaciones de Cambray.

 

 

Conversaciones de Cambray.

 

Una vez que España aceptó esta paz, Felipe de Orleans, Regente de Francia; John Law, contralor general de las fuerzas armadas francesas; y Guillermo Dubois[2], ministro de Estado francés, consideraron que le era conveniente a Francia un acercamiento a España, con tal que Felipe V renunciase al trono de Francia, y a cambio prometían negociar la renuncia de Carlos VI al trono de España y el apoyo a España para recuperar Gibraltar. Estos eran los preparativos de lo que fue la Paz de Cambray.

De 1721 a 1724 se negoció en Cambray una serie de acuerdos entre Inglaterra, Francia y Austria, por un lado, y España de la otra parte, por los que se renegociaban los acuerdos de Utrecht. Gran Bretaña, Francia y España obligaron a Carlos VI de Austria a aceptar la sucesión española en los ducados de Parma y Toscana, a cambio de que todos reconocieran a su hija María teresa como heredera de Austria.

En 1720 comenzaban los preliminares del Congreso de Cambray, y las conversaciones se prolongaron hasta 1724 sin resultados positivos.

En Francia había habido una conjura contra el Regente Duque de Orleans y se temía que entregara el trono a Felipe V de España. Los ejércitos de la Cuádruple Alianza habían entrado en España ocupando Fuenterrabía y San Sebastián. España había pedido la paz en enero 1720 y los aliados exigieron: el destierro de Alberoni, la incorporación de España al Congreso de Cambray que estaba dirigiendo la Cuádruple, unos matrimonios entre borbones franceses y borbones españoles (una infanta española para Luis XV, y dos hijas del duque de Orleans para infantes españoles) y la retirada de España de Cerdeña y Sicilia. A cambio, Felipe V recibiría el favor de que un hijo suyo recibiera Parma, que sería Carlos (Carlos III de España más tarde).

Dos meses después del Tratado de Madrid y mes y medio después de la Paz de La Haya, en 2 de abril de 1720, se iniciaron las Conversaciones de Cambray entre Francia, Inglaterra y Cerdeña por el bando vencedor, y España por el bando vencido. Se trataba de negociar los aspectos concretos de lo negociado en las paces citadas. Las Conversaciones duraron de 1721 a 1724. Carlos VI de Austria no quiso participar en las Conversaciones de Cambray porque se oponía a ceder la sucesión de los ducados de Parma y Toscana a los hijos de Isabel de Farnesio.

Las conversaciones de Cambray no tenían programa previo de puntos que debían ser tratados. Cada país exponía sus quejas y los demás le contestaban, y se convirtió en un aburrido certamen de discusiones que casi siempre conducían a dejar para más adelante el tema. Así que se prolongaron hasta 1727 y no sirvieron para nada.

Los diplomáticos de Cambray hablaron en primer lugar de la escuadra española que estaba en Cádiz. Los barcos, mandados por Lede, fueron a Ceuta a fines de 1720 y levantaron el sitio de la ciudad, lo cual alivió la tensión en Cambray.

Otro tema de conversación fueron los ducados de Parma, Toscana y Piacenza, pues Carlos VI exigía que los duques se declararan feudatarios suyos.

Francia jugaba un papel difícil entre su deseo de entenderse con España y sacar ventajas comerciales, y su obligación de respetar los acuerdos de la Cuádruple.

España envió a Cambray al conde de Santisteban del Puerto y a Brenzo Berusio marqués de Beretti-Landi, los cuales defendieron la tesis de que la Cuádruple Alianza estaba organizada contra España y debía ser modificada, reivindicaban Gibraltar y reclamaban derechos españoles sobre Sicilia, Cerdeña y derechos de los Farnese sobre Toscana.

España reclamó Gibraltar y consiguió en este punto el apoyo de Francia y un pacto secreto con Francia firmado en marzo de 1721 por el que Francia apoyaría las pretensiones de Isabel de Farnesio sobre Italia, y se acordaban matrimonios de príncipes de ambos reinos, que veremos a continuación. El Regente Felipe II de Orleans se estaba comprometiendo en asuntos sobre los que no tenía autoridad, pero seguramente tampoco pensaba cumplir.

Gran Bretaña quería también buenas relaciones con España para sacar ventajas comerciales, pero ello era contradictorio con ceder Gibraltar, la puerta al Mediterráneo. Gran Bretaña ofreció cambiar Gibraltar por Santo Domingo o por Florida, pero Felipe V lo rechazó. Además, en febrero de 1721 murió Stanhope, el político que había diseñado las relaciones exteriores británicas.

El duque de Parma quería una alianza de Francia y España para que ambos conquistaran Italia y expulsaran a los austríacos.

Felipe V de España se quejó de que Carlos VI de Austria no permitía a Carlos de España la toma de posesión de los ducados de Parma y Toscana, prometidos en febrero de 1720.

Carlos VI de Austria demandaba puertos comerciales, tanto en los Países Bajos, como en Nápoles y Sicilia. De hecho utilizó Fiume y Trieste como puertos comerciales alemanes, pero ello molestaba a Génova y Liorna, que veían perjudicado su negocio.

Gran Bretaña demandaba puertos comerciales en el Mediterráneo y en América y manifestaba que estaba dispuesta a devolver Gibraltar.

El duque de Borbón intrigó en Versalles contra los Habsburgo.

En 1722, tras los matrimonios entre príncipes e infantes españoles y franceses, Austria, que no había participado en Cambray hasta ese momento, decidió sumarse a esa tertulia política, no siendo que decidiesen algo algún día.

El duque de Newcastle intrigaba en Londres contra la Compañía de Ostende fundada por Carlos VI en 1722, que podía hacerle la competencia al comercio británico. Carlos VI, al saber que Holanda proponía la desaparición de la Compañía de Ostende, bloqueó las conversaciones de Cambrai, y dio cartas de investidura sobre los ducados de Parma y toscana a los españoles, pero sin entregar los ducados.

Y Cambray se convirtió en un rotundo fracaso, donde todos reivindicaban cosas y se sentían agraviados por todo, pero no se resolvió nada.

 

 

Los acuerdos de Cambrai.

 

Las conversaciones de Cambray, dieron lugar a un conjunto de cuatro paces:

El Acuerdo España (marqués de Grimaldo) – Francia (marqués de Malewrier) de 27 de marzo de 1721 se firmó en Madrid, y Francia se comprometía a desalojar las plazas del norte de España ocupadas en 1719, la Cerdaña francesa, Pensacola (sur de Estados Unidos), y a pedir a Inglaterra que devolviera Gibraltar a España. Ambos apoyaban las peticiones del Duque de Parma y apoyaban los derechos de Carlos de España a los ducados de Parma y Toscana. Pero Carlos VI de Austria no quería ceder Parma y Toscana al infante Carlos de España y no hubo acuerdo final hasta diciembre de 1723.

El Acuerdo España (Grimaldo) – Inglaterra (Stanhope) se celebró en Madrid el 13 de junio de 1721, y se acordó la devolución mutua de las conquistas hechas durante la guerra pasada, y una alianza entre Inglaterra, Francia y España contra cualquiera que violase las estipulaciones de Utrecht. Es decir, Gran Bretaña devolvía Gibraltar a cambio de concesiones comerciales en América. El rey Jorge de Inglaterra presentó el acuerdo ante el Parlamento, y éste se negó a devolver Gibraltar, con lo cual nunca tuvo efectividad el Acuerdo de Paz y Amistad entre España e Inglaterra.

El Acuerdo España – Francia de noviembre de 1721, fue un tratado secreto entre el duque de Osma por España y Luis de Rouvroy duque de Saint Simón por Francia en el que concertaron los matrimonios de Luis de Borbón Saboya, príncipe de Asturias, con Luisa Isabel de Orleans, princesa de Montpensier e hija del Regente de Francia duque de Orleans que entonces tenía 12 años. Y también el de Luis XV, rey de Francia, con María Ana Victoria de Borbón Farnese. El 9 de enero se entregaron las princesas en la Isla de los Faisanes (Guipúzcoa) y por él se pactó el matrimonio de Luis de Borbón Saboya, príncipe heredero de España (14 años de edad), con Luisa Isabel de Orleans, hija del Regente de Francia (12 años de edad), así como el matrimonio de Luis XV de Francia (11 años de edad), con María Ana Victoria de España[3] (3 años de edad). Sólo pudieron celebrarse las capitulaciones matrimoniales de Luis de Borbón Saboya. El matrimonio Luis XV–Ana María Victoria de Borbón fue rechazado por el Gobierno francés más tarde. El Regente de Francia propuso también el matrimonio de su hija Felipa Isabel (de ocho años) con Carlos (futuro Carlos III de España, que entonces tenía siete años), pero no cuajó. El matrimonio de Luis XV de Francia con María Ana de España se dejó para más adelante pues la novia era demasiado joven.

En junio de 1722, Felipe V le pidió efectivamente al Regente de Francia duque de Orleans la mano de Felipa de Orleans, su hija (8 años de edad), para el infante Carlos de Borbón Farnese (7 años de edad). No se llegó al acuerdo. Otra versión dice que era el Regente de Francia el que tenía interés en los matrimonios de sus hijos. Para todo ello, creemos que fue decisiva la cooperación de Isabel de Farnesio que quería ver a sus hijos en los tronos europeos. La Farnesio colocó a sus hijos en los ducados de Parma, Placencia y Toscana en el Congreso de Cambray en 1722 y Austria se vio obligada a reconocerlo, por presión de Francia e Inglaterra en diciembre de 1723.

 

En 1723, España y Francia presionaron a Austria para que accediese a que Carlos de España heredada Parma y Toscana, pero Carlos VI de Austria se resistía a hacerlo.

El Acuerdo España – Austria, tardó mucho en obtenerse, y no se concluyó hasta 9 de diciembre de 1723, pues Carlos VI de Austria y Alemania alegaba que el Papa podía tener ciertos derechos de sucesión en Parma y Toscana, por lo que no se sentía legitimado para cedérselas a España. La excusa duró hasta que Francia exigió que se dejase de dilaciones, y Carlos VI cedió Parma, Placencia y Toscana a los infantes españoles.

Cataluña aprovechó las conversaciones de Cambray para pedir a Viena y a Génova que le fueran restituidos los privilegios e instituciones catalanas, aunque fuera necesario para ello ir de nuevo a la guerra, lo que Carlos VI trató de utilizar como argumento en Cambrai, pero no tuvo consecuencia ninguna. Nadie estaba dispuesto a morir por un capricho de los catalanes.

 

Tras los tres primeros acuerdos, entre España y Francia dos de ellos, y entre España e Inglaterra el otro, se creyó que ya habría ambiente suficiente para que Cambray se convirtiera en un Congreso que llegara a una paz. Incluso Gran Bretaña y Austria nombraron plenipotenciarios para tal eventualidad. Pero las conversaciones de Cambray se iban a dilatar todavía mucho, y de hecho no llegaron a acuerdo de ningún tipo.

 

 

La crisis económica francesa de 1720

(Primera burbuja del papel)

 

En 1715 había sido nombrado Regente de Francia Felipe II de Orleans[4], con plenos poderes. Este hombre conoció al escocés John Law, quien tenía unas teorías nuevas de que el oro y la plata no eran la verdadera riqueza, sino que la riqueza era el comercio, de modo que el oro y la plata podían ser sustituidos por papel para el uso monetario. La sustitución por papel podía resolver el problema de escasez de moneda en circulación, que era un grave problema del siglo XVIII. Efectivamente, Law creó en 1716 un banco en Francia, “Banco General Privado” y emitió papel moneda. En 1718, el Banco General Privado se convirtió en el Banco Real, asumiendo el rey las garantías sobre los depósitos. A continuación y siguiendo con sus teorías, creó la Compañía del Mississippi o Compañía de Occidente, que obtuvo del Regente el monopolio de comercio en las Indias Occidentales y América del Norte, con base comercial en la Louisiana. La Louisiana era un proyecto francés que desde Canadá había explorado los Grandes Lagos y habían creído descubrir el paso al Pacífico en el río Mississippi, lo explotaron, y vieron que desembocaba en el Caribe. Pero decidieron que el río era suyo, es decir, todo el territorio entre Canadá, los Grandes Lagos y la desembocadura del Mississippi (ciudad de Nueva Orleans), y a ese territorio lo denominaron Louisiana. John Law hizo propaganda de que la Louisiana poseía muchas minas de oro y emitió papel por más cantidad del valor que el oro que se depositaba en el banco, lo cual es técnicamente viable y es la base de las economías contemporáneas, pero tiene un límite. Pero la perspectiva de la emisión de papel moneda sin límites, cegó a los gobernantes franceses y abrieron una burbuja monetaria: en 1719, la Compañía de Occidente absorbió a la Compañía Francesa de las Indias Orientales y pasó a denominarse Compañía Perpetua de las Indias. En 1720, la Compañía Perpetua de las Indias se fusionó con el Banco Real, y John Law se convirtió en Inspector General de Finanzas, puesto desde el que controlaba toda la economía de Francia. Desde su cargo, Law promovió la división de las grandes explotaciones agrícolas en otras más pequeñas, la abolición de impuestos y peajes que restringían el comercio, la construcción de carreteras y la promoción de empresas facilitando dinero a bajo interés. Pero cometieron un gran error: el Regente decidió imprimir papel moneda por valor de 3.000 millones de libras, valor de todo el Producto Nacional Neto de Francia de un año, entrando con ello en un paraje económico desconocido para ellos. Se provocó una inflación galopante. Los tenedores de papel pidieron su conversión en oro para defenderse de la inflación, y como no había respaldo en oro, se provocó la bancarrota, que se extendió a toda Europa. Law tuvo que huir a Venecia y no volver a Francia.

La crisis francesa, marcaba una crisis más amplia, de dimensiones europeas, pues Inglaterra estaba dividida entre protestantes y católicos, y Holanda también sufrió su crisis en esta época. Austria tenía problemas bélicos en Italia, Alemania y los Balcanes. La España que aparecía con Grimaldo tenía sensaciones de contar entre las potencias importantes. Incluso Austria empezó a pensar en renovar la vieja coalición Austria-España.

A pesar de la nitidez con que pudo verse la burbuja, los contemporáneos se negaron a verla, y como no hay peor sordo que el que no quiere oír, la crisis se repitió en varios países europeos, incluida España en 1780-1814, y luego en países sudamericanos en el siglo XIX y en el XX. La predicación populista de que es posible hacer ricos a todos los hombres emitiendo el suficiente dinero o dando créditos a todos los que lo necesiten, tuvo siempre muchos seguidores.

 

 

Reformas en España en 1720.

 

En 1720 se creó la Junta de Sanidad, para preservar a España de la peste. Esta Junta cuidaría la salud pública hasta que en 1840 se crease el Consejo de Sanidad del Reino.

La Junta de Sanidad debía legislar sobre asuntos sanitarios. La Institución complementaba al Real Tribunal Protomedicato, creado por los Reyes Católicos en 1477 que daba autorizaciones para ejercer de médicos y boticarios. La ocasión de crear la Junta de Sanidad se produjo a la llegada de la peste marsellesa y para protegerse de ella.

La sanidad progresaría bastante en el XVIII creándose en 1734 la Academia de Medicina y Cirugía de Madrid, como iniciativa particular, en 1748 el Colegio de Cirugía de Cádiz, en 1760 el Colegio de Cirugía de Barcelona, en 1780 el Colegio de Cirugía de Madrid, en 1799 los Colegios de Cirugía de Burgos y Santiago, en 1786 la Academia de Medicina y Cirugía de Barcelona también privada. En 1794 se publicaría la farmacopea general y oficial. En 1801 se separaron los estudios de medicina de los de cirugía y se crearon Juntas Gubernativas de Medicina y Cirugía para controlar la sanidad. En 1805 la Junta Superior Gubernativa de Medicina puso la vacuna de la viruela. En 1812, el Reglamento General de Instrucción Pública incluyó las enseñanzas de medicina y cirugía, quedando ya incluidas en el resto de las enseñanzas estatales. El siguiente gran impulso de la sanidad se produjo en 1855.

 

El 5 de abril de 1720 se reglamentaron las flotas de Indias, estableciendo unos días fijos de partida de la flota, normas de carga y derechos de entrada y salida que debían pagar los artículos, cosas que parecen elementales, pero no se habían hecho nunca. Las tasas aduaneras se calculaban por el “derecho de palmeo”, que consistía en el pago de 5,5 reales de plata por cada palmo cúbico de mercancía. Este sistema era anticuado y poco racional, pues pagaban mucho más los artículos voluminosos y baratos, que los pequeños y caros. El argumento utilizado para imponer el palmeo era falso, pues decía que se evitaba pérdida de tiempo en el registro de las mercancías, y la realidad es que, cuando llegaban a América, los bultos eran abiertos uno a uno e inspeccionados según géneros, para cobrar la alcabala, lo que se evitaría si ya llevaban la lista de productos exportada y que debería pagar la alcabala. Se dice que el procedimiento de tanteo era sugerencia de los franceses exportadores de seda, cuyo producto era poco voluminoso.

En 1720 se decretó que los buques del comercio americano debían haberse construido en España o ser propiedad de españoles, en cuyo caso pagaban tasas pequeñas. La medida era absurda pues España no tenía barcos suficientes para el comercio americano. Naturalmente, se autorizaba a comerciar a los extranjeros a precios bajos cuando los barcos españoles fueran insuficientes, es decir, siempre. El único cambio era que los barcos extranjeros pagarían un recargo del 20% en las tasas.

 

 

Reformas de Hacienda en 1720.

 

En 1720, las rentas ordinarias de Hacienda en Castilla eran 23.535.889 escudos de vellón, y se recaudaban de rentas provinciales, aduanas, tabaco, salinas, caudales de Indias y subsidios eclesiásticos. Se recaudaba más que con los Austrias, pero una cifra completamente insuficiente para las nuevas necesidades bélicas, de construcción de barcos para proteger el comercio americano, mantenimiento de marina y ejército… Y lo peor de la situación eran los abusos de los recaudadores a los que algunos acusaban de recaudar el triple y cuádruple de lo que ingresaban en el Estado, quedándose como beneficio el resto. Es decir, que se podía recaudar mucho más para el Estado, pero nadie sabía cómo hacerlo.

En 1720 se bajaron los aranceles a la importación de cacao americano (se pusieron a 33 maravedíes por libra).

La inflación en España era muy alta. En 1720 los precios habían subido un 100% respecto a 1700. En un mundo acostumbrado a estabilidad y deflación monetaria, aquello era alarmante, pues los que guardaban su dinero en el arca, cosa frecuente en aquellos tiempos, se estaban quedando sin poder adquisitivo. Lo peor de la situación económica era que “hacer negocios” se había convertido en algo usual, y por esa expresión de “hacer negocios” se entendía cometer todo tipo de abusos a costa de los contribuyentes o de los consumidores, según los casos. La moral se había perdido en un país que se consideraba a sí mismo un dechado de moralidad católica.

Pero en 22 de febrero de 1721 hubo un retroceso en la reforma de la administración: se suprimieron los intendentes allá donde no había tropas y se privó de autoridad a los que quedaban en asuntos de Hacienda. Sólo quedaron intendentes en Barcelona, Zaragoza, Valencia, Sevilla, Badajoz, Salamanca, La Coruña, Pamplona, y Palma de Mallorca, los que tenían carácter militar. El resto de los intendentes provinciales siguió cobrando su salario por cortesía del gobierno, pero se quedaron sin función alguna, hasta que en 19 de julio de 1724 fueron definitivamente suprimidos. El Consejo de Castilla era el órgano de Gobierno que los suprimía.

Alguno de estos intendentes militares que sobrevivieron tuvo algunas dificultades: Juan Antonio Díaz de Arce, intendente de Zaragoza en 1721-1736, se encontró una oposición popular que le acusaba de opresor porque recaudaba impuestos. En 1730 le llegó al rey una protesta pública anónima que le acusó de apropiarse del impuesto del carbón en su beneficio personal, de no haber pagado la media annata obligatoria al recibir el cargo y de ser un débil físico y mental, de vivir escandalosamente con mujeres de baja condición, de cohabitar con mujeres de otros maridos, de ser parcial y tiránico, de quedarse con parte de los impuestos de aduanas exigiéndoselos a los recaudadores. Arce rechazó todas las acusaciones. El ejemplo sólo indica el mal ambiente que recibieron los intendentes, ambiente que era fomentado obviamente por los privilegiados.

 

 

         La Secretaría de Hacienda en 1720-1724.

 

En 17 de diciembre de 1720, se dio entrada definitiva a la Secretaría de Despacho de Hacienda. Se había creado en 2 de abril de 1720 y se había hecho cargo de ella, interinamente, José Rodrigo Villapando, Secretario de Despacho de Justicia y Gobierno Político, hasta que en diciembre de 1720 se nombró funcionario titular a Juan de Dios del Río González marqués de Campoflorido.

De diciembre de 1720 a enero de 1724 fue el momento de triunfo de Juan de Dios del Río González, 1667-1735, marqués de Campoflorido, 1707-1735, como Secretario de Estado del Despacho de Hacienda, 1720-1724. Campoflorido había destacado en Tesorería de Guerra, junio de 1707-junio de 1709, cuando este organismo había sido tan fundamental para sostener a Felipe V, y había sido Presidente del Consejo de Hacienda de 1709 a 1711 y de 1717 a 1720. Se había retirado de la cúpula de la política en 1711 por sus enfrentamientos con Bergeyck, superintendente de la Real Hacienda, quien le acusaba de obstaculizar las reformas. En 1717 había vuelto Campoflorido en el equipo de Orry como superintendente de rentas generales (aduanas). Campoflorido era un personaje conflictivo, que se había opuesto a Alberoni, a Patiño, a José Rodrigo Villalpando y a Nicolás de Hinojosa, porque éstos querían una Tesorería General con “pagadurías” (delegaciones) en todas las provincias, gobernada cada pagaduría por un intendente. Por el contrario, Campoflorido defendía que lo único que funcionaba era lo militar, y hacienda debía ser gestionada desde una Tesorería Mayor de Guerra con intendentes militares en las diversas regiones españolas.

El plan de Campoflorido era poner en arrendamiento las rentas reales (rentas provinciales y rentas generales) pero no en general, sino en cada provincia por separado, e instituir una Administración de Rentas Generales, gestionada por un Superintendente que coordinase todas las recaudaciones provinciales. Para el buen fin de este plan, los arrendadores de rentas debían ofrecer bienes en hipoteca, por si fallaba el negocio, de modo que el Estado siempre recuperase lo suyo.

 

 

Las Secretarías de Despacho en 1720.

 

Así pues, las Secretarías de Despacho estaban estructuradas así en 17 de diciembre de 1720:

Estado, José Martínez de Grimaldo y Gutiérrez Solórzano[5],

Hacienda, Juan de Dios del Río González[6], marqués de Campoflorido, hasta 14 de enero de 1724.

Guerra, Marina e Indias, Miguel Fernández Durán, marqués de Tolosa / 1721: Andrés del Pez Malzárraga, quien murió en marzo de 1723.

Justicia y Gobierno Político, José Rodrigo Villalpando.

 

 

Las Secretarías de Despacho en 1721.

 

En enero de 1721, se pasó al modelo más usual en el siglo XVIII de cinco Secretarías, porque la Secretaría de Despacho de Guerra, se separó de la de Marina e Indias:

Guerra: Baltasar Patiño marqués de Castelar, hasta 1737.

Marina e Indias: Andrés de Pez y Malzárraga[7], hasta su muerte en 1723 / 1723: Antonio de Sopeña.

Intendente General de Marina era José Patiño, hermano del Secretario de Despacho de Guerra, el cual siguió fabricando barcos de guerra con efectividad.

 

Es de resaltar, que     José de Grimaldo, el Secretario de Despacho de Estado, despachaba con el rey, como lo habían hecho antiguos Secretarios del Consejo de Estado, lo cual le hace aparecer a nuestros ojos como Primer Ministro, aunque no tuviera ese nombramiento oficial. El sistema de Secretarías aparece así como maduro en 1721, después de tantos años de intentarlo. Grimaldo coordinaba el Gobierno, pero dentro de él había tensiones porque Grimaldo era anglófilo y el Secretario de Despacho de Guerra, Baltasar Patiño era francófilo.

La reina Isabel de Farnesio, que había sustituido a Alberoni por Annibal Scotti en 1720, despidió a este personaje italiano corrupto y desagradable y admitió al marqués de Grimaldo en las habitaciones de los reyes para despachar cada mañana. Cada día a las 10 de la mañana despachaba Grimaldo con los reyes, después del almuerzo volvía a estar con ellos, y de nuevo les veía al caer de la tarde, al volver los reyes de la “cacería” de cada tarde.

Se aceptó una tutela “técnica” de Francia que desempeñaban el embajador Maulevrier, La Fare, que era asesor del Príncipe, y Robin que actuaba como mentor de Grimaldo.

 

 

 

La marina mercante en el siglo XVIII.

 

En cuanto a la marina mercante, en 1721, Felipe V otorgó preferencia de fletes a los barcos españoles, lo cual sirvió de estímulo a los astilleros para fabricar barcos. Pero las cosas no debían ir bien, pues al empezar el último tercio del XVIII, pues Carlos III en 1763 volvió a dar el mismo decreto, y lo tuvo que repetir en 1766, 1767 y 1774. La realidad era que en los puertos españoles se cargaban muchas mercancías extranjeras en barcos extranjeros y las muchas leyes no podían cambiar la realidad.

Carlos IV en 1790, insistió en proteger a los astilleros españoles y dio facilidades a los de más de 100 y menos de 400 toneladas. Además eliminó los impuestos a la importación de cáñamo para jarcias y velas. El comercio de cabotaje quedó reservado en exclusiva para barcos españoles.

 

 

Mejora en las relaciones internacionales en 1721.

 

Relaciones con el Papa: En 1721 murió el Papa Clemente XI, destacado integrista católico, y Macanaz, el regalista español que había sido despojado de todo por la Inquisición en 1716, y había vivido en el exilio estos años, pidió la revisión de su caso al rey. Macanaz acusaba al Inquisidor General, Giudice, de parcialidad, y además denunciaba que la Inquisición se había erigido en un poder paralelo al del rey sin derecho ninguno a hacerlo. El regalismo estaba ahí presente, pero no obtuvo progresos de momento, aunque dejó claro, en la conciencia de muchos españoles, que la Inquisición cometía abusos injustificables. El tema tendría su importancia durante el reinado de Carlos III en 1759.

De 1721 a 1724 fue Papa Inocencio XIII, un hombre conciliador, que no presentó problemas a España. Tampoco los presentaría su sucesor, Benedicto XIII, en 1724-1730.

En 1723 se consiguió del Papa la bula Apostolici Ministerii, por la que el Papa aceptaba algunas reformas en la Iglesia española. Inmediatamente se opusieron los grandes perjudicados, los cabildos-catedral y algunas órdenes religiosas que percibían grandes cantidades de dinero y no estaban dispuestas a perderlo, y la bula quedó en papel mojado.

 

Relaciones con Francia: El 27 de mayo de 1721, el Duque de Orleans, Regente de Francia, pidió ayuda a España. Prometía apoyo francés para recuperar Gibraltar y la defensa en Cambray de los derechos del infante español Carlos en Parma, Piacenza y en el ducado de Toscana. Francia estaba pasando por dificultades internas graves. Londres se inquietó por esta iniciativa de Orleans y destituyó a su embajador en España, el torpe Luke Schaub, sustituyéndole por el coronel Stanhope.

 

La alianza de 1721: En junio de 1721 se llegó a una alianza insólita y no muy natural, pues incluía a Gran Bretaña, Francia y España, las potencias con intereses encontrados respecto al comercio de América y del Mediterráneo. Era una alianza defensiva en la que Londres prometía proteger al duque de Parma y proporcionarle Castro y Ronciglione, y otorgar a España derechos de pesca del bacalao en Terranova y libertad para ejercer el culto católico en Menorca.

En realidad, lo que estaba pasando era que las potencias europeas habían oído algo de un próximo matrimonio del príncipe de Asturias, y deseaban todas posicionarse. El embajador francés Maulevrier creyó haber oído en Madrid que Luis de España se iba a casar con una hija de Carlos VI de Austria, y esto asustó a Francia y a Gran Bretaña. Posteriormente, Maulevrier rectificó sus informaciones en 26 de julio, y dio nueva información de que la elegida era Luisa Isabel de Orleans, mademoiselle Montpensier, quinta hija del Regente de Francia, que el infante Carlos se casaría con mademoiselle de Beaujolais y la infanta Ana María Victoria con Luis XV. La nueva información era mucho más adecuada a lo que sucedió en realidad en 1722. Inmediatamente, Francia nombró a Saint Simon embajador en España para negociar estos matrimonios.

El duque de Saint Simon llegó a España con mucho dinero para corromper voluntades. Representaba la diplomacia del antiguo abate y ahora arzobispo de Cambray, Dubois, verdadero gobernante de Francia en ese momento. Saint Simón encontró a Felipe V con cara desencajada, descolorido, melancólico, con habla torpe, piernas arqueadas, rodillas muy separadas, pies que se tropezaban el uno en el otro al andar, y vestido con un traje de caza que no se cambiaba desde hacía años. La pobre figura del rey se adornaba con el toisón de oro y el cordón bleu de la Orden del Espíritu Santo. Y sacó adelante su mandado de conseguir los matrimonios citados. Por ello fue nombrado Grande de España.

El 20 de enero de 1722 tuvo lugar el matrimonio de Luis de España y Luisa Isabel de Francia, en Lerma (Burgos). Luisa Isabel princesa de Montpensier, tenía 12 años de edad y era una niñata desagradable, maleducada y extravagante que hacía todas las tonterías propias de la mala educación a esa edad: ponía caras cuando Isabel de Farnesio le dirigía la palabra, contestaba con eruptos cada vez que alguien la saludaba, era sucia en la mesa, detestaba bailar y odiaba a todo el mundo. Isabel de Farnesio la denominó durante el tiempo que estuvo en España como ”la sarnosa”, a lo que Luisa Isabel contestaba a voces con diversos y sucios insultos. Además no estaba bautizada, lo cual se hubo de hacer deprisa y corriendo para que fuera posible la boda.

En esas condiciones de la novia, Felipe V decidió que el matrimonio no podía consumarse y alegó que lo hacía porque el príncipe Luis, de 14 años, no estaba bien de salud. Saint Simón se incomodó y dijo que no volvería a Francia hasta que el matrimonio estuviese consumado. Entonces se organizó un acto oficial en el que toda la Corte viera que el matrimonio se consumaba. Naturalmente, Luis dijo que en adelante quería seguir practicando el sexo, pero Felipe V e Isabel de Farnesio se lo prohibieron alegando que Luisa Isabel tenía irisipela y dos tumores detrás de una oreja que podían ser enfermedades venéreas, sífilis concretamente, muy extendidas en la corte de Versalles, y que el príncipe no podía exponerse a esas enfermedades. La niña ya había practicado sexo abundantemente en Versalles. Saint Simón estaba muy contrariado, pero no podía negar lo que para todos era evidente, que la Corte de Versalles era un escándalo internacional.

La infanta española María Ana Victoria que se había de casar con Luis XV de Francia, tenía 4 años de edad cuando llegó a París en 2 de marzo de 1722. El novio, Luis XV, tenía 12 años. La boda se pospuso.

En 25 de octubre de 1722, Luis XV de Francia fue declarado mayor de edad y proclamado rey. Felipe de Orleans pasó de Regente a Primer Ministro de Francia.

 

 

Renovación en los gobiernos

de Francia y España en 1723.

 

Felipe de Orleans falleció en 2 de diciembre de 1723. Murió en casa de su amante, madame de Falari, de un ataque de apoplejía.

Entonces pasó a tomar los destinos de Francia Luis Henry de Bourbon[8] príncipe de Condé, quien permanecería en el cargo hasta 1726.

En agosto de 1723 murió el cardenal Dubois, primer ministro de Francia.

También en agosto de 1723 murió Guillerme Daubenton, el confesor de Felipe V, a los 83 años de edad, tras una discusión acalorada con Felipe V que le acusaba de haber sido pro francés.

En 1 de noviembre de 1723 murió Cosme III de Médicis, Gran Duque de Toscana, y le heredó su hijo Juan Gastón, al que se consideraba incapaz de engendrar, lo que dejaba la sucesión de Toscana abierta a las ambiciones de otros monarcas.

Y en 1723, Felipe V enfermó de nuevo, pues montar a caballo le daba vértigo, la matanza diaria de animales en la denominada “cacería” empezó a aburrirle, y los rezos le aburrían también porque, hasta entonces, Daubenton los había acompañado de gracietas intercaladas, pero Daubenton había muerto. Además Felipe V se ponía muy nervioso si la reina le dejaba un rato a solas. Como además no aceptaba bromas ni las entendía, no permitía risas a su lado porque creía que iban contra él o mermaban su autoridad real, la vida se le hizo tediosa y empezó a desconfiar de todos, como si todos conspirasen contra él.

El nuevo confesor real, el jesuita Gabriel Bermúdez, era un tanto rígido y un tanto estúpido, e importunaba al rey sobre temas triviales como si los rezos de vísperas debían ser dedicados a Santa Isabel o a la Santa Trinidad, o si el sermón era pertinente después de matar tantos animales, lo cual, según él, era muy importante que fuera aprobado cada día por el rey.

 

 

La renuncia de Felipe V.

 

1723 es citado como año de malas cosechas. Y tras un año de hambre llegó en enero de 1724 una epidemia de viruela que duró hasta agosto.

El 17 de marzo de 1723, los reyes españoles y el príncipe fueron de Aranjuez a Toledo. Se invitó a la princesa Luisa Isabel a la comitiva y los príncipes comieron por primera vez juntos desde la fecha de su matrimonio.

En agosto de 1723, Felipe V autorizó a Luis a acostarse con su esposa. El resultado no fue tan bueno como Felipe V esperaba, pues la princesa seguía con tan mala educación y modales como siempre, y recibía a Luis a voces e insultos soeces. El rey recomendó a su hijo no verla para nada y prescindir de ella, como si no existiera.

Cuando, en diciembre de 1723, murió el Duque de Orleans, padre de la princesa, algo cambió en su interior. Su complejo de superioridad, de lo francés sobre los españoles, se vino abajo, y entró en pánico. Además supo que Felipe V iba a abdicar y que se convertiría en reina de España. Y decidió comportarse como una esposa.

El 10 de enero de 1724 renunció Felipe V al trono y abdicó en su hijo Luis, que tenía 17 años y estaba casado con Luisa Isabel de Orleans, princesa de Montpensier, hija de Felipe de Orleans que había sido Regente de Francia. El documento fue recibido por el príncipe en 15 de enero y se publicó el 16 de enero. El rey cesante se reservaba para sí el Palacio de la Granja de San Ildefonso, 600.000 ducados para terminar las obras de los jardines de dicho palacio, y exigía de su hijo Luis que cumpliera las mandas de los testamentos de sus padres, Felipe V e Isabel de Farnesio, y que pagara las deudas actuales de sus padres, evaluadas en tres millones de pesos, además de acceder a otras peticiones que en adelante le hicieran los reyes padres.

El marqués de Grimaldo fue a El Escorial, donde residían los príncipes de Asturias y leyó el documento de abdicación al príncipe y le entregó una carta de su padre en donde se le decía que el rey estaba al servicio de Dios y del pueblo, y que debía ser obediente a la Santa Sede y debía mantener la Inquisición como forma de mantener la religión católica en España.

Felipe V se retiró al lugar de Valsaín, al Palacio de La Granja de San Ildefonso, en la provincia de Segovia. Tenía 40 años y la Farnesio 32. Dijo que lo hacía para meditar sobre la muerte y para rogar por la salvación de su alma. La abdicación sorprendió a todos, a los extranjeros y a los españoles, hubo un grupo de españoles que satirizó la postura del rey, y ya nunca le tuvo el respeto debido durante el resto de la vida de Felipe. Todos desconfiaban de que hubiera algo detrás de la abdicación.

Algunos explican que Felipe V estaba decepcionado porque no podía conseguir ninguno de sus objetivos ni en política exterior ni dentro de España. Siempre se había visto a sí mismo como un juguete de Francia, primero de Luis XIV en la Guerra de Sucesión y más tarde del regente Felipe de Orleans en la guerra con Francia e Inglaterra.

Más bien parece que la abdicación respondía al proyecto de Felipe V de coronarse rey de Francia. Tendríamos que pensar en un plan de Isabel de Farnesio, quien habría pensado que, una vez que Felipe V dejara de ser rey de España, podía optar al trono de Francia pues era el candidato con más derechos. Esto mismo se pensaba en Francia, y los franceses enviaron con urgencia a España al mariscal Tessé para informarse de las intenciones de Felipe de Anjou. Francia había estado gobernada en regencia por el duque de Orleans, durante la minoría de edad de Luis XV y primer año de su reinado, desde 1 de septiembre 1715 hasta 2 de diciembre de 1723. Durante estos 8 años, Francia estaba gobernada por un Consejo de Regencia de 14 miembros, presidido por Orleans, pero que decidía por mayoría. En este Consejo de Regencia estaban dos hijos ilegítimos de Luis XIV, el duque de Maine y el conde de Toulousse, que Luis XIV había reconocido a última hora viendo que sólo tenía un descendiente, de cuatro años de edad, y que había estado gravemente enfermo en 1712, de modo que pretendía tener sucesión por vía ilegítima. Esa decisión era completamente ilegal en las leyes francesas. Maine y Toulousse, apoyados por la segunda esposa de Luis XIV, Madame Maintenon, conspiraron contra Orleans convocando a la nobleza de sangre (noblesse d`épeé), vieja nobleza que había sido desplazada de los cargos de la política por Luis XIV para introducir a una nobleza de mérito (noblesse de robe) recién nombrada por el propio Luis XIV. Por otra parte, Luis XV se mostraba con tendencias bixesuales y ello le hacía impopular a muchos franceses, que dejaron de usar el apelativo de “bien amado” que hasta entonces le dedicaban, y que no parecía conforme con la bisexualidad del monarca. Ello hizo concebir esperanzas a Felipe V de reinar en Francia. Esta era la opinión sostenida en Europa, aunque para consumo interno se alegó la depresión psíquica del monarca. Luis Henry de Bourbon príncipe de Condé, nuevo Primer Ministro de de Francia a partir de diciembre de 1723 era una marioneta en manos del cardenal de Fleury.

La versión oficial de la historia dice que Felipe V, con motivo de una epidemia de viruela que afectó a España desde enero a agosto de 1724, hizo un voto a Dios, por el que se sacrificaba y renunciaba al trono de España si le salvaba de la viruela.

Otro dato a conjugar en cuanto a la abdicación de Felipe V es el enfrentamiento entre Campoflorido, Secretario de Despacho de Hacienda saliente, con Miraval el nuevo Secretario de Hacienda. Miraval defendía una idea del Estado completamente distinta a la Campoflorido, pues quería la administración directa por el Estado de todas las rentas reales. La razón que esgrimía era que, a veces, los pueblos perdían riqueza, y los arrendadores particulares tendían a subir siempre los impuestos, lo cual no era justo ni coherente, mientras que la Administración podía atender las situaciones reales de los súbditos en cada momento. Alegaba además, que los particulares hacían subarriendos que tenían como fruto perverso una innecesaria subida de la presión fiscal, pues todos los escalones del arrendamiento querían sus ganancias. En tercer lugar, alegaba que los arrendadores estaban actuando corrompiendo a los miembros del Consejo de Castilla, los cuales debían tener los ojos cerrados a cambio de consentir sus malas prácticas.

 

[1] Los mejores estudios sobre José de Grimaldo son de Concepción de Castro, A la sombra de Felipe V, José Grimaldo, ministro responsable. José Grimaldo era un vasco rechoncho, con un gran estómago, y cuando hablaba tenía el ademán de sujetarse el estómago con ambas manos. Era un golilla y, por tanto, en la oposición a los Grandes que deseaban recuperar el poder que tuvieron con los Austrias. Tuvo como colaborador a Daubenton, confesor del rey, hasta la muerte de éste en 1723, y luego a Gabriel Bermúdez, otro jesuita culto, capaz y piadoso, los cuales tenían el privilegio de poder hablar y aconsejar a un rey enajenado.

[2] El abate Guillerme Dubois, 1656-1723, tuvo la suerte de ser preceptor del duque de Chartres, futuro Duque de Orleans y Regente de Francia, y en 1717 negoció en La Haya la Triple Alianza con Stanhope. En 1718 fue ministro de Estado, en 1721 cardenal, y en 1722 arzobispo de Cambrai.

[3] Mariana Victoria de Borbón Farnesio, 1718-1781, tenía tres años de edad en el momento del pacto, y cuatro cuando fue trasladada a Francia. Luis XV tenía entonces once años de edad. En 1725, Luis XV se cansó de Mariana de España y la reenvió a Madrid, lo cual fue considerado un insulto a España. En 1729, con once años de edad, se casaría con José I de Portugal, 1714-1777, y tuvieron su primera hija en 1734, cuando Mariana tenía 16 años.

[4] Felipe II de Orleans, 1674-1723, duque de Chartres, duque de Orleans, duque de Valois, duque de Nemours, duque de Montpensier, era hijo de Felipe I de Orleans, un hermano de Luis XIV, muerto en 1701.

[5] José de Grimaldo era muy rubio, gordo y ventrudo, de cara colorada, ojos azules vivos y aire bondadoso, y hablaba sin apenas mover las manos, las cuales mantenía apoyadas sobre su dilatado vientre.

[6] Juan de Dios del Río González, 1667-1726, Marqués de Campoflorido 1707-1726, señor de Valdeabero y Valdeaberillo, había sido asentista particular, intendente del ejército en Galicia en 1703-1707, en 1707 le fue adjudicado eltítulo nobiliario, Tesorero Mayor en 1707-1709 y Presidente del Consejo de Hacienda Superintendente de la Real Hacienda, a partir de 1709, momento que aprovechó para hacer un censo de contribuyentes en 1712-1717 denominado “Censo de Campoflorido”, antes de ser Secretario de Despacho de Hacienda en 1720.

[7] Andrés de Pez y Malzárraga, 1654-1723, era Gobernador del Consejo de Indias desde enero de 1717, y fue Secretario del Despacho de Indias en 14 de enero de de 1721, hasta su muerte en marzo o mayo de 1723.

[8] Louis Henry de Bourbon, 1692-1740, duque de Borbón, VII Príncipe de Condé, duque de Enghien y Guisa, era hijo de Luis III de Borbón Condé. Desde septiembre de 1715 era jefe del ejército francés para Felipe de Orleans, y a la muerte de éste pasó a ser Primer Ministro de Francia.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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