LA PAZ DE UTRECHT.

 

 

Las negociaciones de Utrecht.

 

El 2 de enero de 1712, Felipe V hizo donación de los Países Bajos españoles al duque elector de Baviera, Maximiliano Manuel, a petición de Luis XIV de Francia. En esa misma fecha se garantizaba a la Princesa de los Ursinos, la posesión de un territorio con carácter hereditario que rentase al menos 30.000 pesos castellanos de a ocho. El territorio en concreto se negociaría más adelante. Felipe V renunció a la Corona de Francia. Se entregó Dunquerque a Inglaterra.

Después de todos esos gestos de buena voluntad, pudieron empezar las conversaciones de paz de Utrecht.

Inglaterra se retiró de la guerra, y una vez tomada esta decisión, la guerra en sí ya no tenía sentido para nadie, aunque los austracistas españoles se empeñaron en mantenerla.

 

El 29 de enero de 1712, los Estados contendientes en la Guerra de Sucesión Española se reunieron en Utrecht. Inmediatamente todos los asistentes comprobaron que Francia y Gran Bretaña estaban de acuerdo en todo, pues lo tenían acordado desde abril del año anterior. Austria y Holanda, los perjudicados en las conversaciones de los Preliminares de Londres entre Gran Bretaña y Francia, mostraban desacuerdos con casi todo lo que proponían estas dos potencias. Austria estaba teóricamente fuera de las conversaciones y su delegado en Londres no hacía más que poner inconvenientes a fin de dilatar las conversaciones, posponerlas o torpedearlas. La paz no llegaría hasta 11 de abril de 1713.

 

 

El problema de la sucesión de Francia.

 

En 18 de febrero de 1712 surgió un pequeño problema en las conversaciones de Utrecht: la muerte de Luis duque de Borgoña el heredero del trono de Francia, lo que hacía posible heredero de Francia al español Felipe de Anjou.

Luis el Gran Delfín, hijo de Luis XIV, y padre de Luis duque de Borgoña, de Felipe V de España (antiguo duque de Anjou) y de Carlos duque de Berry, había muerto el año anterior, en 14 de abril de 1711. Los herederos de Luis XIV eran sus nietos.

La muerte de Luis de Borgoña había sido precedida el 11 de febrero de 1712 por la de su esposa la duquesa de Borgoña. Y las muertes en aquella familia continuarían todavía más: El 8 de marzo de 1712 murió, a los cinco años de edad, Luis duque de Bretaña, hijo de los ya difuntos duques de Borgoña. Sólo quedaba vivo Luis de Anjou, segundo hijo de Luis de Borgoña (a quien habían concedido el ducado de Anjou para desposeer al rey de España Felipe V, antiguo duque de Anjou), pero era muy pequeño, había nacido en 1710, y estaba enfermo de sarampión como toda su familia.

Y yendo dos años más adelante, el 3 de mayo de 1714, murió el duque de Berry, hermano pequeño de Felipe V, y el 14 de febrero de 1714 también murió María Luisa Gabriela de Saboya, mujer de Felipe V, ésta de tuberculosis y sobreparto. La enfermedad se había cebado en aquella familia. Algunos médicos dicen que no morían de sarampión, sino de las sangrías que se hacían a los enfermos en la Corte de Versalles con motivo de la epidemia de sarampión.

Luis XIV acusó mucho en su salud el golpe que le daba la vida en aquellos años de 1712-1714.

 

El problema político de sucesión en Francia en 1712 consistía en discernir quién tenía más derechos a suceder a Luis XIV, si el mayor de los hijos vivos del Gran Delfín, Felipe V de España, o el hijo del difunto Luis de Borgoña, a quien habían llamado Luis de Anjou.

Felipe V de España contribuyó a solucionar este atasco en el inicio de las conversaciones de Utrecht, declarando ante Jean Louis d`Usson marqués de Bonnac, embajador de Francia en Madrid, que él prefería ser rey de España: Luis XIV y Gran Bretaña habían propuesto a Felipe V de España un cambio, en el cual estuvo de acuerdo María Luisa Gabriela de Saboya, esposa de Felipe V: que Víctor Amedeo de Saboya Duque de Saboya fuera rey de España y de las Indias, y que Saboya, Piamonte y Sicilia fueran para el nuevo delfín de Francia, Felipe de Borbón (Felipe V de España), que con el tiempo se unirían a Francia, cuando Felipe de Borbón fuera rey de Francia. Luis XIV veía un gran futuro para Francia en el cambio. María Luisa Gabriela veía colocada a su familia. Pero Felipe V de España dijo no al trono de Francia, y que quería seguir siendo rey de España.

Para convencer a los aliados de la veracidad de su renuncia, Felipe V hizo una declaración oficial al Consejo de Castilla el 22 de abril de 1712. Inglaterra exigió entonces que el duque de Berry y el niño Luis de Anjou reciente duque de Orleans renunciasen también a sus derechos al trono de España, lo cual hizo el duque de Berry (hermano menor de Felipe V de España) en 24 de noviembre de 1712, y su sobrino el duque de Orleans en 19 de noviembre de 1712. Y el 5 de noviembre, Felipe V renunció solemnemente a la Corona de Francia ante las Cortes de Castilla, siendo testigos el embajador inglés Lexington y el embajador francés Bonnac. El tema de la sucesión de Francia quedó expedito: Se estableció que, a falta de un sucesor Borbón en el trono de Francia, heredaría la Corona un Saboya.

Luis XIV había resuelto así que el heredero de Francia fuera su bisnieto Luis de Anjou, desde febrero de 1712 duque de Orleans (a partir de 1715 Luis XV) y no su nieto Felipe V de Borbón rey de España (que en su momento había sido Felipe de Anjou). Pero el asunto no quedaba cerrado definitivamente, pues si moría el bisnieto sin descendencia, Felipe de Anjou sería el heredero legítimo. Luis de Anjou, el futuro Luis XV, había nacido en 1710 y era por tanto muy niño. No hubo caso, pues no se produjo la muerte del futuro Luis XV.

 

 

La Ley Sálica.

 

Aprovechando la circunstancia de la renuncia al trono de Francia, Felipe V, en 1712, cambió la Ley de Sucesión española de las Doce Partidas para poner la Ley Sálica por decreto. Este decreto sería elevado en 15 de mayo de 1713 a la categoría de “autoacordado”, que era ya una categoría de ley fundamental actual. Desde ese momento, en España heredarían los varones con preferencia sobre las hembras. La ley sálica era la de los francos salios del Bajo Rin, invasores de Francia en los siglos V y VI, junto a los francos ripuarios, procedentes del Rin medio.

Gran Bretaña consideró resuelto el problema, pues Francia y España no se unían, lo cual dejaba abiertos los acuerdos de los Preliminares de Londres. El 12 de junio de 1712, Ana de Inglaterra comunicó a su Parlamento que había acuerdo de paz, que Francia reconocía la legitimidad de la casa de Hannover y que Felipe V de España renunciaba al trono de Francia.

 

 

El armisticio Gran Bretaña–Francia de 1712.

 

El 17 de julio de 1712, Inglaterra firmó un armisticio con Francia, sin consultar ninguno de los dos a sus aliados. Se comprometían a suspender las hostilidades entre ellos en un plazo de cuatro meses. Suponía la paz para Flandes. Los Países Bajos eran un problema que nadie quería: Gran Bretaña quería entregárselos a Austria para que no estuvieran bajo dominio borbónico español, pero Austria quería la Corona de España, que era un buen negocio, y no una compensación política que además era un problema militar y generaba gastos.

Complementariamente a los acuerdos del 17 de julio de 1712, el 23 de agosto de 1713, el francés Claude Louis Hector de Villars duque de Villars, tomo Landau, y el 31 de octubre de 1713 tomó Friburgo. Entonces, Carlos VI de Austria recapacitó que podía quedarse sin nada, y decidió aceptar los Países Bajos españoles. Y con ello se hizo la paz en Europa, excepto en Cataluña. La Guerra de Sucesión Española dejó de llamarse así en las cancillerías europeas para ser citada como “el caso de los catalanes”.

Desde entonces, en España se supo que los Estados extrapeninsulares europeos se le quitarían a España. El problema interno de Felipe V era ver cómo se lo tomarían los sectores más conservadores españoles.

Una vez conocidos los planes de 17 de julio de 1712, Carlos VI de Austria y Eugenio de Saboya, iniciaron una campaña militar contra Francia que debía ser definitiva, pero Eugenio de Saboya, el líder militar de los imperiales fue derrotado por el mariscal Villars en Denain, el 24 de julio de 1712, y Austria perdió su ascendente en Europa. Los que querían la paz tenían el camino libre. El británico James Butler II duque de Ormond, capitán general de las fuerzas británicas en el continente, había recibido orden de no entrar en combate y no quiso ayudar a los austríacos y saboyanos. Tal vez la derrota de Austria tuviera relación con esta circunstancia.

En agosto de 1712, en Fontainebleau, las partes negociadoras del Tratado de Utrecht acordaron no practicar el corso entre ellas. Era eliminar una de las causas que habían llevado a la guerra.

 

 

El armisticio del resto de potencias europeas.

 

Portugal se avino a aceptar la paz en noviembre de 1712. Saboya lo hizo en marzo de 1713.

Prusia aceptó a continuación las conversaciones de paz.

El 19 de enero de 1713, los holandeses aceptaron también las conversaciones de paz y se mostraron dispuestos a mostrarse satisfechos con menos plazas fuertes que las que habían solicitado en 1709. Aceptaban la anulación del Tratado de Townshend (a veces citado como primer Tratado de la Barrera), y se dispusieron a negociar un segundo Tratado de la Barrera. El 30 de enero de 1713 hubo acuerdo para un Tratado de la Barrera, el cual se firmaría el 11 de abril de 1713 en Utrecht. Holanda obtuvo los Países Bajos Españoles en depósito, para ser entregados al emperador de Austria, una vez pactadas cuáles serían las ciudades “barrera”.

 

 

Acuerdo de Paz entre Felipe V y el Papa.

 

En España, en 1712 el Papa quedaba en muy mala posición, tras haber apostado por el archiduque Carlos y luchado contra Felipe V de Borbón. Y la Iglesia católica española en general había cometido el mismo error. El Papa recurrió al cardenal Giudice, nombrado Inquisidor General de España, para proponer conversaciones de avenencia con Felipe V. El rey de España suavizó las restricciones del regium exequátur, permitió que el Papa nombrara 6 obispos en diócesis vacantes y encargó a Luis XIV que llegara a un acuerdo entre España y Roma.

El problema a discutir entre el Papa y la Corona española eran los muchos dineros que se llevaban la Nunciatura y la Dataría (comisiones por venta de cargos públicos, diversos impuestos que se llevaba la Iglesia, y pagos por dispensas matrimoniales), y también las inmunidades de que gozaban los miembros de la Iglesia española. Roma se negó a hablar de estos temas.

Melchor de Macanaz redactó en 1713 unas condiciones secretas, “Pedimento de los 55 puntos”, que se deberían imponer en la negociación a la Iglesia para evitar sus abusos en España, y enseguida los meapilas españoles se las llevaron al Papa y se generó un conflicto diplomático: Giudice mandó leer un edicto de condenación en todas las iglesias españolas. Se expulsó de España a Giudice y se le desposeyó de su cargo de Inquisidor, para el que fue nombrado Felipe Gil de Taboada.

Francesco del Giudice era Inquisidor General de España desde 1712 (sustituyó a Ibáñez de la Riva, arzobispo de Zaragoza, que era austracista). Giudice se mostró defensor de los privilegios de la Iglesia española. A partir de su expulsión, Giudice se hizo cabeza de un núcleo de integristas católicos radicales y violentos, afirmando, en julio de 1714, la idea de que los ilustrados eran ateos, por el simple hecho de poner a la Iglesia al nivel del resto de los ciudadanos. La postura sería inaceptable en un mundo de derechos civiles como el que se impondría tras la revolución burguesa, y más cuando surgieron las revoluciones del XIX. Felipe V le envió a Versalles, lejos de la Corte española, y fue desde Francia desde donde condenó el Pedimento de Macanaz. A Ursinos no le gustó la postura política de Giudice y pidió su destitución. Luis XIV no entendía qué estaba pasando en España y habló con Giudice, quien le explicó que Felipe V estaba resentido contra el embajador francés Brancas a causa de los Tratados de Utrecht, es decir, porque Francia había tratado con Austria sin contar con España. Giudice solicitó, de paso, ayuda de Luis XIV para acabar con la resistencia catalana residual. Durante quince días, Giudice tuvo al canciller de Francia, Torcy, escuchándole. Luego perdió este apoyo.

 

 

Desacuerdos de Felipe V con su abuelo Luis XIV

en 1713.

 

Felipe V envió a Jean de Brouchoven conde de Bergeyck a Francia en enero de 1712. Felipe V se quitaba de en medio a un hombre de Luis XIV que le había sido útil desde mediados de 1711 a enero de 1712. Felipe V prefería a Orry y pedía que volviera éste para hacer las reformas que había dejado pendientes. Con la marcha de Bergeyck, se perdía para España un posible buen gobernante, y de hecho, sus reformas de instalar intendencias e industrializar el país, se perdieron al poco de marcharse. Cuando Bergeyck regresó en 1713 ya no había ambiente reformador en España, y no pudo hacer nada, ni siquiera situarse en puestos clave del Gobierno.

En junio de 1712, Macanaz, el otro pilar del reformismo español, estaba de nuevo en Madrid reformando los Consejos, junto a Orry. El 10 de noviembre de 1712, Macanaz sería Fiscal General del Consejo de Castilla. A las reformas de Macanaz-Orry se oponían Francisco Ronquillo presidente del Consejo de Castilla y José Grimaldo, quienes en 1715 las echarían abajo.

 

 

La Guerra de Sucesión Española en 1712-1713.

 

Los austracistas hicieron unos últimos intentos de mejorar posiciones antes de que avanzaran más las conversaciones de Utrecht: Starhemberg atacó Cervera y Gerona. Fueron ya movimientos bélicos sin trascendencia.

Bay atacó Elvas en la frontera portuguesa.

En 11 de junio de 1712, falleció en Vinaroz (Castellón) el general Vendôme, debido a un ataque de apoplejía. Enseguida fue sustituido por T`Serclaes de Tilly al mando de las operaciones en España en el bando borbónico.

En agosto de 1712 cesaron las hostilidades entre Gran Bretaña, Francia, Provincias Unidas y España. La guerra iba a su final. Quedaban restos de la guerra: enfrentamientos entre Francia y Austria que se liquidaron en marzo de 1714, el empecinamiento de Barcelona en sus fueros que cesó en septiembre de 1714, y la sublevación de Mallorca que perduró hasta julio de 1715.

El 14 de marzo de 1713, se decidió en Utrecht que los aliados evacuasen Cataluña, Mallorca e Ibiza y que los ingleses se llevaran de Barcelona a Italia a la archiduquesa Isabel Cristina, emperatriz de Austria. Los aliados abandonaron así Cataluña. En Cervera, Jennings y Starhemberg acordaron suplicar a Felipe V que respetara los privilegios catalanes, devolviera los bienes expropiados a los austracistas, y que la fecha de cesión de Barcelona y Tarragona no debía ser anterior al embarque de dos tercios de las tropas aliadas. El alemán conde de Königsegg y los citados británicos fueron a ver al español marqués de Ceva-Grimaldi y le expusieron lo anteriormente dicho, a lo que les contestó el marqués que esos asuntos se discutirían en Utrecht. Königsegg amenazó a Ceva-Grimaldi con la guerra, y éste le respondió que ello no sería problema suyo, que no capitularía de ninguna manera con los catalanes, y que dejaría las manos libres a Felipe V en ese tema. Los catalanes se asustaron por su futuro, se pusieron muy nerviosos y enviaron delegados a Viena, Londres y La Haya.

A Viena viajó el marqués de Montnegre representando a Cataluña, pero éste nunca fue recibido oficialmente por Carlos VI, aunque sí se le escuchó en privado. Montnegre pasó a La Haya en enero de 1713, y pidió que los catalanes fueran súbditos de Austria y que conservasen sus privilegios, además del reconocimiento oficial de que habían procedido en todo momento como personas de bien y lealmente. También pidió que la reina de Inglaterra fuera protectora y garante del tratado que se hiciera sobre Cataluña. A continuación, Montnegre pasó a Utrecht y se encontró que ya todo estaba acordado y que no habría ningún tratado sobre Cataluña, lo cual hacía inútil todo su periplo europeo.

Mientras tanto, Pablo Ignacio Dalmases, también representando a Cataluña, fue a Londres y pidió a la reina que Cataluña, Rosellón y Cerdeña fuesen una república austríaca. No se le hizo caso alguno.

El 19 de marzo de 1713, la emperatriz de Austria salió de Barcelona en un navío inglés. Dejó como virrey austríaco en Cataluña al mariscal Starhemberg y animó a los catalanes a perseverar en la lucha. Fueron sólo bonitas palabras de despedida, pues nunca más el trono de Austria ayudó a los catalanes en la lucha. El embajador inglés Lexington fue designado enlace entre Starhemberg y los borbónicos y, efectivamente, Lexington trasladó a Felipe V la petición catalana de conservar sus fueros y privilegios. Lo hizo varias veces, pero Felipe V nunca le respondió.

El 22 de junio de 1713 se firmó en Hospitalet el acuerdo de evacuación de Barcelona.

El 30 de junio de 1713 se constituyó en Barcelona la Junta de Brazos, integrada por el brazo eclesiástico, el militar (o noble) y el popular. Los brazos eclesiástico y militar opinaban que debían someterse a Felipe V. El brazo popular opinaba que se debía continuar la guerra hasta que se reconocieran los fueros catalanes. Y la votación la ganaron los partidarios de la guerra por 87 a 45. Algunos nobles como Manuel Ferrer Ciges, Carlos Fivaller, y José Pinós Rocaberti habían votado a favor de la guerra y se pusieron a la cabeza de los partidarios de la resistencia. Algunos burgueses como José Sala y José Ferrer, también estaban entre los jefes de la resistencia. El 9 de julio de 1713, Cataluña declaró la guerra a Felipe V y nombró a Antonio de Villarroel General en Jefe de Cataluña y Comandante de Barcelona. De manera vergonzosa, Carlos VI de Austria, aprobó ese acuerdo que le favorecía a él pero que iba a costar tantas muertes catalanas.

El 10 de julio de 1713 se embarcó Starhemberg y se llevó a la mayoría de los alemanes, holandeses y muchos austracistas que temían represalias. Se quedaron en Barcelona algunos alemanes dispuestos a combatir hasta el final, pero sobre todo muchos desarraigados, aventureros y catalanes venidos del campo que no tenían otra salida que la guerra.

El 15 de julio entraron en Barcelona las tropas de Felipe V. El tema de Cataluña se convirtió en habitual en todas las cancillerías europeas. Los catalanes más conservadores se dieron cuenta de que ya no tenían nada que ganar en medio de una turba de revoltosos y fanáticos que en esos momentos defendía Barcelona, y huyeron. Felipe V, una vez en Barcelona, se negó a abrir una vía de escape, una negociación para dar una solución al problema. Y el resto fue irracional: los catalanes radicales hicieron correr bulos de que diversas potencias iban a ayudar a Cataluña, que los enemigos eran pocos y el coraje de los catalanes les vencería, y muchos catalanes se lo creyeron. Con las tropas irregulares y heterogéneas que habían quedado en Cataluña y la milicia ciudadana “La Coronela”, se formó un ejército con pocos medios que iba a luchar contra las decisiones tomadas en Utrecht y que iba a ser abandonado por Gran Bretaña, a pesar de que Lexington siguiera abogando por ellos oficiosamente.

 

 

Preliminares de Paz entre España e Inglaterra de 26 de marzo de 1713:

 

Luis XIV comunicó a Felipe V, por medio de la Orsini, los contenidos de los Preliminares de Londres y primeras negociaciones de Utrecht. España salía muy perjudicada, pero quedaba muy claro que las Coronas de Francia y España estarían separadas. Felipe V interpretó que se libraba de las injerencias de su abuelo y respiró aliviado.

Felipe V se adhirió al armisticio de julio de 1712 el 1 de noviembre de 1712 (firmado en el Palacio del Buen Retiro). Entonces Inglaterra manifestó su deseo de convocar conversaciones de paz, sobre la Guerra de Sucesión Española, en cuanto el Gobierno español aprobase la renuncia de Felipe V al trono de Francia. Posteriormente, los aliados de Inglaterra aceptaron el armisticio.

Por España actuó el marqués de Bedmar y por Inglaterra el barón de Everham.

España le cedió a Inglaterra el asiento de negros por 30 años, con permiso para llevar a vender a América española a 144.000 negros, a razón de 4.800 cada año, los cuales podían ser de todos los sexos y edades. Inglaterra debía pagar por ello a España 33 pesos de plata y un tercio, por cada negro vendido, anticipando 200.000 pesos en el momento de inicio del contrato, los cuales se descontarían de los beneficios obtenidos entre 1733 y 1743. El rey de España participaría en el negocio con un navío de 500 toneladas, a cambio del cual podría disfrutar de la cuarta parte del negocio, más el 5% de la ganancia líquida de las otras tres cuartas partes. Los navíos que llevaban negros a América no podrían vender otras mercancías, excepto en tiempo de feria.

 

 

Preacuerdos de Utrecht:

El primer acuerdo de Utrecht se hizo entre Gran Bretaña, Prusia y Saboya por un lado, y Francia por el otro, en marzo de 1713.

Sería seguido en junio-julio de 1713 por un acuerdo entre Gran Bretaña, Prusia y Saboya por un lado, y España por el otro.

 

 

Las paces de Utrecht.

 

Inglaterra, Portugal, Provincias Unidas de Holanda, Saboya y el elector de Brandeburgo y rey de Prusia desde 1701, por la otra parte, se separaron de la alianza con el imperio austriaco alemán para iniciar las conversaciones de paz. Los imperiales por su parte, pararon la guerra, en espera de acontecimientos. España y el Imperio Austríaco quedaban fuera de las conversaciones de paz en una guerra que, teóricamente, habían iniciado ellos o se había iniciado por su causa. Se sumaron más tarde.

El 11 de abril de 1713 se firmaron una serie de paces de Francia con Gran Bretaña, Portugal, Prusia, Saboya y Holanda, lo cual se toma como referencia para todo el Tratado de Utrecht, pero éste fue mucho más complejo, muchos más tratados:

Tratado de Paz y Amistad de Francia, con Gran Bretaña de 11 de abril de 1713. Francia reconocía la legitimidad de la Casa de Hannover en el trono de Inglaterra. Renunciaban el Duque de Berry y el Duque de Orleans a posibles derechos sobre el trono de España. Renunciaba Felipe V al trono de Francia. Francia entregaba a Inglaterra San Cristóbal y Nieves (San Kitt y Nevis, al este de Puerto Rico), territorios del Hudson, Acadia y Terranova, conservando Francia Cap Breton, las islas de la desembocadura del San Lorenzo y los derechos de pesca en la zona de Terranova.

Tratado de Comercio entre Francia y Gran Bretaña complementario al anterior, también de 11 de abril de 1713. Cada una de las dos potencias firmantes podría llevar a territorio de la otra, mercancías que no fueran contrabando y personas que no fueran militares enemigos de la otra parte.

Tratado de Francia con Prusia de 11 de abril de 1713. Francia cedía a Prusia la Güeldres superior española, el Principado de Neufchatel (Neriemberg) y Valengin (Suiza). Prusia renunciaba al territorio del Principado de Orange a favor de Francia, pero seguiría usando el título de Príncipe de Orange.

Tratado de Francia con las Provincias Unidas de Holanda de 11 de abril de 1713. Francia cedía a los Países Bajos de Holanda los Países Bajos Españoles hasta que la paz hiciera posible entregárselos a Austria, pero Güeldres seria para Prusia (era España quien los perdía, pero se hacía sin contar con España). Francia entregaba también a Holanda las ciudades de Tournai, Menin, Furnes, Ypres y Poperingen, considerados como Países Bajos franceses. Francia cedía una porción de Luxemburgo y Limburgo para la Princesa de los Ursinos (Austria se opuso a esta cláusula y la Orsini nunca tomó posesión de estos territorios). Francia recibía de Holanda Lille, Aire, Bethune y Saint Venant (regiones de Flandes y Artois), es decir hacía un intercambio de ciudades. Francia se comprometía a exigir al Elector de Baviera que renunciase a sus derechos sobre los Países Bajos, pero Luxemburgo, Namur y Charleroi serían para el Elector de Baviera hasta que éste pudiera ser reintegrado en sus territorios de Baviera. Francia se comprometía a que los Estados de Francia y España no se unirían nunca. Holanda recibía los territorios de los Países Bajos españoles y Países Bajos franceses, en depósito, hasta que se hiciera cargo de ellos Carlos VI de Austria. Holanda recibía el derecho a poner guarniciones en diversas ciudades de los Países Bajos. La cesión de los Países Bajos españoles al Elector Duque de Baviera, hecha en 2 de enero de 1712, quedaba anulada. La cesión del territorio a Austria se haría en el momento en que se estableciese la “barrera” holandesa oportuna. Güeldres sería para el elector de Brandeburgo, Federico Guillermo I, rey de Prusia y, a cambio, esta persona renunciaría a sus derechos al principado de Orange.

Tratado de Francia con Brandeburgo de 11 de abril de 1713: Se reconocía a Federico Guillermo I como rey de Prusia (se le otorgaba el título) y se le adjudicaban las ciudades suizas de Neuchatel y Valengin, y el Güeldres español. En Adelante, Brandeburgo será conocido como Prusia.

Tratado de Francia con Portugal de 11 de abril de 1713: Francia cedía a Portugal el territorio llamado de Cabo Norte, entre la desembocadura del Amazonas y la Guayana Francesa que tenían en disputa, de modo que ambas riberas del Amazonas serían portuguesas, lo que implicaba que los derechos de navegación del Amazonas también le corresponderían a Portugal. España le cedería a Portugal la colonia de Sacramento enfrente de Buenos Aires en Río de la Plata.

Tratado de Francia con Saboya de 11 de abril de 1713. Francia entregaba a Víctor Amadeo de Saboya, Saboya y Niza y la parte del Delfinado situada en el valle del Po, y recibía el valle de la Barcelonette al oeste de los Alpes. Francia le reconocía a Saboya la posesión de Montferrato y Vigevanesco. Francia le cedía Sicilia, en nombre de Felipe V (a quien todavía no se le había consultado) y el derecho de suceder a Felipe V en la corona de España si éste no tenía sucesión directa.

Tratado de Paz y Amistad de España con Gran Bretaña, de 13 de julio de 1713: España aceptó los tratados de 11 de abril, para los que no se le había consultado aunque se había dispuesto de territorios españoles, y se incorporó a la Paz de Utrecht. Negociaron por la España de Felipe V: Francisco María de Paula Téllez Girón Benavides Carrillo y Toledo duque de Osuna, e Isidro Casado Rosales marqués de Monteleón. Y por la Inglaterra de Ana I Estuardo[1]: John obispo de Bristol y Thomas conde de Strafford. Se acordó: La paz entre Inglaterra y España. La incompatibilidad de las Coronas de Francia y de España en la misma persona. Que España reconocía a la reina Ana I Estuardo y a sus herederos de la Casa de Hannover. Que España cedía a Inglaterra Gibraltar “castillo, puerto, defensa y fortaleza” para siempre, sin excepción ni impedimento alguno, excepto si sucedía que Inglaterra prestase apoyo a Argel, o poblase la colonia con judíos o moros (no se cedía jurisdicción territorial ninguna, ni comunicaciones con tierra con España, ni aguas jurisdiccionales y se daba a los gibraltareños libertad para seguir siendo católicos romanos. Y si Gran Bretaña quisiese algún día vender Gibraltar, España tendría siempre la primera opción). Que España cedía Menorca en las mismas condiciones que Gibraltar, sin especificar condiciones ni requisitos. Que la frontera entre España y Portugal quedaría invariable, e Inglaterra no apoyaría ninguna pérdida de territorio español (lo cual llevó a que Inglaterra no pudiera firmar la entrega de los territorios italianos a Austria y Saboya, pues eran españoles). Que España cedía Sicilia a Víctor Amadeo II de Saboya, con la salvaguarda de que si en algún momento no había sucesión, la isla volvería a la Corona española. España cedió Sacramento en el Estuario de Río de la Plata, a Portugal. España revocaba a Francia los privilegios obtenidos en Indias durante la guerra. España le concedía a Gran Bretaña el asiento de negros, libre comercio y navegación en un navío de permiso de 500 toneladas que podría acudir a las ferias de Portobello. España no podría ceder a Francia ni a ninguna otra nación ningún territorio o señorío de América (era un América para los americanos, similar al de 1823 hecho por los Estados Unidos). Se acordó que, si se extinguía la Casa de Saboya en la Corona de Sicilia, Gran Bretaña declararía que los derechos a esa Corona le pertenecían a España. La Princesa de los Ursinos era recompensada con el ducado de Limburgo. Gran Bretaña garantizaba a partir de ese momento la unidad territorial de las monarquías española y portuguesa.

Los negociadores españoles duque de Osuna y marqués de Monteleón, recibieron instrucciones de mantener a toda costa Nápoles en la Corona española, mantener el monopolio comercial español en América y acabar con los privilegios catalanes. Sólo consiguieron lo último, y porque ya Inglaterra lo había decidido tres años antes.

Tratado de Amistad y Comercio de España con Gran Bretaña de 9 de diciembre de 1713, negociado por John obispo de Bristol por Inglaterra, y por el duque de Osuna y el marqués de Monteleón por España, por el que se hacían algunas restricciones al comercio inglés en América, excepto lo ya concedido en 13 de julio de 1713, tratando sobre todo del comercio de palo Campeche en Honduras.

Tratado de Comercio de España con Gran Bretaña, marzo 1714.

El 6 de febrero de 1715 se firmó un Tratado de Amistad entre España e Inglaterra.

Tratado de Comercio de España con Gran Bretaña, diciembre 1715. El 14 de diciembre de 1715 hubo un Tratado Explanatorio, acuerdo en aclaración de los acuerdos de 1713 entre España e Inglaterra. Se mantenían los derechos de exportación e importación otorgados por Carlos II a los Ingleses. Se permitía a los británicos proveerse de sal en la sonda de la Tortuga (noroeste de Ahití), sin pagar aranceles.

Y el 26 de mayo de 1716 hubo un Tratado Declaratorio, acuerdo España-Inglaterra de aclaración sobre el asiento de negros, quedando en que se trataba de la importación en América de 4.800 “piezas” anuales durante 31 años.

Tratado de Paz, Alianza y Amistad entre España y Saboya, de 13 de agosto de 1713. (existe alguna noticia de un Tratado de España con Saboya de junio 1714, que no tengo confirmado). España reconocía al duque de Saboya como rey de Sicilia, lo cual ya estaba acordado con Francia el 11 de abril de 1713. La corona sería hereditaria por vía masculina. Si se extinguiera esta rama de los Saboya, Sicilia sería heredada por el Príncipe de Carignano, y a continuación por su hermano. Si se extinguiese la totalidad de la Casa de Saboya, la corona de Sicilia pasaría a España. Si se extinguiese la Casa de Borbón en España, la Corona de España pasaría a los Saboya. Francia restituiría a Saboya los territorios conquistados durante la guerra. Las fronteras entre Francia y Piamonte serían las cumbres de los Alpes. Mantua, Alejandría y Valencia y las tierras entre los ríos Po y Tanaro, así como Lomenilla, serían para Austria (tras este acuerdo, el duque de Saboya fue coronado rey de Sicilia en Palermo, con la oposición del Papa y del Emperador de Austria).

Tratado de Paz y Amistad de España con Provincias Unidas de Holanda, junio de 26 de junio de 1714, en el que España reconocía comercialmente a Holanda como país más favorecido (que puede tener superávit comercial). Pero Holanda no tendría derecho a comerciar con América.

Tratado de Paz y Amistad de España con Portugal, de 6 de febrero de 1715. Firmaron el duque de Osuna por España y el conde de Tauroca y el comendador de Santa María de la Almendra por Portugal: Juan II de Portugal renunció a sus pretensiones sobre Badajoz, y Felipe V de España a las suyas sobre Sacramento.

Tratado entre el Sacro Imperio Germánico y Prusia de 2 de abril de 1713.

Tratado de las Provincias Unidas de los Países Bajos y Gran Bretaña de 30 enero de 1713.

 

 

En conjunto, el resultado de Utrecht fue el siguiente:

 

Francia.

Cedía a Gran Bretaña territorios en el Canadá: Saint Kitts, Nueva Escocia, Terranova, y la Bahía de Hudson.

Reconocía la legitimidad de los Hannover en el trono de Gran Bretaña. Primero a Sofía de Hannover, y más tarde a Jorge I de Hannover y de Gran Bretaña, que obtuvo el trono a la muerte de Ana de Inglaterra el 1 de agosto de 1714.

Prometía desmantelar las defensas marítimas de Dunkerque lo que incluía cegar su puerto, inutilizarle.

Ganaba el valle de la Barcelonette, en Alta Provenza (norte de Niza), al sur de Francia, a costa de Saboya y el Principado de Orange (norte de Avignon).

Ganaba las ciudades de la orilla izquierda del Rin.

Francia ganaba en los Países Bajos Españoles, Lille, Aire sur la Lys, Bethune y Saint Venant (regiones de Flandes y Artois).

Francia perdía a favor de Holanda Fournes, Fort Knocke, Yprés, Menin, Tournai, Mons, Charleroi, Namur y Gante, las ciudades de los Países Bajos Españoles que había ocupado durante la guerra, es decir, perdía la parte española que antes pensaba incorporar a Francia, y algunas ciudades que consideraba francesas (Países Bajos franceses), pero eran algunas ciudades menos que las previstas en la Gran Alianza de La Haya de 7 de septiembre de 1701. El 20 de octubre de 1709 se firmó un Primer Tratado de la Barrera, que se modificaría en 30 de enero de 1713, Segundo Tratado de la Barrera, y en 15 de noviembre de 1715 por un Tercer Tratado de la Barrera. En conclusión, los Países Bajos Españoles y las ciudades cedidas por Francia debían ser guarnecidas con 30.000 hombres, de los cuales 20.000 serían austríacos y 10.000 holandeses. Holanda sólo tendría soldados en Namur, Tournay, Menin, Fournes, Ypres, Warneton y fuerte Knock, aunque la ciudad de Derdemonde tendría soldados austríacos y holandeses. Inglaterra y Holanda tendrían acceso comercial a todos los Países Bajos.

Es curioso resaltar, que la derrota de Francia en Utrecht se limitaba a perder pretensiones sobre los territorios españoles en Europa. En efecto, en los tratados de 1698 y 1699, Luis XIV había pactado con Austria que el archiduque Carlos recibiría España e Indias, mientras Francia se quedaría con los territorios europeos dominados por España, y en Utrecht, los territorios europeos pasaban a Austria, mientras España y América quedaban en manos de un Borbón. Las pérdidas francesas eran patadas que Inglaterra le propinaba a Francia, en el culo de España. El resultado final de la guerra perdida por Luis XIV fue que Francia ganaba Estrasburgo y que mantenía a un Borbón en España.

 

(Holanda) Provincias Unidas.

Cedía a Austria Furnes, Fort Knocke, Ypres, Menin, Tournai, Mons, Charleroi, Namur y Gante, la denominada Barrera, pero eran menos ciudades que las acordadas en La Haya en 1709, eran ciudades ocupadas por los franceses y antes en posesión de los españoles que pasaban a Austria, y además quedaban abiertas al comercio británico y holandés, de modo que la presencia de Austria era más bien formal. En realidad se consideraba una ganancia de las Provincias Unidas, pues conseguía la “barrera” que venía reivindicando frente a Francia desde hacía tiempo.

 

Brandeburgo-Prusia.

Obtuvo Güeldres del Norte (en los Países Bajos) a costa de España.

Neuchatel y Vallangin (en el Jura) a costa de Francia.

La denominación de “Reino de Prusia” y el reconocimiento de Federico Guillermo I como rey de Prusia, que hicieron Francia y España.

 

Portugal.

Obtuvo Sacramento a costa de España.

 

España.

Los negociadores españoles, Francisco de Paula Téllez Girón y Benavides duque de Osuna e Isidro Casado Rosales marqués de Monteleón, habían sido retenidos en París por Jean Baptiste Colbert marqués de Torcy desde mayo de 1712 hasta marzo de 1713, con la excusa de la concesión de pasaportes para Inglaterra. Llevaban instrucciones a las Conversaciones de Londres, de no ceder Nápoles de ningún modo; de no ceder el comercio americano, que en todo caso debía ser español, hecho en barcos españoles y con salida y llegada a puertos españoles; de no ceder fueros y privilegios a los catalanes y mallorquines. En realidad, Gran Bretaña y Francia consideraban que Holanda y España molestarían en las conversaciones de Londres, y preferían estar solas. Cuando los españoles llegaron, todo estaba decidido. Discutieron con los británicos sus reivindicaciones, y tras mucho porfiar, consiguieron el tercer punto, la no concesión de fueros a Cataluña y Mallorca. En Londres estaba el embajador de los Tres Comunes de Cataluña, nombre del Gobierno de Cataluña durante la Guerra de Sucesión Española. Se llamaba Pablo Ignacio Dalmases. Los Tres Comunes de Cataluña eran la conjunción en ese momento de la Diputación General de Cataluña, el Consejo de Ciento de Barcelona, y el Brazo Militar de Cataluña, unas instituciones medievales renovadas para el momento de la guerra. En 1713, la reina Ana de Inglaterra le pidió a Felipe V de España amnistía y restablecimiento de los fueros para los catalanes. España se negó a las peticiones del conde de Bolingbroke y argumentó que respetaría las vidas y bienes de los catalanes, pero que en cuanto a sus leyes e instituciones, sólo respetaría lo que no se opusiese a las leyes generales de España, denominadas entonces leyes de Castilla, pues de lo contrario se creaba una situación de privilegio a favor de los catalanes. Bolingbroke cedió. Los ingleses y austríacos se retiraron de Cataluña en 1713. En agosto de 1714, Jorge I de Hannover exigió a España el reconocimiento de las leyes e instituciones catalanas antiguas, argumentando que eran costumbres antiguas a las que tenían derecho. Respondió Francia al embajador Felip Ferrán de Sacirera que no podía ceder en lo que eran privilegios. En 6 de marzo de 1714, en la Paz de Rastatt, Austria volvió a insistir en los derechos de los catalanes y mallorquines a sus instituciones y leyes específicas, y Felipe V se volvió a negar. Cuando el 12 de septiembre de 1714 Barcelona capituló, Jorge I consideró que era más importante mantener las muchas ventajas que Gran Bretaña había conseguido en Utrecth y desistió de sus peticiones a España, aceptando los acuerdos que los gobiernos británicos ya habían pactado en 1713 y 1714 con España. La acción diplomática de los catalanes en pro de una situación de privilegio respecto al resto de los españoles estuvo defendida en todas partes, hasta su derrota a finales de 1714.

Los negociadores de Utrecht reconocían a Felipe V como rey de España siempre que renunciara a la Corona de Francia.

Felipe V aceptaba la cesión de Gibraltar y Menorca a los ingleses y renunciaba a los territorios europeos dominados por España.

Se le reconocía a Gran Bretaña la legitimidad de la sucesión protestante en la casa de Hannover. Se reconocía que la reina Ana era reina legítima de Inglaterra, negando esa legitimidad a los Estuardo católicos a favor de los Hannover alemanes y protestantes (en principio Sofía de Hannover, y a partir de su muerte en 8 de junio de 1714, Georg Ludwig von Hannover, Jorge I de Inglaterra). La reina Ana de Inglaterra murió en 1 de agosto de 1714.

España era la gran perdedora en Utrecht.

 

 

Saboya.

Obtuvo Saboya y Niza, que habían sido ocupadas por Francia durante la guerra.

Obtuvo Sicilia a título de reino, Rey del Piamonte y Sicilia, a costa de España, lo cual sirvió para que el duque Víctor Amadeo de Saboya pasara a ser rey de Sicilia y posteriormente, tras el cambio de Sicilia por Cerdeña en 1718, Rey de Cerdeña, y con el tiempo, un siglo después, Rey de Italia. En 1734 Sicilia volvería a los Borbones españoles.

 

 

Gran Bretaña.

Recibía Gibraltar y Menorca a costa de España, como derechos de conquista.

Recibía el “asiento de negros” para la South Sea Company, es decir, la concesión de llevar 144.000 esclavos negros a América en los siguientes 30 años. El negocio ya lo había disfrutado antes, hasta que Francia se quedó con él en 1701, y desde entonces los británicos estaban quejosos con España. Junto al derecho de “asiento de negros”, Gran Bretaña obtenía un territorio excelente, en teoría portugués, que era la colonia de Sacramento, donde podía llevar los negros, almacenarlos según demanda del mercado, engordarlos para que ganaran valor. De ahí que la zona al este del Uruguay le resultase a Inglaterra tan apreciada. Igualmente los podía llevar a Trinidad.

Recibía el “navío de permiso”, es decir, un barco de 500 toneladas que podría ir cada año a la feria de Portobelo cargado de mercancías, sin pagar aranceles. En principio se pactó que el barco sería de 300 toneladas, pero Gran Bretaña discutió hasta elevarlo a 500 toneladas. Más tarde, decidió que el barco no abandonase nunca las costas de América, y fueran otros los barcos que atravesasen el Atlántico, de modo que siempre estaba presente en América, lo cual España consideraría que era un fraude.

Recibía la isla de San Cristóbal y Nieves (San Kitt y Nevis) de España, al este de Puerto Rico, una base comercial que le faltaba para redondear su cadena americana (el norte del Caribe, Belice, San Cristóbal, Trinidad, Río de Janeiro, Nootka-Vancouver).

Recibía de Francia territorios en el Canadá: Saint Kitts, Nueva Escocia (entonces llamada Acadia), Terranova (con la reserva de que los pescadores franceses tendrían derecho de pesca), y la Bahía de Hudson y el puerto de Port Royal al que llamaría Annápolis.

Recibía de Francia el reconocimiento de la legitimidad de los Hannover en el trono de Gran Bretaña. Primero a Sofía de Hannover, y más tarde a Jorge I de Hannover y de Gran Bretaña, que obtuvo el trono a la muerte de Ana de Inglaterra el 1 de agosto de 1714.

 

 

Austria.

Recibió el Ducado de Milán, el reino de Nápoles y la Isla de Cerdeña, a costa de España (Cerdeña la cambiaría por Sicilia en 1718). Carlos VI recibiría más tarde Toscana.

Recibió los Países Bajos Españoles de España que era titular, de Francia que los había ocupado durante la guerra, y de Holanda que los reivindicaba como suyos, pues todos se consideraban titulares de ellos. En las ciudades de la “barrera” fue una presencia más bien formal, pues Gran Bretaña y Holanda tenían permiso para sus instalaciones y actividades comerciales en todas esas ciudades. Hasta que se decidiese el destino final de los Países Bajos españoles, los administraría Holanda. La solución final sería entregárselos a Austria, pero de una manera simbólica, pues los soldados holandeses fueron considerados desde el primer momento mercenarios de Austria y permanecieron sobre el territorio.

Recibió los derechos sobre el Rin.

No reconoció a Felipe V de España. Carlos VI no reconoció a Felipe V hasta 1725.

Se comprometió a evacuar Cataluña, lo cual cumplió en 30 de junio de 1713, una vez que la flota británica no le asistía. Los catalanes se quedaron solos en la lucha y resistieron hasta 12 de septiembre de 1714.

No reconoció al Duque de Saboya como rey de Sicilia.

No firmó el Tratado de Utrecht, porque esperaba la inmediata muerte de Luis XIV de Francia y el cambio subsiguiente en la geopolítica europea.

 

En conclusión, tras los tratados de Utrecht, Francia vencía al Imperio Austro-alemán, porque se imponía en el oeste del Rhin, e Inglaterra era el gran vencedor porque ganaba colonias por todo el mundo y el patrocinio sobre Holanda.

Los Tratados de Utrecht fueron oportunos para Gran Bretaña en la fecha en que se firmaron, pues el 1 de agosto de 1714 murió Ana de Inglaterra y fue sucedida por Jorge I de Hannover, quien reinaría en Gran Bretaña hasta 11 de junio de 1727, sin dejar de ser Elector de Hannover, pues lo era desde 1698. Jorge, apenas hablaba inglés, y pasaba muchas temporadas en Hannover, donde murió en su día. No hubo Guerra de Sucesión de Gran Bretaña, como sí las había habido de las otras potencias europeas.

 

 

Tratados complementarios a Utrecht.

 

Como consecuencia de no firmar Austria la paz e Utrecht, la guerra continuó entre Francia y Austria en 1713 y 1714, de modo que Francia ocupó Landau in der Pfalz (40 kilómetros al norte de Estrasburgo) y Friburgo (40 kilómetros al sur de Estrasburgo), lo que le daba el control de buena parte del Rin.

Igualmente, Gran Bretaña dejó de apoyar a Barcelona, que resistía gracias a los suministros de la flota británica. La emperatriz Isabel Cristina, esposa de Carlos VI, se quedó aislada en la ciudad, junto a las tropas austríacas que el archiduque Carlos había dejado allí.

La situación de Austria se hizo insostenible en ambas zonas, y acabó pidiendo la paz a Francia:

La Paz de Rastadt de 6 de marzo de 1714 entre Luis XIV de Francia y el general austriaco Eugenio de Saboya, con exclusión expresa de España, a petición de Carlos VI de Austria acordaba: la vuelta a las fronteras de antes de la guerra, de modo que Francia devolvía al imperio austro alemán las plazas de la margen derecha del Rhin (el este) que tuviera ocupadas, y mantenía las de la margen izquierda (el oeste, Alsacia y Estrasburgo), pero Francia exigió quedarse con Landau in der Pfalz en el Palatinado Renano. Francia cedía a Austria Nápoles, Milán y Cerdeña, los puertos de la Toscana y los Países Bajos Españoles, y Austria cedía Sicilia a la Casa de Saboya (territorios que no eran suyos, ni de Francia ni de Austria, sino de España, y recordemos que Sicilia ya había sido también cedida a Víctor Amadeo de Saboya en tratados anteriores sin contar con España), y Brisach, Friburgo y Kehl. Austria devolvía sus posesiones al Duque de Baviera y al Arzobispo de Colonia. El Tratado de Rastadt obligaba a Von Starhemberg a retirarse de la península Ibérica. Entonces los catalanes sintieron un ataque de “ardor patriótico” y decidieron que ellos solos se defenderían, sin necesidad de ingleses ni holandeses y el apoyo desde el mar, ni de austriacos en tierra. Era una operación suicida, irracional.

 

La guerra continuó después de 1713 entre Francia y Austria y entre Cataluña y el resto de España.

La Francia de Luis XIV derrotó un par de veces a Carlos VI de Austria y éste se avino a firmar una paz en Radstadt el 6 de marzo de 1714:

Alsacia, incluyendo Estrasburgo y Landau, sería para Francia y las ciudades de la derecha del Rhin quedaban para Austria.

Carlos VI obtenía Cerdeña, Milanesado, Toscana, Nápoles, Países Bajos Españoles y las plazas de Tournai, Menin, Ypres y Furnes. Todo ello a costa de España y negociado por Luis XIV.

Carlos VI no reconoció a Felipe V como rey de España hasta 1725, momento en que disolvió el “Gobierno de España en el exilio” que funcionaba en Viena.

Rastadt significó la aceptación de las paces de Utrecht por parte de Austria.

España se sintió anulada por Francia, y nunca aceptó el Tratado de Rastatt, en el que no había participado y se había dispuesto de sus intereses.

La paz de Rastadt se completaría en 7 de septiembre de 1714 con el Tratado de Baden, que modificó algunos pequeños detalles respecto a Rastatt. Austria pedía mantener Mantua, Mirandola y Comaquio.

En la Paz de Pasarowitz 1718 se repartió la herencia turca del Este de Europa: Venecia confirmó su presencia en Dalmacia y las Islas Jónicas, y las ciudades de Preveza y Arta, aunque perdió Morea y Creta. Austria confirmó la posesión del Banato de Temesvar, el oeste de Valaquia y el territorio del entorno de Belgrado fijando nuevas fronteras con Turquía en los ríos Sava y Una.

En la paz de Estocolmo de 9 de octubre de 1719 se pusieron nuevas bases para la expansión de Prusia sobre el Báltico. Hannover ganó Bremen y Verder a costa de Suecia.

En la Paz de Estocolmo de 21 de enero de 1720, Prusia ganó la Pomerania sueca y las islas Usedom y Wollin a costa de Suecia.

En la Paz de Nystadt 1721 se pusieron las bases de la expansión rusa por el Báltico. En 1703 Rusia había fundado Petersburgo y en años sucesivos tendrá puertos en Kronstadt, Viborg, Narva, Revel y Riga. En 1721 Rusia ganó Ingria, Vyborg, sur de Keksholm, Livonia, Estonia, y las islas de Ösel y Dagö, a costa de Suecia. Suecia tuvo que pagar una indemnización de guerra. Mantuvo Finlandia.

 

 

Valoración de la época de la Paz de Utrecht.

 

Con los tratados de 1714 a 1721, podemos dar por terminados los llamados acuerdos de Utrecht o paz de Utrecht.

Los tratados de Utrecht y sus complementarios representaron el final de una época:

Se acabó el absolutismo español de los Austrias, un absolutismo basado en la defensa de los intereses divinos, identificados con el bien y con el deber de luchar contra los intereses del mal identificados con el Islam y los protestantes.

Empezó un nuevo concepto de absolutismo representado por Francia, que buscaba los intereses del Estado y de la clase social que detentaba el Estado, sin importar demasiado las alianzas políticas exteriores que haya que hacer para ello. Se iniciaba una política mercantilista en donde la fuerza del Estado se pone al servicio de los negocios.

Se confirmó el parlamentarismo en Inglaterra, que ya lo tenía desde 1688, y se inició en Holanda y, junto a esa revolución política, surgió una revolución científica y una revolución industrial.

Los Estuardo quedaron explícitamente excluidos del trono inglés y el resto de Europa reconoció a la nueva dinastía inglesa. Era un parlamentarismo burgués que presumía de liberalismo, de libertad de los mares, pero era la libertad que el fuerte impone al débil para adueñarse de sus mercados y enriquecerse a costa de él. Sobre el liberalismo se hizo mucha literatura y pocos estudios económicos y sociales serios, lo cual dejó el campo expedito a las teorías de los socialismos utópicos y de Carlos Marx en el siglo XIX.

Francia era la gran potencia militar en tierra, y lo era desde 1648, Tratado de Westfalia, en el que Francia se hizo con Alsacia, Lorena y los tres obispados.

Suecia en el Tratado de Osnabrück 1648 se había hecho con la desembocadura de los ríos alemanes y con ello el comercio del Báltico, pasando a ser la potencia dominante en ese mar y en los Tratados de Estocolmo y en Nystad 1721 perdió su supremacía a favor de Prusia y Rusia, dos potencias emergentes.

También habían aparecido nuevos Estados como Brandeburgo que adquirió Pomerania occidental y se convirtió en Reino de Prusia, Baviera que adquirió Sajonia, Provincias Unidas de Holanda que resultaron independientes y la Confederación Helvética que apareció como independiente.

El Imperio otomano retrocedió en los Balcanes, alejándose de Centroeuropa. Paz de Passarowitz.

Los aliados se retiraron de España en 1713, y los catalanes se quedaron desprotegidos. En 1714 se rendiría Barcelona y en 1715 Mallorca, lo que significó el final de la Guerra de Sucesión en España.

 

 

Las potencias europeas a partir de 1714.

 

La vieja potencia, que desde 1648 era Francia, seguirá siendo la primera potencia de Europa occidental un siglo más, al menos en tierra, pero nunca podrá dominar el mar, aunque Napoleón lo intente en 1804.

Las nuevas potencias eran Inglaterra en las colonias, Austria en Centroeuropa, y Rusia en el Báltico.

Potencias secundarias eran Holanda en el mar, España en sus colonias americanas, Turquía en el este y sur del Mediterráneo y Prusia en el Báltico.

 

Las nuevas rivalidades fueron:

En occidente, Inglaterra y sus socios Holanda y Portugal, contra Francia y su socio España.

En Centroeuropa, Austria contra Prusia

En el Báltico, Rusia contra Suecia

En el sureste europeo, Rusia contra Turquía.

 

 

 

España en relación con la Paz de Utrecht.

 

España, visto el tema objetivamente y con la distancia que nos proporciona el tiempo, ganaba algo: se desprendía de los gastos que acarreaban los ejércitos de Flandes y de Italia, que sólo daban prestigio a los gobernantes, a costa de grandes impuestos a los españoles y resto de súbditos de la Corona española. Mantuvo América, otro gran sumidero de recursos y de hombres, cuyos beneficios iban a parar a políticos concretos, entre los que estaba la realeza española, y de ello se beneficiaban Francia, Holanda y sobre todo Gran Bretaña.

Otra consecuencia de esta Guerra de Sucesión fue una profunda división social en España, pues la mayor parte del clero, siguiendo la postura del Papa, se había puesto del lado de Carlos de Habsburgo, que resultó vencido. También hubo un clero más racional que entendía que la Iglesia se debería colocar al margen de la política de Estado y replantear la justicia o injusticia de sus privilegios. Estos últimos fueron un grupo importante, pero minoritario, y serán perseguidos y eliminados durante los siguientes cien años, tal vez doscientos. En cuanto a la nobleza, la mayoría estuvo con Felipe de Anjou, y sólo una insignificante minoría con Carlos de Habsburgo, lo cual sugiere que la unión nobleza-clero, con sus confesores y sus capillas privadas y su catolicidad, no era tan profunda como parecía manifestarse a lo largo de todo el XVI y el XVII.

El 14 de marzo de 1713, los embajadores en Utrecht de los países que apoyaban a los austracistas españoles, declararon que abandonarían Cataluña, Mallorca e Ibiza. Inmediatamente, los ingleses, principales impulsores de la declaración, la llevaron a efecto, abandonando la zona de lucha en el Mediterráneo español y en Portugal. La decisión era concorde con el acuerdo de paz alcanzado en esos días en Utrecht. El 19 de marzo de 1713 Inglaterra decidió que salieran de Barcelona la emperatriz Isabel de Brunswick, que estaba allí desde 1706, y muchas personas de la nobleza, de la burguesía y del clero que habían apoyado al archiduque Carlos ahora emperador desde 1711. La causa era que Inglaterra les abandonaba. Los austríacos, en la negociación de la evacuación de junio de 1713, pidieron que se guardasen los fueros a los catalanes. Cataluña perdía a los británicos que protegían con sus barcos el mar Mediterráneo, y también a los austríacos, aunque ello importara menos.

En abril de 1713, en el Tratado de Paz entre España e Inglaterra, Inglaterra pidió la amnistía y el respeto a los fueros de modo que gozasen de sus antiguos fueros y de todos los que en adelante pudieran poseer el resto de los españoles.

El 11 de abril de 1713, fue público el Tratado de Utrecht entre Francia, Gran Bretaña, Prusia, Portugal, Saboya y Provincias Unidas.

Como Carlos VI de Austria no reconocía a Felipe V de España, y no firmaba el Tratado de Utrecht, la guerra en España continuaba, igual que continuaba entre Austria y Francia. Barcelona envió entonces a Londres a Pablo Ignacio Dalmases para ofrecer Cataluña a los ingleses, todo antes que reconocer a Felipe V. Inglaterra no aceptó la propuesta, pues ello significaría la ruptura de todos los acuerdos de Utrecht y la reanudación de la guerra. Pero Cataluña no quiso seguir a Barcelona y casi por entero se negó a luchar por Barcelona, excepto Cardona (un pueblo al norte de la provincia de Barcelona). Barcelona fue asaltada el 11 de septiembre de 1714 y cayó al día siguiente. Cardona fue tomada el 18 de septiembre.

Quedaron algunos resistentes en Mallorca que cayeron el 3 de julio de 1715, último episodio de la Guerra de Sucesión.

A partir de este momento, Cataluña se sentiría oprimida por los muchos impuestos que se le exigieron tras la derrota, pues, además de las contribuciones ordinarias, y el catastro que compensaba los derechos provinciales castellanos, se le exigieron donativos, mantenimiento de acuartelamientos de tropas y dinero para construir fortificaciones diversas. El descontento se extendió por toda la Corona de Aragón, donde los campos estaban dañados y, tras el abandono por la guerra, con grandes necesidades de inversión antes de volver a recuperar su productividad. Muchos ciudadanos salieron a robar por los caminos, asaltar poblados, saquear casas, raptar gente… como medio de vida. Y el malestar generado empeoraba las condiciones de vida y se ligó fácilmente con el absolutismo y los Borbones, aunque poco tenía que ver.

El 10 de mayo de 1713, Felipe V reforzó en España la Ley Sálica para evitar la posibilidad de que la Corona volviera a los Habsburgo. Por esa ley, en la sucesión legítima del rey, las mujeres no podrían heredar la corona salvo que faltara un varón. Felipe V redactó el “Autoacordado” de la Ley Sálica, es decir, elevó la categoría de la ley desde Real Decreto a Autoacordado. Felipe V renunciaba a sus derechos al trono de Francia. Lo hizo para que ningún Habsburgo pudiera volver al trono español por vía femenina, pues varios príncipes españoles se habían casado con austríacas.

 

 

España era la gran perdedora de Utrecht:

Cedía los Países Bajos a Holanda en depósito, hasta que se hiciera cargo de ellos Austria. Era doloroso porque las relaciones con España eran muchas, había colonias de comerciantes de Países Bajos en los puertos españoles importantes, había técnicos textiles en las fábricas y soldados flamencos abundantes en el ejército español.

Cedía Sacramento y territorios en los Andes peruanos a Portugal-Brasil.

Cedía Gibraltar y Menorca a Inglaterra.

Cedía Toscana, Cerdeña y Nápoles a Austria. Cerdeña era un territorio histórico aragonés y tanto en él como en Sicilia y Nápoles, había muchas familias de origen aragonés, catalán o valenciano.

Y tras el tratado de Rasdtatt:

Cedía Milán a Austria. La capital de Lombardía era el centro de comunicaciones de la Italia del norte.

Cedía Sicilia a Saboya.

La política exterior española del siglo XVIII restante se centró en retrotraer el Tratado de Utrecht en lo que respectaba a Italia, Gibraltar, Menorca, el asiento de negros y el navío de permiso. Para luchar por estos objetivos, España no veía más camino que recurrir a Francia, y ello se concretó en los Pactos de Familia, de modo que los criterios generales de la política exterior los siguió poniendo Francia

 

 

 

[1] Ana I Estuardo, 1665- 1714, reinó de 1702 a 1 de agosto de 1714. Se caracterizó por tener 19 hijos, casi todos muertos al nacer, aunque uno de ellos llegó a vivir 11 años. Fue sucedida por su primo Jorge I de Hannover.

Acerca de Emilio Encinas

Emilio Encinas se licenció en Geografía e Historia por la Universidad de Salamanca en 1972. Impartió clases en el IT Santo Domingo de El Ejido de Dalías el curso 1972-1973. Obtuvo la categoría de Profesor
Agregado de Enseñanza Media en 1976. fue destinado al Instituto Marqués de Santillana de Torrelavega en 1976-1979, y pasó al Instituto Santa Clara de Santander 1979-1992. Accedió a la condición de Catedrático de Geografía e Historia en 1992 y ejerció como tal en el Instituto Santa Clara hasta 2009. Fue Jefe de Departamento del Seminario de Geografía, Historia y Arte en 1998-2009.


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