LA ILUSTRACIÓN EUROPEA.

 

 

 

Concepto de Ilustración.

 

El término Ilustración contiene el infijo latino “lux” (luz en español), que forma parte de muchas palabras castellanas como lustre, lustroso, ilustre… es decir, que brilla o refleja destellos de la luz. La luz es, por supuesto, la razón, el pensamiento, el alma. Esto nos da una primera aproximación a su significado.

La Ilustración es un movimiento intelectual de racionalización de todos los aspectos de la vida humana, producido en el XVIII, que basa sus ideas en grandes pensadores del XVII: Francis Bacon, René Descartes, Isaac Newton, Pufendorf, Locke, para culminar en Kant y Hume en el XVIII. Se llama racionalismo y también ilustración, y, como la gran obra de difusión del racionalismo es la Enciclopedia, se llama también a veces enciclopedismo. En Francia se conoce como Siecle des Lumieres, en Alemania como Aufklärung, en Italia como Illuminismo, en Inglaterra como Enligtenment.

Los grandes temas de los ilustrados eran, en primer lugar, la renovación del saber antiguo (filosofía, hagiología, dialéctica, retórica, teología…), eliminando cuestiones que se oponían a la razón, y depurando otros campos como la literatura y el arte, tratando de hallar reglas racionales que justificasen la belleza, y el campo de la historia a fin de entresacar lo verificable de entre lo simplemente no sucedido. Particularmente difícil era el campo de la religión, cuya racionalización llevaba, bien a una renovación profunda del culto y ritos religiosos, incluyendo eliminar santos que nunca habían existido, o bien a la creación de una nueva religión universal, superadora de todas las religiones. Nada debía ser aceptado nada más que porque sí, porque lo habían dicho algunos antepasados. Todo debía ser analizado a la luz de la razón y puesto en duda si no se acertaba a racionalizarlo. En filosofía se dio un valor absoluto a la razón y se despreció lo no razonado o no razonable. Se consideraba que la felicidad existe y que se alcanza por el racionalismo, y que el hombre está en su derecho de perseguir la felicidad.

Y en segundo lugar, una vez producida la revolución científica del XVII, la aplicación de la razón a nuevos campos del saber: las ciencias de aplicación inmediata como la medicina, las ciencias más teóricas como la física y ciencias de la naturaleza, y los campos de la realidad que nunca se habían considerado racionalizables como la economía, la felicidad, el progreso, la educación, tratando bien de hallar una unidad de medida que permitiera racionalizarlos, o bien unas reglas naturales (de acuerdo con la naturaleza) que sustituyeran a reglas sociales irracionales existentes por entonces entre los eruditos. En ciencia se planteó la necesidad de justificar todos los saberes y eliminar así todos aquellos que fuesen simples supersticiones, creencias absurdas, brujerías, tradiciones irracionales. Creían que la ciencia era el camino que traería el progreso y la felicidad al hombre.

En materia social se criticó la estructura en estamentos porque los privilegios no tienen explicación y sólo son costumbres heredadas. La nobleza fue tachada de inútil y el clero de ignorante.

En política se llegó a la conclusión de la necesidad de un Despotismo Ilustrado o gobierno de la razón sin dar oportunidad ninguna a la mayoría ignorante y supersticiosa. La racionalidad pedía una centralización administrativa, uniformidad de leyes, fiscalidad uniforme, intervención del Estado en educación para racionalizar la sociedad futura y eliminación de privilegios estamentales. Y llegó un pensador excelente que fue John Locke 1632-1704, que hizo una teoría que daría mucho que hablar en los siguientes siglos: el liberalismo. En el liberalismo, el hombre, cada individuo, es sujeto de derechos. Los derechos esenciales del hombre son la vida, la libertad y la propiedad, y además el derecho a defender sus derechos. Para defender sus derechos sin una guerra interminable que los destruya, debe constituir el Estado, pero el Estado se hace para defender los derechos del ciudadano y no el ciudadano para el Estado. El Estado debe estar controlado por los ciudadanos para que no pueda imponerse sobre los derechos de éstos, sino que siempre cumpla su fin de salvaguardarlos.

En materia de religión, la ilustración creó el deísmo o religión natural que prescindiera de milagros, dogmas y misterios de tipo irracional y plantease una relación con Dios de tipo racional. Incluso el ateísmo se consideraba más cercano a esa relación con Dios que las religiones organizadas por las distintas iglesias del mundo, porque el ateo razona su postura, y el creyente irracional cultiva sentimientos y emociones alejados de la realidad.

En ciencia se planteó la necesidad de justificar todos los saberes y eliminar así todos aquellos que fuesen simples supersticiones, creencias absurdas, brujerías, tradiciones irracionales. La ciencia es el camino que traerá el progreso y la felicidad al hombre.

En filosofía se dio un valor absoluto a la razón y se despreció lo no razonado o no razonable. Se considera que la felicidad existe y que se alcanza por el racionalismo, y que el hombre está en su derecho de perseguir la felicidad.

Hasta el siglo XX, el concepto Ilustración se definía como una aspecto cultural de la realidad del siglo XVIII, pero hoy contamos con que es inseparable de unas nuevas teorías económicas, de la política de Despotismo Ilustrado, de los cambios religiosos en la élites sociales. El núcleo del significado sigue siendo cultural, pero tiene muchas ramificaciones en otros campos.

 

 

La religión en la Ilustración.

 

Pierre Bayle era un protestante que concibió dudas acerca de sus creencias religiosas, y se hizo católico. Entonces conoció las órdenes religiosas católicas y abandonó también el catolicismo. Acabó negando que la religión fuera fuente de moral, pues la religión podía ser tan moral o tan inmoral como cualquiera otra institución, asociación o grupo de personas. Más tarde se convenció de que los religiosos eran capaces de defender la inmoralidad con tal de sacar adelante a sus instituciones, o al Papa en el caso católico, y llegó a la conclusión de que ninguna religión positiva era moralmente fiable. Entonces propuso una nueva moral del hombre nuevo.

El hombre nuevo debía perseguir el objetivo de conocer la naturaleza, debía creer en la razón como método de conocimiento y debía cifrar la felicidad, objetivo a alcanzar por cualquier individuo, en seguir los principios de la naturaleza descubiertos por la razón. El mal se identificaba con la ignorancia y la superstición.

Dios había creado al hombre como ser dotado de razón. El hombre conocía la naturaleza a través de los sentidos, pero podía llegar a dominarla a través de la razón. La razón actúa sobre datos proporcionados por los sentidos, y produce ideas abstractas que permiten ir más allá de los sentidos.

Este razonamiento llevaba a considerar la base e inicio del mismo: si existe Dios. Porque Dios y el alma no son datos observables por nuestros sentidos, ni por la razón. Era éste un tema extremadamente delicado que no se podía abordar en el siglo XVIII sin peligro de la vida del pensador. Y mucho menos si se era religioso. La solución fue refugiarse en el eclecticismo, o postura de decidir razonar las cosas de la naturaleza como si Dios no existiese, sin negar por ello la existencia de Dios, lo cual permitía librarse de muchos prejuicios, admitidos socialmente, aunque se conservase el prejuicio de Dios.

Respecto a las relaciones entre los ilustrados y los seguidores de cualquier religión, la norma debía ser la tolerancia. Cualquier cosa que no se opusiera a la razón debía ser respetada, tolerada. Los ilustrados deístas debían tolerar a las religiones y los miembros de cada credo religioso debían tolerar a los otros credos, pues de lo contrario se generaría una situación de violencia inacabable y absurda.

 

 

Concepto del bien en la ilustración: La  Virtud.

 

El sabio debía buscar el bien de la humanidad. La virtud, definida como búsqueda del bien general, (general del individuo, de todos los aspectos que integran la individualidad, y general de la humanidad, de todos los aspectos en conjunto) era más importante que la religión, de modo que la religión, sin virtud, sería reprobable, mientras la virtud sería admirable por sí misma aún en ausencia de religión.

En el individuo, además de la virtud, existen las pasiones y los instintos, que son “naturales”, pero deben ser reprimidos, y reconducidos hacia la virtud. En sí mismos no son buenos ni malos, pero deben ser educados hacia el bien.

Los hombres deben ser justos y benéficos: justos para atribuir a cada persona lo que se merece, y benéficos para ayudar a los demás a encontrar la virtud y el progreso, y a luchar contra la ignorancia.

El camino para reconducir las pasiones e instintos es la instrucción, la enseñanza, la educación. Estos temas aparecieron como fundamentales en todos los ilustrados.

 

 

Antecedentes de la Ilustración.

 

Como antecedentes de la Ilustración se citan la revolución religiosa del siglo XVI en la que Lutero negó la autoridad del Papa, la revolución científica del XVII en la que Galileo negó uno de los pilares de la ciencia antigua, el geocentrismo, a la vez que creció el interés por este saber antiguo. Se encontró en España y en el sur de Italia una versión correcta de este saber antiguo, descantándose interpretaciones deformadas del mismo. Por último, el antecedente inmediato de la Ilustración sería la revolución política de principios del siglo XVIII.

El movimiento ilustrado comenzaría en el siglo XVII en Inglaterra y alcanzaría la plenitud a mitad del XVIII, entre 1740 y 1780, ya en toda Europa. Sería un movimiento intelectual que pretendía la universalidad, estaba orientado hacia lo práctico, pretendía la objetividad y luchaba por la tolerancia para con el discrepante intelectual. Se dice que Locke, 1632-1704, podía ser el iniciador de este movimiento. Su Carta sobre la Intolerancia es de 1685, Carta sobre la Tolerancia es de 1689, los Tratados sobre el Gobierno Civil son de 1690 y su Ensayo sobre el Entendimiento Humano es de 1694.

El movimiento ilustrado sería relanzado por Luis XIV de Francia, añadiendo a lo inglés aspectos sociales, literarios y religiosos, que fueron los que dieron más difusión a la Ilustración. Hay que tener en cuenta que la lengua culta del XVIII era el francés. La aparición del deísmo y del materialismo ateo eran temas nuevos y muy polémicos.

Alemania aportaría el interés por la ciencia y la educación.

Austria aportaría la idea del Despotismo Ilustrado, atribuida a José II, el Rey Filósofo. Despotismo ilustrado es no tolerar en absoluto que la ignorancia asuma el poder, el Gobierno, y darle al pueblo lo que necesita para su desarrollo técnico, económico e intelectual, sin admitir la participación de la ignorancia en ese servicio a la sociedad. La forma de que el pueblo consiga sus derechos y su desarrollo económico, es privarle de derechos mientras permanezca en la ignorancia.

Italia, España y Portugal, que eran católicas, crearon doctrinas confusas, que trataban de salvar la monarquía y la jerarquía católica por encima del librepensamiento europeo.

 

 

Temporalización de la Ilustración en España.

 

Los cambios de la Ilustración del Siglo XVIII se gestaron en España en el siglo XVII, y muy perceptiblemente, a partir de 1680. Pero el cambio era muy difícil en el XVII español, y se tuvo que esperar a la llegada de influencias francesas, italianas y británicas para reforzar las ideas españolas modernizadoras.

Una de las dificultades de ese cambio era enfrentarse al pueblo en general, a un pueblo lleno de ignorancia y supersticiones, dispuesto a atacar a los que les quisieran arrebatar sus viejas creencias. Las masas no podían por tanto sumarse a la revolución intelectual que ellas mismas necesitaban. El progreso del movimiento ilustrado debía ser lento y difícil. Los ilustrados intentaban llegar al pueblo, a las mayorías, pero lo querían para sacarlas de sus errores y supersticiones, en las que estaban cómodamente instaladas. Llegar al pueblo despreciando lo popular, era una posición difícil de sostener. Y que el pueblo escuchara a los privilegiados que le explotaban y además se dejase convencer, no era fácil.

La solución era la unión de las élites cultas ilustradas en contra de la superstición y la ignorancia, pero ello también era difícil porque muchas de esas personas cultas, algunas eran nobles que defendían sus privilegios en contra de la razón, y otras eran católicas de un catolicismo institucional que defendía sus intereses como Iglesia, su verdad particular católica, por encima de la defensa de la verdad. La verdad católica se enfrentaba a la verdad ilustrada. Sólo unas minorías fueron capaces de conciliar creencias católicas con nuevas ideas ilustradas, y esas minorías sufrían la persecución inquisitorial católica.

La comunicación interna entre los comprometidos a ilustrar a los ciudadanos se hacía en academias, sociedades culturales, tertulias, y más raramente en la Universidad y en los libros. Pero hay que decir que había muchos profesores universitarios y muchos libros en contra de los innovadores e ilustrados, y más bien pocos novatores o ilustrados. Los profesores de Universidad hablaban de ideas de la Ilustración, de ciencia, de nueva moral, de nuevos modelos sociales, en tertulias privadas, fuera de la Universidad.

Una vez lograda cierta unión entre los ilustrados, era precisa la comunicación con las masas, y con ese fin se utilizaron algunos medios como los periódicos, folletos, noticieros, pero esos medios llegaban a poca gente, porque el analfabetismo era amplio, quizás de un 80% de la población. Entonces utilizaron otros medios que llegaban a un sector un poco más amplio de población como los sermones y el teatro. Medios muy eficaces de trasmisión de ideas eran las sátiras, cartas con chispa, escenas teatrales ridiculizando los prejuicios, los cuentos y fábulas, medios que por su gracia y cercanía en el lenguaje repetían los analfabetos para otros destinatarios. De todos modos, se llegaba a un pequeñísimo número de destinatarios, y era imposible romper el nudo gordiano.

Para difundir las nuevas ideas había que empezar por enseñar a la gente a leer, por las reformas en la escuela, por la incorporación de la mujer a la escuela. Entonces, ya estamos hablando de proyectos de gran dimensión y calado. Y chocamos con el déficit de Hacienda y con las creencias de que la mujer era un ser humano inferior al hombre. Y el proyecto de renovación social se hace muy complejo.

Ambos grupos, ilustrados y conservadores, sabían de la importancia de los libros y, en 1762, los gobernantes ilustrados suprimieron las tasas sobre libros para que se pudiera imprimir más barato. De todos modos, el autor de un libro debía pagar él mismo la impresión, y había pocas personas con capacidad de hacerlo. Las tiradas tipo eran de pocos ejemplares (unos 1.500 en los grandes títulos que hoy conocemos), y los libros eran caros. La ventaja sobre el libro de hoy es que los libros se leían en voz alta y al lector le escuchaban varias personas de todas las condiciones sociales. Los préstamos de bibliotecas no existirían hasta fines del siglo XVIII.

En los momentos en que se relajó la censura, hubo difusión interesante de libros y se pudo hablar, en círculos reducidos, de religión y de moral. Incluso la Inquisición hacía de elemento propagandístico, pues cada obra que prohibía era mucho más conocida y difundida que antes de la prohibición. Actuaba como una propaganda gratuita.

La Inquisición se dedicó más a prohibir libros extranjeros como Rousseau, Voltaire, Bayle, Diderot, Montesquieu, Condorcet, Condillac, Puffendorf, Beccaria, que a impedir tertulias y difusión ideológica en el interior.

Y a pesar de todos los inconvenientes, a lo largo del XVIII hubo un cambio ideológico en España, constatable objetivamente: a principios de siglo, el 50% de las publicaciones eran religiosas, y al final sólo un 20% eran de ese carácter religioso exclusivo.

En España apareció entre finales del XVII y mediados del XVIII, un movimiento de innovación científica, económica y filosófica, y sus difusores fueron denominados despectivamente “novatores”. Los novatores son la preilustración española o la primera generación ilustrada, como se quiera ver.

 

 

 

Antecedentes de la Ilustración.

 

La Revolución Científica fue anterior a la Ilustración, y más propia del siglo XVII, mientras la Ilustración la situamos en el XVIII, pero entre ellas hay una conexión fuerte.

La revolución científica fue, ante todo, poner en valor la opinión de unas minorías disidentes anteriores al XVIII, y partidarias de racionalizar diversos temas, entre las que destacamos los nombres de Grosseteste de Oxford, el cual defendía la física y las matemáticas, Roger Bacon (1214-1292) que también defendía las matemáticas, Arnaldo de Vilanova, Pedro de Abano los cuales defendían la observación de la naturaleza, Guillermo de Ockham, 1288-1349, quien aventuraba que “nada es real si no es observable”, Juan Buridam que estudió en París la gravitación universal, Alberto de Sajonia que elaboró unas leyes de caída de los cuerpos, Nicolás de Oresme quien razonó la rotación de la Tierra, Cayetano de Tiede que propuso en París una física matemática que se oponía a la física tradicional aristotélica que era cualitativa, Domingo de Soto que formuló en París una nueva ley de caída de los cuerpos, Tartaglia y Cardano que estudiaron fórmulas matemáticas para la balística, Vesalio, Servet y Harvey que estudiaron el cuerpo humano desmontando teorías supersticiosas y falsedades difundidas, y procuraron que estas teorías tuvieran algún fundamento.

El trabajo de los “científicos” era muy difícil porque los humanistas del siglo XVI habían sido contrarios al estudio de la Naturaleza y de las matemáticas. Los humanistas buscaron arquetipos del individuo, y defendían que el único conocimiento era conocer a Dios y al Hombre. No negamos el valor de los humanistas, en cuanto dieron un paso adelante en el saber humano porque se interesaron por el saber antiguo y por la autenticidad de lo que creían conocer de él, pero su esfuerzo era claramente insuficiente. Les reconocemos el establecer una crítica y un método, que fueron muy útiles para el saber posterior. Les reconocemos la recuperación de parte del saber que la humanidad poseyó en los finales del imperio romano de occidente, en Grecia y en Italia. Leonardo da Vinci llegó a una idea muy aproximada a lo que luego conoceremos como ciencia, cuando defendió la necesidad de hacer experimentos para presentar los hechos, para luego demostrar por medio de la razón por qué las cosas ocurren de la manera en que se observan en el experimento, de forma que se comprueban de nuevo las teorías con nuevos experimentos.

Los descubrimientos geográficos españoles y portugueses y el viaje de Juan Sebastián Elcano fueron un gran experimento científico del siglo XVI, a pesar de que ése no fuera quizás el principal objetivo de la expedición de Magallanes. La esfericidad de la Tierra quedaba comprobada, y las teorías antiguas se demostraban equivocadas en algo que habían considerado básico y evidente por sí mismo. Y si un aserto tenido por fundamental e irrefutable caía, todas las teorías podían ser criticadas y revisadas. Copérnico, en De Revolutione Orbium Celestium, de 1543, hizo la teoría que cambió el modelo astronómico ptolemaico, una verdad indiscutible hasta entonces. Kepler corrigió los cálculos de Copérnico y aventuró la órbita elíptica, en vez de la circular, y la aceleración y deceleración en el movimiento de traslación, en vez de la velocidad constante, y además, hizo que la teoría heliocéntrica fuera válida para todos los planetas. Galileo acabó definitivamente con todas las teorías de mundos perfectos, ordenados, jerárquicos, inmutables, al descubrir satélites y estrellas, lo cual comunicó en el Sidereus Nuntius en 1610. Galileo fue condenado en 1616, aduciendo que negaba las verdades de las Sagradas Escrituras, y negaba que éstas tuvieran autoridad científica. El mundo de los prejuicios, antes de abordar un estudio científico, estaba cayendo.

Ya de nada sirvió la condena de Galileo. Tras la publicación de Galileo en 1610, Aristóteles estaba irremediablemente tocado y en vías de hundimiento. Las cosas dejaban de ser las ideas como había dicho Platón, y tampoco podía defenderse que se conocían a través del pensamiento filosófico para llegar a su esencia, de la gramática para saber utilizar las palabras y de la lógica para saber ordenar las ideas. El conocimiento empezaba en las manifestaciones que las cosas hacen de sí mismas, a través de las cuales, el científico busca lo singular de cada cosa y lo común entre varias y, sobre todo, mide. La nueva ciencia buscaba el conocimiento de las cualidades de las substancias y despreciaba las teorías imaginativas sobre su esencia. Prejuicios ideológicos y autoridades del saber antiguas estaban cayendo.

 

Galileo proponía un método científico doble, “resolutivo” y “compositivo”: en el resolutivo, se analizaba cada caso concreto para hallar el principio matemático adecuado que lo explicase; en el compositivo, se trataba de generalizar el principio matemático al máximo de casos posible. Encontró Galileo que movimiento, tiempo y espacio eran susceptibles de ser cuantificados y relacionados, medidos matemáticamente, y dedujo que la ciencia debía atenerse a lo que podía ser medido y cuantificado. Las experiencias futuras encontrarían cada vez más parámetros a medir, algunos completamente insospechados para los hombres de la Edad Moderna.

El problema del método científico era que las conclusiones matemáticas contradecían a veces las apariencias que los sentidos nos hacen patentes, lo cual había sido el criterio de verdad utilizado hasta entonces. Había una nueva manera de ver lo patente, pero al margen de los sentidos. Afirmar que los sentidos se equivocan era mucho decir, y había que apostillar el cuándo, el por qué y la validez del experimento en unos límites.

 

Francis Bacon barón de Verulam, 1561-1626, en Novum Organum, de 1614, intentó dar un sentido a la ciencia, buscó un método de búsqueda de la verdad, o “invención”, mediante la experimentación y la inducción.

 

René Descartes, 1596-1650, dio un valor importante al pensamiento deductivo como método de acercamiento a la verdad, cuando consideró verdad todo lo que es lógico. Perdía así valor el criterio de autoridad, es decir, afirmar que es verdad lo que siempre se ha tenido por verdad y que han defendido grandes pensadores anteriores. Se le tiene como fundador del movimiento racionalista. Su meta era eliminar la duda, y creyó que sólo las matemáticas daban certezas, porque partían de realidades evidentes y conducían a conclusiones que se hacían también evidentes. Las matemáticas eran la esencia de la lógica.

En Discurso del Método, de 1637, aportó el concepto de infinito y el de cuerpo extenso, lo cual generaba lógicamente, por deducción, el concepto de vacío o extensión sin cuerpo alguno. Descartes desarrolló el álgebra y consideró la naturaleza como una máquina. Y otros muchos científicos ya trabajaron sobre cuestiones de tamaño, forma, velocidad, cambios fisicomatemáticos que afectaban a la materia viva y a la materia inerte. El final del proceso que se intuía era si las ideas serían cosas materiales que se producían en el cerebro por medio de secreciones. La ciencia antigua estaba pues “tocada”.

Descartes supuso un modo de pensar distinto del aristotelismo, concediendo autonomía a la razón en el sentido de no subordinarla a la teología.

En España, las teorías de Descartes eran un drama personal para el estudioso, pues a veces debía contradecir los principios cartesianos para no contradecir los principios aristotélicos defendidos por el clero ortodoxo católico, lo cual significaba ser calificado de hereje. Pero las minorías cultas, novatores o no, estaban en el ajo de la cuestión. Muchos manifestaron no tener información suficiente sobre los progresos científicos y filosóficos que se estaban produciendo en Europa, lo cual quiere decir que algo sabían de ello. Muchos sintieron el deseo de conocerlos.

El campo de los nuevos conocimientos era amplio: se podía estudiar filosofía natural (que hoy llamamos física), unas matemáticas y astronomía nuevas, una medicina que alcanzaba más éxito que la antigua, y se podía hacer una nueva historia. También había una nueva teología, pero esta disciplina era la que más se resistía a cambiar.

 

 

El deísmo.

 

A partir de 1680 y hasta 1715 aproximadamente, hubo un combate ideológico en Europa, que afectó a los campos de la ciencia, la filosofía, la política y la religión. Este combate tuvo lugar en torno al concepto religioso del deísmo.

El deísmo es una religión natural que prescinde de milagros, dogmas y misterios, y plantea una relación con Dios de tipo racional. Incluso el ateísmo se consideraba más cercano a esa relación con Dios que las religiones organizadas por las distintas iglesias del mundo al margen de la racionalidad.

El deísmo enseña que Dios puede ser descubierto por la razón humana de forma más veraz que lo que dicen las religiones autodenominadas “reveladas” y que apelan a irracionalidades como la fe y la tradición. Dios es el creador de todo, el que ha puesto las reglas del mundo, las leyes naturales que rigen el universo. Una vez creadas estas leyes naturales con suprema sabiduría, Dios no las contradice, no actúa sobre cada individuo protegiendo a unos contra otros, sino mantiene esas leyes naturales. Son absurdas las luchas de religión. Son imposibles los milagros o alteraciones de las leyes naturales. Dios ha dado al hombre participación de sí mismo concediéndole la razón, por la cual, el hombre puede entender el mundo, descubrir las leyes naturales y llegar al conocimiento de Dios. La razón descubre la norma ética divina, puesta por Dios, superior a las éticas de las religiones, inventadas por los hombres en nombre de determinada religión, de modo que pueden ser valores inferiores e incluso negativos. La superstición y la ignorancia son los grandes enemigos de la ética y de la razón, y de Dios.

El deísmo sólo fue posible en Inglaterra y Holanda, donde había alguna tolerancia religiosa.

El tema de Dios era muy espinoso. Había que concluir si Dios estaba incluido en la mecánica materialista, y si el mundo se podía explicar sin tener en cuenta a Dios. El tema aparecía sumamente complicado en el XVIII, porque los centros de enseñanza estaban gestionados por religiosos, profesionales dedicados a Dios. Pero hasta los religiosos entraron en crisis y entre ellos surgió la doctrina del “nominalismo”, defendiendo la existencia de dos verdades, como dos planos distintos, que pueden coincidir o no, pero que no se niegan el uno al otro, el uno sería la verdad científica y el otro la verdad religiosa. Pero esta posición era difícil, porque la religión tenía establecidas muchas verdades como intocables, y mataba incluso a los disidentes, y la ciencia llegaba a la conclusión que estas verdades religiosas, sostenidas durante dos milenios, podían ser falsas. A medida que la Iglesia se sentía débil, reaccionaba más duramente contra las nuevas ideas. Los científicos comenzaron a hablar de un Dios nuevo, identificable con la razón, y su saber se refugió en Academias, pues las Universidades estaban tomadas por los inmovilistas.

Los ilustrados llegaron a la convicción de que la realidad natural tenía carácter absoluto y autosuficiente, inaccesible de momento a la razón humana, pero que se podría ir conociendo sucesivamente con métodos buenos de investigación y pensamiento. Lo que estaba perfectamente claro para ellos era que las leyendas y supersticiones religiosas no eran método de conocimiento válido.

Ante la indefinición del campo del conocimiento que se abría en muchos temas, que ya se consideraban superados desde el campo de la fe y las supersticiones, los ilustrados tomaron dos posturas distintas: arbitrismo y progresismo.

Los arbitristas creían poder constituir una ciencia de la vida humana enteramente natural. Entre ellos estaban La Mettrie y Holbach.

Los progresistas opinaban que el hombre progresaría en el futuro, con el esfuerzo de muchos, y llegaría a conocer la naturaleza y el hombre. Entre ellos estaban Voltaire, D`Alembert y Diderot. Voltaire creía que la mente nunca llegaría a conocer por entero la constitución de la realidad humana, pero podría mejorar, progresar en ese conocimiento a partir de la historia y del conocimiento del presente. D`Alembert y Diderot dedicaron su vida a hacer una recopilación del saber racional de su época, reuniendo artículos de los más afamados intelectuales que conocían, lo cual fue conocido como la Enciclopedia.

En ambos casos, arbitrismo y progresismo, el ser humano era el centro del Universo, la razón de ser de todas las demás cosas. El ser humano era racional y libre, y habitaba un cuerpo animal regido por las leyes de la materia.

 

 

Los racionalistas del XVII.

 

Una vez descubierta la razón humana como capaz de entender el mundo y dar explicaciones mucho mejores que las que se conocían hasta el momento, había que atreverse a poner en su sitio a los viejos saberes, a aceptar las consecuencias de los nuevos planteamientos, y a difundir los nuevos conocimientos en postura que enfrentaba a los ilustrados con las instituciones que regían el pensamiento y la sociedad moderna. No era fácil, pero tenían el apoyo moral de los racionalistas del XVII.

 

Pierre Gassendi, 1592-1655, fue un sacerdote católico de Francia, que además de estudiar la filosofía, se interesó por las matemáticas y astronomía. En primer lugar, criticó a los filósofos antiguos en Anotaciones al décimo libro de Diógenes Laercio, de donde pasó a afirmar que el aristotelismo y los silogismos no tenían apenas valor científico. Pero lo más importante de su obra se conoció después de su muerte, cuando se publicó Sintagma Philosophium, o Disquisición Metafísica, en 1658, libro en el que sostiene que la materia está formada por pequeñas partículas desiguales e indivisibles, que no eran infinitas como decía Epicuro, pero podían llamarse átomos. Ello dio lugar al “atomismo”. La materia es algo físico, sujeto a leyes naturales, y susceptible de ser estudiada científicamente. Ello causó estupor entre los escolásticos clásicos.

 

William Harvey, 1578-1657, era un inglés que fue a Italia en 1597, y en Padua descubrió saberes médicos muy avanzados en Hyerónimus Mercurialis (1530-1606), Mateo Reoaldo Colombo (1516-1559), Gabriel Falopio (1523-1562), Andreas Vesalio (1514-1574) y Hyerónimus Fabricius (1533-1619), su profesor de fisiología que había descubierto las válvulas venosas. Fue profesor de anatomía en Londres y se puso a estudiar la circulación de la sangre, publicando sus resultados en 1628, en Exercitatio anatomica motu cordis in animalibus, basándose en la experimentación y la observación directa. Harvey negó la teoría filosófica del septo interventricular, u orificio entre los ventrículos del corazón, porque simplemente no existe, por mucho que se filosofase sobre que su existencia era necesaria, y descubrió los capilares como camino de retorno entre las arterias y las venas, una nueva solución al problema.

 

Robert Boyle, 1627-1691, fue un noble irlandés que visitó Italia en 1641 y conoció en Florencia las teorías de Galileo, regresó a Inglaterra y formó un grupo o tertulia de pensadores, denominados “el Colegio Invisible”, que se reunía en el Gresham College y que en 1663 daría lugar a la Royal Society. En 1659 trabajó en una bomba de aire y descubrió la ley de Boyle Mariotte sobre el volumen de los gases respecto a la presión a que se hallan sometidos. Pero la gran obra de Boyle se produjo en 1661 en The Sceptical Chymist (el químico escéptico), obra en la que se libró de todo tipo de prejuicios para hacer todo lo que parecía posible dentro del conocimiento y nunca entró en polémicas filosóficas que le parecían una pérdida de tiempo. Logró legalizar la alquimia en Inglaterra y la definió como composición de substancias, las unas por mezcla, y las otras por compuestos entre otras substancias. Creía en la teoría atomista de Gassendi.

 

John Locke, 1632-1704, estudió inicialmente griego y retórica, y más tarde se interesó por la medicina. Escribió sobre un gran número de temas, reescribiendo sobre algunos varias veces, resultando obras parecidas pero no iguales:

Sobre política: Ensayo sobre el Gobierno Civil es de 1660, Tratado del Gobierno (no publicados en vida) tiene versiones de 1660 y de 1662, Tratado sobre el Gobierno Civil es de 1689, 1690, 1698 y 1713.

Sobre respeto a los demás: Ensayo sobre la Tolerancia es de 1667, más otro parecido y no publicado de la misma fecha, Carta sobre la Tolerancia es de 1689, de 1690 y de 1692.

Sobre la ciencia: Cuestiones sobre las Leyes Naturales (no publicada en vida) es de 1664, y Ensayo sobre la Ley de la Naturaleza es de 1684. Este tema está relacionado con Ensayo sobre el Entendimiento Humano de 1688 y 1690.

Otro tema que le preocupó fue la economía de lo que escribió Algunas Consideraciones sobre las Consecuencias de la Reducción del Tipo de Interés y la Subida del Valor del Dinero en 1668 (publicado en 1691) y Más Consideraciones Acerca de la Subida del Valor del Dinero de 1685.

Algunos Pensamientos sobre la Educación es de 1693.

Racionalidad del Cristianismo es de 1695.

Y no cito aquí otros escritos no publicados, y con menos literatura histórica, que fueron varios.

En conclusión, a Locke le interesaban ante todo el tema del poder, la tolerancia, relación entre religión y leyes de la naturaleza y funcionamiento de la razón humana.

En la cuestión del conocimiento humano, negó el carácter innato de las ideas y el determinismo, y dijo que las ideas provenían de las sensaciones. El conocimiento se origina en las “sensaciones” que los objetos exteriores a nosotros causan en nuestros sentidos originando el campo de nuestra experiencia personal. Tras esas sensaciones, puede llegar el momento de la “reflexión” del espíritu humano sobre alguna de ellas, de donde se originan ideas simples. Pero nuevas sensaciones seguidas de reflexiones, van originando ideas complejas al unir y comparar sensaciones y relacionar reflexiones diversas. Las ideas elaboradas generan conceptos y éstos se expresan en palabras nuevas, e incluso generan un nuevo campo del saber, el de la evolución de las ideas mismas, y la solución de contradicciones que aparecen en la formación de estas ideas complejas. Como las contradicciones son muchas, y más cuanto más se sabe, la conclusión es que el conocimiento humano es limitado.

En el tema de la política, Locke partía de la convicción de que el hombre es sujeto de derechos como la propiedad, la libertad y el derecho a la felicidad, y sólo asume limitaciones a estos derechos, las limitaciones propias de la vida en sociedad, a fin de preservar esos mismos derechos y libertades. Todo poder debe tener en cuenta que está al servicio de estos derechos y libertades de los ciudadanos, a los que el individuo no renuncia nunca. El poder es necesario porque la realidad es plural y caben muchas interpretaciones sobre el disfrute de los derechos y libertades, lo cual nos lleva a la necesidad de un órgano superior que resuelva las controversias y discrepancias entre individuos y entre individuos y grupos sociales.

En el tema religioso, entendía la religión como una relación personal entre cada individuo y Dios, pues Dios se manifiesta a cada individuo sin necesidad de intermediarios que administren esas relaciones, ni autoridades religiosas ni civiles. Dios ha creado la naturaleza, la cual se rige por leyes naturales perfectas y armónicas que pueden ser descubiertas por la razón. Un hombre dotado de razón y que haga uso de ella, descubre por sí mismo lo que es bueno (el temor de Dios, el amor al prójimo, el deber filial), y lo que es malo (el robo, el asesinato, los ataques a la libertad de los demás).

 

Samuel Freiherr von Pufendorf[1], 1632-1694, era un alemán, hijo de un pastor protestante, que había hecho Teología y Derecho en Leipzig, y Filosofía y Matemáticas en Jena y fue catedrático de Derecho Natural y de Gentes en Heidelberg y en Lund (Suecia). Según Pufendorf, el individuo es bastante torpe, e incapaz de enfrentarse a la naturaleza por sí solo, lo que le obliga a vivir en sociedad. Basó sus teorías exclusivamente en la razón y no admitió que sobre la razón primase la “revelación cristiana de las Sagradas Escrituras”, lo que le hizo odioso a los creyentes tradicionalistas. No admitió que todo fuera mecanicismo, pues gran parte de la realidad humana estaba fuera de las leyes físico naturales de los mecanicistas. Los entes físicos están ciertamente regidos por las leyes físico matemáticas, pero los entes morales forman un mundo aparte, pues sólo son relaciones entre el hombre y la realidad material y no realidades materiales en sí mismos. La “revelación” no está en manos de ninguna persona concreta que pueda por ello imponerse a los demás. La revelación sólo da los principios básicos de la convivencia: ayudar a quienes lo necesiten, no dañar a los demás, y ser solidarios con quienes nada posean. Ése es un camino largo por andar y mientras tanto, se debe respetar el orden jurídico existente de cara a conseguir esos fines, pero también se puede mejorar el orden jurídico. El Derecho Natural no tiene capacidad de coaccionar nadie, pero puede hacer mutar al Derecho Positivo, que sí es coactivo.

 

Newton 1642-1727 llegó al método científico de obtención de verdades, método que parte de la observación de la realidad, reelaboración mental y racional de la misma con unidades de medida que nos permitan hablar con exactitud, expresión en forma de “leyes” o principios, y comprobación experimental de la adecuación de esas leyes y principios a la realidad que estábamos tratando de explicar. En 1687 publicó su Philosophiae Naturalis Principia Mathematica.

 

Immanuel Kant, 1724-1804, definió la ilustración como la adolescencia mental de la humanidad, edad en la que el hombre descubre que puede pensar por sí mismo y bajo su propia responsabilidad. El libre pensamiento es un peligro muy grande para el orden social, y el siglo XVIII se asusta de lo mismo que reivindica, y acaba concluyendo que el libre pensamiento sólo podían practicarlo los cultos y sólo para difundir la cultura a los demás, para llevar la cultura a las masas. Es decir, los ilustrados llegaron a la misma conclusión que había llegado la Iglesia católica siglos antes, que había que monopolizar el pensamiento, pero los ilustrados lo pusieron al servicio de causas distintas a las religiosas, del progreso científico, y no de la investigación teológica.

 

 

 

La fisiocracia.

 

En economía, los ilustrados creyeron encontrar la medida del valor de las cosas en el poder generativo de la tierra en forma de plantas, animales terrestres y peces, es decir, respecto a la agricultura, caza, pesca y ganadería, y crearon una doctrina que se llama fisiocracia (fisio es la naturaleza y cratos es poder) que defendía que la riqueza sólo se incrementaba cuando se mejoraba la agricultura.

Para algunos fisiócratas, aunque hubo discrepantes, la industria y el comercio no generaban riqueza alguna sino sólo la distribuían entre la sociedad. Como el desarrollo agrícola requiere conocimientos y capital, parecía lógico que los propietarios agrícolas fueran ricos hombres, nobles en aquel momento, que por moralidad reinvirtieran en el campo las ganancias que obtuvieran de las mejoras que la ciencia proporciona. Además debían ser éstos los que pagasen impuestos al Estado, el cual proporciona servicios que la sociedad necesita, porque sólo ellos generan riqueza.

 

Jean Claude Marie Vincent de Gournay, 1712-1759, es tenido por el primero o uno de los primeros en aplicar las ideas racionalizadoras a la economía. De Gournay defendió que la economía funciona por leyes naturales igual que el resto de realidades de la naturaleza, y no por caprichos humanos de los gobernantes. De modo que las leyes de los gobernantes son prescindibles e incluso sería bueno que desaparecieran esas intervenciones del poder en la economía. La regla mejor es el “laisser faire” o libertad de producción, libertad de trabajo y libertad de industria y comercio.

 

François Quesnay, 1694-1774, era médico cirujano del rey y vivía en el entresuelo de Versalles, y en 1758, en Tableau economique, expuso los principios de la fisiocracia. En los Salones de París explicaba cómo la riqueza se redistribuía entre la sociedad a partir del trabajo del sector primario.

 

Pierre Samuel du Pont de Nemours, 1739-1817, escribió en 1768 La Fisiocracia. Los fisiócratas decían que la industria y el comercio no generaban riqueza alguna sino sólo la distribuían entre la sociedad. Como el desarrollo agrícola requiere conocimientos y capital, parece lógico que los propietarios agrícolas sean ricos hombres, nobles en aquel momento, que reinviertan en el campo las ganancias que obtengan de las mejoras que la ciencia proporciona. Además deben ser éstos los que paguen impuestos al Estado, que proporciona servicios que la sociedad necesita, porque sólo ellos generan riqueza.

 

Anne Robert Jacques Turgot, barón de L`Auine, 1727-1781, que había sido sacerdote y había abandonado la sotana en 1750, conoció a Gournay en 1755 y poco después a Quesnay, a Du Pont de Nemours y al abad Morellet[2] y se interesó definitivamente por la economía. En 1766 escribió Reflexiones sobre la formación y distribución de la riqueza, y llegó a la conclusión de que el “laisser faire” era la única norma racional sostenible en economía. En 1774 fue ministro de Marina e Inspector General de Finanzas e impuso restricciones al gasto del Estado y eliminó muchas contratas del Estado que resultaban muy onerosas para el Tesoro, por lo que fue cesado en 1776, pues acababa con muchos privilegios. También en 1774 propuso el libre comercio de granos, con la mala suerte que ese año hubo mala cosecha, se elevaron los precios, y se culpó de ello a sus teorías. Aún más peligroso socialmente era que quería someter a impuestos a la nobleza y al clero, y restringir el voto en el Parlamento a sólo los propietarios. Su destitución en 1776 es comprensible.

 

 

La ciencia económica moderna.

 

No será por este camino de la fisiocracia por donde nazca la nueva ciencia económica, sino que habrá que esperar a fines del XVIII y principios del XIX para encontrar la medida del valor de las cosas en el trabajo que cuesta conseguirlas. A partir de la fisiocracia surgieron los genios de Adam Smith y David Ricardo, que encontraron una unidad de medida de la riqueza distinta a la entonces utilizada, que es el trabajo incorporado a las cosas, lo cual da valor a cualquier cosa, material o inmaterial, de bienes o de servicios, industrial, comercial o agraria, que lleve incorporación de trabajo a un objeto, y da con ello dio paso a la economía contemporánea.

A pesar de todo lo que hoy parezca, hay que valorar el esfuerzo de racionalización de la fisiocracia, y este esfuerzo dio frutos interesantes pues llegaron a la conclusión de que el máximo de riqueza se producía en condiciones de libertad económica, sin intervención del Estado, y el precio idóneo se produce espontáneamente en el mercado, lo cual son ideas modernas perfectamente asumibles.

 

Adam Smith, 1723-1790, fue un escocés que estudió en Glasgow y en Oxford y se hizo profesor de retórica y literatura en Edimburgo en 1748, y en 1751 sería profesor de lógica en Glasgow y de filosofía moral en 1752. En esta última asignatura incluía unas lecciones de economía política, que son el hilo conductor de su éxito. En 1759, escribió Teoría de los sentimientos morales, una obra donde defiende que el egoísmo es muy importante en el hombre, aunque no determinante de su conducta como decía Hobbes, pues el hombre puede desarrollar empatía con los demás, porque también es un ser social que necesita de la aprobación de su conducta por los individuos de su entorno. De esta manera, el hombre adquiere sentido del bien, del mal, y ciertos valores morales. Estas ideas serán muy importantes en la obra posterior de Smith. En 1763-1766, Smith viajó por Francia y conoció François Quesnay y a Anne Robert Jacques Turgot, los fisiócratas más valorados en aquel momento, y conversando con ellos tuvo ideas valiosas que sistematizó en una teoría en 1776, publicada como Una Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las Naciones.

La Riqueza de las Naciones, tiene muchos valores nuevos: En primer lugar, diferenciaba la economía política (o ciencia económica) de la ciencia política (política a secas), la ética y la jurisprudencia, aunque el mercantilismo se hubiera puesto al servicio de la política y se estuvieran confundiendo en esa época las cosas. En segundo lugar, atribuye a la ciencia económica un campo de acción que abarca toda la realidad humana: precios, producción, distribución, moneda, finanzas públicas, comercio, crecimiento económico… cosas que ya habían sido relacionadas por teóricos anteriores, pero también historia eclesiástica (religión), demografía, educación, ejército y política colonial, que eran aspectos nuevos. En tercer lugar, halla la raíz del bienestar social en el crecimiento económico, crecimiento que se consigue mediante la división del trabajo, la inversión y la libre competencia.

El crecimiento económico viene estimulado por el egoísmo inherente a la persona humana. Todo individuo busca acumular el máximo de riquezas, o bienes y servicios de los cuales disfrutar. No hay otra fuerza capaz de competir con esa fuerza natural, aunque pueden intentarlo eventualmente grupos e ideologías diferentes. Pero el individuo es capaz de entender que respetando la riqueza de los demás, podrá incrementar la suya propia, y en el fondo, la empatía social servirá a su deseo egoísta de poseer más. Si el individuo se especializa en un campo productivo, puede bajar costos e incrementar calidades, lo cual le proporciona ventaja en los mercados, pero entonces necesitará productos que fabriquen los demás. Cada uno se dedicará a un ámbito productivo y el comercio les permitirá disfrutar a todos de muchos bienes y servicios.

Smith acabó también con muchos conceptos equivocados: El valor de las cosas no es algo predeterminado, y distingue valor en uso y valor en cambio de cada objeto, atendiendo la economía solamente al valor en cambio. La división del trabajo es positiva para incrementar la riqueza, y no hace falta acaparar los procesos productivos y campos de producción de bienes y servicios. La acumulación de dinero puede servir para convertirse en inversiones que atiendan nuevas demandas de bienes y servicios, y no es necesariamente pecado de usura. La libre competencia (“mano invisible” en lenguaje de los librecambistas) es mejor mecanismo regulador de la economía que otros muchos.

Smith también se dio cuenta de que el hombre dedicado a los negocios, igual al dedicado plenamente al trabajo, puede perder contacto con la realidad, lo que más tarde Marx llamará alienación. Por ello, el hombre necesita una buena formación moral, ética, que le ayude a comprender la sociedad en que realiza su actividad económica.

La Riqueza de las Naciones se editó en inglés en 1776, alemán en 1776, danés en 1779, italiano en 1780, francés en 1781, español en 1794 y ruso en 1802.

 

 

Las ideas de la Ilustración.

 

Además de las ideas ya expresadas en líneas anteriores, hemos de considerar algunos temas de discusión importantes. Grandes temas que inquietaron a los hombres de la Ilustración fueron la felicidad, la propiedad, el progreso, la educación, las religiones y el desarrollo económico, la ciencia como explicación racional de los fenómenos naturales, tratando de hallar una medida que explicara cada una de esas cosas científicamente.

La búsqueda de la felicidad fue una ruptura muy importante frente a un milenio que había enseñado que el hombre estaba destinado a sufrir, que la vida era el paso por un valle de lágrimas. Frente a ello, los ilustrados reclamaron el derecho del hombre a la felicidad, a disfrutar de la vida, aunque bajo criterios dictados por la razón.

Para poder disfrutar de las cosas, era precisa la propiedad de las mismas, el derecho de hacer con lo tuyo lo que, siendo moral y no haciendo daño a nadie, te apetezca.

El derecho a la felicidad no acaba en el individuo, sino que debe ser extendido al conjunto de la sociedad, lo cual equivale al progreso. Por ello, se generó un deber moral supremo, los hombres deben ser “benéficos”, buscar el bien de los demás, el bien racional y verdaderamente sostenible.

El progreso requiere que los hombres acepten los nuevos bienes que se les quiere proporcionar, lo cual significa romper con tradiciones irracionales y supersticiosas, lo cual se logra mediante la educación en la racionalidad.

En materia de educación, destacó Rousseau con su Emilio, un nuevo modelo educativo plenamente “natural”, que identificó lo natural con el bien y lo inducido por la sociedad con el mal. Rousseau les gusta mucho a los utópicos, a los fascistas, a los anarquistas.

Cultura y libertad es un tema clave en la Ilustración. Entienden los ilustrados que el desarrollo cultural hará posible la libertad, en la idea de que el hombre sabio es bueno, y por eso acogen el término “ilustración” o culto a la inteligencia, que sería el camino a la libertad.

De este pensamiento básico de aceptación del derecho a la felicidad, propiedad, progreso, cultura y libertad, nació en el XVIII un ansia por analizar toda la realidad “a la luz de la razón”, tratar la realidad económica, religiosa, política, social… como se estaba tratando la realidad científica, tendencia que será llamada ilustración.

La ilustración empezó por una crítica implacable a los conceptos y valores aceptados por que sí, una crítica al excesivo peso de la tradición, y continuó por la elaboración de nuevas teorías que explicasen la realidad humana. Era el voto decidido por el nuevo concepto de ciencia aparecido en el XVI y XVII.

 

 

El apogeo del movimiento ilustrado.

 

    El apogeo de la Ilustración tuvo lugar entre 1740 y 1760. Cuando nos referimos a la Ilustración, sin especificar más datos, solemos estar hablando de una época muy concreta de mediados del Siglo XVIII: empezaría con el Tratado de la Naturaleza Humana de David Hume en 1739, con L`Esprit des Lois de Montesquieu en 1748, con la Historia Natural de Buffon en 1749, y culminaría en la redacción de La Enciclopedia que comenzó a publicarse en 1751 y donde fueron importantes Diderot como director y Rousseau como autor de varios artículos muy leídos.

Estaríamos pues hablando de una reacción intelectual que tuvo lugar en Francia después del academicismo oficial impuesto por Luis XIV y en oposición a él.

Si aceptamos esta hipótesis de trabajo, tendríamos que hablar de una pre-ilustración inglesa, española y francesa, y de una fruh-aufklärung alemana durante el periodo 1680-1750. Se producirían una vez que habían muerto los pensadores intocables del XVII, Malebranche en 1710 y Leibniz en 1716. La preilustración consistiría esencialmente en una labor de crítica al mundo de principios del XVIII: las Cartas Persas de Mostesquieu en Francia, el deísmo en Inglaterra, y la obra divulgativa de las nuevas ideas que hizo Voltaire a partir de 1734.

La preilustración española consistiría en una crítica racional en ambientes de los llamados “jansenistas españoles”, religiosos disconformes con las práctica de la religiosidad oficial española y cristiana en general.

Y la Ilustración se produciría en el momento siguiente, segunda mitad del XVIII. Algunos autores distinguen entre ilustración propiamente dicha o lucha contra la superstición y el irracionalismo en general, y revolución científica posterior al XVII, pero nosotros en este trabajo confundiremos ambos conceptos, pues la lucha por el desarrollo de la razón era una sola y, metodológicamente, nos viene mejor en este trabajo.

 

 

David Hume.

 

David Hume, 1711-1776, era escocés, y empezó a escribir cosas sorprendentes desde los 28 años de edad, en temas de filosofía (ideas y verdad), religión, moral y economía:

Las ideas, según Hume, son reflexiones conscientes sobre algunas de nuestras impresiones. Las impresiones son aquello que percibimos a nuestro alrededor a través de sentidos externos, o en nosotros mismos a través de sentidos internos, y que pueden ser conscientes o inconscientes, o conscientes sólo en parte. De donde se deduce que, aquello que no produce en nosotros impresión ninguna, no puede ser conocido aunque exista, a no ser que encontremos la manera técnica de recibir impresiones distintas. En el proceso de conocimiento estamos sometidos a la posibilidad de múltiples errores: tendemos a creer que lo que sucede posteriormente a otra cosa es consecuencia de la primera, o tiene relación con ella, lo cual no tiene por qué ser verdad ni siquiera cuando la segunda ocurre casi siempre, o siempre, después de la primera. Lo que es costumbre no puede ser confundido con causa-efecto. Pensar al revés es caer en el campo de la superstición, o creación de explicaciones falsas para la realidad. Nuestro instinto nos lleva a crear supersticiones. Todo lo que podemos decir, pensar o predecir, proviene de impresiones, es decir, viene inducido por la propia naturaleza. Pero la experiencia científica nos puede conducir a cambiar de opinión respecto a la naturaleza de las cosas y descubrir la verdadera causalidad, debiendo permanecer siempre abiertos a que nuevos experimentos nos den otra visión de la misma.

La religión, dijo Hume, se basa en miedos de la gente a la enfermedad, la muerte y la desaparición de seres queridos, y también en la ignorancia de la gente dispuesta a creer cualquier explicación satisfactoria para ellos, aunque sea supersticiosa y falsa. Desgraciadamente, las cosas no son como deberían ser o nos gustaría que fuesen, y aceptar la realidad del mundo es a veces duro. La gente prefiere explicaciones más agradables.

La moral es una cuestión utilitarista, de modo que tiendo a decir que es bueno lo que me es útil, y en todo caso, lo que es útil a muchos de mis semejantes, pero puede que no sea así considerando el asunto desde una perspectiva más amplia y a más largo plazo. Lo que es del todo inadmisible son los milagros, porque las leyes de la naturaleza no pueden ser violadas. Si algo ocurre de forma sorprendente, es porque se ha cumplido una ley natural distinta, pero no porque se haya suspendido el cumplimiento de una ley natural. Si erróneamente atribuimos un efecto a una ley natural que no le corresponde, hablamos de milagro, pero sólo sería ignorancia.

La verdad, según Hume, tiene muchos requisitos:

Que sea verdadero el orden del proceso observado.

Que estemos en condiciones de afirmar que el proceso se produce siempre.

Que el proceso sea asimilable por el entendimiento humano.

Que no se incurra en contradicciones en el planteamiento.

Que no se incluya a objetos distintos, ni se excluya a algún objeto de los que nos están generando una impresión, es decir identificar correctamente todos los componentes de ese proceso.

En economía, Hume advirtió que la propiedad privada es la consecuencia de la escasez de un determinado producto y que la propiedad está, de forma natural, mal distribuida, lo cual hace que los individuos se esfuercen y trabajen, lo que no es malo. Respecto a la macroeconomía, pensaba que la naturaleza tendía a equilibrar la acción de los Estados, de modo que un Estado exportara mucho, adquiría mucho dinero y ello provocaría inflación y subidas de precios que tenderían a bajar las facilidades de exportación. No obstante, el incremento del dinero existente en un país no siempre se tiene que trasladar a inflación, pues también se puede dedicar a diversificación productiva, lo cual evitaría subidas de precios, entrando el problema en el ámbito de la política.

 

 

Mostesquieu.

 

Charles Louis de Secondat, 1689-1755, Señor de Brede, 1714-1755, y Barón de Montesquieu, 1716-1755, había quedado huérfano de madre en 1696 y estudió Leyes en Burdeos y París. Su padre murió en 1714, por lo que el joven licenciado pasó a vivir bajo la protección de su tío el Baron de Montesquieu. Al morir éste en 1716, le dejó su fortuna y título. En 1715 se había casado con una protestante que le aportó una considerable fortuna y apertura de mente frente a las religiones. En 1721 escribió su primer éxito, Lettres Persanes (Cartas Persas), novela en la que critica racionalmente a la sociedad francesa. En 1748 publicó en Ginebra su obra considerada fundamental, El Espíritu de las Leyes, que publicó como anónimo, y fue muy leída en Inglaterra, las Trece Colonias, Latinoamérica, e incluso en España, a pesar de que estaba prohibida por la Iglesia desde 1751. En el tema de la historia, racionalizó esta materia afirmando que un acontecimiento simple nunca podía acabar con un la complejidad de un Estado, sino que una crisis o problema general y amplio era la causa de que una simple batalla significase el final de ese Estado.

 

 

Buffon.

 

    Georges Louis Leclerc, 1707-1788, conde de Buffon, pretendió recopilar todo el saber humano de su tiempo. Tras estudiar en el colegio de los jesuitas de Dijon, se licenció en Leyes, pero abandono ese camino para estudiar matemáticas, ciencias naturales y medicina, los nuevos saberes de su tiempo. Recorrió Francia e Italia recopilando libros sobre la revolución científica, sobre todo de Newton. Y en 1744 fue reconocido como miembro de la Academia Francesa de Ciencias y tuvo empleo en los Jardines Reales.

En el tema de Historia Natural, escribió sus ideas entre 1749 y 1788, 36 volúmenes en vida y 8 con sus apuntes después de su muerte en la llamada Histoire Naturelle Generale et Particuliere. Hizo una teoría sobre la estructura de la Tierra en la que defendía que se formó en estratos geológicos formados por depósitos marinos y erosionados más tarde por la lluvia, que como tenía por protagonista al agua, fue denominada “neptunismo”. En 1745, añadió a su teoría naptunista la acción del fuego de los volcanes o “vulcanismo”. Describió unas fases de formación de la Tierra, como los días de la Creación, que se iniciaría en una bola de fuego desprendida del sol, que se iría enfriando hasta formar partes sólidas y líquidas que flotaban sobre ellas; en los líquidos superficiales aparecerían moluscos que generaron calizas en sus conchas; luego aparecieron los continentes por elevación de algunas zonas sólidas; en los continentes apareció una nueva vida distinta de la vida marina; y más tarde apareció el hombre; mucho más tarde apareció la civilización.

En cuanto a la explicación de la vida, Buffon defendió la existencia de unidades vitales orgánicas básicas indestructibles, que se acumulaban de diversas maneras para integrar formas de vida diferentes. La primera forma de vida fue vegetal, sobre la cual surgió algunas veces la vida animal. La vida animal es susceptible de hacerse cada vez más compleja funcionalmente, originando especies que perpetúan sus caracteres biológicos durante un tiempo más o menos largo. No era evolucionista, sino que decía que cada especie venía ya predeterminada desde el principio de su aparición por las unidades vitales con que se había conformado.

La edad de la Tierra debía ser muy alta. Se habría generado en el choque de un cometa con el sol. Su primer cálculo, por la evolución del hierro, le llevó a afirmar que al menos serían 50.000 años y un segundo cálculo, por la evolución de los estratos geológicos le llevó a los 75.000 años. Ello le llevó a problemas con los integristas católicos que afirmaban que la Tierra tenía 4.440 años.

En matemáticas demostró el teorema de “la aguja de Buffon” o probabilidad de que una aguja, caída entre paralelas a igual distancia de separación a la longitud de la aguja, cruce una de las líneas, probabilidad que es 2:pi.

También intentó racionalizar la literatura mediante las ideas de unidad, plan de la obra y claridad de exposición.

 

 

[1] Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

[2] André Morellet, 1727-1819, estudió en el colegio de los jesuitas de Lyon y en la Sorbona de París, antes de hacerse sacerdote. Su estado religioso no le impidió hacer todo tipo de crítica racional a los pensadores tradicionales y a la Inquisición, hasta el punto de mover a la Iglesia Católica a revisar el papel y métodos de la Inquisición.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.

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