ESPAÑA EN 1704-1705.

 

 

Segundo periodo de Ubilla:

agosto de 1704 – febrero 1705.

 

En agosto de 1704, Antonio de Ubilla volvió a ser Secretario de Estado de Despacho Universal, pero sin responsabilidad por las consecuencias de sus decisiones, que las tomaba el rey. No habían desaparecido las dos Secretarías del Consejo de Estado paralelas, la del Norte y la de Italia, pero quedaban muy marginadas, de modo que Ubilla manejaba toda la política exterior. Pero el sistema de Gobierno resultaba igualmente ineficaz.

Luis XIV envió en 1704 un nuevo embajador a España, el duque de Grammont, con órdenes de reformar el Gobierno que quedó así. Gobierno de agosto de 1704:

Secretaría General del Despacho Universal, Antonio de Ubilla[1], I marqués de Ribas del Jarama;

Consejo de Castilla, José de Solís Valderrábano Dávila Pacheco Girón Luna y Henríquez, conde de Montellano;

Consejo de Aragón, Fernando Moncada de Aragón y Moncada, duque de Montalto;

Consejo de Flandes, Juan Domingo Méndez de Haro y Sotomayor, esposo de Isabel Zúñiga Fonseca, condesa de Monterrey, ¿ -1710;

Consejo de Italia, Antonio Sebastián de Toledo, II marqués de Mancera;

Embajador francés, duque de Grammont. Grammont significaba el final del periodo de los D`Estrées, el cardenal y el abate, un periodo de intrigas palaciegas inaguantables. La reina María Luisa recibió a Grammont y le expuso sus quejas contra Versalles y, entonces, el nuevo embajador francés, que era altanero, amenazó con retirar la ayuda francesa a España, y pidió un Gobierno español afín a los franceses. Grammont despidió a Berwick, comandante de las fuerzas francesas en España y entonces la Princesa de los Ursinos, que estaba en París, negoció con Luis XIV que fuera enviado a España el mariscal Tessé. Grammont nunca fue grato a los españoles.

 

 

La Guerra de Sucesión a fines de 1704.

 

En septiembre de 1704, Felipe V insistió en el sitio a Gibraltar. Perduró hasta abril de 1705. El sitio requirió de casi todas las tropas y barcos españoles disponibles, y quedaron desguarnecidas las zonas de Cataluña y Portugal donde estaban atacando los aliados. El comandante del sitio, Villadarias, disponía teóricamente de 14.000 soldados y 2.500 caballos, pero ni completaba cupos de soldados, ni le llegaba comida y pólvora suficientes. Tessé, que había ido a apoyar la acción, decidió abandonar, y una vez que hubo abandonado Tessé, los abastecimientos se redujeron aún más, y Villadarias decidió también abandonar y marcharse a Puerto de Santa María (Cádiz), en abril de 1705.

Animado por las victorias, sobre todo europeas, el archiduque Carlos desembarcó en Barcelona el 13 de octubre de 1704 y fue proclamado rey de España en Valencia. Comenzaba la fase dura de la guerra en el interior peninsular.

A pesar de que Felipe V había visitado los reinos aragoneses en septiembre de 1701, y había jurado sus fueros, la corona de Aragón se había pasado al austracismo. Las causas de la guerra eran muchas: había una hostilidad hacia los comerciantes y artesanos franceses que hacían competencia a los textiles catalanes y valencianos; había miedo a perder las relaciones con Inglaterra y Holanda, países a los que Cataluña exportaba aguardiente y de los que traía algunos productos coloniales; había un mal recuerdo de los franceses en la guerra de los Treinta Años, tras la cual, en el Tratado de Llivia, se entregaron 32 pueblos de Cerdaña a Francia; había una frustración entre los notables catalanes, pues habían tenido la sensación, a finales del reinado de Carlos II, de que se gobernarían con autonomía, lo cual era impensable con Felipe V; tenían el convencimiento de que Inglaterra acabaría ganado la guerra en el Mediterráneo imponiendo al candidato austríaco, lo cual era alinearse con el vencedor; y había una rivalidad histórica por la que la Corona de Aragón siempre se oponía a las propuestas castellanas y viceversa.

El 1 de diciembre de 1704 se pusieron impuestos nuevos a la carne, aceite, vino y vinagre en los cientos, y se subió el precio de arrendamiento de estos impuestos en los millones. La orden no se cumplía porque surgió resistencia de la gente a hacerlo. Pero la amenaza estaba ahí.

El duque de Agramont[2] (en vasco) o de Grammont (en francés), conspiró ante el rey para que Ubilla fuera depuesto. Lo logró en febrero de 1705.

 

 

El Marqués de Mejorada,

febrero de 1705 – junio de 1705.

 

El Gobierno español de febrero-junio de 1705, estaba integrado por (me faltan datos en este punto):

Pedro Cayetano Fernández del Campo Angulo y Velasco Salvatierra, 1656-1721, II marqués de Mejorada, como Secretario General de Despacho Universal, en lugar de Antonio de Ubilla, el cual fue recolocado en el Consejo de Indias, un puesto secundario.

Antonio de Ubilla, en el Consejo de Indias.

José de Grimaldo.

Fernando Moncada de Aragón, Conde de Montalto.

Antonio Sebastián de Toledo[3], II Marqués de Mancera.

José Solís Valderrábano, presidente del Consejo de Castilla.

Fue puesto como confesor del Rey, el jesuita Pedro Robinet, gran defensor de los derechos de Felipe V al trono de España, regalista extremo, a quien se considera como el carácter que se mantuvo firme frente a los deseos de Felipe V de abandonar el trono de España y cedérselo al archiduque Carlos de Habsburgo. Estuvo en el cargo hasta 1715. Antes que él, en 1700-1705, había estado Guillermo Daubenton, y después volverá el mismo Guillermo Daubenton, en 1715-1723.

Los miembros de este Gobierno español estaban elegidos para que no pusieran resistencia a las reformas y decisiones del equipo francés. La situación era muy complicada, pues los soldados ingleses-portugueses avanzaban desde Lisboa, amenazaban Andalucía y estaban presentes en Cataluña. Los del Gobierno español sabían que España no podía hacer frente por sí misma a los aliados y, por tanto, se debían someter, y que los ejércitos franceses estaban tomando la responsabilidad de defender el territorio español, por lo que no había mucho que opinar.

 

 

La Guerra de Sucesión en 1705.

 

La guerra no fue bien para los Borbones ni en el interior, ni en Europa, en 1705:

En los inicios de 1705 hubo en Granada una rebelión contra los impuestos.

En marzo de 1705, la reina Ana de Inglaterra envió a Cataluña al comerciante de aguardiente Mitford Crowe con la misión de levantar Cataluña contra Felipe V. Crowe contactó en 17 de mayo con un grupo de austracistas denominados “Vigatans” (de Vich) y éstos fueron a Génova en 20 de junio de 1705 a firmar un pacto con Inglaterra, que les armó para la guerra.

En 1705, Víctor Amadeo de Saboya tomó Saboya, Niza y Piamonte, poniendo muy difíciles las cosas a los objetivos españoles. Dominar el Piamonte era fundamental para poder atacar Milán. Pero en agosto de 1705, el príncipe Eugenio de Saboya fue capturado por Vendôme en Cassano.

En primavera de 1705 los portugueses lanzaron una ofensiva en Marvao, Salvaterra, Valencia de Alcántara y Alburquerque, que completaron en mayo. Los verdaderos objetivos, Badajoz y Ciudad Rodrigo, no pudieron ser tomados. Los aliados atacaron Badajoz, pero la ciudad fue liberada por Tessé.

En 1705, Luis XIV de Francia autorizó el corso. Su propósito era incrementar el comercio francés, aunque fuera ilegalmente. Las consecuencias de esa decisión fueron sorprendentes: ingleses y holandeses compraron patentes de corso a Luis XIV, y España se vio obligada a respetar estas patentes de su aliado francés, con lo que los primeros comerciaban libremente en América y en puertos españoles. Francia se beneficiaba exportando sus productos. España no sacaba nada.

 

 

Llegada de D`Amelot a España.

 

En verano de 1705, María Luisa de Saboya y el mariscal Tessé, llegaron a la conclusión de que no podían seguir en la situación de paralización total del Estado por falta de dinero, so pena de ser derrotados, y llamaron a la princesa de los Ursinos. Ésta se trajo como embajador de Francia a Michel Jean Amelot[4], señor de Gournay, antiguo embajador en Portugal, Venecia y Suiza, y desde este momento embajador francés en España. Era una persona capaz y un diplomático hábil y se esperaba que recondujera la situación. El defecto de D`Amelot era que no conocía España, ni su historia, ni sus gentes, territorios y recursos y que traía el prejuicio de que, en general, los españoles no tenían valor ni fuerza moral y sólo se dedicaban a hacer daño a los demás como chiquillos malcriados. La gran virtud de Amelot fue fichar a algunos jóvenes españoles para su despacho, y así formó a José Patiño y Melchor de Macanaz, pilares de futuras reformas en el mismo sentido. Con Amelot volvió Orry. Jean Orry era un experto financiero que conocía España por su estancia en ella en 1702-1704, pero ya era impopular porque desde el principio había tratado de recuperar, a costa de la nobleza y la Iglesia, antiguas rentas de la Corona usurpadas por estos estamentos. Amelot se ocupó de la reforma del ejército. Orry de la reforma de Hacienda para obtener recursos para la guerra.

De 1705 a 1710, Luis XIV gobernó España con el programa de reducir los privilegios de la alta nobleza y de la Iglesia, reducir el poder político de la nobleza, someter al clero en general y órdenes religiosas en particular a la autoridad del Estado y abolir los fueros territoriales en España. Para conseguir reducir el poder político de la nobleza, ordenó respetar las formas exteriores, un trato exquisito, pero apartarles de los puestos importantes de Gobierno y eliminarles de cargos importantes del ejército, y así, la Guardia Real se hizo cargo de la custodia del rey a partir de 1705. La nobleza se dio cuenta de su apartamiento progresivo, y el conde de Montellano, Presidente del Consejo de Castilla, se opuso a todas las reformas, alegando que defendía los intereses de los españoles frente a los de los franceses. El papel de Felipe V en este plano de la política de Luis XIV fue pobre, pues no se atrevió a enfrentarse a los nobles españoles, ni tampoco a la voluntad de Luis XV, lo que dio lugar a muchos problemas en adelante.

 

 

Mejorada – Grimaldo

julio de 1705-

 

El 11 de julio de 1705, se decidió cambiar el Gobierno de España a la manera como se había hecho en septiembre de 1703, con dos Secretarías en el Consejo de Estado, entonces para Canales y Ubilla:

la “Secretaria de Estado de Despacho Universal, de Iglesia y Justicia”, que llevaría Pedro Cayetano Fernández del Campo II marqués de Mejorada y se ocupaba de todos los asuntos que no fueran competencia, o reclamara para sí, Grimaldo. El marqués de Mejorada continuaba en su cargo de Secretario de Estado de Despacho Universal, pero su cargo era limitado en poderes, pues él sólo era “consejero” del Rey. En los temas de Guerra y Hacienda, y en todo lo que se relacionase con ellos, debía respetar la autoridad de José de Grimaldo, porque éste tenía poder ejecutivo y era responsable de sus acciones de Gobierno. Los historiadores lo tratan de expresar diciendo que Mejorada era Secretario “de todo lo demás”, de aquello en que no interviniera Grimaldo.

la “Secretaría de Despacho de Guerra y Hacienda”, que llevaría José Martínez de Grimaldo y Gutiérrez Solórzano. Grimaldo, como ya lo había hecho antes Canales, tuvo responsabilidad por sus actos y capacidad de obrar por su cuenta sin esperar confirmación del rey. Por ellos, Grimaldo puede ser considerado como el segundo “ministro” de la historia de España (el primero había sido el marqués de Canales en septiembre de 1703). Grimaldo continuaría en el Gobierno hasta 1724, pero en 1714 hubo una remodelación importante del sistema de Gobierno que dividió el poder entre varios ministros responsables. José de Grimaldo era un hombre con experiencia en el Gobierno, pues llevaba desde 1678 en el Consejo de Indias, y continuó la labor que Canales había empezado en 1702 y 1703, en el ejército, terminando las reformas y añadiendo la fabricación de armas y pólvora, elementos imprescindibles para el soldado. Las reformas sugeridas por Orry con poco éxito en años pasados, volvieron a intentarse con Grimaldo. Grimaldo era del grupo de Amelot y de Orry, reformistas convencidos.

En la presidencia del Consejo de Castilla se colocaría a un administrativo, que no era obispo ni Grande de España, y se llamaba Francisco Ronquillo, más adelante conde de Gramedo. Ronquillo era un personaje con pocos estudios y corto ingenio, tosco y áspero, deliberadamente insociable, un personaje para ser manejado, incapaz de dirigir nada con prudencia e inteligencia.

Grimaldo llevaba la idea de reducir las competencias de los Consejos, y en 2 de octubre de 1706, las dos Secretarías del Consejo de Estado quedaron reducidas a una, e igualmente las dos Secretarías del Consejo de Guerra quedaron en una.

 

 

El equipo francés de 1705.

 

La tutoría francesa de la Princesa de los Ursinos, D`Amelot, Orry, Berwick, Tessé, Robinet y otros, es imprescindible para interpretar el Gobierno de España a partir de 1705.

Luis XIV había llegado a la conclusión de que los españoles eran incapaces de hacer frente a sus responsabilidades de Gobierno. Creía que, para los españoles, era más importante salvar sus privilegios como nobles o como clérigos, que racionalizar la gestión del Estado. Todos los españoles veían necesarias las reformas, pero ninguno estaba en condiciones de afrontarlas. También había constatado que los gobiernos franceses que había enviado hasta 1705, habían perdido el tiempo en disputas internas de quién y qué era prioritario, y cómo afrontar los problemas, dado que todo era un problema, y habían caído en discusiones absurdas de si se atendía lo militar y se caía en más déficit de Hacienda, o se atendía Hacienda y se limitaba la disponibilidad de ejércitos. Por ello, lo cambió todo, el equipo francés, y el Gobierno español.

En cuanto al equipo de Gobierno francés en España, se vio protagonizado por la Princesa de los Ursinos como jefe de Gobierno francés en la sombra, Orry para Hacienda, y Michel Jean D`Amelot para disponer del ejército y controlar al Gobierno de los españoles.

La Princesa de los Ursinos, la Orsini volvió a España en julio de 1705, pues había pasado el año anterior en Versalles y volvió a cambiar el Gobierno a su gusto, cambiando a todos los partidarios del poder de los Consejos sobre el rey, para lograr un verdadero absolutismo en España, un rey que gobernase por sí mismo. La orden de Luis XIV era que la Orsini debía ser respetada en todo. Sin embargo era más proclive a las reformas que en la primera fase de su estancia en España. Su poder radicaba en la información que le pasaba a Luis XIV y las respuestas que de él recibía. Se la considera jefa del Gabinete francés.

Jean de Orry se convirtió en el asesor del Gobierno en materia de economía, lo que conllevaba la gestión de gastos militares, que eran el 75% de los gastos de Hacienda. Su vuelta desde Francia Orry, significaba el propósito de continuar las reformas al estilo marqués de Canales. En 1705, Orry era “Ministro Encargado de Finanzas”, cargo que evolucionó con los años a “Secretario de Hacienda” y más tarde a “Ministro Universal”, hasta su caída en 1714.

Michel Jean D`Amelot[5], el nuevo embajador de Francia en España desde junio de 1705, era un hombre con mucha experiencia en economía política, y había sido embajador Venecia, Portugal y Suiza y conocía un poco los problemas europeos. D`Amelot llegó en mayo de 1705 como embajador francés en España. Su misión era controlar las reformas necesarias en el Gobierno español, incluidas las del ejército español. Sustituía en esa misión a Grammont. Aparte de reformar la Hacienda española, fue importante porque aportó los conocimientos necesarios a españoles tan interesantes como José Patiño y Melchor de Macanaz.

Pedro Robinet, jesuita francés al servicio de Luis XIV, sustituía al jesuita Daubenton como confesor Real. Las órdenes para Robinet eran que debía limitarse a ser confesor del rey Felipe V, y no a intervenir en política. Robinet era de carácter fuerte defendiendo los derechos de Felipa V al trono de España y regalista extremo, de modo que no permitió que Felipe V cediera sus derechos al archiduque Carlos, como varias veces propuso el propio Felipe. Estaba en contacto frecuente con Orry y Macanaz y les apoyaba en cuanto a limitar los derechos del clero. En 1713 decidió crear la Biblioteca Real. Estuvo en el cargo hasta que Isabel de Farnesio le echó en 1715.

El mariscal Tessé, sustituía a James Fitz-James[6], duque de Berwick como estratega director de la guerra en la Península Ibérica. René de Froulay de Tessé[7] estuvo en el cargo hasta mayo de 1706.

El equipo francés, Orry, D`Amelot, Tessé y la Princesa de los Ursinos, era capaz, trabajador. No había nobles de primera fila en este equipo, sino gente muy comprometida con Luis XIV.

 

 

El programa de Gobierno D`Amelot.

 

El control general de la Administración correspondía a D`Amelot, y el control de las finanzas correspondía a Orry, pero subordinado a D`Amelot. Los objetivos de D`Amelot eran: eliminar la preponderancia de la alta nobleza española en el gobierno; eliminar la preponderancia de los Consejos, que eran el vehículo a través del que se imponía la alta nobleza; someter al clero; eliminar resistencias de los países forales; reformar Hacienda y Casa Real; reconstruir el ejército español; y reorganizar la administración en general.

El programa D`Amelot era una renovación completa de España, pero mucho más que eso, pues tenía aspectos de revolución al apartar a la alta nobleza del Gobierno, eliminar sus privilegios, eliminar privilegios fiscales y jurisdiccionales del clero, y eliminar privilegios forales. Aunque era un programa imposible, demasiado ambicioso, se hicieron muchas reformas:

Propuso que el clero pagara impuestos y que se suprimieran fueros territoriales, sembrando algún temor entre los conservadores españoles.

Se excluyó a los Grandes de España de la política, aunque se tuviera al marqués de Mancera como símbolo de que no se les estaba apartando. Precisamente la incorporación de un viejo de 97 años simboliza lo que estamos refiriendo.

Se ordenó que en adelante, los mandos del ejército deberían acreditar preparación militar, y no títulos nobiliarios ni ascendientes militares.

Se puso alrededor del monarca, Felipe V, una guardia personal extranjera, de modo que los nobles no pudieran acceder fácilmente al monarca y forzarle a otorgar destinos y prebendas. En agosto de 1705, se decidió que el capitán de esta guardia fuera T`Serclaes de Tilly, con la orden de acompañar en todo momento a la persona del rey y proteger su persona de todos sin excepción. Los Grandes de España protestaron inmediatamente e hicieron “huelga” de no ir a misa con el rey, lo cual no sirvió de nada, pues el rey acudió en adelante solo.

Se restableció la Tesorería Mayor de Guerra y se puso al frente de la misma al conde de Moriana.

Se nombró al marqués de Canales director de los negocios de la guerra, por su experiencia reciente en ello.

En 12 de febrero de 1705 se bajó el interés de los censos, desde el 5% al 3%, para reducir los gastos del Estado. El pago de intereses de juros, y censos representaba el 73% del presupuesto del Consejo de Castilla, y no se pagaba a todos los interesados, sino hasta donde llegaba con la partida destinada a pagos. Ya en el siglo XVII se había bajado el interés desde el 7% al 5%. El interés se pagaba en dinero. Esta disposición entró en vigor en la Corona de Aragón en 1750, añadiendo en este caso, que se podía pagar en dinero o en especie. Los censos eran rentas que percibían ciertas personas por un bien cedido en uso al Estado en alguna ocasión. El propietario del bien cedido, podía vender ese bien, conjuntamente con el censo existente. Había “censos al quitar” que eran redimibles por el Estado, y “censos perpetuos”. La cantidad que el Estado abonaba por este concepto era muy alta y se calculaba en 43 millones de reales en Castilla, y 68 millones en Aragón. La mayor parte de los beneficiarios eran eclesiásticos, el 72%, pero el 28% restante eran laicos.

En 1705 hubo un nuevo impuesto consistente en una contribución territorial de un real por fanega de tierra de labranza y 2 reales si la tierra era de regadío, viña u olivar, los alquileres de casas pagarían el 5% del alquiler, las dehesas, tierras de pastos y los ganados, pagarían el 5% del valor de la producción.

El 5 de junio de 1705 se hizo una nueva Junta de Comercio, integrada ahora por 21 expertos, que debían estudiar las relaciones comerciales entre España peninsular y América. La primera Junta de Comercio, ahora extinguida, había sido creada por Carlos II, y sería liquidada por Felipe V en 18 de abril de 1707). El principal debate de la nueva Junta fue el sistema de flotas, el mismo debate que ya tenía la Junta anterior, y tampoco se llegó a ninguna conclusión, igual que la anterior.

 

La oposición al equipo D`Amelot se iba haciendo progresivamente austracista y se oponían tanto a la existencia de unos franceses en el Gobierno como a que la Corona cayese en manos de un Borbón. En Castilla, los austracistas eran unos pocos nobles, sin capacidad de arrastrar a la población en masa. En Aragón, eran clases medias que sí movían contingentes importantes de población. Los austracistas hacían causa común con los aliados, les daban información y ayuda militar, desde la ilegalidad y clandestinidad, por supuesto. También había austracistas aragoneses de clase alta. Se declararon austracistas[8]: José Antonio Rubí marqués de Rubí; Rodrigo Manrique de Lara conde de Frigiliana; Pedro Velasco marqués del Fresno; Federico de Toledo marqués de Villafranca; Francisco Benavides conde de San Esteban del Puerto; el marqués de Laguna; José Folch y Cardona conde de Cardona y marqués de Castellnovo; el conde de Zavellá; Antonio Vicenttello Erill conde de Erill; Fernando Meneses de Silva conde de Cifuentes; el conde de Centelles; Cristóbal de Córdoba y Aragón conde de Sástago; Bartolomé Isidro Moncayo y Palafox marqués de Coscojuela; Antonio Benavides marqués de Castropinós; conde de Fuentes; conde de Luna; Juan Lanuza conde de Plasencia.

Había otra oposición no austracista, simplemente antifrancesa, contraria a que el Gobierno fuera gestionado por franceses, pero aceptando a Felipe V. Esta facción era liderada por Portocarrero y por Manuel Arias, y actuaban por inacción, no reprimiendo los motines que aparecían en Madrid. Portocarrero se pasaría a los austracistas en 1706 con motivo de la llegada del archiduque Carlos a Madrid.

Los católicos eran otra oposición el Gobierno, más bien de no cooperación. Por ejemplo, en 1705, el padre Juan Martínez de Ripalda llevó muchos jesuitas a Nueva Granada.

 

 

La guerra en la Corona de Aragón en 1705.

 

En 20 de junio de 1705, Mitford Crow (embajador de Inglaterra en Italia), y Antonio Paguera y Domingo Parera, catalanes delegados del Archiduque Carlos, pretendiente a Carlos III, firmaron el Tratado de Génova, por el que Inglaterra se comprometía a ayudar a los catalanes a expulsar a los franceses de España. El rey legítimo de España sería Carlos III (archiduque Carlos de Austria), y el nuevo sistema político respetaría los fueros catalanes.

El 10 de julio de 1705, el general inglés Stanhope de una parte, y el príncipe de Liechtenstein, el conde de Oropesa y el conde de Cardona, de la otra parte, hicieron un Tratado de Comercio por el que se creaba la Compañía de las Indias, con capital británico, y los catalanes daban pleno derecho de comerciar con América a los ingleses. No deja de ser curioso que negociaran con lo que no era suyo, pues América era exclusivamente castellana, y los súbditos de la Corona de Aragón necesitaban permisos especiales para llegarse a América.

El 24 de julio de 1705, la flota anglo holandesa salió de Lisboa llevando consigo a Carlos III de Habsburgo, archiduque de Austria. Los barcos los mandaba el almirante Clondesley Shovel. La fuerza de desembarco, integrada por 58 navíos y 30 fragatas, además de numerosos transportes y 25.000 hombres, la mandaba Charles Mordaunt conde de Peterborough. Atacaron Cádiz y fracasaron, llegaron a Gibraltar y embarcaron a Darmstadt, quien había resistido allí los ataques español y francés desde junio de 1704, atacaron Almería, Murcia, Alicante, tanteando puntos débiles para establecer cabezas de puente, para una lucha en la costa levantina, pero no encontraron ninguno. Entonces atacaron los pueblos austracistas de Altea[9] (Alicante) el 10 de agosto, y Denia, Oliva y Játiva (Valencia), donde esperaban una mayor colaboración, y allí el archiduque se proclamó rey de España e inició una sublevación[10].

El virrey de Valencia, Antonio Domingo de Mendoza Caamaño y Sotomayor marqués de Villagarcía era un diplomático que había combatido a los austracistas con medidas blandas, desterrándoles, y a la llegada de la flota angloholandesa no tuvo el coraje de combatir, o no pudo hacerlo. Fue sustituido como Virrey por Joaquín Ponce de León duque de Arcos, que ya no pudo tomar Valencia ni entrar en el mando, dándose Valencia por perdida.

Los aliados decidieron abrir un nuevo frente de guerra en Cataluña aprovechando que los catalanes protestaban contra las reformas de Felipe V, y que los aliados contaban en sus filas con la colaboración de Darmstadt, un hombre que había sido virrey de Cataluña en tiempos de Carlos II y conocía la zona.

El 21 de agosto la flota salió de Tarragona y el 22 de agosto de 1705, la flota anglo-holandesa atacó Barcelona. La ciudad era defendida por Francisco Velasco. El 24 de agosto se produjo el desembarco en San Andrés de Palomar, en el bajo Besós. El 28 de agosto llegó el archiduque, desde Denia, y prometió a los catalanes privilegios, fueros y libertades. Carlos de Habsburgo contaba con 17.000 soldados. Los catalanes de los pueblos vecinos colaboraron con el archiduque y éste tomó Barcelona en 15 días, culminando la acción el 9 de octubre. Nadie les incomodó, pues la flota española tenía orden de no atacar a barcos ingleses, y la población no colaboraba con Felipe V. Velasco no se atrevía a convocar a la milicia ciudadana, porque creía que si les daba armas las utilizarían contra él. Inmediatamente de conocer la toma de Barcelona, Valencia y Murcia se declararon austracistas y aceptaron al archiduque de Austria, como Carlos III de España. El 22 de octubre, el archiduque entró en Barcelona, y el 7 de noviembre juró los fueros catalanes y convocó Cortes.

En Barcelona resistía el castillo de Montjuich como baluarte borbónico, pero Gerona y Tarragona se decantaron por los ingleses y fueron decisivos para levantar muchos barcinonenses por Austria. La Generalitat de Barcelona y el Consejo de Ciento, y bastantes militares, algunos nobles y algunos altos cargos de la Administración estaban con Don Carlos de Austria. Todos juntos fueron a atacar Lérida y la tomaron pronto, pasando de allí a Aragón en donde hubo una guerra formal entre tropas catalanas y castellanas, dividiéndose Aragón entre los dos bandos. En Aragón y Valencia, se produjeron guerras con aragoneses y valencianos por ambos bandos. En general, la hostilidad contra los franceses estaba alimentada por el bajo clero, mientras la aristocracia estaba de parte de Felipe V.

La rebelión catalana era protagonizada por la clase dirigente, la oligarquía de Barcelona y la aristocracia tradicional comercial. Narciso Feliu Penya reclamó para los catalanes el derecho al comercio americano, monopolio de Castilla. En 1701, Felipe V les había prometido respeto a sus fueros, puerto libre, reforma de impuestos, una compañía marítima con derecho a acceder a Indias con dos barcos anuales, pero ello significaba por su parte el respetar el monopolio de Sevilla-Cádiz en el resto del comercio americano. No les gustó su postergamiento, y decidieron pasarse al austracismo pensando que sacarían más ventajas comerciales de ello. La élite comercial se hizo dueña de Barcelona, Cataluña siguió a Barcelona, y el pueblo siguió a sus élites, sumiso e inconsciente, y se integró en los “migueletes”, grupos de campesinos armados, al servicio de austracismo. Nada tenía otro sentido que defender los intereses de la élite comercial barcelonesa, e incluso los sacerdotes y monjes se declararon austracistas. Nada tenía sentido, porque Carlos de Austria era más absolutista que Felipe V y odiaba los privilegios, por lo que, teóricamente, los catalanes se levantaban en contra de sus propios intereses. Era una circunstancia de guerra, que evidentemente no era sostenible. Cuando Carlos de Austria se fue de Cataluña en 1711, los catalanes le importaron lógicamente muy poco, y los comerciantes barceloneses tantearon a Felipe V por si les perdonaba y concedía los privilegios que no habían tenido antes de iniciar la guerra, pero Felipe V les calificó de canallas y sinvergüenzas, y les ofreció condiciones propias de vencidos. Fue un error de Felipe V. El 10 de julio de 1714, en el colmo del absurdo, Cataluña declaró la guerra a Felipe V, justo en el momento en que iban a ser derrotados, lo que hizo que los términos de la rendición fueran aún más duros, y el servilismo catalán hacia sus élites comerciales perjudicó a toda Cataluña. Entonces, cada grupo social buscó sus propios intereses: el alto clero y alta nobleza catalana declararon que nunca habían sido austracistas, actitud consecuente con el hecho de tener muchos de sus intereses económicos en Castilla, y los campesinos se desligaron de sus anguos gobernantes, las élites comerciales e industriales catalanas, apoyadas por el brazo militar y por la inmensa mayoría de los estudiantes universitarios catalanes. El pueblo catalán había pedido pan, y había luchado porque creía que los comerciantes e industriales se lo iban a dar, pero fue engañado una vez más, y terminada la contienda, siguió pidiendo pan, pues nada cambió en Cataluña. Los industriales y comerciantes siguieron pagando sueldos de miseria y explotando al pueblo catalán, pero utilizaron la derrota a su favor, para echar la culpa de lo sucedido a Felipe V. Felipe V “había salvado su honor” castigando a los rebeldes catalanes, al tiempo que cometía un error de dimensiones históricas considerables.

Valencia se declaró partidaria de Carlos. Empezaba la guerra interior española con Carlos instalado en Barcelona como centro de operaciones. Valencia se sumó a los austríacos en agosto de 1705. Se sublevaban a favor del archiduque los campesinos de las comarcas meridionales valencianas, los mismos que se habían sublevado en 1693 contra el régimen señorial. Las instituciones forales valencianas estaban de parte de Felipe V, pero fueron cercadas por los campesinos.

Andalucía, donde tantas esperanzas habían puesto los británicos en una colaboración, no se había sublevado contra los Borbones, pero Cataluña sí.

En septiembre de 1705, los austracistas decidieron acabar con la resistencia del castillo de Montjuich en Barcelona. El 14 de septiembre murió en el asalto a la fortaleza George de Hesse Darmstadt. El 17 de septiembre, una explosión provocada desde dentro de las murallas, derrumbó parte de éstas, al tiempo que los ingleses bombardeaban desde el mar, y el virrey Francisco de Velasco se rindió a Peterborough el 8 de octubre, pasando la fortaleza a manos británicas entre el 15 y 20 de octubre. El 5 de noviembre de 1705, Carlos III entró en Barcelona y fue jurado rey de España y conde de Barcelona en el convento de los capuchinos de Sarriá. Cataluña entera se sumó a la causa austracista.

El 2 de octubre, Peterborough pidió a Francisco Velasco la rendición, éste se lo comunicó a la Generalitat y al consejo de Ciento el 4 de octubre, y se rindió el 9 de octubre.

Fernando Meneses de Silva, conde de Cifuentes, tras saber de la caída de Barcelona en manos de los austracistas, sublevó Alcañiz, Caspe, Monroyo, Calaceite a favor de Carlos III. Lérida fue tomada por unos centenares de guerrilleros, Tarragona y Reus fueron tomadas por José Nabot (un guerrillero de Riudoms), y apareció también otro guerrillero llamado Juan Barceló, alias el Carrasclet de Capsanes (carrasclet es trabajador de la carrasca, y carrasca es en todo el reino de Aragón una encina de bajo porte que se utiliza para hacer carbón vegetal).

Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga[11] conde de San Esteban de Gormaz, virrey de Aragón, el cual estaba asistido por Melchor Rafael de Macanaz, había abandonado Zaragoza para ir con Felipe V y había dejado la ciudad en manos de Miguel Francisco de Pueyo, el cual no quiso enfrentarse a los austracistas Cristóbal de Córdoba y Aragón conde de Sástago; Bartolomé Isidro de Moncayo y Palafox marqués de Coscojuela; Antonio de Benavides marqués de Castro Pinós; y Jorge Fernández de Heredia e Híjar conde de Fuentes, que habían tomado la ciudad de Zaragoza en junio de 1705.

 

 

El contraataque de Felipe V en diciembre de 1705.

 

Felipe V estuvo pasivo durante algún tiempo ante los sucesos de Cataluña, y se limitó a enviar a Versalles al Conde de Aguilar y a D`Aubigny, secretario de la Ursinos, a consultar qué se debía hacer. Luis XIV estaba en esos días pensando en firmar una paz con Austria y no era partidario de atacar a Cataluña, donde la población presumiblemente le sería hostil. Al recibir a los delegados de Felipe V, Luis XIV se replanteó la situación. La discusión fue difícil, pues Torcy y Chamillard opinaban que había que abandonar Cataluña y hacer la paz con Austria para eliminar algún frente de batalla, pues se estaba luchando en Italia, Flandes, el Rin y España, y no era aconsejable enviar otro ejército a Cataluña. D`Aubigny apeló a Madame Maintenon y a los hijos del Gran Delfín que habían prometido ayuda a su hermano Felipe de Anjou, y fue el Gran Delfín el que convenció a Luis XIV de que debía ayudarse a Felipe V de España.

Felipe V decidió dividir sus fuerzas en dos ejércitos, el de Portugal y el de Cataluña. Él mismo comandaría el de Cataluña mientras dejaba como Gobernante de España a la reina. El embajador francés exigió estar en el Consejo de Regencia, hasta que Luis XIV le comunicó que, puesto que Felipe V no salía de España, no era necesario ningún Consejo de Regencia y bastaba con que la reina se encargara de los asuntos de Gobierno.

Las tropas españolas y francesas acantonadas en la frontera portuguesa, mandadas por Tessé, fueron desplazadas hasta Zaragoza. Los aragoneses pidieron peajes por el paso de las tropas, y hubo algunos incidentes. Los incidentes tuvieron mayor incidencia en Zaragoza, donde los vecinos se negaban a aceptar albergar a soldados y hubo algunos muertos franceses.

 

 

La guerra en la Corona de Aragón en 1705.

 

La situación en Aragón quedó neutralizada cuando Felipe V nombró capitán general de Aragón a Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga XII conde de San Esteban de Gormaz. También nombró jefe del ejército borbónico en Aragón al príncipe T`Serclaes de Tilly, actuando como aprovisionador de ese ejército Jean Orry. Tilly atacó el Bajo Aragón y tomo Alcañiz y Calanda, donde ahorcó a 50 paisanos. El ahorcamiento de Calanda fue utilizado como propaganda por los austracistas, que así lograron la sublevación de Zaragoza en 28 de diciembre de 1705. Felipe V ordenó no tomar represalias contra los sublevados de Zaragoza para no incrementar los resentimientos, y Zaragoza permaneció en manos borbónicas. Juan Manuel Fernández Pacheco conde de San Esteban de Gormaz tomó Barbastro (Huesca), pero no pudo con Ribagorza y los valles pirenaicos orientales (Monzón y Fraga), que se declararon austracistas, excepto Ainsa y Jaca que fueron borbónicos. Fernández Pacheco se hizo fuerte en el límite entre Aragón y Cataluña. Cristóbal de Moscoso y Montemayor conde de las Torres se hizo fuerte al norte de Valencia. De modo que trataban de aislar a Barcelona.

Por fin, el 23 de febrero de 1706, Felipe V salió de Madrid para incorporarse al ejército, lo cual hizo en Caspe el 14 de marzo, donde se encontró al mariscal René Froulay de Tessé y a Claude François Bidal d`Aspheld caballero D`Asfeld y sus 10.000 soldados. Para completar la campaña se dio orden al francés Luis Alejandro de Borbón conde de Toulouse[12] para acudir a Cataluña con 30 navíos, y al francés Adrien Maurice de Noailles[13] III duque de Noailles, de atacar desde Francia. Por último, Felipe V hizo un manifiesto en Calpe prometiendo el indulto a todos los catalanes que se pasaran a su bando en el plazo fijado en el manifiesto.

El 17 de marzo de 1706, Felipe V acampó en Fraga, y Tessé recomendó tomar Lérida, Monzón y Tortosa, antes de emprender el ataque a Barcelona. Noailles llegó con 3.000 hombres y atacó Figueras, pero se quedó clavado en Gerona, que no fue capaz de dominar.

El archiduque Carlos pidió auxilio a Peterborough y a Nebot y reclutó 1.800 milicianos, pero su mayor ayuda fue la del Conde de Cifuentes que llegó con 12.000 hombres.

Por el contrario, Felipe V tenía mucho apoyo de los castellanos, pues los hombres se enrolaban voluntarios en el ejército, y no había demasiados problemas para recaudar impuestos extraordinarios. El clero predicó la cruzada y condenó al archiduque. No sucedió lo mismo entre la nobleza, cuyos integrantes estuvieron divididos entre los dos bandos.

Navarra y el País Vasco permanecieron fieles a Felipe V.

En lo que respecta a Mallorca, no se encuentran razones para explicar su levantamiento a favor de Carlos de Austria, excepto por mimetismo con Cataluña y Valencia.

 

 

La guerra en la frontera de Portugal en 1705.

 

En octubre de 1705, los aliados (ingleses del general Galloway, holandeses del general Fajel, y portugueses del Marqués de Minas) lanzaron una ofensiva sobre Badajoz. Se envió contra ellos al mariscal Tessé, que les obligó a retirarse. Esta ofensiva portuguesa, en combinación con la toma de Barcelona de 9 de octubre 1705, era una amenaza muy seria para la monarquía borbónica. Los españoles de Felipe V culparon al Gobierno francés de conducir a España al desastre.

 

 

Los borbónicos ante la guerra en 1705.

 

El planteamiento sociopolítico de la guerra, en el interior de la Península, era complicado: En general, en Castilla, el pueblo y el clero simpatizaban con los Borbones y la nobleza con los Austrias. En Aragón, el pueblo y el clero simpatizaban con los Austrias y la nobleza con los Borbones.

En Madrid, una parte de la nobleza y altos cargos de la Administración estaban con el archiduque, pero la mayoría de ambos conjuntos se pusieron de parte de Felipe V. En esta tesitura, y con el pueblo por Felipe V, las incursiones de Carlos de Austria sobre Madrid, tenían poco futuro.

Luis XIV creía que la situación era claramente favorable a los Austrias, y por ello hizo una proposición de paz a Holanda (octubre de 1705) ofreciéndole repartir todas las posesiones españolas en Europa y dejar a España solamente con las Indias (América). El archiduque se llevaría Italia, el elector de Baviera se llevaría el Franco Condado y el duque de Lorena se llevaría los Países Bajos Españoles (Bélgica). Francia no quedaba sin su parte, pues Lorena, Luxemburgo, Namur, Charleroi y Mons serían francesas. No se le aceptó la propuesta.

Las dificultades bélicas se traducían en inestabilidad política. La clave era eliminar sospechosos de austracismo de los cargos importantes:

En noviembre de 1705 sería nuevo presidente del Consejo de Castilla Francisco Ronquillo Briceño, conde de Gramedo, quien permanecería en ese cargo hasta noviembre de 1713. Sustituía a José Solís Valderrábano. A continuación, en 1706 hubo una renovación importante en el Consejo de Castilla, pues fueron eliminados cuatro consejeros partidarios del archiduque Carlos.

En noviembre de 1705, el Consejo de Estado presidido por Portocarrero, hizo una exposición de quejas al rey, y días después, el duque de Medinaceli y el conde de Aguilar pidieron a D`Amelot que se retirase del Gobierno.

En 1706, aprovechando la reducción de personal en la Administración, se estaban eliminando austracistas en el Gobierno. Con las reducciones que ya había habido en 1701 y la que habría en 1713, se pude decir que las reformas en la Administración en la época de tutela de Luis XIV, fueron de las más importantes de España.

 

 

[1] Antonio Cristóbal de Ubilla y Medina, 1643-1726, I marqués de Rivas de Jarama.

[2] Agramont es un territorio entre Francia y Navarra. El duque fue nombrado embajador de Francia en España en 1702, y desde su puesto conspiraba contra Ubilla.

[3] Antonio Sebastián de Toledo, 1620-1715, fue un caso de supervivencia extraordinario, más de 95 años. Había sido austracista, y sin embargo, Luis XIV lo incluía desde 1703 en las listas de los que habían de formar Gobierno desde, a la edad de 83 años.

[4] Michel Jean Amelot, 1655-1724, barón de Brunelles y marqués de Gournay, era hijo de Charles Amelot, Presidente del Gran Consejo de Luis XIV, y sobrino de Michel Amelot de Gournay, arzobispo de Tours. En 1682 fue embajador en Venecia, en 1685 en Portugal, en 1688 en Suiza, y en 1698 Consejero de Estado para Luis XIV. En 1705-1709 estuvo en España, y su principal función fue la reorganización del ejército español. Se mostró prudente, docto, experimentado y trabajador.

[5] Michel Jean D`Amelot, 1655-1724, barón de Brunelles y marqués de Gournay, era consejero de Luis XIV desde 1698 y había desempeñado cargos de embajador en Venecia en 1682, Portugal 1685, Suiza 1688-1698, siendo destinado a España en 1705 para reformar el ejército español. Las protestas nobiliarias lograron expulsarle de España en 1709.

[6] James Fitz James, 1670-1734, I duque de Berwick por Inglaterra en 1687 duque de Fitz James por Francia, duque de Liria por España 1707, era hijo ilegítimo del rey Jacobo II de Inglaterra y nació y fue educado en Francia, por los jesuitas. En 1693 ingresó en el ejército francés y en 1704 fue enviado a España a gestionar la guerra.

[7] René Froulay de Tessé, 1648-1725, mariscal de Francia desde 1704, fue enviado a España en 1704 como comandante en jefe de las fuerzas francesas en España y se dirigió en 1705 a Gibraltar, donde el marqués de Valladarias tenía sistiada la plaza. Observó las malas condiciones de la operación militar y decidió abandonar el sitio. Fue sobre Badajoz y Alcántara y levantó los sitios a que las tenían sometidas los austracistas portugueses. En 1706 se dirigió a Barcelona y la puso sitio en combinación con la escuadra del conde de Tolosa, pero abandonó en mayo de 1706 al tener noticias de la lelgada de la flota del almirante John Leake. El hecho de abandonar armas y municiones en Barcelona, produjo su destitución. Se marchó a Francia, donde en 1707 defendió Tolon de los ataques austracistas.

[8] María José Casaus Ballester. La Casa de Híjar ante la entronización de Felipe V. Archivo Ducal de Híjar.

[9] Los aliados llevaban consigo a un líder regional, Francisco García, protagonista de una rebelión en 1796, el cual desembarcó en Altea y se propuso alzar a la población prometiendo lo que otras veces había funcionado: liberación de impuestos y servicios y reparto de tierras. Algunas ciudades se sublevaron bajo esta bandera, luchando más contra los nobles que a favor del archiduque. Este triunfo del archiduque en Valencia fue pírrico, porque una vez triunfante la sublevación, los sublevados se negaban a pagar impuestos y comenzaron un programa de ocupación de fincas, lo cual dejaba al archiduque sin recursos para financiar su guerra. Y por tanto, las fuerzas militares valencianas austracistas se vinieron abajo, porque no se les pagaba, y también a la postre la “revolución social” de ocupación de tierras fracasó, porque no tenía sentido, era utópica, imposible de llevar a la práctica.

[10] No es fácil identificar a los austracistas con territorios o grupos sociales. Por ejemplo, los capuchinos de Valencia recibieron al austracista Peterborough a tiros, y el obispo de Murcia se enroló en el ejército borbónico.

[11] Juan Manuel Fernández Pacheco y Zúñiga, 1650-1725, VIII marqués de Villena, VIII duque de Escalona, VIII conde de Xiquena, XII conde de San Eteban de Gormaz, X marqués de Moya, virrey de Aragón en 1705, es más conocido como fundador de la Real Academia Española en 1713. Huérfano desde los tres años de edad, había nacido como Juan Manuel Fernández Pacheco Acuña Girón y Portocarrero, XII conde de San Esteban de Gormaz, pero en la época se escogían los apellidos preferidos por el interesado.

[12] Luis Alejandro de Borbón era hijo natural de Luis XIV.

[13] Adrien Maurice de Noailles, 1678-1766, III duque de Noailles, 1708-1766, era hijo de Anne Jules de Noailles, 1650-1708, II duque de Noailles, el que había acompañado a Felipe V en su viaje a España en 1700.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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